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domingo, 21 de enero de 2018

«Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Evangelio Dominical)




Hoy, la Iglesia nos invita a convertirnos y, con Jesús, nos dice: «Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). Por tanto, habrá que hacer caso a Jesucristo, corrigiendo y mejorando lo que sea necesario.

Toda acción humana conecta con el designio eterno de Dios sobre nosotros y con la vocación a escuchar a Jesús, seguirlo en todo y para todo, y proclamarlo tal como lo hicieron los primeros discípulos, tal como lo han hecho y procuramos hacerlo millones de personas.

Ahora es la oportunidad de encontrar a Dios en Jesucristo; ahora es el momento de nuestra vida que empalma con la eternidad feliz o desgraciada; ahora es el tiempo que Dios nos proporciona para encontrarnos con Él, vivir como hijos suyos y hacer que los acontecimientos cotidianos tengan la carga divina que Jesucristo —con su vida en el tiempo— les ha impreso.



¡No podemos dejar perder la oportunidad presente!: esta vida más o menos larga en el tiempo, pero siempre corta, pues «la apariencia de este mundo pasa» (1Cor 7,31). Después, una eternidad con Dios y con sus fieles en vida y felicidad plenas, o lejos de Dios —con los infieles— en vida e infelicidad totales.

Así, pues, las horas, los días, los meses y los años, no son para malgastarlos, ni para aposentarse y pasarlos sin pena ni gloria con un estéril “ir tirando”. Son para vivir —aquí y ahora— lo que Jesús ha proclamado en el Evangelio salvador: vivir en Dios, amándolo todo y a todos. Y, así, los que han amado —María, Madre de Dios y Madre nuestra; los santos; los que han sido fieles hasta el fin de la vida terrenal— han podido escuchar: «Muy bien, siervo bueno y fiel (...): entra en la alegría de tu señor» (Mt 25,23).

¡Convirtámonos! ¡Vale la pena!: amaremos, y seremos felices desde ahora.



Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,14-20):




Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.


Palabra del Señor


COMENTARIO





 Cuando Dios escoge ... escoge.  Eso lo han sabido muchos santos.  Pero nadie lo supo mejor que Jonás, ese interesante y pintoresco personaje del Antiguo Testamento que, según nos cuenta el libro que lleva su nombre, pasó tres días dentro de una ballena. 

¿Podrá ser verdad esto?  Cuesta pensar en algo así.  Pero lo desconcertante es que el mismo Jesús se refiere a la estadía forzada de Jonás dentro de una ballena para tratar algo tan trascendental como su futura Resurrección.  ¿Iba el Hijo de Dios a citar un mito?  ¿Y a citarlo con el sentido y la precisión que lo hizo?  Así:

“Estos hombres de hoy son gente mala; piden una señal, pero no la tendrán.  Solamente se les dará la señal de Jonás.  Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación”  (Lc 11, 29-30). 




¿Sin embargo,  de Jonás lo más importante no fue si realmente pasó o no tres días dentro de una ballena, sino que no quería hacer lo que Dios le pedía.  Dios lo escogió para que se convirtiera él y para que -por la escogencia que Dios hizo de él- muchos también se convirtieran.

El Señor escogió a Jonás y a este profeta no le valió de nada escapar en un barco para huir de Dios.  El barco se vio metido dentro de una tormenta.  Jonás es lanzado al agua al conocerse que la causa de la tormenta es la huída de Jonás.  Y luego de ser tragado por una ballena, es lanzado por el animal cerca de las costas de Asia Menor para que de allí fuera a la ciudad de Nínive a predicar lo que el Señor le pedía.  El Señor buscaba que la gran ciudad de Nínive se convirtiera de sus vicios y pecados.  (Para dar una idea del tamaño de esta ciudad, baste con el dato que nos da la Escritura:  se requerían 3 días para recorrerla a pie).





Jonás predicó lo que el Señor le indicó:  “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.  Sin embargo, sorprendentemente, los habitantes de Nínive se convirtieron y creyeron en Dios, e hicieron penitencia todos.  Dios, entonces, no destruyó la ciudad.

Otros elegidos de Dios son más dóciles que Jonás.  Tal es el caso de los primeros discípulos escogidos por Jesús.  Nos cuenta el Evangelio de San Marcos (Mc. 1, 14-20)  que cuando Jesús, viendo a Andrés y a su hermano Pedro echando las redes de pescar en el lago de Galilea, les llamó para hacerlos “pescadores de hombres, ...y  ellos dejaron las redes y lo siguieron.” Respuesta inmediata y obediente a la escogencia del Señor.

Los escogidos de Dios son instrumentos suyos para la conversión que Dios desea realizar en medio de su pueblo, es decir, en cada uno de nosotros.  Y la conversión siempre exige un cambio de vida:  incluye, primero que todo, dejar el pecado.  Pero no basta esto.  Es necesario pasar a una segunda fase:  “creer en el Evangelio”.  Y creer en el Evangelio significa vivir según el Evangelio.  No basta conocer la teoría del Evangelio:  es necesario vivirlo en la práctica.




Es necesario cambiar la mentalidad terrena que nos vende el mundo, esa mentalidad a la que estamos muy acostumbrados.  ¿Cuál es la mentalidad del mundo?  Aquélla que nos lleva a quedarnos en lo temporal y a olvidarnos de lo eterno, a preferir lo terrenal y olvidarnos de lo celestial, a conformarnos con lo humano y a descartar lo divino, a creer en el mundo y a olvidarnos del Evangelio.

Sin embargo, el Señor nos dice:  “El Reino de Dios ya está cerca.  Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.   Ciertamente el Reino de Dios está cerca, pero sólo será una realidad cuando, arrepentidos y convertidos, creamos y vivamos según el Evangelio.  Será una realidad cuando vivamos según la Voluntad Divina, cuando -como rezamos en el Salmo (#24)- el Señor “nos descubra sus caminos”.  Y, una vez descubiertos los caminos del Señor, podamos seguirlos con docilidad.




San Pablo nos recuerda en la Segunda Lectura (1 Cor. 7, 29-31)  que “este mundo que vemos es pasajero”,  yque “la vida es corta”.   Y nos aconseja cómo conviene que vivamos desapegados de este mundo pasajero y de esta vida corta:  “los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran como si no compraran; los casados, como si no lo estuvieran”.   Es decir:  “estar en el mundo sin ser del mundo” (cfr. Jn. 17, 14-15).

Y cuando el Señor nos llame, no hay que seguir el ejemplo de Jonás:  duro para responder.  Hay que imitar a otros:  a Pedro, Andrés, Santiago, Juan…. Ellos, sin pensarlo mucho, dijeron sí enseguida y siguieron al Señor.








Fuentes:
Sagradas Escrituras
Evangeli.org
Homilia.org


domingo, 22 de enero de 2017

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Evangelio Dominical)

                                        


Hoy, Jesús nos da una lección de “santa prudencia”, perfectamente compatible con la audacia y la valentía. En efecto, Él —que no teme proclamar la verdad— decide retirarse, al conocer que —tal como ya habían hecho con Juan Bautista— sus enemigos quieren matarlo a Él: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte» (Lc 13,31). —Si a quien pasó haciendo el bien, sus detractores intentaron dañarle, no te extrañe que también tú sufras persecuciones, como nos anunció el Señor.

«Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea» (Mt 4,12). Sería imprudente desafiar los peligros sin un motivo proporcionado. Solamente en la oración discernimos cuándo el silencio o inactividad —dejar pasar el tiempo— son síntomas de sabiduría, o de cobardía y falta de fortaleza. La paciencia, ciencia de la paz, ayuda a decidir con serenidad en los momentos difíciles, si no perdemos la visión sobrenatural.

«Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4,23). Ni las amenazas, ni el miedo al qué dirán o las posibles críticas pueden retraernos de hacer el bien. Quienes estamos llamados a ser sal y luz, operadores del bien y de la verdad, no podemos ceder ante el chantaje de la amenaza, que tantas veces no pasará de ser un peligro hipotético o meramente verbal.
                                                           



Decididos, audaces, sin buscar excusas para postergar la acción apostólica para “después”. Dicen que «el “después” es el adverbio de los vencidos». Por eso, san Josemaría recomendaba «una receta eficaz para tu espíritu apostólico: planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana (...)».

Cumplir la voluntad de Dios, ser justos en cualquier ambiente, y seguir el dictamen de la conciencia bien formada exige una fortaleza que hemos de pedir para todos, porque el peligro de la cobardía es grande. Pidamos a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios, imitando su fortaleza al pie de la Cruz.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 
 (4,12-23):

                                     

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retira a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. 
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Palabra del Señor.





COMENTARIO.


                                           


Las Lecturas de este Domingo nos hablan principalmente de dos cosas:  de la manifestación de Jesús como fuente de luz y de salvación, y de la escogencia de los primeros discípulos.

Jesús es esa “gran luz” que había sido anunciada por el Profeta Isaías así: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.  Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció” (Is. 8,23/9-3).

El Evangelista San Mateo es uno de los discípulos escogidos y se da cuenta de que esa profecía de Isaías que hemos leído en la Primera Lectura (Is. 9, 1-4) se está cumpliendo ante sus propios ojos.  Por eso, al comenzar a narrar en su Evangelio la vida pública del Señor, San Mateo quiere comunicarnos esa buena nueva a todos:  nos dice que Jesús es esa “gran luz” que había sido anunciada por el Profeta Isaías.

Pero ¿qué significará esto que dice el Profeta Isaías?  En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; pero en el futuro llenará de gloria el camino del mar, más allá del Jordán, en la región de los paganos. 
                                                          


San Mateo nos especifica que Jesús dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaún y precisa que esta ciudad quedaba justamente en el territorio de las tribus de Zabulón y Neftalí, como para que sus lectores se den cuenta que de veras se está cumpliendo en Jesús esta profecía de Isaías.  El camino del mar se refiere a una vereda natural que venía del Mediterráneo y pasaba precisamente por el norte del Mar de Galilea, escenario del Evangelio de hoy, donde eran pescadores algunos de los que Jesús escoge como Apóstoles.

En otro tiempo el Señor humilló esa zona hace referencia a que sus habitantes habían sido conquistados por Asiria siglos antes.  Tan grave era su situación que la zona era llamada Galilea de los paganos, pues estaban en gran oscuridad por ignorancia religiosa, idolatría y otros pecados.  Pero en el futuro llenará de gloria el camino del mar porque precisamente allí comenzará a brillar esa gran Luz que es Jesucristo.

Es por ello que en el Salmo 26 hemos alabado a Jesús cantando:  “El Señor es mi luz y mi salvación”.   Y, siendo el Señor nuestra luz y salvación, ¿a quién deberemos seguir?  ¿en quién nos deberemos apoyar?
                                                          


En el Salmo hemos orado respondiendo estas preguntas ... Pero a veces no nos damos cuenta de lo que decimos.  Sabiendo que Jesús es nuestra luz y nuestra salvación, a El debemos seguir.  Y de esto se trata este Evangelio de hoy.

En efecto, San Mateo nos narra también la escogencia de los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan.  Pero tengamos en cuenta que el Señor nos escoge y nos llama a todos para ser sus discípulos y seguidores.  No sólo llama a los Sacerdotes y a las Religiosas:  el Señor nos llama a todos.  Y el Señor llama de muchas maneras y en diferentes circunstancias a lo largo de toda nuestra vida.

Sucede, sin embargo, que la voz del Señor es suave y el llamado que hace a nuestra puerta es también suave.  No nos obliga, no nos grita, ni tampoco tumba nuestra puerta.  El Señor es gentil.  No nos doblega, ni nos amenaza.  Pero siempre está allí, llamando a nuestra puerta.

Somos libres de abrirle o no.  Somos libres de responderle o no.  El llamado es para seguirle a El.  Puede ser en la vida de familia o en la vida religiosa o hasta solos en el celibato.  Pero sea para una u otra cosa, siempre será para “estar en el mundo sin ser del mundo” (Jn. 15, 18 - 17, 14).

Esta frase del Señor es ¡tan poco comprendida y tan poco practicada!

Hemos sido escogidos por El para seguirle.  “Ven y sígueme”, le dijo a sus primeros discípulos. “Ven y sígueme”, nos dice a cada uno de nosotros también. 
                                                         


Y seguirle a El implica muchas veces ir contra la corriente, ir contra lo que el mundo nos propone.  Seguirle a El es ser como El y es hacer como El.  Y ¿qué hace Jesús?  ¿Qué nos muestra Jesús con su vida aquí en la tierra?  Lo sabemos y El nos lo ha dicho: “He bajado del Cielo no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn. 6, 38).

Seguirlo a El es, entonces, buscar la Voluntad de Dios y no la propia voluntad.  Es hacer lo que Dios quiere y no lo que yo quiero.  Es ser como Dios quiere que sea y no como yo quiero ser.

A veces creemos que por ser Católicos, bautizados, ya tenemos asegurada la salvación. Ciertamente nuestro catolicismo significa que tenemos a nuestra disposición todos los medios de salvación que nos llegan a través de la Iglesia por Cristo fundada.  Pero no basta.
                                                  


 El Señor tal vez podría decirnos como nos ha dicho en la Carta a los Hebreos: “Tengamos cuidado, no sea que alguno se quede fuera.  Porque a nosotros también se nos ha anunciado ese mensaje de salvación, lo mismo que a los israelitas en el desierto; pero a ellos no les sirvió de nada oírlo, porque no lo recibieron con fe” (Hb. 4, 1-2).  Esta advertencia se refiere a que, de los varones que salieron de Egipto, sólo Josué y Caleb entraron a la Tierra Prometida.

No basta decir yo tengo fe, yo creo en Dios.  Esa fe tiene consecuencias.   Recibir el mensaje de Jesucristo con fe, hoy, es seguirlo en el cumplimiento de la Voluntad de Dios.  Tal vez algunos que no han nacido y crecido como Católicos busquen la Voluntad de Dios mejor que muchos de los que sí hemos tenido ese privilegio.

Pero, ¿cuál es la Voluntad de Dios?  Primeramente, cumplir los mandamientos.  Eso ya es algo, pero aún no es toda la Voluntad de Dios.  Lo siguiente es aceptar lo que Dios permite para mi vida, sea lo que sea:   lo que me gusta y lo que no me gusta.  Y por último, hacer lo que creo que Dios me pide. 

                                                         

¡Cuidado, porque podríamos quedar fuera!  ¡Cuidado si no nos dejamos iluminar por esa “gran luz” que es Jesucristo nuestro Señor!  ¡Cuidado si no aceptamos su mensaje de salvación!  Porque como hemos cantado en el Salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación.  Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida”.

Y, para vivir en la casa del Señor eternamente, es necesario comenzar a vivir en su casa aquí en la tierra.  Y eso significa vivir en su Voluntad siempre y en todo momento. Que así sea.










Fuentes:
Sagradas Escrituras
Evangeli.org
Homilias.org.

jueves, 4 de febrero de 2010

ORACIÓN COMUNITARIA SAN GARCÍA ABAD, Viernes 5 de Febrero




CANTO


ALABANZAS AL SANTÍSIMO


INVOCACIÓN AL ESPIRÍTU SANTO


INTRODUCCIÓN

En las lecturas anteriores, Lucas nos ha dado un cuadro de los que escuchaban y veían a Jesús y de su reacción ante el mensaje. Hoy en el relato de la “pesca milagrosa”, nos descubre una faceta de la predicación del Señor: su finalidad. Claramente les dice a estos primeros discípulos, que los llama para ser “pescadores de hombres”. En el terreno que consideramos, tu y yo, propio y personal, ese en el que el trabajo de cada día se lleva a cabo con entrega y esfuerzo, llega el Señor, y nos pide algo que parece sencillo y es trascendente: “Préstame tu barca y, aunque no entiendas, haz lo que te digo, confía en mi palabra”.


CANTO


ORACIÓN –CONTEMPLACIÓN: El Gloria meditado.

La oración del Gloria tiene un particular sabor a cielo. Es como introducirnos en la intimidad de Dios, saltando de nuestro corazón al suyo, con un canto alegre y vibrante. Es una invitación, en toda regla, a dejarnos llenar de gozo en un Dios que descubrimos como ser personal, uno en esencia y trino en personas.
Con el gloria hacemos eco a los ángeles que desde la eternidad y para la eternidad santifican y glorifican a Dios. Todas las criaturas están llamadas a eso: a glorificar a Dios. Cada una de ellas, siendo lo que es, canta a su creador. Es una invitación que les hace el Todopoderoso:
“criaturas del Señor, bendecid al Señor”.
Es como un rumor que pone música al coro de los ángeles. Pero el hombre tiene que interpretar también la partitura escrita por Dios uno y trino, para hacer que esa sinfonía se eleve de la tierra al cielo.
Toda la creación está expectante, como dice San Pablo, esperando la plena manifestación de los hijos de Dios. El hombre, descubriendo quién es, y siendo quien está llamado a ser, glorifica a Dios..
¡Bendito seas, Dios, Padre de Cristo, Jesús, nuestro Señor!
Tú nos bendijiste desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales.
¿Qué podemos hacer sino quedarnos con la boca abierta ante Dios?
El Gloria es eso: una oración corta y sencilla, pero clara y contundente. Es la oración de un corazón que se eleva al cielo y se abre en confidencia a Dios reconociéndole tal y como es.
Todo se hace alabanza a la Santísima Trinidad:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


CANTO


MONICIÓN AL EVANGELIO
La lectura del Evangelio de San Lucas nos refiere una pesca milagrosa. Pedro se confiesa pecador. En cambio el Señor llama a Pedro y a sus amigos para hacerlos pescadores de hombres. No importa lo que haya sido nuestra vida pasada, el Señor perdona y olvida. Pero exige una conversión auténtica. Nos quiere ahora santos a su servicio.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar."Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes."

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador."

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres."

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


Palabra del Señor


CANTO


PRECES
Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegido y llamado a tus apóstoles para que sean pescadores de hombres,
- haz que en todas las actividades de la Pastoral juvenil y vocacional de nuestra Diócesis sean numerosos los frutos que se recojan para mayor gloria de tu Nombre.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.




Echa las redes
Desde que Tú te fuiste
no hemos pescado nada.

Llevamos veinte siglos
echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas
sólo pescamos el vacío.

Vamos quemando horas
y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra
cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos?
¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?
¿Quién recuerda la última vez que amamos?

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar,
abre tu alma,
saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón,
levántate y camina».
Y lo hacemos sólo por darte gusto.
Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor
que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta esperanzas.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua
de nuestra indiferencia,
devuélvenos, Señor, a tu alegría



AVE MARIA Y GLORIA.