
Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o un pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención sobre esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.

La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
¿Qué secreto se encierra en esa "puerta" que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y que desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.
Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio, son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa, son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.
En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la Jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que sienten marginados.
Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la Jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado una situación muy difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.
Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. El es "la Puerta"
El Señor es mi Pastor
1.- La vida resucitada

Jesús lo expresa en la alegoría del buen pastor. Igual que dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “Yo soy la vid verdadera”, “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el pan de vida”, de la misma manera, este domingo, se nos revela: “Yo soy el Buen Pastor”. Es la imagen bíblica, campestre, bucólica. Pegaba muy bien en un pueblo con cultura de pastoreo nómada.
Las ovejas que nos gloriamos de tal pastor estamos lejos del lado oscuro del “borreguismo”; más bien, nos acordamos de los dibujos tiernos de las catacumbas, donde la de pastor es la primera imagen de Jesús. ¿Y cómo no recrearnos en la voz de la poesía que canta a Jesucristo, pastor?: “¿Y dejas, Pastor Santo, tu grey en este valle hondo, oscuro…?”, “Pastor que, con tus silbos amorosos, me despertaste del profundo sueño. Tú que hiciste cayado de ese leño en que tiendes tus brazos poderosos”.
2.- Palabra

Aquí se sitúa la alegoría del pastor. Jesús, en la metáfora, se identifica como la puerta del aprisco, como el pastor que entra por la puerta y no como el bandido, como el pastor bueno y no mercenario. Qué bien va describiendo Jesús su relación amorosa con las ovejas: El buen pastor las conoce a todas, las llama por su nombre, las saca a los pastos, camina silbando delante de ellas y da su vida por ellas. En correspondencia, sus ovejas lo conocen, escuchan su voz y le siguen. Sin alegorías, Pedro, en la lectura segunda, nos presenta a Jesús como el pastor-siervo sufriente, inocente, paciente, redentor siempre: “Sus heridas os han curado”, nos recuerda.
Jesús establece un paralelismo revelador: Igual que el Padre le ama, él ama a sus ovejas. Aún más. Es que las ovejas son del Padre, y el Hijo da la vida por ellas, y por eso el Padre le ama. Todo, un círculo sublime.
3.- Vida

Es urgente darnos cuenta de que todos hemos de ser buenos pastores; no sólo los jefes, los dignatarios, “los de arriba”. Como seguidores e imitadores de Jesús, nosotros llevamos a nuestra vida su modo de pastorear, es decir, de cuidar, de proteger, de curar heridas, de coger en brazos, de dar la vida y des-vivirse por los demás. Igual que a Pedro, nos pregunta Jesús: “¿Me amas? Pues, apacienta a mis ovejas”. Sólo desde el amor tiene sentido. La credibilidad y autoridad moral de los hombres y mujeres de la Iglesia va en relación directa con la capacidad de dar la vida; y vida es ser misericordiosos, lavar los pies, hacerse samaritanos, consolar, tener pasión por la justicia. Lo contrario es propio de ladrones y bandidos: actitudes rígidas, legalismos que aplastan, frialdad ante el sufrimiento del otro. Es lo que denunciaba Jesús en los fariseos. (¿Podríamos preguntarnos aquí el porqué de la marcha silenciosa de tantos cristianos bautizados que nos abandonan?). La palabra mágica que repite el Evangelio es “servir”; servir a todos, no servirse de nadie.
Esta regla de oro para un buen pastor la hacemos hoy exigencia en el Día de Oración por las Vocaciones. Queremos presbíteros y religiosos en el gozo de haber sido llamados por su nombre, en la experiencia de escuchar la voz del Maestro, en la capacidad de comunión, en la santidad.
La Eucaristía es el punto de encuentro más verdadero entre el pastor y las ovejas. Copiamos a Luis de Gógora:
“Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu Pastor soy
sino tu pasto también.
Lectura del santo evangelio según san Juan (10,1-10):

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.
Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»
Palabra del Señor
COMENTARIO.
En este domingo IV del tiempo pascual celebramos el domingo del Buen Pastor. Jesucristo es el Buen Pastor. Es una imagen literaria que se aplicaba a Dios en el Antiguo Testamento y que Jesús se aplica a sí mismo. Decimos en el salmo responsorial: "El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas". Con esta imagen del Buen Pastor se quiere expresar la solicitud, la preocupación amorosa, que tiene Dios por cada una de sus ovejas, por cada uno de sus hijos. Los cuidados que hace el pastor con sus ovejas: vendar a las heridas, llevar sobre los hombros a las enfermas, buscar a las descarriadas, llevarlas a pastos verdes... son los cuidados que Dios tiene por cada uno de sus hijos.

En el Evangelio, que escuchamos este domingo en la Eucaristía, se insiste sobre todo en otra imagen: Jesús es la puerta de las ovejas. La puerta es el "lugar" [en este caso la persona] por la que deben pasar las ovejas y los pastores. Los pastores que no pasan por la puerta, que es Jesús, son ladrones y bandidos. Esta imagen quiere decir que Jesús es el camino de la salvación, el camino de la casa del Padre. Quien quiera llegar a Dios, tiene que hacerlo necesariamente a través de Jesús, de su persona, de sus valores, de su mensaje. En nuestra religión no hay una relación directa con Dios; necesitamos de la mediación que es Cristo; necesitamos de la mediación de la Iglesia, que él instituyó, de la mediación de los sacramentos.

Además el Evangelio nos da otros datos del Pastor, que es Jesús:
Conoce a las ovejas por su nombre y las ovejas conocen su voz. El conocimiento es una manera de manifestar el amor. Cuanto más conocimiento hay, suele haber más amor. Conocer el nombre de las ovejas es como conocer su misma existencia.
Camina delante de ellas. El buen pastor indica el camino a las ovejas. Es como ir mostrando su ejemplo.
"Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante". El pastor le da vida a las ovejas, no se la quita. Cristo da su vida para que podamos tener la vida plena aquí en la tierra y la vida eterna en el cielo. Cristo es el Pastor que también es el Cordero entregado por su rebaño.
Este texto del Evangelio está dirigido a los fariseos, los falsos pastores, que no han entrado por la puerta en el rebaño, que son como bandidos y ladrones, como extraños para las ovejas. Estos son los que se aprovechan del rebaño, de su lana y su leche, de su vida y su carne, en vez de servirle para que encuentren la vida.

Del termino "pastor" viene "pastoral". Con esta expresión: "pastoral" se quiere expresar todo lo que hace la Iglesia por llevar a delante el mensaje de Jesús o, dicho de otra forma, por llevar adelante la solicitud amorosa que Dios tiene por cada uno de sus hijos. La Iglesia pone su vida en todas las tareas pastorales que hace. Los responsables de esas tareas pastorales (Evangelización, Liturgia, Cáritas) no son sólo los pastores, los sacerdotes, sino todos los bautizados.
En este día del Buen Pastor, se nos recuerda que todos los cristianos estamos llamados a llevar adelante el mensaje de Jesús, que todos los bautizados somos responsables de manifestar al mundo la preocupación que Dios tiene por cada uno de nosotros, que todos somos "pastores", responsables de los demás.
De un modo especial tenemos presentes a las vocaciones consagradas; es decir a todos los hombres y mujeres que han consagrado su vida a Dios: religiosos, religiosas, sacerdotes. Celebramos la jornada de oración por las vocaciones, también de seglares. Las vocaciones consagradas siguen siendo necesarias hoy en la Iglesia para manifestar al mundo los valores del reino: la castidad, la pobreza y la obediencia. Se nos invita a pedir a Dios para que continúe habiendo vocaciones en su Iglesia.

Que pasemos nuestra vida por la puerta que es Jesús; que nos sintamos responsables de la pastoral de la Iglesia; que el Señor siga enviando las vocaciones que el considere necesarias a este mundo nuestro.
Fuentes:
Iluminación Divina
José A. Pagola
Conrado Bueno, cmf
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán
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