domingo, 1 de diciembre de 2019

«Velad (...) porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor» (Evangelio Dominical)




Hoy, «como en los días de Noé», la gente come, bebe, toma marido o mujer con el agravante de que el hombre toma hombre, y la mujer, mujer (cf. Mt 24,37-38). Pero hay también, como entonces el patriarca Noé, santos en la misma oficina y en el mismo escritorio que los otros. Uno de ellos será tomado y el otro dejado porque vendrá el Justo Juez.

Se impone vigilar porque «sólo quien está despierto no será tomado por sorpresa» (Benedicto XVI). Debemos estar preparados con el amor encendido en el corazón, como la antorcha de las vírgenes prudentes. Se trata precisamente de eso: llegará el momento en que se oirá: «¡Ya está aquí el esposo!» (Mt 25,6), ¡Jesucristo!

Su llegada es siempre motivo de gozo para quien lleva la antorcha prendida en el corazón. Su venida es algo así como la del padre de familia que vive en un país lejano y escribe a los suyos: —Cuando menos lo esperen, les caigo. Desde aquel día todo es alegría en el hogar: ¡Papá viene! Nuestro modelo, los Santos, vivieron así, “en la espera del Señor”.

              



El Adviento es para aprender a esperar con paz y con amor, al Señor que viene. Nada de la desesperación o impaciencia que caracteriza al hombre de este tiempo. San Agustín da una buena receta para esperar: «Como sea tu vida, así será tu muerte». Si esperamos con amor, Dios colmará nuestro corazón y nuestra esperanza.

Vigilen porque no saben qué día vendrá el Señor (cf. Mt 24,42). Casa limpia, corazón puro, pensamientos y afectos al estilo de Jesús. Benedicto XVI explica: «Vigilar significa seguir al Señor, elegir lo que Cristo eligió, amar lo que Él amó, conformar la propia vida a la suya». Entonces vendrá el Hijo del hombre… y el Padre nos acogerá entre sus brazos por parecernos a su Hijo.




Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24,37-44.

                



EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Palabra del Señor





COMENTARIO


                                                 



 Con este Domingo Primero de Adviento comenzamos un nuevo Ciclo Litúrgico.  El Adviento nos recuerda que estamos a la espera del Salvador. Y las Lecturas de hoy nos invitan a ver la venida del Señor de varias maneras:

Una es la venida del Señor a nuestro corazón.  Otra es la celebración de la  primera venida del Señor, cuando nació hace unos dos mil años.  Y otra es la que se refiere a la Parusía; es decir, a la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos.

Respecto de la venida del Señor a nuestro corazón, la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is.2, 1-5) nos recuerda que debemos prepararnos “para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”. 

            



Lo usual es que recordemos cuando Jesús nació hace unos dos mil años:  la primera venida del Señor.  Es lo que, por supuesto, celebramos en Navidad.  Y para esa venida también hay que preparase. ¿Cómo?  Preparando el corazón para que Jesús pueda acunarse en nuestro interior.

Respecto de la Segunda Venida de Cristo en gloria, la Carta de San Pablo a los Romanos (Rom. 13, 11-14) ;nos hace ver una realidad: a medida que avanza la historia, cada vez nos encontramos más cerca de la Parusía: “ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”. Por eso nos invita San Pablo a “despertar del sueño”.

Y ¿en qué consiste ese sueño? Consiste en que vivimos fuera de la realidad, tal como nos lo indica el mismo Jesucristo en el Evangelio de hoy (Mt. 24, 37-44).  Consiste en que vivimos a espaldas de esa marcha inexorable de la humanidad hacia la Venida de Cristo en gloria.   Consiste en que vivimos como en los tiempos de Noé, cuando -como nos dice el Señor- “la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca, y cuando menos lo esperaban sobrevino el diluvio y se llevó a todos”.

               



Y atención a esta alerta del Señor: “Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre”.

Así vivimos nosotros en el siglo XXI:  sin darnos cuenta de que -como dice este Evangelio- “a la hora que menos pensemos, vendrá el Hijo del hombre” (Mt. 24, 44).

Y, “a la hora que menos pensemos” -como ha sucedido a tantos- podríamos morir, y recibir en ese mismo momento nuestro respectivo “juicio particular”, por el que sabemos si nuestra alma va al Cielo, al Purgatorio o al Infierno.

O podría ocurrirnos que -efectivamente- tenga lugar la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos.  Para cualquiera de las dos circunstancias hay que estar preparados, bien preparados.

Estar preparados nos lo pide el Señor siempre y muy especialmente en este Evangelio: “Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor”. 

¿En qué consiste esa preparación?Las Lecturas de este Primer Domingo del Año Litúrgico nos lo indican:

“Caminemos en la luz del Señor”, nos dice el Profeta Isaías. 

“Desechemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz ... Nada de borracheras, lujurias, desenfrenos; nada de pleitos y envidias.  Revístanse más bien de nuestro Señor Jesucristo”, nos dice San Pablo en su Carta a los Romanos (Rm. 13, 11-14)

¿Por qué estas indicaciones de conversión en este momento?  Porque el Adviento es un tiempo de preparación de nuestro corazón para recibir al Señor.   Estas indicaciones nos sugieren dejar el pecado y revestirnos de virtudes.  Sabemos que tenemos todas las gracias de parte de Dios para esta preparación de nuestro corazón a la venida de Cristo, “para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”.

Nuestra colaboración es sencilla:  simplemente responder a la gracia para ser revestidos con las armas de la luz,  como son:  la fe, la esperanza, la caridad, la humildad, la templanza, el gozo, la paz, la paciencia, la comprensión de los demás, la bondad y la fidelidad; la mansedumbre, la sencillez, la pobreza espiritual, la niñez espiritual, etc.




Recordemos que el Hijo de Dios se hizo hombre y nació en Belén hace más de dos mil años.  El está continuamente presente en cada ser humano con su Gracia para “revestirnos de El”.  El también está continuamente presente en la historia de la humanidad para guiarla hacia la Parusía, en que volverá de nuevo en gloria “para juzgar a vivos y muertos”, como rezaremos en el Credo.

El Adviento es tiempo de preparación para ese momento.  Que nuestra vida sea un continuo Adviento en espera del Señor.  Así podremos ir “con alegría al encuentro del Señor”,  como nos dice el Salmo 121.














Fuentes:
Sagradas Escrituras
Homilias.org
Evangeli.org


lunes, 25 de noviembre de 2019

Hoy es San García Abad... el gran Santo desconocido!!





Estamos en este templo parroquial que lleva el nombre
de un gran santo. Tan santo como desconocido. Sirva pues, esta
intervención, para dar a conocer algo de la historia de  este
santo abad, García de Arlanza, como una declaración de fe personal y ojalá
llegue a los corazones de aquellos que dudan o no conocen a nuestro Patrón,
y a este, humilde pecador.






Generalmente, solo lo que conocemos, nos han contado,
visto, leído o vivido, es lo que sabemos que ha pasado y lo consideramos
como real. Y todo lo contrario, lo que ignoramos, es como si no hubiera
pasado, ni existido.

Por lo tanto, a la vista de todos los datos, apuntes e información que
hemos recopilado durante cierto tiempo y fruto de la investigación,
pensamos que era de justicia, casi mil años después, dar a conocer al
santo, al personaje y su obra, porque en realidad existió e hizo cosas muy
importantes.

¡!San García Abad, ese gran santo desconocido.!!



“Avia y un abbat sancto, servo del Criador


Don Era del monasterio caudillo, e senhor,


La grey demostraba cual era el pastor”.


(Gonzalo de Berceo)


Este fragmento en castellano antiguo, de Gonzalo de Berceo, nuestro gran maestro del Mester de Clerecía, viene a decir de nuestro santo abad que; “Había un santo abad, siervo del Creador, donde era del Monasterio caudillo y señor, Y la grey, la
Congregación de fieles, y monjes demostraban cuál era su pastor”.




Aunque se sobreentienda, quiero apuntar que además de santo abad, García, para nuestro Gonzalo de Berceo, era un siervo del Señor… y  Caudillo; que viene del latín  capitellus,“Hombre que dirige algún gremio, comunidad o cuerpo”, en este caso, los monjes del monasterio.

Y que estos monjes demostraban con su labor o actitud quien era su abad, director, o guía. Este fragmento, ya nos indica quien era este santo abad.


García, abad, sabio y santo



Este santo, como suele ser habitual, se hace, no nace. 


García, nuestro santo, nació en La Bureba, entre Belorado y Briviesca en el lugar llamado Quintanilla, provincia de Burgos, hoy conocido con el sobre nombre de San García, a finales del siglo X o entrada del XI. Más bien, para quien os habla, a finales del X.


Vivió su infancia en dicho pueblo, donde fue educado cristianamente y recibió el llamamiento a la vida religiosa que muy pronto iba a seguir en la Orden benedictina. Y así, dejando la casa paterna, en su pueblo natal de Quintanilla, fue caminando hasta llegar al monasterio de San Pedro de Arlanza, ubicado a orillas del rio del mismo nombre.







Algo cansado por la caminata, unos 85 kms.,  y acompañado por algunos familiares, se presentó al Padre Abad del Monasterio, quien después de las primeras impresiones le asignó una serie de ocupaciones dentro de las reglas de San Benito.


Y aquel niño, que fue andando varios días, desde su casa hasta el convento de San Pedro de Arlanza, años más tarde, no sólo sería el más grande de todos los abades benedictinos, de aquella época y en aquel incipiente reino de Castilla, también fue consejero de los tres primeros reyes castellanos, de grandes señores y amigo personal y consejero de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador.

Pues bien, una vez transcurrido el noviciado,  García había de vivir, en calidad de monje benedictino, más de cuarenta años. Su existencia se resumirá en estas palabras tan benedictinas: ora et labora, reza y trabaja.



Además de la oración litúrgica, a los monjes benedictinos,
se les manda el trabajo, no por razones económicas, eran otros tiempos, sino como medio de bondad de vida, para disciplinar esta y preparar el espíritu a la oración.

Nuestro santo, siendo un monje benedictino más, destaca enseñando a forasteros y campesinos a labrar la tierra, a desaguar los pantanos, a cultivar la vid, a injertar árboles, a construir casas e iglesias y a ganar con el sudor de su frente el sustento corporal.

En el año 1039, al quedar vacante el puesto por la defunción del Abad Aurelio, en votación secreta y por unanimidad de los 150 monjes, García, fue elegido Abad del Monasterio de San Pedro de Arlanza. Este hecho, es de destacar, pues no se conoce algo igual en ninguno de los cientos de monasterios, benedictinos o de otra orden, en esa época.  Ahora podemos entender al bueno de Berceo, cuando decía aquello de… “La grey sabía quién era su pastor”.


Su buen hacer como abad, sus conocimientos y buenas obras, fueron de conocimiento popular fuera de los muros del Monasterio.




Tanto es así que fue nombrado consejero del primer rey de
Castilla, Don Fernando I el Grande, y con él asistió a la batalla de Atapuerca en 1054. (Contra su hermano García, el de Nájera, rey de Pamplona)

Es tal la admiración por todos los que le van conociendo: Fernando I, sus hijos, Sancho II y Alfonso VI… y hasta el mismo Cid Campeador, que piden su asesoramiento y como muestra de gratitud, le confieren tierras y
recompensas que nuestro santo, reparte entre los vecinos y los más necesitados.


En el terreno de lo místico y espiritual, hay que destacar
entre otros, dos momentos importantes en la historia de nuestro santo.

Hacia el año 1061, por revelación divina, García, encuentra
las reliquias de los cuerpos de tres santos: San Vicente y sus hermanos
mártires Sabina y Cristeta, y los traslada al Monasterio de Arlanza. Lo cuenta
Gonzalo de Berceo.

La santidad, como es sabido, no consiste en hacer milagros.
Sin embargo, el pueblo fácilmente ve santidad donde hay milagros; y muchas
veces así suele suceder. Fue sobre el año 1044, se habían perdido las cosechas
en Castilla. Por lo tanto, no había ni frutas ni vid….

Aquel Viernes Santo, el Abad García, se dispuso a bendecir
el pan y el agua, lo único que disponían en el Monasterio, y ante el asombro de
los 150 monjes, el agua se convirtió en vino.

Desde aquel día la confianza de los monjes en su tierno y
compasivo abad no tuvo límites; y lo que aparentemente sólo remediaba una
necesidad corporal, sirvió para ensanchar su corazón y ayudarles a correr los
caminos, que llevan a la santidad.




Pero por encima de esas grandezas y de hasta milagros que hizo en vida. Lo que más me ha impactado en la investigación de la vida de este
gran hombre, del que hablamos, mil años después, es su fuerza interior,sabiduría, humildad y gran justicia, al dedicar todo aquello que recibía de los grandes señores, como eran las tierras colindantes a aquel convento o incluso más lejanas, para dárselas a las familias que huían de las guerras fratricidas
o del sur, de aquellos reinos de Taifas…


Y además, les instruía en el maravilloso arte de laagricultura, y aquello de ganarse el sustento con la labor del día a día, y conel tiempo…, en esas pequeñas parcelas, se levantaron casas, se propagó la agricultura fuera de los conventos, muy a tener en cuenta para esa época, y propiciaron los pequeños pueblos que entonces cubrieron lo que comenzaba a llamarse Reino de Castilla.



Su sabiduría y honestidad, fueron reconocidas en vida, incluso en momentos difíciles en la corte castellana. Sus buenos consejos a Rodrigo Díaz de Vivar, llevaron a aplacar a este , que sospechaba de Alfonso VI, como instigador del asesinato del monarca, amigo personal del “Mio Cid” y optar por la opción más sabia, me remito al juramento de Santa Gadea, donde
como sabréis,  el Cid, obligó a Alfonso VI el Bravo, rey de Castilla y León, a jurar que no había tomado parte en el asesinato de su propio hermano, el rey Sancho II, quien fue asesinado ante los muros de la ciudad de Zamora en el año 1072.

Una curiosidad, como algunos sabrán, quien asesinó a Sancho II, fue un noble leonés llamado Vellido Dolfos, que simulando pasarse al bando castellano, a traición, clavó una lanza al monarca castellano y huyó. Es curioso, al día de hoy, en el ranking de traidores, está en el 7º lugar, de esa lista que encabeza Judas Iscariote.

Bueno, como decía antes, García, dio un sabio consejo al Cid Campeador, que propició la paz y el progreso o avance de ese reino tan fundamental para lo que después sería España. Este fue el último servicio como consejero de nuestro santo, ya que fallecería un año más tarde, en una fría tarde de otoño.




Cuando nuestro santo, sintió agotadas sus fuerzas y conoció
que el mal de muerte le tenía asido fuertemente, quiso dejar a sus monjes la herencia riquísima de sus consejos y enseñanzas.

Contaron algunos juglares que; García, en su lecho, antes de
morir, congregó a todos los monjes en torno suyo, los miró con ojos cargados de febril brillantez, y dejó fluir en palabras entrecortadas, sus cariños de padre y los fervores de Santo.



A los pocos días recibía la visita del obispo de Burgos, Don Jimeno, amigo suyo y entre los sollozos de los monjes y tras darle un abrazo al Santo, dijo “Padre García, amadísimo Padre, damos gracias a Dios, le damos gracias de que, al fin, triunfando de esta vida pasas al descanso de la gloria. No te olvidarás de nosotros al verte seguro, verdad? Padre?. Ruega mucho al Señor, pídele mucho por nosotros y por estos que son tus hijos, para que algún día nos encontremos todos juntos en el cielo; y entonces, para siempre, para siempre”.




Estas palabras dirigidas a García de Arlanza, que se recogen en diferentes escritos, que son parte de la historia de otro santo, ha servido para darle vida a una oración que se repite cada día del Triduo que se hace en su honor, en esta Parroquia, los días 23, 24 y 25 de Noviembre. Siendo este último, el día de la Festividad de nuestro santo abad.

Allí, en el templo a la derecha del santo, podréis conocer observar la reliquia, un hueso de 15cms. del pie, que desde el año 2003, se encuentra en esta parroquia algecireña. Ayer día 24, se ha colocado parte de la reliquia en el altar, en el ara, cómo es tradición católica. Y se puede observar a través de un pequeño hueco acristalado.

Mira por donde, han tenido que pasar mil años para que de una forma u otra, bien con la relíquia, estas celebraciones o este libro, haya llegado este santo abad a nuestra ciudad y nuestro conocimiento.

Era cuestión de justicia el conocerlo… Ya, el Todopoderoso, la hizo llevándolo junto a él, en el Cielo que es mucho más grande que Castilla.