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sábado, 1 de octubre de 2011

"El reino de Dios se dará al pueblo que produzca frutos"(Evangelio dominical)


Hoy celebramos el domingo XXVII del tiempo ordinario. Otra vez la viña, ¡y van tres! Pero todas tienen un sentido catequético. La primera vez era una invitación del Señor: “id también vosotros a trabajar a mi viña”; la segunda, el modo de hacerlo, con disponibilidad y siendo coherentes con lo que decimos y hacemos; y hoy, los frutos de ese trabajo. ¿Qué frutos espera Dios de nosotros? ¿Los estamos dando? El punto de partida de todo esto no es otra cosa que el amor apasionado de Dios por su pueblo, por su viña. El mensaje sigue siendo una Buena Noticia que hay que acoger con confianza y con mucha esperanza en las capacidades que tenemos las personas para dar el fruto que Dios espera.

Como otras veces, aportamos tres comentarios de otros tantos religiosos y con ello, pretendemos llegar a todos nuestros feligreses de este y el otro lado del "charco".

Ayer mismo, nuestro parroco, el reverendo Don José Carlos Del Valle, nos recordaba en su homilía una frase que todos deberíamos tener presente... "Dios no tiene dueño".



JUICIO FINAL

Cuando venga el dueño de la viña
(Mt 21, 33-43)

En una época todavía no muy lejana la célebre secuencia de Tomás de Celano, «Dies irae, dies illa» encogía el ánimo de los asistentes al oficio de difuntos: «Día de cólera aquel día... en que el mundo quedará reducido a cenizas ...¡Qué terror se apoderará de nosotros cuando se presente el Juez!» Durante mucho tiempo este lenguaje y estas imágenes tenebrosas han alimentado una «pastoral del miedo», que difícilmente ayudaba a despertar la confianza en Dios. Hoy, por el contrario, apenas se predica ya sobre el Juicio final, tal vez porque no se sabe exactamente cómo hacerlo.

Lo primero que hay que decir es que sólo se puede hablar del juicio de Dios a partir de su amor, nunca fuera de este amor. Por eso, el juicio de Dios no tiene nada que ver con el juicio de los hombres. Obedece a otra lógica porque el juicio de Dios no es sino la manifestación de su amor, su victoria definitiva sobre el mal.

Por eso hay que entender bien lo que dice la Biblia sobre la «cólera de Dios». Esta cólera divina no tiene como objetivo destruir al ser humano. Al contrario, sólo se despierta para destruir el mal que hace daño al hombre. Dios es amor, y no cólera. La cólera no es sino la reacción del amor de Dios que sólo busca y quiere el bien y la dicha definitiva del ser humano.


Un Dios que abandonara para siempre la historia humana en manos del mal y la injusticia, que no reaccionara ante la mentira y la ambigüedad que lo envuelven todo, que no restableciera la paz y la verdad, no sería un Dios Amor. El juicio es necesario para comprender el amor de Dios. Un juicio no contra del ser humano, sino contra aquello que va contra él.


Por eso, el juicio de Dios es una Buena Noticia para quienes quieren de verdad el bien y la felicidad total del ser humano. Un juicio que no se parece en nada a los tribunales humanos porque nace no de la acusación sino de su amor salvador. Un juicio que nos liberará para siempre de nuestra impotencia contra el mal y de nuestra complicidad con él.

En esto consiste el núcleo de la fe cristiana: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que quien crea no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). La última palabra de Dios sobre la historia no puede ser sino una palabra de gracia. El juicio pondrá al descubierto la verdad de nuestras vidas y la profundidad real del mal, pero también la inmensidad del amor infinito de Dios. Para ello, ante el Juicio final la reacción más cristiana no es el miedo irracional e insano, sino el reconocimiento de nuestro pecado y la confianza en el perdón de Dios. A ello nos invita la parábola de los viñadores homicidas.

¿COMO ACERTAR?

Un pueblo que produzca sus frutos
(Mt 21, 33-43)

¿Qué hay que hacer en la vida para acertar? No es fácil responder, pero sin duda es una pregunta vital. ¿Cómo hemos de vivir para que se pueda decir que nuestra vida es un acierto? Nos podemos equivocar en muchas cosas, pero, ¿no habrá algo en que hemos de acertar?

Se suele decir que para llenar una vida es necesario tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Sin embargo, yo conozco a personas que no han hecho ninguna de estas tres cosas y cuya vida me parece un acierto. Y conozco también a personas que han tenido hijos y han escrito libros y cuya vida no parece muy acertada.

Sin duda, hay mucha sabiduría popular en ese dicho, pues, en definitiva, cuando se habla de tener un hijo, plantar un árbol o escribir un libro, se está apuntando a algo fundamental. En la vida se acierta cuando se vive un amor fecundo, capaz de engendrar vida o hacer vivir a los demás. Sólo este amor justifica y llena una vida.

De ahí la dura amenaza que se escucha en el trasfondo de esa parábola de los viñadores que, lejos de entregar los frutos de su trabajo, dan muerte al hijo del dueño. Se les quitará todo para dárselo a otros labradores que «entreguen los frutos a su tiempo». Hay muchas formas de «perder la vida». Basta dedicarse a hacer cada vez más cosas en menos tiempo, creyendo que por el hecho de «hacer cosas» se vive más. Es una equivocación. Por muchas cosas que uno haga, si vive sin amar y sin poner vida en las personas y en el entorno, estará vaciando su vida de su contenido más precioso.

Corre por ahí una reflexión de Luis Espinal, sacerdote jesuita, asesinado en 1980 en Bolivia. Dice así: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado. Pero, ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.»

Recuerdo que, al morir Juan XXIII, aquel Papa bueno que introdujo en la iglesia y en el mundo un aire nuevo de esperanza, de bondad y de convivencia pacífica, el cardenal Suenens pudo decir que «dejaba el mundo más habitable que cuando él llegó». De Jesús quedó este recuerdo: «Pasó toda la vida haciendo el bien.» A alguno le parecerá tal vez poco. Para el cristiano es el mejor criterio para vivir con acierto.



La viña del Señor es la casa de Israel


La parábola de los viñadores homicidas, igual que la de los dos hijos de la semana pasada, está situada en el Evangelio de Mateo después de la entrada de Jesús en Jerusalén (Mt 21, 1-10) y de la expulsión de los vendedores del templo (Mt 21, 12-17). Es un contexto de extrema tensión con los líderes judíos, que no aceptan la autoridad de Jesús ni lo reconocen como hijo de David y Mesías. Este rechazo de Jesús equivale a la negativa a entregar los frutos de la fe que Dios ha cultivado en Israel a lo largo de los siglos. La parábola de los viñadores homicidas, con la que Jesús recuerda el destino de tantos profetas de la historia de Israel y profetiza su propia muerte, no podía no ser entendida por los principales del pueblo, pues la descripción de la viña es una cita casi literal del canto de amor del amigo a la viña en el profeta Isaías. Jesús añade sólo los sucesivos envíos de los siervos del dueño de la viña a recoger los frutos. Casi sorprende la obstinada confianza del propietario en enviar siempre nuevos emisarios, pese a los pésimos resultados, hasta el punto de acabar enviando a su propio hijo, con la secreta esperanza de que a él sí que lo respetarán. La viña del Señor es la casa de Israel. Al citar la imagen del profeta Isaías, Jesús pone de relieve ante todo el amor de Dios hacia su pueblo, el cuidado primoroso que ha puesto en la obra: tierra fértil, en la que no se han ahorrado esfuerzos ni detalles (descantarla, construir la cerca, la atalaya, el lagar). Una viña escogida sólo se pone en manos de trabajadores de plena confianza. Sin embargo, éstos ha traicionado la confianza depositada en ellos, y no sólo una vez, sino de manera repetida, hasta el extremo de rechazar no sólo a los emisarios del que les confío la viña, sino a su propio hijo, que es lo mismo que decir, a su mismo dueño.

La conclusión de la parábola, que Jesús pasa a sus interlocutores, que parecen no haberse dado cuenta de que la cosa va por ellos, es clara: si no dan frutos adecuados y a su tiempo, se les arrebatará la viña, que se confiará a otros. Ya en Jerusalén y en vísperas de su Pasión, Jesús hace una última llamada a la conversión, a tomar una decisión de fe en relación con su persona, el Hijo enviado del Padre. Si, como todo parece indicar, la decisión no es el derecho y la justicia (el reconocimiento de que él es el Mesías), sino la expulsión del Hijo fuera de la viña, la violencia contra él y su asesinato “fuera de los muros de la ciudad”, los que se creen dueños en exclusiva del Reinado de Dios quedarán excluidos de él. Lo que significa que la viña del Señor no es un coto cerrado, sino que sus frutos se cultivan para todos los hombres, de modo que si aquellos a quienes se ha confiado la causa de Dios se niegan a servir, no entregan esos frutos y se los apropian indebidamente, habrán de ser sustituidos por otros.

Al contemplar el rechazo de Jesús por parte de las autoridades judías, debemos evitar hacer una lectura antisemita del texto, y leer en él más bien una llamada a la responsabilidad para nosotros mismos. El pueblo de Israel, pueblo sacerdotal, representa a la humanidad entera, por lo que el contenido de esta parábola ponemos aplicárnoslo a nosotros mismos, creyentes en Cristo de cualquier tiempo y lugar.

La viña del Señor es el mundo, lleno de belleza, armonía y recursos, y que Dios nos ha confiado para que lo cuidemos y desarrollemos, haciéndolo fructificar: frutos de la tierra, pero también frutos de justicia y derecho, de paz y fraternidad. Nuestra tarea es hacer del reino del hombre, el Reino de Dios, que la voluntad de Dios se realice como en el cielo, también en la tierra, y por la mediación de nuestra propia voluntad. La viña del Señor es un lugar de gracia: es una suerte estar y trabajar en ella, el salario que recibimos por este trabajo es también un don (cf. Mt 20, 1-16): “Hora de la tarde fin de las labores. Amo de las viñas paga los trabajadores de tus viñadores. Ahora que nos pagas nos lo das de balde, que a jornal de gloria no hay trabajo grande”. Es además un lugar de libertad: el Señor que nos confía su obra lo hace apelando a nuestra libertad; no somos unos siervos asalariados, sino hijos (cf. Mt 21, 28-32). Y, ¿qué hemos hecho de este lugar de gracia, libertad y responsabilidad, de la confianza que Dios ha depositado en nosotros? ¿No hemos tratado la viña que el Señor ha plantado con esmero como un coto cerrado de nuestra exclusiva propiedad, de manera desconsiderada, convirtiéndolo en un lugar de robo, mentira, violencia y muerte? No hace falta ser un catastrofista para acordar que este mundo nuestro está demasiado lleno de frutos amargos, que donde deberían crecer las uvas, abundan los agrazones.

También a nosotros nos dirige hoy Jesús una llamada que apela a nuestra responsabilidad: se nos ha confiado la causa del Reino de Dios, somos depositarios de una gracia que no es sólo para nosotros, sino para todo el mundo. Sintiéndonos agraciados por esta confianza y responsables de la viña del Señor, tenemos que apresurarnos a dar frutos en los tiempos debidos. ¿Qué frutos son esos? Como dice Pablo: el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo (Rm 14, 17); son los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, fidelidad, mansedumbre, castidad (Ga 5, 22-23). En el texto de Filipenses que hemos escuchado hoy, Pablo nos habla de los frutos de la tranquilidad, la elevación del espíritu a Dios, la paz. Pero también nos enseña que un verdadero fruto de la vida evangélica es el don del discernimiento que nos abre sin temor a “todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito”, sin importar de donde venga. Bien fundados en la piedra angular que es el mismo Cristo, esa apertura desde la fe es también un fruto que tenemos que aprender a cultivar, pues sabemos que la viña que el Señor nos ha confiado debe dar frutos no sólo para nosotros los creyentes, sino para la vida del mundo, y que por todas partes es posible encontrar las semillas del Verbo.

Por fin, existen también “los tiempos” de la vendimia. No podemos dejar la rendición de frutos “ad calendas graecas”, remitiéndolos a un futuro indeterminado y lejano. Los tiempos de la salvación han empezado ya, pues Dios está actuando ahora en el mundo: nos ha enviado no sólo a sus siervos los profetas, sino a su propio Hijo, su Palabra encarnada; y a su Espíritu, que ora, habita y actúa en nosotros. El tiempo de la salvación es un “kairós”, un momento oportuno, que afecta a la Iglesia como tal, pero también a cada uno de nosotros, los creyentes. Hemos recibido el don de la fe, la responsabilidad de la viña del Señor. ¿Estoy respondiendo a esta gracia con los frutos adecuados a mi momento actual, a mi “kairós”?


Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

COMENTARIO.

A los oyentes de la parábola de Jesús, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, la imagen de la viña les resultaría sumamente familiar. Son abundantes las referencias en el Antiguo Testamento a la vid o la viña del Señor para referirse al pueblo de Israel. Dos ejemplos los encontramos: en la primera lectura (Is 5,1-7), donde el profeta es testigo de la ingratitud de la viña, Judá, con el Señor; y en el salmo 79.

Jesús mismo utilizó la imagen reiteradas veces. Los episodios evangélicos de los domingos anteriores lo confirman. Cada pasaje abunda en lo que quiere destacar. El domingo pasado en la obediencia y desobediencia para trabajar en la viña; el anterior en la gratuidad desbordante del propietario para pagar a los jornaleros.


El relato de este domingo se detiene en la actitud del propietario y de los labradores. Podemos abordarlo como un asunto de “miradas”:

El propietario “mira” por su viña con una dedicación paternal. La descripción del evangelista va hilvanando verbos en progresión, provocando en la imaginación fácilmente una composición del itinerario de sus quehaceres: plantarla, rodearla con una cerca, cavar el lagar en ella, construir la casa del guarda, el arriendo a los labradores... Como a la niña de sus ojos, se prodiga en cuidados con su viña. Llama la atención que, tras tanto esfuerzo, la acción que continúa es “marcharse de viaje”. Dadas las atenciones anteriores, no cabe pensar que se despreocupe de ella. Quizás sea más acertado pensar en la confianza que pone en los labradores a los que les arrenda su propiedad, si no, tanto esfuerzo habría sido baldío. Luego el dueño ofrece su preciosa propiedad a unos trabajadores de los que se fía para que continúen con la labor que emprendió Él. Es preciso señalar que lo más esforzado del trabajo ya estaba hecho y las atenciones que requería la viña eran muy llevaderas. Pero el amo de la viña prefirió el arrendamiento.

Los labradores son contratados con miras de arriendo; es decir, de “no propietarios”, sino de trabajadores para una propiedad ajena. Pero la visita de los criados para recibir los frutos delata en ellos una mirada muy distinta, la de los que se creen dueños. Quisieron convertir el arriendo en posesión y vieron en los criados mandados por el verdadero propietario una amenaza contra su pretensión de propiedad.

“Al ver al hijo se dijeron: -Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. En el momento culminante de la parábola, vieron en el hijo un rival y, fijando sobre él una mirada de envidia, queriéndole arrebatar su condición para quedarse con su herencia. Despreciaron al padre, por querer quedarse con lo que no era suyo y maltratar a sus mensajeros; despreciaron al hijo, queriendo quedarse con lo que correspondía como heredero legítimo, y lo mataron.

Tras la despreciable actuación de los labradores, Jesús hace dirigir la mirada hacia el padre. No sólo había implicado delicadezas en su viña, sino que también había sido paciente con los labradores para dos veces a sus criados y finalmente a su propio hijo. Su mirada misericordiosa no se agota. “¿Qué hará con aquellos labradores?”. La respuesta viene de los sumos sacerdotes y los fariseos: Muerte para los malvados y nuevo arriendo a otros trabajadores diligentes. El evangelista ironiza con la contestación, pues aquellas autoridades judías se acusan a sí mismas (la identificación con los labradores homicidas va de corrido). Apartados unos, la viña será arrendada a otros trabajadores eficaces y fieles.
Lo decíamos al principio...Dios no tiene dueño.










Fuentes
Iluminación Divina
José María Vegas, cmf
Luis Eduardo Molina Valverde
José A. Pagola
Ángel Corbalán



viernes, 16 de septiembre de 2011

Hoy es...San Cipriano!!


Este fue el Santo más importante del Africa y el más brillante de los obispos de este continente, antes de que apareciera San Agustín. Había nacido en el año 200 en Cartago (norte de Africa) y se dedicó a la labor de educador, conferencista y orador público. Tenía una inteligencia privilegiada, una gran habilidad para hablar en público, y una personalidad brillante y simpática que le conseguía un impresionante ascendiente sobre los demás.


Obispo de Cartago y mártir. Año 258. Había nacido en el año 200 en Cartago (norte de Africa) y se dedicó a la labor de educador, conferencista y orador público. Tenía una inteligencia privilegiada, una gran habilidad para hablar en público, y una personalidad brillante y simpática que le conseguía un impresionante ascendiente sobre los demás. Llegado a la mayoría de edad se convirtió al cristianismo por el ejemplo y las palabras de un santo sacerdote llamado Cecilio.

Se hizo bautizar y una vez bautizado hizo el juramento de permanecer siempre casto, y de no contraer matrimonio (celibato se llama a este modo de vivir). A las gentes les llenó de admiración el tal voto o juramento, porque esto no se acostumbraba en aquellos tiempos. Desde su conversión, descubrió Cipriano que la S. Biblia contiene tesoros maravillosos de buenas enseñanzas y se dedicó con toda su brillante inteligencia a estudiar este Libro Santo y a leer los comentarios que los antiguos santos habían escrito, respecto de la Sagrada Escritura.

Hizo el sacrificio de renunciar a sus literatos mundanos que tanto le agradaban antes, y en adelante ya nunca citará ni siquiera una frase de un autor que no sea cristiano católico. Escribió un comentario acerca del Padrenuestro, tan bello, que hasta ahora no ha sido superado por otro autor. Fue ordenado sacerdote, y en el año 248 al morir el obispo de Cartago, el pueblo y los sacerdotes aclamaron a Cipriano como el más digno para ser el nuevo obispo de la ciudad.

El se resistía y quería huir o esconderse, pero al fin se dio cuenta de que era inútil oponerse al querer popular y aceptó tan importante cargo, diciendo: "Me parece que Dios ha expresado su voluntad por medio del clamor del pueblo y de la aclamación de los sacerdotes". Y llegó a ser el más importante de todos los obispos que tuvo Cartago. Un escritor de ese tiempo dejó este retrato de la bondad y venerabilidad de Cipriano: "Era majestuoso y venerable, inspiraba confianza a primera vista y nadie podía mirarle sin sentir veneración hacia él.

Tenía una agradable mezcla de alegría y venerabilidad, de manera que los que lo trataban no sabían qué hacer más: si quererlo o venerarlo, porque merecía el más grande respeto y el mayor amor". En el año 251 el emperador Decio decreta una terrible persecución contra los cristianos. Le interesaba sobre todo acabar con los obispos y destruir los libros sagrados. Y para que el mal a la religión sea mayor invita a todos los que quieren renegar de la religión cristiana a que quemen incienso ante los dioses y ya con eso quedan perdonados.

Muchísimos caen en esta trampa, y con tal de no perder sus bienes, su libertad y su vida misma, queman incienso ante las imágenes de los ídolos paganos, y reniegan de la santa religión. El mal es inmenso. El año 252, llega la peste de tifo negro a Cartago y empiezan a morir cristianos por centanares y quedan miles de huérfanos.

El obispo Cipriano se dedica a repartir ayudas a los que han quedado en la miseria. Vende todo lo más valioso que hay en su casa episcopal, y pronuncia unos de los sermones más bellos que se han compuesto en la Iglesia Católica acerca de la limosna.

Todavía hoy al leer tan emocionantes sermones, siente uno un deseo inmenso de dedicarse a ayudar a los necesitados. Sus oyentes se conmovieron al escucharle tan impresionantes enseñanzas y fueron generosísimos en auxiliar a las víctimas de la epidemia.

El año 257 el emperador Valeriano decretó una violentísima persecución contra los cristianos. Pena de destierro para todo creyente que asistiera a un acto de culto cristiano, y pena de muerte para cualquier obispo o sacerdote que se atreviera a celebrar una ceremonia religiosa.

A Cipriano le decretan pena de destierro, pero como donde quiera que vaya sigue celebrando ceremonias religiosas, en el año 258 le decretan pena de muerte. Se conservan las actas de la última audiencia que los jueces le hicieron para condenarlo al martirio.




Oremos


Señor, tú que en los Santos Cornelio y Cipriano diste a tu pueblo pastores llenos de celo y mártires victoriosos, concédenos, por su valiosa intercesión, ser firmes e invencibles en la fe y trabajar con verdadero empeño por lograr la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.







Fuentes:
Iluminación Divina
Santoral católico
Ángel Corbalán

lunes, 22 de agosto de 2011

Santa María Virgen, Reina !!!! Ruega por nosotros!!



"La Virgen Inmaculada ... asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial
fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que
se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores
y vencedor del pecado y de la muerte".
(Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n.59).

La fiesta de hoy fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955 para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al final del año litúrgico. A Ella le corresponde no sólo por naturaleza sino por mérito el título de Reina Madre.

María ha sido elevada sobre la gloria de todos los santos y coronada de estrellas por su divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.

María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria. Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la corona del Cielo y de la Tierra.

María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.


El pueblo cristiano, movido de un certero instinto sobrenatural, siempre reconoció la regia dignidad de la Madre del "Rey de reyes y Señor de señores". Padre y Doctores, Papas y teólogos se hicieron eco de ese reconocimiento y la misma halla sublime expresión en los esplendores del arte y en la elocuente catequesis de la liturgia.

Al ser Madre de Dios, María vióse adornada por Él con todas las gracias, prescas y títulos más nobles. Fue constituida Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los ángeles. Es tan Reina poderosa como Madre cariñosa, asociada como se halla en la obra redentora y a la consiguiente mediación y distribución de las gracias.

Quiere la Iglesia que oigamos la voz de María pregonando agradecida a Dios los singulares privilegios de que la colmó. El Evangelio anuncia el Reino de Cristo, de donde fluye también el reinado universal de María.

Esta fiesta litúrgica fue instituida por Pío XII, y se celebra ahora en la octava de la Asunción, para manifestar claramente la conexión que existe entre la realeza de María y su asunción a los cielos.

La piedad del medievo fue la que comenzó en Occidente a saludar con el título de Reina a la Santísima Virgen Madre de Dios, invocándola con las palabras: Salve, Reina caelorum; Reina caeli, laetare.
Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.




Salve



Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Tí llamamos los desterrados hijos de Eva; a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro múestranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor
Jesuscristo. Amén.

Himno




Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.

¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
pudo caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?
Si los hijos de sus padres
Toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.


ORACIÓN


Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.

Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos.

Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.





Fuentes:
Iluminación Divina.
Santoral Católico
Ángel Corbalán

sábado, 20 de agosto de 2011

Hoy es San Bernardo. Doctor de la Iglesia !!!


"NO ERES MÁS SANTO PORQUE NO ERES MÁS DEVOTO DE MARÍA.(San Bernardo)

Fue el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre más importante del siglo XII en Europa.

Fundador del Monasterio Cisterciense del Claraval y de muchos otros.

Nació en Borgoña (Francia) en el año 1.090, en el Castillo Fontaines-les-Dijon.
Sus padres eran los señores del Castillo y fue educado junto a sus siete hermanos como correspondía a la nobleza, recibiendo una excelente formación en latín, literatura y religión.

San Bernardo es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero es uno de los que más impacto ha tenido en ella.

Fue declarado Santo en 1.173 por el Papa Alejandro III.

Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia.

Bernardo significa: "Batallador y valiente". (Bern=batallador; Nard=valiente)

En orden cronológico, o sea en cuanto al tiempo, San Bernardo es el último de los llamados Padres de la Iglesia.

Pero en importancia es uno de los que más han influido en el pensamiento católico en todo el mundo.

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

San Bernardo llegó a Citeaux alrededor de la Pascua de 1112. Este monasterio, fundado tiempo antes por San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding, fue el primero en el que practicaba, con todo su rigor, la primitiva regla de San Benito.

En 1115, San Bernardo fue enviado a fundar, con otros doce monjes, un nuevo monasterio en la diócesis de Langres, en la Champagne. A principios del año 1142, se fundó en Irlanda el primer convento cisterciense.

Los monjes procedían de Claraval, a donde San Malaquías los había enviado a formarse bajo la dirección de San Bernardo.

Dieciocho meses después ascendió al trono pontificio el abad del monasterio cisterciense de Tre Fontane, Eugenio III, que no era otro que el Bernardo de Pisa a quien San Bernardo había conducido al noviciado.

La fama de las cualidades y poderes del santo eran tan grandes que los príncipes acudían a su arbitraje y los obispos le consultaban los asuntos más importantes de la Iglesia y se atenían con respeto a sus opiniones y decisiones. Su consejo, era para los Papas, uno de los principales apoyos de la Iglesia. Llegó a llamársele "el Oráculo de la cristiandad" . Porque Bernardo no era únicamente un fundador de monasterios, un teólogo y un predicador, sino también un reformador y un "cruzado".


La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían.

Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar".

Y un tiempo después, también él se fue de religioso.
Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja).

Casos como este son más únicos que raros.


La personalidad de Bernardo

Pocos individuos han tenido una personalidad tan impactante y atrayente, como San Bernardo.

El poseía todas las ventajas y cualidades que pueden hacer amable y simpático a un joven. Inteligencia viva y brillante.

Temperamento bondadoso y alegre, se ganaba la simpatía de cuantos trataban con él. Esto y su físico lleno de vigor y lozanía era ocasión de graves peligros para su castidad y santidad.

Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano y lo sensual. Pero todo esto lo llenaba de desilusiones.

Las amistades mundanas por más atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vacío y lleno de hastío.

Después de cada fiesta se sentía más y más desilusionado del mundo y de sus placeres.


A mal grave, remedio terrible


Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó entre el hielo hasta quedar casi congelado. Y el tremendo remedio le trajo mucha paz.

Una visión cambia su rumbo: una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía al Niñito Santo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás.

Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado.


Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra

Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó con gran alegría pues, en aquel convento, hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para irse a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera.

Pero aquí sí que apareció el poder tan sorprendente que este hombre tenía para convencer a los demás e influir en ellos y ganarse su voluntad. Empezó a hablar tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y casi a todos los jóvenes de los alrededores, y junto con 31 compañeros llegó al convento de los Cistercienses a pedir ser admitidos de religiosos. Pero antes en su finca los había preparado a todos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos.
En el año 1112, a la edad de 22 años, se fue de religioso al convento.


El papá, el hermano Nirvardo, el cuñado y la hermana, ya irán llegando uno por uno a pedir ser recibidos como religiosos.

Formidable poder de atracción. En toda la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a las comunidades religiosas, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo, porque lo mas probable era que se iría de religioso. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Císter demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio sumamente árido y lleno de bosques donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle muy claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

La oratoria de santo. Después de San Juan Crisóstomo y de San Agustín, es difícil encontrar otro orador católico que haya obtenido tantos éxitos en su predicación como San Bernardo. Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo) porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina llena de sabrosura, para los que la escuchaban. Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.


Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo, porque entre todos los predicadores católicos quizás ninguno ha hablado con más cariño y emoción acerca de la Virgen Santísima que este gran santo. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir".

El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. "Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial".

Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.


Viajero incansable. El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso, por imprudente, se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le daño la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo fuertemente las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos.

Exclamaba: A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas (ya en las noches pararía luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

De carbonero a Pontífice. Un hombre muy bien preparado le pidió que lo recibiera en su monasterio de Claraval. Para probar su virtud lo dedicó las primeras semanas a transportar carbón, y el otro lo hizo de muy buena voluntad. Después llegó a ser un excelente monje, y más tarde fue nombrado Sumo Pontífice: Eugenio III.

El santo le escribió un famoso libro llamado "De consideratione", en el cual propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación.

Y llegó a decirle: "Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación".


Despedida gozosa. Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba: "Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.

ORACIÓNES.



(I)

San Bernardo: gran predicador, enamorado de Cristo y
de la Madre Santísima: pídele al buen Dios
que nos conceda a nosotros un amor a Dios
y al prójimo, semejante al que te concedió a ti.
Quiera Dios que así sea.


(II)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, reclamando vuestra asistencia, haya sido desamparado de Vos.

Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes; y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas; antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.


SALUDA A LOS FELIGRESES DE SAN BERNARDO, EN LA COSTA DE BUENOS AIRES (Argentina).

Saluda de Nuestro Párroco, reverendo Don José Carlos Del valle Ruiz, para sus antiguos feligreses que en días tan señalados como los de , San Bernardo, hacen con nostalgia recordar, su etapa de más de dos décadas como párroco y pastor de San Bernardo, en la Costa de Buenos Aires.

Como no podía ser de otra manera, aprovecha este gran día y os envía , las siguientes palabras:

"Queridos feligreses de la Parroquia de San Bernardo del Tuyú, aprovecho la gentileza del querido hermano Angel Corbalán para desearles un FELIZ DÍA DE SAN BERNARDO, recordando tantos años vividos juntos y pedirle al Santo Patrono que les bendiga para que nuestra localidad de San Bernardo siga siendo la CIUDAD DE LA FAMILIA...
Que Dios les bendiga y tengan unas fiestas patronales llenas de paz y alegría... Saludos a todos junto a mi oración: José Carlos."









Fuentes:
Iluminación
Divina
Santoral Católico
P. José carlos Del Valle
Á
ngel Corbalán

martes, 21 de junio de 2011

Hoy es...San Luis Gonzaga (patrón de los jóvenes)


(Luis en alemán significa: batallador glorioso).

El Patrón de la Juventud Católica, San Luis Gonzaga, nació el 9 de marzo de 1568 en Lombardía. Su entrega a Dios en su infancia fue completa y absoluta y ya en su adolescencia, decidió ingresar a la Compañía de Jesús, pese a la rotunda negativa de su padre, que soñaba para él una exitosa carrera militar.


Hijo del marqués de Gonzaga; de pequeño aprendió las artes militares y el más exquisito trato social. Siendo niño sin saber lo que decía, empezó a repetir palabras groseras que les había oído a los militares, hasta que su maestro lo corrigió. También un día por imprudencia juvenil hizo estallar un cañón con grave peligro de varios soldados. De estos dos pecados lloró y se arrepintió toda la vida.

La primera comunión se la dio San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán.
San Luis estuvo como edecán en palacios de altos gobernantes, pero nunca fijó sus ojos en el rostro de las mujeres. Y así se libró de muchas tentaciones.


Su director espiritual fue el gran sabio jesuita San Roberto Belarmino, el cual le aconsejó tres medios para llegar a ser santo:
1º. Frecuente confesión y comunión.
2º. Mucha devoción a la Sma. Virgen.
3ro. Leer vidas de Santos.

Ante una imagen de la Sma. Virgen en Florencia hizo juramento de permanecer siempre puro. Eso se llama "Voto de castidad".

Cuando iba a hacer o decir algo importante se preguntaba: "¿De qué sirve esto para la eternidad?" y si no le servía para la eternidad, ni lo hacía ni lo decía.

Una vez arrodillado ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, le pareció que la Sma. Virgen le decía: "¡Debes entrar en la Compañía de mi Hijo!". Con esto entendió que su vocación era entrar en la Comunidad Compañía de Jesús, o sea hacerse jesuita.

Le pidió permiso al padre para hacerse religioso, pero él no lo dejó. Y lo llevó a grandes fiestas y a palacios y juegos para que se le olvidara su deseo de ser sacerdote.


Después de varios meses le preguntó: "¿Todavía sigue deseando ser sacerdote?", y el joven le respondió: "En eso pienso noche y día". Entonces el padre le permitió entrar de jesuita. (En un desfile de orgullosos jinetes en caballos elegantes, Luis desfiló montado en un burro y mirando hacia atrás. Lo silbaron pero con eso dominó su orgullo).

En 1581 el joven Luis Gonzaga, que era seminarista y se preparaba para ser sacerdote, se dedicó a cuidar a los enfermos de la peste de tifo negro. Se encontró en la calle a un enfermo gravísimo. Se lo echó al hombro y lo llevó al hospital para que lo atendieran. Pero se le contagió el tifo y Luis murió el 21 de junio de 1591, a la edad de sólo 23 años.

Murió mirando el crucifijo y diciendo "Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor".

La madre logró asistir en 1621 a la beatificación de su hijo.

San Luis Gonzaga tuvo que hacer muchos sacrificios para poder mantenerse siempre puro, y por eso la Santa Iglesia Católica lo ha nombrado Patrono de los Jóvenes que quieren conservar la santa pureza. El repetía la frase de San Pablo: "Domino mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, no sea que enseñando a otros a salvarse, me condene yo mismo".

Sufría mucho de mal de riñones y esta enfermedad lo obligaba a quedarse días enteros quieto en su cama. Pero esta quietud le trajo un gran bien: le permitió dedicarse a leer las Vidas de Santos, y esto lo animó muchísimo a volverse mejor. (A veces sentía remordimiento porque le parecía que deseaba demasiado irse al cielo). Su confesor San Roberto, que lo acompañó en la hora de la muerte, dice que Luis Gonzaga murió sin haber cometido ni un sólo pecado mortal en su vida.


Apenas el hijo se hizo religioso su padre empezó a volverse mucho más piadoso de lo que era antes y murió después santamente. Luis renunció a todas las grandes herencias que le correspondían con tal de poder hacerse religioso y santo.

Santa Magdalena de Pazzi vio en un éxtasis o visión a San Luis en el cielo, y decía: "Yo nunca me había imaginado que Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el paraíso".

Un oficio muy importante que hizo San Luis durante su vida fue ir de ciudad en ciudad poniendo la paz entre familias que estaban peleadas. Cuando él era enviado a poner paz entre los enemistados, estos ante su gran santidad, aceptaban hacer las paces y no pelear más. El era extraordinariamente amable y bien educado.

Después de muerto se apareció a un jesuita enfermo, y lo curó y le recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.


San Luis fue avisado en sueños que moriría el viernes de la semana siguiente al Corpus, y en ese día murió. Ese viernes es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

La oración que la Iglesia le dirige a Dios en la fiesta de este santo le dice: "Señor: ya que no pudimos imitar a San Luis en la inocencia, que por lo menos lo logremos imitar en la penitencia. Amén".








Fuentes:
Iluminación Divina
Santoral Católico
Ángel Corbalán

martes, 10 de mayo de 2011

Mes de Mayo...El mes de María, nuestra Madre!!!

"Bienvenido Mayo, y con alegría;
por eso roguemos a Santa María
que pida a su Hijo aún todavía
que de pecado y locura nos guarde.
Bienvenido Mayo.
Bienvenido seas, y con alegría.".
(Alfonso X El Sabio)




Estrenamos mayo. Todos vamos creciendo y teniendo experiencias. También hay personas, recuerdos, devociones que nos van acompañando. Hay alguien que, desde la infancia, nos marca por su compañía, su fidelidad, su acogida a la Palabra, su eterna juventud, su estar junto a la Cruz y acompañar a la Iglesia… Ella es María, nuestra Madre.

El mes de mayo, tan mariano y floral, nos brinda la oportunidad de acercarnos a esos textos del Evangelio en los que aparece María. Pidámosle que nos otorgue las actitudes de su Corazón.

1. María nos enseña cómo escuchar a Dios. Lucas 1,26-38.
2. María nos enseña cómo conservar todo en el corazón. Lucas 2,19 / 2,51.
3. María nos enseña cómo ser pobre y tener un corazón de pobre. Lucas 1,38 / 2,1-20.
4. María nos enseña cómo atender y servir a los demás. Juan 2,1-12.
5. María nos enseña cómo cuidar la vida. Lucas 2,7; 2,44-45; 8,20.
6. María nos enseña cómo estar al pie de la cruz. Lucas 2,35. Juan 19,25-27.
7. María nos enseña cómo compartir la fe con los demás. Juan 19,26-27. Hechos 1,14.

El Mes de Mayo, Mes de María !

Mayo es el mes de las flores, de la primavera. Muchas familias esperan este mes para celebrar la fiesta por la recepción de algún sacramento de un familiar (primeras Comuniones). También, Mayo es el mes en el que todos recuerdan a su mamá (excepto en Argentina y Panamá...) y las flores son el regalo más frecuente de los hijos para agasajar a quien les dio la vida.

Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?

• Ofrecimiento de flores a la Virgen.


Este es el mejor regalo que podemos hacerle a la Virgen. Regalar flores es una manera que tenemos las personas para decirle a alguien que la queremos mucho. A la Virgen le gusta que le llevemos flores y, también, si se puede, le podemos cantar sus canciones preferidas como las que te sugerimos más adelante, en la página........

Para dar mayor solemnidad al Ofrecimiento, en varios paises, los niños, suelen ir vestidos de blanco, símbolo de pureza.

• Reflexionar en los principales misterios de la vida de María.

Reflexionar implica hacer un esfuerzo con la mente, la imaginación y, también, con el corazón, para profundizar en las virtudes que la Virgen vivió a lo largo de su vida. Podemos meditar en cómo María se comportó, por ejemplo, durante:

-la Anunciación
-la Visita a su prima Isabel
-el Nacimiento de Cristo
-la Presentación del Niño Jesús en el templo
-el Niño Jesús perdido y hallado en el templo
-las Bodas de Caná
-María al pie de la cruz.

• Recordar las apariciones de la Virgen.

En Fátima, Portugal; en Lourdes, Francia y en el Tepeyac, México (La Guadalupe) la Virgen entrega diversos mensajes, todos relacionados con el amor que Ella nos tiene a nosotros, sus hijos.

• Meditar en los cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:



1. Su inmaculada concepción: A la única mujer que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen María porque iba a ser madre de Cristo.

2. Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.

3. Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.

4. Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.

• Recordar y honrar a María como Madre de todos los hombres.

María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

• Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.

María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
• Vivir una devoción real y verdadera a María.

Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:



a. Mirar a María como a una madre: Contarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

b. Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

c. Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.

d. Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.

• Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María.


La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como la del Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía), el Regina Caeli, la Consagración a María y el Rosario.
Varias oraciones Marianas

• Cantar las canciones dedicadas a María
Que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos

CÁNTICO: «VENID Y VAMOS TODOS»




Venid y vamos todos con flores a porfía
con flores a María
que Madre nuestra es.
De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.
A ofrecerte venimos flores del bajo suelo
con cuánto amor y anhelo Señora Tú lo ves.

ORACIÓN PREPARATORIA

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu patrocinio, implorado tu auxilio, o pedido tu socorro, haya sido abandonado de Ti. Animado por esta confianza, vengo a Ti, me refugio en Ti, yo pecador gimo delante de Ti. No quieras, ¡oh Madre del Verbo Eterno!, despreciar mis súplicas; antes bien, escúchalas favorablemente, y haz lo que te suplico. Amén.

INVOCACIONES AL DULCE NOMBRE DE MARÍA



M adre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acuérdate de mí, miserable pecador. Avemaría.
A cueducto de las divinas gracias, concédeme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
R eina del cielo y de la tierra, sé mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
I nmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de tu santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
A bogada y refugio de los pecadores, asísteme en el trance de mi muerte y ábreme las puertas del cielo.

Avemaría.

CÁNTICO: BAJO TU AMPARO



Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas la oración de tus hijos necesitados y líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!









Fuentes:
Iluminación Divinaa
Catholic net.
Ángel Corbalán