
INTRODUCIÓN.
Según el relato de Mateo, la familia de Jesús ha vivido la experiencia trágica de los refugiados, obligados a huir de su hogar para buscar asilo en un país extraño. Con el nacimiento de Jesús no ha llegado a su casa la paz. Al contrario, enseguida se han visto envueltos por toda clase de amenazas, intrigas y penalidades.

Por un momento, parece que podrán disfrutar de paz pues «han muerto los que atentaban contra el niño». La familia vuelve a Judea, pero se enteran de que allí reina Arquelao, conocido por su "crueldad y tiranía", según el historiador Flavio Josefo. De nuevo, la angustia, la incertidumbre y la huida a Galilea, para esconderse en un pueblo desconocido de la montaña, llamado Nazaret.
¿Podemos imaginar un relato más contrario a la escena ingenua e idílica del nacimiento de Jesús naciendo entre cantos de paz, entonados por coros de ángeles, en medio de una noche maravillosamente iluminada? ¿Cuál es el mensaje de Mateo al dibujar con trazos tan sombríos los primeros pasos de Jesús?
Lo primero es no soñar. La paz que trae el Mesías no es un regalo llovido del cielo. La acción salvadora de Dios se abre camino en medio de amenazas e incertidumbres, lejos del poder y la seguridad. Quienes trabajen por un mundo mejor con el espíritu de este Mesías, lo harán desde la debilidad de los amenazados, no desde la seguridad de los poderosos.
Por eso, Mateo no llama a Jesús "Rey de los judíos" sino "Dios-con-nosotros". Lo hemos de reconocer compartiendo la suerte de quienes viven en la inseguridad y el miedo, a merced de los poderosos. Una cosa es clara: sólo habrá paz cuando desaparezcan los que atentan contra los inocentes. Trabajar por la paz es luchar contra los abusos e injusticias.
En ese esfuerzo, muchas veces penoso e incierto, hemos de saber que nuestra vida está sostenida y guiada por la "Presencia invisible" de Dios al que hemos de buscar en la oscuridad de la fe. Así busca José, entre pesadillas y miedos nocturnos, luz y fuerza para defender a Jesús y a su madre. Así se defiende la causa de Jesús.
Lectura del Evangelio según San Mateo (2,13-15.19-23)

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto,
y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño".
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.
Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,
donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.
Palabra de Dios.
COMENTARIO-

Algo parecido se podría aplicar a la familia. No existe un único modelo de familia. Las diversas culturas, los diversos países, las diversas épocas, han dado lugar a diferentes tipos de familia, diferentes formas de relacionarse. Si apuramos, podríamos decir que hay tantos tipos de familias como familias en el mundo. Hasta nos resultaría difícil tratar de definir lo que es la familia. Básicamente una relación entre un hombre y una mujer en la que nace la nueva vida. Pero eso se ha expresado de muchas maneras. Y muy diferentes.
Cada familia es diferente
Hoy se dicen muchas cosas de la familia. A veces tengo la impresión de que no hacemos más que proyectar nuestra propia experiencia. Si hemos nacido en una familia de clase media, imaginaremos que todas las familias deben ser así. Si hemos nacido en una familia desestructurada quizá la idea de la familia será para nosotros el principio de los males para la vida de cualquier persona.

Todos somos familia de Dios

No hay que dudar que en aquel contexto cultural que les tocó vivir, Jesús, María y José formaron una familia fundada en esos valores pero concretados, vividos y expresados de forma diferente a como lo hacemos o intentamos hacer nosotros. No se trata de vivir como ellos. No se trata de renunciar a nuestra cultura. Pero sí de hacer que esa conciencia de que todos somos hijos e hijas de Dios, de que formamos parte de la gran familia de la humanidad, de que lo que nos une es el amor de Dios modele nuestras relaciones familiares más allá de los lazos de sangre.
Hay un largo camino por recorrer. No para volver a ninguna situación ideal en el pasado sino para crear aquí y ahora, en nuestra vida familiar, en nuestras relaciones, la familia de Dios, una familia abierta a todos, fundada en el amor, la comprensión, la misericordia y sólo cerrada al odio, la violencia, la venganza y la intolerancia.
FUENTES:
Iluminación Divina
José A. Pagóla
Fernando Torres Pérez cmf.
Ángel Corbalán
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