
Este domingo celebramos el XXXIII del Tiempo Ordinario. Las Lecturas de este domingo nos hablan de la parte que nos toca a cada uno de los seres humanos en nuestra propia salvación. Sabemos que la salvación es obra de Dios, por los méritos de Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo en nosotros, pero a cada uno de nosotros nos toca una pequeña parte: nuestra respuesta a las gracias que el Señor nos da en cada momento y a lo largo de toda nuestra vida.
Para explicar un poco mejor cuál es la participación divina y cuál es la participación humana en nuestra propia salvación,traemos los comentarios de tres religiosos y que con su aportación, esperamos la mejor comprensión de La Palabra de Dios.
Una esperanza activa


El elogio de la mujer hacendosa de la primera lectura no es necesario leerlo en clave sólo femenina, sino que es el elogio de la persona responsable, que se toma la vida en serio y multiplica el bien en torno a sí, mejorando el mundo en el que le ha tocado vivir.

Y ¿qué pasa con el que devolvió el talento sin producir frutos? ¿Es que eso no es suficiente? ¿No se nos presenta aquí una imagen algo rigorista de la responsabilidad cristiana ante Dios? En realidad, no. El que entregó el talento, después de haberlo tenido escondido sin producir frutos, es como el que devuelve una vida que él mismo ha convertido en estéril. Que ha de entregarla es claro, pues, al margen incluso de que seamos o no creyentes, no vamos a vivir siempre. La vida que hemos recibido (de Dios, si somos creyentes, del azar o la necesidad, si no lo somos) acabaremos por devolverla tarde o temprano. La vida del siervo holgazán es la parábola o el icono del que ha vivido sin responsabilidad. Es un fenómeno frecuente, en realidad una tentación permanente y, según creo yo, el corazón mismo del pecado: tomo la vida y la libertad (mucha o poca) que comporta, pero yo no respondo ante nadie. Hago lo que quiero, soy ley para mí mismo, pero que a mí nadie me venga a pedir cuenta de mis actos. Para enterrar en un agujero el propio talento hay que tomarse algunas precauciones. Por ejemplo, no transgredir aquellas convenciones sociales (como las leyes) por las que la sociedad me podría multar o castigarme con la cárcel. Además, como esas convenciones se van estirando bastante en muchos aspectos (por ejemplo, en cuestiones de ética sexual y bioética; aunque todo hay que decirlo, en otras se extiende un moralismo cargante: por ejemplo, en la persecución de los fumadores), la posibilidad de disponer de la propia libertad de manera irresponsable se amplía notablemente. El único problema es que una vida así, que tal vez no hace nada malo, pero tampoco nada bueno, se hace estéril y al final no tiene nada que ofrecer. El que vive así, si ha tenido suerte, puede ser que se lo haya pasado muy bien, pero su vida, aunque tal vez sea envidiada por muchos, no será admirada por nadie, porque nada ha producido. ¿Qué significa que el señor era un hombre exigente, que segaba donde no sembraba y recogía donde no había esparcido? Tal vez haya que entenderlo en el sentido ya indicado de la seriedad de la vida, que por sí misma es dinamismo, crecimiento y también riesgo. “Enterrar” los propios talentos, las propias posibilidades es una traición al don de la vida.

Cuando tratamos de vivir así, nos abrimos a esas dimensiones ultimas (escatológicas), a los valores que no pasan, a la eternidad de Dios que se ha hecho presente en la historia humana por la encarnación de Jesús. De este modo, anticipamos sin miedo el “fin del mundo”, justamente aquello que en el mundo es definitivo y no pasa nunca, y que se sustancia en el amor.
Miedo al riesgo.

Los dos primeros se ponen «enseguida» a negociar con sus talentos. Se les ve trabajar con decisión, identificados con el proyecto de su señor. No temen correr riesgos. Cuando llega el señor le entregan con orgullo los frutos: han logrado duplicar los talentos recibidos.
La reacción del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando vuelve su señor, se justifica con estas palabras: «Señor, sabía que eras exigente y siegas donde no siembras... Por eso, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena como empleado
«negligente».

Esta idea mezquina de su señor lo paraliza. No se atreve a correr riesgo alguno. El miedo lo tiene bloqueado. No es libre para responder de manera creativa a la responsabilidad que se le ha confiado. Lo más seguro es «conservar» el talento. Con eso basta.
Probablemente, los cristianos de las primeras generaciones captaban mejor que nosotros la fuerza interpeladora de la parábola. Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor. Nos ha confiado la gran Noticia de un Dios amigo del ser humano. ¿Cómo estamos respondiendo hoy los seguidores de Jesús?
Cuando no se vive la fe cristiana desde la confianza sino desde el miedo, todo se desvirtúa. La fe se conserva pero no se contagia. La religión se convierte en deber. El evangelio es sustituido por la observancia. La celebración queda dominada por la preocupación ritual.
Sería un error presentarnos un día ante el Señor con la actitud del tercer empleado: "Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu Evangelio, aquí está el proyecto de tu reino y tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. Lo hemos predicado correctamente. No ha servido mucho para transformar nuestra vida. Tampoco para abrir caminos de justicia a tu reino.
Pero aquí lo tienes intacto".
Despierta en la Iglesia la confianza.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):

Palabra del Señor
COMENTARIO.
El evangelio de hoy nos provee tres meditaciones importantes en torno a nuestra vida como creyentes en el marco del adviento que ya se acerca.

1.- ¿Cuál es la imagen de Dios en este evangelio?, es la del dueño de muchos bienes que fueron encargados en administración a algunos de sus empleados, y las características personales del dueño son las siguientes: 1.- Un hombre que confía en sus empleados; 2.- Un hombre que no abandona sus bienes sino que por el contrario pide cuentas de ellos y 3.- Un hombre exigente y justo.
Con base en lo anterior es significativo mostrar aquí que El Dios que nos fue revelado por Jesucristo cumple con la caracterización arriba mencionada; es un Dios Padre que puso en nuestras manos la creación entera para nuestro servicio, confió en nosotros y por eso nos dejó en administración este mundo inmenso y maravilloso, y de nuestra parte siguiendo la lógica de aquél que no produjo fruto alguno, no hemos cuidado los bienes de Dios como merecen ser cuidados; Dios nos encargó el bien preciado de nuestra vida y muchos de nosotros hemos acabado con ella, le hemos prendido fuego, la hemos talado y por esta senda nuestros frutos han sido nulos a causa de nuestra manera pobre de obrar y de pensar, pues hemos traicionado la confianza que un día Dios puso en nosotros su hijos.
Por otra parte, en el evangelio de hoy podemos evidenciar cuán exigente es Dios con quienes ama; no es que Él haya dejado sus bienes abandonados al azar del tiempo y de la historia; el nos confió sus bienes a nosotros y por esta razón en cualquier momento Él nos pedirá cuentas de nuestra administración como lo hizo con sus empleados en el evangelio de hoy; él llegará a pedirnos cuentas de manera sorpresiva como lo hizo en el evangelio del domingo pasado con las 10 doncellas; en síntesis y a manera de pregunta, Dios de manera exigente y recia nos interroga diciéndonos: ¿Qué han hecho con sus vidas?, ¿Qué frutos han dado? ¿Han administrado bien los talentos, dones y bienes que puse en sus manos?, ojalá nuestra respuesta fuera semejante a la del primer siervo: “cinco talentos me dejaste, mira he ganado otros cinco” y no a la manera del tercer siervo que le dijo: “Escondí tu talento en la tierra”. Hermanos y hermanas Dios nos ha provisto de innumerables capacidades y cualidades para fructificar en nuestra vida cotidiana, y estamos llamados a responderle con altura, pues ya sabemos que Él es exigente con nosotros porque nos ama, “que siega donde no siembra y recoge donde no esparce”.
2.- ¿Qué valores nos pide Dios poner en práctica a la hora de administrar nuestra vida y nuestros asuntos? Tres son los valores propios de quienes desean agradar a Dios con su vida: 1.- Responsabilidad, 2.- Confianza y 3.- Creatividad.

Hermanos y hermanas en muchas ocasiones nosotros nos hemos dejado vencer por situaciones difíciles, nos encomiendan grandes retos y no somos capaces de asumirlos; para algunos de nosotros es preferible hacer lo que siempre hemos hecho, que producir ideas nuevas para un mejor accionar en todo sentido; en síntesis, con un corazón renovado y con una mentalidad abierta al cambio y al progreso actuemos de acuerdo a los dos empleados del evangelio que le dijeron al Señor: “nos dejaste estos talentos y hemos producido esto”, sin lugar a equívocos, éstos fueron admitidos al banquete de bodas, a gozar de la presencia de Dios; mientras que el empleado con la desidia y el temor sobre sus hombros “fue arrojado a las tinieblas, al lugar del llanto y del rechinar de dientes”.
3.- En esta última meditación es importante para nosotros mencionar que esta parábola fue dirigida especialmente a los apóstoles y hoy a cada uno de nosotros destinatarios de inmensas bendiciones de Dios que debemos hacerlas fructificar en beneficio de quienes nos rodean. Para Jesús cobraba una especial relevancia el hecho de enseñar a sus discípulos en privado con el ánimo de que éstos asumiendo sus enseñanzas se configuraran en verdaderos apóstoles suyos, y por esta razón con el contenido de esta parábola Jesús les envía tres mensajes.

1.- Que como destinatarios del poder para anunciar el evangelio, expulsar demonios, sanar enfermos, perdonar pecados y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no podían guardarse para si estos dones del Señor; sino que por el contrario, con apertura y generosidad tenían que ponerlos al servicio de los demás. 2.- Que los dones dados por Dios hay que ponerlos siempre en oración para que éstos crezcan y se fortalezcan, de lo contrario pueden desaparecer, ser entregados a otros o simplemente ser enterrados, y 3.- Que la consecuencia de guardarse estos dones para sí mismos en desmedro de quienes los necesitan, será ser enviados al lugar del llanto y de las tinieblas.
Estimados hermanos y hermanas, que todos nosotros bajo el amparo de María Santísima le agradezcamos al Señor por todos los dones, cualidades, talentos y beneficios con los cuales ha adornado nuestra vida y que como muestra de nuestra gratitud los pongamos al servicio de nuestros hermanos.
Fuentes:
Iluminación Divina
Evangelio de San Mateo
P. Ernesto León D. o.cc.ss
José María Vegas, cmf
José A. Pagola
Ángel Corbalán
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