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domingo, 29 de octubre de 2017

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón (…). Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Evangelio Dominical)





Hoy, nos recuerda la Iglesia un resumen de nuestra “actitud de vida” («De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas»: Mt 22,40). San Mateo y San Marcos lo ponen en labios de Jesucristo; San Lucas de un fariseo. Siempre en forma de diálogo. Probablemente le harían al Señor varias veces preguntas similares. Jesús responde con el comienzo del Shemá: oración compuesta por dos citas del Deuteronomio y una de Números, que los judíos fervientes recitaban al menos dos veces al día: «Oye Israel! El Señor tu Dios (...)». Recitándola se tiene conciencia de Dios en el quehacer cotidiano, a la vez que recuerda lo más importante de esta vida: Amar a Dios sobre todos los “diosecillos” y al prójimo como a sí mismo. Después, al acabar la Última Cena, y con el ejemplo del lavatorio de los pies, Jesús pronuncia un “mandamiento nuevo”: amarse como Él nos ama, con “fuerza divina” (cf. Jn 14,34-35).

                                   



Hace falta la decisión de practicar de hecho este dulce mandamiento —más que mandamiento, es elevación y capacidad— en el trato con los demás: hombres y cosas, trabajo y descanso, espíritu y materia, porque todo es criatura de Dios.

Por otro lado, al ser impregnados del Amor de Dios, que nos toca en todo nuestro ser, quedamos capacitados para responder “a lo divino” a este Amor. Dios Misericordioso no sólo quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29), sino que nos diviniza, somos “partícipes” (sólo Jesús es Hijo por Naturaleza) de la naturaleza divina; somos hijos del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo. A san Josemaría le gustaba hablar de “endiosamiento”, palabra que tiene raigambre en los Padres de la Iglesia. Por ejemplo, escribía san Basilio: «Así como los cuerpos claros y trasparentes, cuando reciben luz, comienzan a irradiar luz por sí mismos, así relucen los que han sido iluminados por el Espíritu. Ello conlleva el don de la gracia, alegría interminable, permanencia en Dios... y la meta máxima: el Endiosamiento». ¡Deseémoslo!



Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):


                                   

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor





COMENTARIO.


                                               


Las lecturas de este domingo nos hablan del amor... del amor en sus dos dimensiones: amar a Dios y amar al prójimo.  En estos dos mandamientos se encierra la voluntad de Dios, la cual nos ha sido revelada en la Sagrada Escritura.  Nuestra relación con Dios va en sentido vertical y nuestra relación con el prójimo va en sentido horizontal, como formando una cruz, en la cual uno y otro eje son indispensables.  No puede separarse uno del otro.

Veamos el primero de los dos mandamientos: amar a Dios.  Nos dice Jesús en el Evangelio que éste es “el más grande y el primero de los mandamientos”  (Mt. 22, 34-40).   Pero... ¿en qué consiste?  ¿Qué significa amar a Dios?  El mismo Jesús nos lo dice: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn. 14, 15).   Amar a Dios, entonces, es complacer a Dios.  Quien ama complace al ser amado.  Amar a Dios es tratar de agradar a Dios en todo, en hacer su Voluntad, en cumplir sus mandamientos, en guardar su Palabra.  Amar a Dios es también, amarlo a El primero que nadie y primero que todo. Y amarlo con todo el corazón y con toda el alma significa estar dispuestos a cumplir sus deseos y a entregarnos a El sin condiciones.

Es decir, amar a Dios es también servir a Dios, idea que nos plantea San Pablo en la Segunda Lectura: “Ustedes han aceptado la Palabra de Dios en tal forma que ... se convirtieron al Dios vivo y verdadero para servirlo” (1 Tes. 1, 5-10).


                           



Sabemos también que Dios es la fuente de todo amor ... y no sólo eso, sino que Dios es el Amor mismo (cfr. 1 Jn. 4, 8).  Esto significa que no podemos amar por nosotros mismos.  El ser humano no puede amar si no fuera por Dios.  Lo que sucede es que Dios nos ama y con ese Amor con que Dios nos ama, podemos nosotros amar: amarle a El y amar también a los demás.  Porque Dios nos ama es que podemos nosotros amar.

Esto significa también que ambos mandamientos -el amor a Dios y el amor al prójimo- están unidos.  Uno es consecuencia del otro.  No podemos amar al prójimo sin amar a Dios.  Y no podemos decir que amamos a Dios si no amamos al prójimo, pues el amor a Dios necesariamente se traduce en amor al prójimo.

“La característica de la civilización cristiana es la Caridad: el Amor de Dios que se traduce en amor al prójimo … el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables” (Benedicto XVI, 19-10-2008).

Como el Señor nos manda a “amar al prójimo como a nosotros mismos”, debemos ver qué significa eso y cómo se ama así.  ¿Qué es amarse a uno mismo?

                                               


Vale la pena aquí detenerse un poquito, para revisar lo que se ha dado por llamar “auto-estima”, concepto que ha pretendido basarse en esta frase del Señor, en la que se dice que El nos manda a amarnos a nosotros mismos.  Pero, viéndolo bien ... ¿qué es amarse a uno mismo? ¿Significa amar a alguien estimar sus cualidades o, más bien, amarlo significa buscar su bien sin tener en cuenta cualidades y defectos?  Asimismo,  ¿significa amarse a uno mismo estimar las cualidades propias o, en cambio, significa buscar el propio bien y la propia complacencia?  Apreciar las propias cualidades y el propio valer es estimarse a uno mismo.  No significa esta estima amarse a uno mismo.  Amarse a uno mismo es otra cosa: es buscar el propio bien y la propia complacencia.  Y ésa fue la medida mínima que Dios nos puso para amar a los demás.

¿Qué nos quiere decir el Señor, entonces, cuando nos pide amar al prójimo como a uno mismo?  Nos quiere decir que desea que tratemos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos.  Si nos fijamos bien, somos muy complacientes con nosotros mismos:  ¡Cómo respetamos nuestra forma de ser y de pensar!  ¡Cómo excusamos nuestros defectos! ¡Cómo defendemos nuestros derechos!  ¡Cómo nos complacemos nosotros mismos, buscando lo que nos agrada y lo que necesitamos o creemos necesitar!

El precepto del Señor de amar a los demás tiene esa medida: la medida de cómo nos respetamos y nos complacemos nosotros mismos.  Dicho más simplemente:  debemos tratar a los demás como nos tratamos a nosotros mismos, complacer a los demás como nos complacemos a nosotros mismos, ayudar a los demás como nos ayudamos a nosotros mismos, respetar a los demás como nos respetamos a nosotros mismos, excusar los defectos de los demás como excusamos los nuestros, etc., etc.


                                         



Amar al prójimo como a uno mismo no significa, por tanto, auto-estimarse, sino más bien seguir este otro consejo de Jesús: “Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes”  (Lc. 6, 31).  Nos amamos tanto a nosotros mismos que esa fue la medida mínima que puso el Señor para nuestro amor a los demás.

Debemos tener en cuenta, además, que nuestro amor al prójimo no puede depender de las cualidades de ese prójimo, ni siquiera de cómo sea el trato que ese prójimo nos dé.  Nuestro amor a los demás depende, más bien, del hecho de que todos somos creaturas de Dios.

¿Cómo se ama al otro?  Para contestarlo en pocas palabras: amar al otro es pensar en las necesidades del otro antes que en las necesidades propias.  Es cumplir esta petición de Jesús: “Hagan a los demás todo lo que quieran que hagan a ustedes” (Mt. 7, 12).

La Primera Lectura nos trae un grupo de leyes referentes a los deberes para con el prójimo necesitado, con el correspondiente castigo para sus transgresores (Ex. 22, 20-26).

                                  



Pero una lista más completa la tenemos en las Obras de Misericordia, tanto espirituales, como corporales, que nos propone la Iglesia Católica.  En esa lista vemos cómo amar al prójimo es estar atento a sus necesidades, que pueden ser espirituales (enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por vivos y difuntos); o materiales (dar de comer al hambriento, dar techo al que no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y presos, enterrar a los muertos, redimir al cautivo, dar limosna a los pobres).

Sin embargo, es fácil amar a quienes nos aman y hacer bien a quienes nos hacen bien, pero cosa difícil es amar a quienes no nos tratan bien o a quienes -voluntaria o involuntariamente- nos causan algún desagrado o algún daño.  Pero recordemos que Jesús nos  ha dicho: "Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.  Así serán hijos de su Padre que está en los cielos.  El hace brillar el sol sobre malos y buenos, y caer la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt. 5, 43-45).  Precepto difícil de cumplir, pero no imposible, pues Dios no puede pedirnos nada imposible.  Amar a los enemigos significa perdonarlos, a pesar de lo que nos hagan, no desearles mal ni buscar la venganza y la retaliación, sino en cambio, desearles el bien y procurárselo cuando se presente la oportunidad.


                                        


Para tomar la medida de nuestro amor al prójimo podemos revisar en San Pablo su descripción del amor fraterno: “El amor es paciente y servicial.  No tiene envidia.   No actúa con bajeza, ni busca su propio interés.  El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona.  Nunca se alegra del mal.  El amor disculpa todo... todo lo soporta” (1 Cor. 13, 4-7).

Decíamos que Jesús nos dio una medida mínima para nuestro amor al prójimo: amarlo como nos amamos a nosotros mismos.  Pero también nos dio una medida máxima, que El nos mostró con su ejemplo: “Ámense unos a otros como Yo los he amado” (Jn. 15, 12).   Y El nos amó mucho más que a sí mismo.  ¿No dio su vida por nosotros?



















Fuentes:
Sagradas Escrituras
Homilias.org
Evangeli.org

martes, 23 de noviembre de 2010

San García Abad, la vida de un santo !!!!!!


“Avia y un abbat sancto, servo del Criador
Don Era del monasterio caudillo, e senhor,
La grey demostraba cual era el pastor”.
(Gonzalo de Berceo)


Nuestro primer poeta del Mester de Clerecía, Gonzalo de Berceo, decía de nuestro santo que, era un abad santo a boca llena, afirma de él ser amador de bondad, excelente cualidad en todo superior; le denomina caudillo y señor del monasterio y demuestra la magnanimidad del pastor por las virtudes y fervor de sus monjes.

García, nuestro santo, nació en Bureba, entre Belorado y Briviresca en el lugar llamado Quintanilla, provincia de Burgos, hoy conocido con el sobre nombre de San García, a finales del siglo X o entrada del XI.

Vivió su infancia en dicho pueblo, donde fue educado cristianamente y recibió el llamamiento a la vida religiosa que muy pronto iba a seguir en la Orden benedictina. Y así, dejando la casa paterna, en su pueblo natal de Quintanilla, fue caminando hasta llegar al monasterio de San Pedro de Arlanza, ubicada a orillas del rio del mismo nombre.

Algo cansado por la caminata y acompañado por algunos familiares, se presentó al Padre Abad del Monasterio, quien después de las primeras impresiones le asignó una serie de ocupaciones dentro de las reglas de San Benito.

Una vez transcurrido el noviciado, San García había de vivir, en calidad de monje benedictino , cerca de cuarenta años. Su existencia se resumirá en estas palabras tan benedictinas: ora et labora, reza y trabaja.

Además de la oración litúrgica se les manda el trabajo, no por razones económicas, sino como medio de bondad de vida, para disciplinar esta y preparar el espíritu a la oración.

Nuestro santo, destaca enseñando a forasteros y campesinos a labrar la tierra, a desaguar los pantanos, a cultivar la vid, a injertar árboles, a construir casas e iglesias y a ganar con el sudor de su frente el sustento corporal.

En el año 1039, al quedar vacante el puesto por la defunción del Abad, en votación secreta y por unanimidad de los 150 monjes, García, fue elegido Abad del Monasterio de Arlanza.

Su buen hacer como abad, sus conocimientos y buenas obras, fueron de conocimiento popular fuera de los muros del Monasterio. Tanto es así que fue nombrado consejero del primer rey de Castilla, Don Fernando I el Grande, y con él asistió a la batalla de Atapuerca en 1054.

Es tal la admiración por todos los que le van conociedo: Fernando I, Sancho I, El mismo Cid Campeador, que piden su asesoramiento y como muestra de gratitud, le confieren tierras y recompensas que nuestro santo, reparte entre los vecinos y los más necesitados.

En el terreno de lo místico y espiritual, hay que destacar entre otros, dos momentos importantes en la historia de nuestro San García Abad.

Hacia el año 1061, por revelación divina, García Abad, encuentra las reliquias de los cuerpos de tres santos: San Vicente y sus hermanos mártires Sabina y Cristeta, y los traslada al Monasterio de Arlanza. Lo cuenta Gonzalo de Berceo.

La santidad, como es sabido, no consiste en hacer milagros. Sin embargo, el pueblo fácilmente ve santidad donde hay milagros; y muchas veces asi suele suceder. Fue sobre el año 1044, se habían perdido las cosechas en Castilla. Por lo tanto, no había ni frutas ni vid….

Aquel Viernes Santo, el Abad García, se dispuso a bendecir el pan y el agua, lo único que disponían en el Monasterio, y ante el asombro de los 150 monjes, el agua se convirtió en vino.

Desde aquel día la confianza de los monjes en su tierno y compasivo abad no tuvo límites; y lo que aparentemente sólo remediaba una necesidad corporal, sirvió para ensanchar su corazón y ayudarles a correr los caminos , que llevan a la santidad.

El Bello Morir de un Santo.

Cuando García sintió agotadas sus fuerzas y conoció que el mal de muerte le tenía asido fuertemente, quiso dejar a sus monjes la herencia riquísima de sus consejos y enseñanzas. Los congregó a todos en torno suyo, los miró con ojos cargados de febril brillantez, y dejó fluir en palabras entrecortadas , sus cariños de padre y los fervores de Santo.

Ya no pudo más, se le agotaron las energías y se retiró al lecho, de donde no volverá a levantarse.

A los pocos días recibía la visita del obispo de Burgos, Don Jimeno, amigo suyo y entre los sollozos de los monjes y tras darle un abrazo al Santo, dijo “ Padre García, amadísimo Padre, damos gracias a Dios, le damos gracias de que , al fin, triunfando de esta vida pasas al descanso de la gloria. No te olvidarás de nosotros al verte seguro, verdad? Padre?. Ruega mucho al Señor, pídele mucho por nosotros y por estos que son tus hijos, para que algún día nos encontremos todos juntos en el cielo; y entonces, para siempre, para siempre”.

Dicen que, como centella sobre cañaveral se extendió la noticia alarmante de que el abad Don García agonizaba. De los pueblos cercanos acudieron muchas gentes al monasterio en demanda de noticias y deseando contemplar por última vez el rostro bondadoso del caritativo agonizante.

Muchos lograron satisfacer sus deseos; otros llegaron tarde, porque el santo abad había fallecido en una mañana fría del otoño de 1073.

La gran obra de este insigne varón es Arlanza, el famoso monasterio de Arlanza. No lo fundó ni restauró él; pero esa abadía castellana a él le debe sus grandezas.

Cuando el alma del santo voló al cielo, allí quedó, su cuerpo, instrumento de maravillas y prenda de favores, allí quedó también su espíritu, espíritu elevado de santidad, cultura y civilización.







Fuentes:
Gonzalo de Berceo
Ángel Corbalán

Triduo en Honor a San García Abad !!!!

Hoy, Martes 23 de Noviembre, comienza el Triduo en honor a nuestro patrón, San García Abad, santo que como sabéis , era de origen burgalés.

La gran obra de este insigne varón es Arlanza, el famoso monasterio de Arlanza.
No lo fundó ni restauró él; pero esa abadía castellana a él le debe sus grandezas.
Cuando el alma del santo voló al cielo, allí quedó, su cuerpo, instrumento de maravillas y prenda de favores, allí quedó también su espíritu, espíritu elevado de santidad, cultura y civilización.

Durante el Tríduo, se dará a besar la relíquia del Santo.

Tambien, por primera vez, se dará a leer una breve historia de tan destacado abad discípulo de San Benito.

El Triduo, de Martes a Jueves, dúa este de la celebración de San García Abad, será dedicado a Los enfermos, los difuntos y el último día, a la familia.

Serán oficiados por el Párroco de nuestra Parroquia de San García Abad, el reverendo, José Carlos Del Valle y Ruiz.




ORACION A SAN GARCIA ABAD


San García Abad, abad santo, siervo del Creador, de bondad amador, consejero de reyes, de rebaño cristiano buen pastor.
Tu que fuiste varón de vida en todo venerable y de gloriosa memoria por tu perseverancia.

Tú, San García Abad, que en Viernes Santo, convertiste por intercesión Divina, el agua en vino. Intercede por nosotros,

Ruega por nosotros, para que Dios, nuestro Señor, nos ilumine por el camino de oración y humidad que tú nos mostraste y así podamos alcanzar las alegrías y dichas que pedimos.
Tú que enseñaste, se duerme, no se muere, para dormir el sueño con que los muertos nacen a la vida eterna.


Ruega mucho al Señor, pídele mucho por nosotros y por todos los feligreses, para que algún día nos encontremos todos juntos en el cielo: y entonces, para siempre, para siempre.”

Amén.

Fuentes:
Gonzalo de Berceo
Ángel Corbalán
Gráfica Miguel Ángel

domingo, 17 de octubre de 2010

San Ignacio de Antioquia...........lleno de fuego !!!!!


Ignacio significa: "lleno de fuego" (Ingeus: fuego).
Nuestro santo estaba lleno de fuego de amor por Dios.

San Ignacio de Antioquía fue discípulo directo de San Pablo y San Juan;
Segundo sucesor de Pedro en el gobierno de la Iglesia de Antioquía; El primero en llamar a la Iglesia "Católica".
Sus escritos demuestran que la doctrina de la Iglesia Católica viene de Jesucristo por medio de los Apóstoles. Esta doctrina incluye: La Eucaristía; La jerarquía y la obediencia a los obispos;
La presidencia de la iglesia de Roma; La virginidad de María y el don de la virginidad;
El privilegio que es morir mártir de Cristo.

Antioquía era una ciudad famosa en Asia Menor, en Siria, al norte de Jerusalén. En esa ciudad (que era la tercera en el imperio Romano, después de Roma y Alejandría) fue donde los seguidores de Cristo empezaron a llamarse "cristianos".
De esa ciudad era obispo San Ignacio, el cual se hizo célebre porque cuando era llevado al martirio, en vez de sentir miedo, rogaba a sus amigos que le ayudaran a pedirle a Dios que las fieras no le fueran a dejar sin destrozar, porque deseaba ser muerto por proclamar su amor a Jesucristo.

Dicen que fue un discípulo de San Juan Evangelista. Por 40 años estuvo como obispo ejemplar de Antioquía que, después de Roma, era la ciudad más importante para los cristianos, porque tenía el mayor número de creyentes.

Mandó el emperador Trajano que pusieran presos a todos los que no adoraran a los falsos dioses de los paganos. Como Ignacio se negó a adorar esos ídolos, fue llevado preso y entre el perseguidor y el santo se produjo el siguiente diálogo.

¿Por qué te niegas a adorar a mis dioses, hombre malvado?
No me llames malvado. Más bien llámame Teóforo, que significa el que lleva a Dios dentro de sí.
¿Y por qué no aceptas a mis dioses?
Porque ellos no son dioses. No hay sino un solo Dios, el que hizo el cielo y la tierra. Y a su único Hijo Jesucristo, es a quien sirvo yo.
El emperador ordenó entonces que Ignacio fuera llevado a Roma y echado a las fieras, para diversión del pueblo.

Encadenado fue llevado preso en un barco desde Antioquía hasta Roma en un largo y penosísimo viaje, durante el cual el santo escribió siete cartas que se han hecho famosas. Iban dirigidas a las Iglesias de Asia Menor.

En una de esas cartas dice que los soldados que lo llevaban eran feroces como leopardos; que lo trataban como fieras salvajes y que cuanto más amablemente los trataba él, con más furia lo atormentaban.

El barco se detuvo en muchos puertos y en cada una de esas ciudades salían el obispo y todos los cristianos a saludar al santo mártir y a escucharle sus provechosas enseñanzas. De rodillas recibían todos su bendición. Varios se fueron adelante hasta Roma a acompañarlo en su gloriosos martirio.

Con los que se adelantaron a ir a la capital antes que él, envió una carta a los cristianos de Roma diciéndoles: "Por favor: no le vayan a pedir a Dios que las fieras no me hagan nada. Esto no sería para mí un bien sino un mal. Yo quiero ser devorado, molido como trigo, por los dientes de las fieras para así demostrarle a Cristo Jesús el gran amor que le tengo. Y si cuando yo llegue allá me lleno de miedo, no me vayan a hacer caso si digo que ya no quiero morir. Que vengan sobre mí, fuego, cruz, cuchilladas, fracturas, mordiscos, desgarrones, y que mi cuerpo sea hecho pedazos con tal de poder demostrarle mi amor al Señor Jesús". ¡Admirable ejemplo!.

Al llegar a Roma, salieron a recibirlo miles de cristianos. Y algunos de ellos le ofrecieron hablar con altos dignatarios del gobierno para obtener que no lo martirizaran.

Él les rogó que no lo hicieran y se arrodilló y oró con ellos por la Iglesia, por el fin de la persecución y por la paz del mundo. Como al día siguiente era el último y el más concurrido día de las fiestas populares y el pueblo quería ver muchos martirizados en el circo, especialmente que fueran personajes importantes, fue llevado sin más al circo para echarlo a las fieras. Era el año 107.

Ante el inmenso gentío fue presentado en el anfiteatro. Él oró a Dios y en seguida fueron soltados dos leones hambrientos y feroces que lo destrozaron y devoraron, entre el aplauso de aquella multitud ignorante y cruel. Así consiguió Ignacio lo que tanto deseaba: ser martirizado por proclamar su amor a Jesucristo.

Algunos escritores antiguos decían que Ignacio fue aquel niño que Jesús colocó en medio de los apóstoles para decirles: "Quien no se haga como un niño no puede entrar en el reino de los cielos" (Mc. 9,36).

San Ignacio dice en sus cartas que María Santísima fue siempre Virgen. Él es el primero en llamar Católica, a la Iglesia de Cristo (Católica significa: universal).





Fuentes:
Santoral Católico
Corazones org.
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad

jueves, 9 de septiembre de 2010

Primera celebración de la fiesta a la Virgen de la Luz!! (Cortijo de Vides)


Ayer Miércoles, fiesta de Nuestra Señora de la Luz, como habíamos comentado antes, varias decenas de feligreses de la Parroquia de San García Abad fuimos a acompañar a los feligreses de la Parroquia de Ntra. Sra. De la Luz de Cortijo de Vides, en la celebración del día de su Patrona.

Mira que cosas, tan cerca una parroquia de la otra y la mayoría de los feligreses de San García, no conocíamos ese magnífico Templo que acoge a diario a los feligreses de ese barrio algecireño.

Fue una triple satisfacción: descubrir el ambiente de nuestros hermanos de esa parroquia, compartir la oración y devoción a nuestra Madre, La Virgen María de la Luz y como no, hermanarnos entre las dos parroquias y barrios.

La ceremonia comenzó con la celebración de la Eucaristía por parte del párroco que compartimos ambas feligresías, José Carlos del Valle.


El pastor, estuvo auxiliado por una persona maravillosa que ha prestado unos servicios importantes para aquella comunidad, el diácono Francisco Castillo Marchante. Que a la vez, se despedía para volver pronto…………..marcha al Seminario donde Dios mediante, en un año, será ordenado sacerdote.

Durante la Eucaristía, nuestro amigo Paco, el diácono, tomó la palabra para , como buen tarifeño, destacar y ensalzar a la advocación de la Virgen María a la que tiene tanta devoción…………….Nuestra Señora de la Luz!!

Nos explicó de una manera resumida y con mucha emoción, desde cuando el pueblo de Tarifa siente esa profunda devoción hacia “su” Virgen…………..La Virgen de la Luz.

El acto, estuvo amenizado por las voces de todos los presentes que cantaron acompañando al coro parroquial de San García Abad que, como no podía ser de otra manera, allí estaban cantando y como ya sabemos..............." quien canta, reza dos veces".

Aunque era la primera vez que se celebraba esta fiesta en la citada parroquia, todos, absolutamente todos, se sintieron muy identificados con la ceremonia y el próximo año……………….se repetirá!

Por supuesto, después de la Eucaristía, se rezó la oración a la Virgen de la Luz. ………..

“Madre y señora, tú eres luz que disipas la sombra del engaño;
tú eres la dulzura que deleita al corazón
y eres la poderosa madre en quien espero y confío.

Aleja de mi todo peligro; guárdame, señora,
y en estos ocho días recíbeme por tuyo;
yo volveré, señora, a tus santísimos pies;
yo daré a mi corazón la dicha de saludarte,
y yo renovaré el amor que desde hoy te ofrezco. ………………”


Al finalizar, los asistentes, que fueron muchos, posaron junto a los celebrantes para una foto de recuerdo de la primera Celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Luz de Cortijo de Vides!!


La muestra de generosidad , por parte de los feligreses de esa preciosa Parroquia, tuvo su culminación al agasajarnos a todos con una “merienda” que habían preparado todos y cada uno de esos feligreses hermanos.

En el fin de fiesta, en las instalaciones anexas al Templo, aprovecharon los feligreses de la mencionada parroquia, para agradecer el cariño y dedicación hacia ellos, por parte del diácono Paco, en esos dos años ……………….con un regalo de despedida, que sonaba hasta luego!



Tras las palabras de agradecimiento del diácono Paco, se dio por finalizado el acto y los feligreses de San García Abad, fuimos poco a poco abandonando las instalaciones parroquiales………….

Pero, nos íbamos llenos…………….no sólo de pasteles, sino de satisfacción por hermanarnos con los feligreses de Ntra. Sra. De la Luz, de Cortijo de Vides……..en Cristo nuestro Señor!!


Lo dice Juan Pablo II, de su libro “Creo en la Iglesia”.

“Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte” (1 Co 12, 26-27).

domingo, 4 de abril de 2010

ALELUYA...........AL TERCER DIA.......RESUCITO !!!!

"Al tercer día resucitó", en esta piedra angular se basa la fe cristiana. El Señor de la vida había muerto, pero ahora vive y triunfa.

El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

Éste es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
En la Resurrección la vocación cristiana descubre su misión: acercarla a todos los hombres.

El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. Por esta razón los cristianos con gran júbilo celebran este día la Misa Pascual del Domingo de Resurrección.

"En este día de tu triunfo sobre la muerte, que la humanidad encuentre en ti, Señor, la valentía de oponerse de manera solidaria a tantos males que nos afligen", clamó el jefe de la iglesia católica. (S.S. Juan Pablo II, 2004)


HOY EN NUESTRA PARROQUIA.

12:30 Eucaristía
20:00 Eucaristía



¡¡ FELIZ RESURRECCIÓN








Fuentes.
Semanasanta.com
Angel Corbalan
Redaccion Blog Parroquial