sábado, 23 de octubre de 2010

"Oh, Dios, ten compasión" ........Misioneros y publicanos..... (Evangelio dominical)


DOMUND.."Queremos ver a Jesús".

El 24 de octubre, 'dominica XXX' del tiempo ordinario, la Iglesia evoca el mandato de Jesús a sus apóstoles: 'Id a todo el mundo y anunciad el Evangelio a todos los hombres'. Se trata de una jornada misionera y por eso este mes es para toda la iglesia el 'Octubre misionero'.
El tema o eslogan de la campaña de este año expresa un interrogante: '¿Dónde está Dios?, ¿queremos ver a Dios?' Esta frase nos recuerda la petición que los griegos paganos le hacen al apóstol Felipe: 'Muestranos al Señor', 'queremos ver a Jesús'? Hoy como entonces, la labor de los que trabajan en la misión o en la propagación del mensaje del Reino de Dios, clérigos o laicos, es mostrar la persona de Jesús. La labor de los misioneros es la de manifestar el rostro de Dios a un mundo descreído.

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje del Domund, nos dice que lo que los hombres esperan de los creyentes no es solo que les hablen de Dios, sino que con sus conductas se lo hagan ver, y por eso repiten una y otra vez: queremos ver a Dios.
Para los creyentes de hoy, los misioneros son los primeros contempladores del rostro de Jesús y quienes tienen la obligación de manifestarlo.
Ellos, por amor, entregan su vida a los demás y contemplan el rostro de Dios en los más pobres y necesitados, y con sus vidas nos lo muestran a los demás.

El cartel anunciador del Domund 2010 es todo un signo y un símbolo que nos habla de imágenes, dado que la cara y la expresión de sonrisa en el rostro de la misionera y la del niño que tiene en sus brazos simbolizan a Dios y lo muestran a cuantos quieren verlo y están pidiendo a gritos que se lo muestren.

Los misioneros promueven en los fieles una sensibilidad y una predicación también hacia cuantos, muchas veces sin saberlo, buscan conocer a Dios y a Jesucristo. El Concilio Vaticano II nos dice que en todas las religiones hay vestigios de Dios y de la Revelación.
Todos los bautizados tenemos que participar en la dimensión misionera de la Iglesia y colaborar con nuestra generosa aportación económica en las campañas para atender las necesidades de los países de misión.
También tenemos que intensificar la oración y el sacrificio para que aumenten las vocaciones misioneras de los sacerdotes, religiosos y colaboradores laicos. Actuando de este modo, manifestamos el rostro de Dios y cumplimos con el mandamiento del amor a Dios y al peregrino.
El conocimiento de Dios es un medio para amarlo más, porque el conocimiento sigue al amor.
En la Jornada del Domund, pongamos todas las ofrendas (que son las oraciones, los sacrificios y los donativos) para que con todas ellas sigamos mostrando que el verdadero amor no solo se hace camino de santificación, sino que es medio y apoyo para que Dios sea conocido, amado y adorado. Ojalá que en esta Jornada misionera muchos puedan ver a Dios o lo reconozcan con mayor nitidez.

EL EVANGELIO DE HOY.

"El fariseo perdió su tiempo y el publicano ganó el perdón"

Hay personas que viven así su relación con Dios. Rezan rosarios, van a misa, cumplen con los mandamientos, aman al prójimo.

Pero todo no es más que una forma de pagar el precio que cuesta la salvación. Dicho de otra manera, así se sienten seguros de tener la salvación eterna, de tener a Dios de su parte.

En el evangelio de este domingo se nos presenta así la figura del fariseo. Cumple con todas las normas y leyes. Hace incluso más de lo que está legalmente exigido. Por eso se siente seguro de poder levantar la cabeza frente a Dios. Él no es como los demás pecadores. Con todo su bagaje de cumplimiento, está convencido de que puede dirigirse a Dios de tú a tú. Y prácticamente exigirle la salvación. Ha pagado su precio. Lo normal es que obtenga a cambio lo que ahora se le debe: la salvación.

La verdad es que el fariseo no se ha enterado de nada. Se ha confundido de medio a medio. No se ha dado cuenta de que lo mejor de la vida no se compra sino que se encuentra regalado. Para empezar, Dios nos ha regalado la vida y la libertad y la conciencia. Y, sobre todo, la capacidad de amar y ser amados. Dios nos ha regalado su amor. El amor es el verdadero caldo de cultivo de la vida, de la felicidad, de la salvación. Y el amor siempre se regala. Nunca se compra. Nunca se puede comprar. Ni con todo el oro del mundo. Ni con todos los sacrificios ni misas ni rosarios ni ayunos ni oraciones ni...


El publicano tiene conciencia de que no merece nada. Es un superviviente de la vida. Ha chapoteado en el barro tratando de mantener la cabeza fuera. No tiene ningún título ni privilegio que poner en la presencia de Dios. Sabe que sólo puede esperar y confiar en la compasión y en la misericordia del que le regaló la vida. Por eso se sitúa atrás, al fondo de la sinagoga y mantiene los ojos bajos. Sólo confía y espera. No tiene nada. Pero, precisamente por eso, sólo él puede experimentar la gratuidad del amor de Dios, que le sigue bendiciendo con la vida y abriéndole caminos de esperanza y de perdón. La paradoja está en que es el fariseo el que encuentra la salvación, la justificación, ante Dios mientras que el fariseo se va con las manos vacías. O mejor, se va con las manos llenas de muchos actos religiosos pero vacías de Dios.

La experiencia básica de la fe cristiana es el encuentro gratuito con Dios y con su amor manifestado en Cristo. Ese amor transforma la vida de la persona, le capacita para amar y para vivir agradecida. Todo lo que viene luego –cumplir las normas, participar en la eucaristía, orar con la Palabra, ponerse al servicio de los hermanos más necesitados– no es una forma de conseguir méritos ante Dios sino expresión y comunicación del amor sentido y experimentado, del amor recibido de Dios. El publicano volvió a su casa capacitado para amar porque se dejó llenar por la misericordia y la compasión de Dios. El fariseo volvió a su casa dispuesto a seguir cumpliendo normas y leyes que le dejaban siempre en un callejón sin salida en el que nunca se encontraba de verdad con el Dios del Amor y de la Vida.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor


COMENTARIO.

Las lecturas de este domingo XXX del tiempo ordinario nos vienen a decir que Dios está dispuesto a escuchar al pobre, al humilde y al afligido, pero no a los que se sienten seguros de sí mismos.

A este propósito dicen las lecturas:

En el evangelio: "Jesús dijo esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás".

Está claro que va a ser una crítica para los fariseos.


Además escuchamos:

En el salmo: "Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha".

En la primera lectura: Dios no puede ser imparcial, Dios toma partido por el pobre, escucha las súplicas del oprimido, no desoye los gritos del huérfano y de la viuda.


Dios toma partido por el publicano y está en contra del fariseo. Pero hagamos el recorrido un poca más despacio.

Los publicanos, los cobradores de impuestos de los romanos, eran gente especialmente mal vista en la época de Jesús. Y desde luego con razón.

Eran agentes al servicio de los ocupantes romanos, que exprimían con impuestos a la gente de palestina para cubrir las necesidades del imperio. No sólo eso: además de cubrir las necesidades del imperio, tenían derecho a exigir dinero para cubrir, también, sus propias necesidades, y así se enriquecían a costa de sus conciudadanos. Por eso eran considerados doblemente pecadores: porque eran traidores a su país, y porque eran ladrones aprovechados.

En cambio, los fariseos eran buena gente. Lo que dice este fariseo del evangelio no es ninguna mentira: eran honestos y cumplidores de la Ley, y además eran caritativos con los pobres. No había ni punto de comparación entre la manera de actuar de los fariseos y la de los publicanos: los fariseos eran mucho más dignos, mucho más fieles, mejores seguidores de la voluntad de Dios.
Pero en cambio resulta que, en el texto del evangelio de este domingo, queda muy claro que Jesús se siente más cerca del publicano que del fariseo. Y no sólo en esta lectura: en todo el evangelio vemos como Jesús critica frecuentemente a los fariseos, y los fariseos le critican, y en cambio parece que con los publicanos se siente mejor.

¿Por qué pasa esto? Es muy sencillo. Porque los fariseos estaban convencidos de hacerlo todo muy bien, como si no tuvieran ninguna necesidad del amor y de la salvación de Dios y, en cambio, los publicanos sabían muy bien que su actuación era mala, y, por lo tanto, eran capaces de darse cuenta de que necesitaban el amor y el perdón de Dios. Claro: si alguien no necesita a Dios para nada, cada vez estará más lejos de él, por mucho que piense que cumple con todo lo que ha de cumplir; en cambio, si alguien se reconoce pecador, tendrá ganas de acercarse a Dios y de buscar su amor, y Dios podrá acercarse a él.

El evangelio de hoy nos dice una cosa muy clara: para acercarnos a Dios debemos sentir que le necesitamos de verdad. Debemos sentir que sin su ayuda y su fuerza no somos nada. Debemos sentir que, por mucho que nos esforcemos por ser buenos cumplidores de lo que se nos pide, siempre nos quedará un gran camino que recorrer para llegar a amarlo como él nos ama, hasta que lleguemos a confiar totalmente en él, hasta que lleguemos a hacer del Evangelio el criterio de nuestra existencia.

Siempre nos queda un gran camino por recorrer. Porque ser cristiano, ser fiel a Dios, no consiste en cumplir solamente una serie de preceptos: cumplir los mandamientos y ser buenos es necesario, pero no basta. Ser cristiano es mucho más, es un camino que no se termina nunca: ser cristiano es llegar a ser como Jesús.

Pero, darnos cuenta de esta gran distancia que existe entre Dios y nosotros, no tiene que desanimarnos. Porque Dios no espera de nosotros que lleguemos a la perfección: lo que espera de nosotros es que no dejemos de caminar hacia él y que no dejemos nunca de pedir su ayuda. Tenemos que reconocer que lo necesitamos. El fariseo era incapaz de reconocerlo. No necesitaba de Dios porque cumplía la ley y estaba satisfecho; eso ya le daba la salvación. Salió del templo mucho más alejado de Dios que entró. El publicano, en cambio, si que reconocía que necesitaba de Dios, y por eso Dios le dio su perdón y lo puso en camino de la salvación y de la vida.

Quizás ahora podríamos detenernos en nuestro interior y hacer como el publicano: repasar nuestra vida y darnos cuenta de todo el camino que nos queda por hacer hasta llegar a vivir desde el Evangelio. Podríamos hacer como un examen de conciencia: repasar las cosas que hacemos mal. O cosas que deberíamos hacer y no las hacemos... en casa, en el trabajo, en la relación con los demás, en el uso de nuestro dinero o nuestro tiempo, en el servicio a la comunidad, en la ayuda a los pobres, en la relación con Dios... Seguro que ya sabemos en qué cosas fallamos más. Pues, recordémoslas ahora, y reconozcamos nuestro pecado ante Dios, y pidámosle ayuda para seguir adelante.

Seguro que así Dios nos acogerá con su amor, y nos llenará de su gracia, y nos alimentará una vez más con el pan de la Eucaristía.


















Fuentes:
Fernando Torres Pérez cmf
Enrique Bande Rodríguez
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad

viernes, 22 de octubre de 2010

Señor, haz que te busquemos !!!! (Oración al Altísimo)


¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….
Alabanzas al Altísimo

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.

Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.

Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

(San Francisco de Asís)

Invocación al Espíritu Santo


Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el Cielo
un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio para el hombre.
Descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
enciende nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,
que en Ti confían,
tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.

¡Amén. Aleluya!


Introducción

En lo que va de año 2010, son más 36 cristianos asesinados y más de 30 iglesias cristianas, las que han sido quemadas por grupos extremistas budistas en la India.
La amenaza continúa y se cierne sobre 200 iglesias y más de 200 misioneros, que además de trabajar por los más necesitados pueden perder más que tiempo y salud…………la vida.

"El fruto del silencio es la oración.
El fruto de la oración es la fe.
El fruto de la fe es el amor.
El fruto del amor es el servicio.
El fruto del servicio es la paz.".
(Beata Madre Teresa de Calcuta)


Oración-Contemplación

“Protege, Señor, a tus misioneros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que dejan todo para dar testimonio de tu palabra y de tu amor.
En los momentos difíciles, sostenlos, consuela sus corazones, y corona su trabajo de frutos espirituales.
Y que tu imagen del crucifijo que les acompaña siempre,
hable a ellos de heroísmo, de generosidad, de amor y de paz."
Amén.

Monición al Evangelio

“Mientras vais de camino”. Aquí el tiempo apremia. Hay un plazo, marcado por la distancia que media entre el punto del camino en que están los litigantes y la audiencia del juez. Antes que sea tarde, antes que hayas llegado a presencia del tribunal, antes que la noche acabe y que la puerta se cierre... Antes, antes.
Ya no es la invitación a la paciencia, a la espera confiada, activa, sosegada; es la urgencia del momento, como la de una exploración médica a fondo nada más aparecer unos síntomas inquietantes, como la de una operación de salvamento.
El arte es largo, y la vida, breve.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede.
Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace.
Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel.

Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

Palabra del Señor


Reflexión

“¿Cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?”; “mientras vais de camino”. De nuevo, dos expresiones que se relacionan con el tiempo. La primera remite a aquel tiempo singular de la presencia y el ministerio de Jesús. El apóstol Pablo lo caracterizaría más tarde como “la plenitud de los tiempos” (Gál 4,4).
Era el momento tan esperado, los días por los que el pueblo suspiraba... y que no reconoció cuando llegaron; como también Jesús era el esperado de los tiempos, y su pueblo, salvo un puñado de discípulos, no lo identificó en la palabra y las prácticas de su misión liberadora, ni en la verdad radical de su persona.
Ese tiempo es, sin embargo, el que sujeta todos los demás: el del cumplimiento, y a Jesús, que vino con un tiempo así bajo el brazo, lo confesamos como principio y fin, alfa y omega, y añadimos: suyo es el tiempo y la eternidad.

¡Señor, concédenos reconocer los tiempos de nuestra vida, con los dones que traen y las llamadas que hacen resonar! ¡Que abramos las manos para recibir los dones, y el oído interior para acoger las llamadas!

Preces.

*Al caer la tarde tú Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.
*Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.
*Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.
*Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.
*Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.
* Te rogamos Padre, por el Papa, los obispos y sacerdotes
-para que hundiendo sus raíces en Cristo den frutos de santidad y justicia para el bien de tu Iglesia
*Te encomendamos Señor a todos los sacerdotes que son y han hecho historia en nuestra parroquia,
-Dales fortaleza en su trabajo y un amor grande a la Cruz.
*Señor Jesús, te agradecemos por tener en medio de nosotros al padre D. José Carlos, testimonio de larga vida entregada a Ti.
-Te rogamos bendigas sus trabajos con frutos abundantes y danos a nosotros la fe viva para para valorar su experiencia y acompañarlo en esta nueva misión.
*Señor, te pedimos también por todos los que llevan diversas cruces en su vida y son incapaces de soportarlas.
-Para que les ayudemos física y espiritualmente.
* Señor Jesús, te pedimos por todos los dirigentes, por los poderosos,
- para que no se dejen arrastrar por el afán y sean generosos con los más necesitados.
* Te rogamos, Señor, por los que dedican su vida al cuidado de los enfermos,
-para que sea su labor callada, fortalecida por la acción del Espíritu Santo.
*Padre, te rogamos también por los enfermos de larga duración,
-para que compartiendo la cruz de Cristo compartan también la salud que Él nos trae.
* Te encomendamos Señor a los que sufren, los parados, los que no tienen hogar, los que están presos o viven bajo la opresión de la droga u otras esclavitudes,
-para que descubran en Ti una fuente inagotable de Paz donde poder aplacar sus dolencias
*Señor Jesús, Tú que nos enseñas que hemos de trabajar para la construcción de un mundo más justo, te rogamos por nosotros,
-para que perdones nuestra frecuente insolidaridad.

Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Señor, Tú te fijas en los pobre y humildes de este mundo. Ellos son tus predilectos. Que yo no busque crecer ni destacar, sino servir y compartir.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.
Señor, Tú enalteces y encumbras a los que se hacen humildes y pequeños. Ellos serán grandes y reconocidos a lo largo de los años. Que mi grandeza sea agradarte en todo.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi.
Señor, Tú escoges a los sencillos de este mundo para llevar a cabo tu obra salvadora. Que yo sepa cooperar con humildad para dar a conocer tu mensaje.
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Señor, Tú eres el único santo.
Nosotros somos pecadores. Purifícanos de nuestras faltas y cantaremos eternamente tu misericordia.
El hace proezas con su brazo.
Señor, a lo largo de los años Tú has hecho maravillas en favor de la humanidad. Continúa ayudándonos para poder encontrar en nuestra vida la verdadera paz y felicidad.
Dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Señor, Tú estás al lado de los pobres y los humildes, de los que sufren y son marginados; quieres su salvación y liberación.
Ayúdanos a comprometernos para superar toda opresión y luchar por la justicia y la igualdad.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y su descendencia por los siglos.
Señor, a lo largo de los años Tú acompañaste a Israel y, fiel a tus promesas, le ayudaste y protegiste.
Sigue hoy animando a la Iglesia y a toda la humanidad, para que entre todos construyamos un mundo más humano y solidario, que cada día se parezca un poco más al soñado por Dios.
María abre el corazón.




Oración Final




Dios nuestro, Tú que puedes darnos
un mismo querer y un mismo sentir,
concédenos a todos amar lo que nos mandas
y anhelar lo que nos prometes, para que,
en medio de las preocupaciones de esta vida,
pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.

Tú que puedes darnos
un mismo querer y un mismo sentir,
concédenos a todos amar lo que nos mandas
y anhelar lo que nos prometes, para que,
en medio de las preocupaciones de esta vida,
pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.






Fuente:
Pablo Largo
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad