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domingo, 28 de julio de 2019

«Jesús estaba en oración…‘Señor, enséñanos a orar’»(Evangelio Dominical)





Hoy, Jesús en oración nos enseña a orar. Fijémonos bien en lo que su actitud nos enseña. Jesucristo experimenta en muchas ocasiones la necesidad de encontrarse cara a cara con su Padre. Lucas, en su Evangelio, insiste sobre este punto. 



¿De qué hablaban aquel día? No lo sabemos. En cambio, en otra ocasión, nos ha llegado un fragmento de la conversación entre su Padre y Él. En el momento en que fue bautizado en el Jordán, cuando estaba orando, «y vino una voz del cielo: ‘Tú eres mi hijo; mi amado, en quien he puesto mi complacencia’» (Lc 3,22). Es el paréntesis de un diálogo tiernamente afectuoso.

Cuando, en el Evangelio de hoy, uno de los discípulos, al observar su recogimiento, le ruega que les enseñe a hablar con Dios, Jesús responde: «Cuando oréis, decid: ‘Padre, santificado sea tu nombre…’» (Lc 11,2). La oración consiste en una conversación filial con ese Padre que nos ama con locura. ¿No definía Teresa de Ávila la oración como “una íntima relación de amistad”: «estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama»?





Benedicto XVI encuentra «significativo que Lucas sitúe el Padrenuestro en el contexto de la oración personal del mismo Jesús. De esta forma, Él nos hace participar de su oración; nos conduce al interior del diálogo íntimo del amor trinitario; por decirlo así, levanta nuestras miserias humanas hasta el corazón de Dios».

Es significativo que, en el lenguaje corriente, la oración que Jesucristo nos ha enseñado se resuma en estas dos únicas palabras: «Padre Nuestro». La oración cristiana es eminentemente filial.

La liturgia católica pone esta oración en nuestros labios en el momento en que nos preparamos para recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Las siete peticiones que comporta y el orden en el que están formuladas nos dan una idea de la conducta que hemos de mantener cuando recibamos la Comunión Eucarística.




Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-13):




UNA vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Él les dijo:
«Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».
Y les dijo:
«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:
“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

Palabra del Señor




COMENTARIO.


                        



 Las lecturas de hoy nos hablan de la oración … nos hablan de varios tipos de oración.

En la Primera Lectura (Gn. 18, 20-32)vemos a Abraham intercediendo por los habitantes de Sodoma y Gomorra, tratando de impedir la destrucción de estas dos ciudades, al presentarle a Dios, aunque sea diez hombres justos, para que, en atención a esos diez hombres buenos y santos, Dios no destruyera estas dos ciudades.

Sabemos lo que sucedió: Dios terminó destruyéndolas con fuego y azufre.  Se salvaron solamente Lot y su familia, seguramente porque era tan generalizada la perversión, que no había en ellas ni siquiera esos diez hombres justos, que Abraham ofreció presentar al Señor.

Notemos cómo comenzó ofreciendo cincuenta justos y terminó su oración ofreciendo sólo diez.  Y ni diez hubo.  Abraham hacía en este caso oración de intercesión por los habitantes de Sodoma y Gomorra. 

                     



En el Salmo (Sal. 137) damos gracias a Dios por haber escuchado nuestras oraciones: Te damos gracias, Señor, de todo corazón.  Es decir, en el Salmo hemos hecho una oración de acción de gracias.

En la Segunda Lectura (Col. 2, 12-14) sí aparece un justo:  Jesucristo, el Justo entre los justos, que salva -no a dos ciudades- sino a la humanidad entera, con su Pasión y su Muerte en cruz.  “Ustedes estaban muertos por sus pecados ... Pero El les dio una nueva vida con Cristo, perdonándoles todos los pecados”.  Si bien “el documento cuyas cláusulas nos condenaban” ha sido eliminado con la muerte de Cristo, sin embargo, para poder aprovechar la condonación de esta deuda, cada uno de nosotros deberá colaborar respondiendo a la gracia divina.

El Evangelio (Lc. 11, 1-13) contiene varias partes:

- Una primera parte contiene esa oración que Cristo nos enseñó -el Padrenuestro.

- Una segunda parte en la que el Señor nos recomienda que pidamos para recibir: “Pidan y se les dará”.

- Una tercera parte, que es muy importante, en la que Jesucristo nos dice que el Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.

Para comenzar, veamos el Padrenuestro. En esa oración que Jesús nos dejó están contenidas varias formas de oración:

† Oración de Alabanza: Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre.

† Oración de Contrición:  Es la oración para pedir perdón por nuestras faltas.  Perdona nuestras ofensas.

† Oración de Petición: Venga tu Reino.  Danos hoy nuestro pan de cada día.  No nos dejes caer en tentación. 


          Fijémonos ahora en la frase del Señor: “Pidan y se les dará”.   Y vamos a detenernos un poco más en esto, para poder entender el verdadero sentido de esta recomendación, y evitar cualquier confusión al respecto.

Sucede que tendemos a concentrar nuestra atención y -más que todo- nuestro interés en el “Pidan y se les dará”.   Pero pasamos por alto, tanto el comienzo del texto que contiene el Padrenuestro, como el final que dice que el Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.  Y al no tomar mucho en cuenta el comienzo y el final perdemos, entonces, el verdadero sentido de este importante llamado a la oración de petición que nos hace el Señor.

El texto que toca para la Liturgia de hoy viene del Evangelio de San Lucas.  Pero este mismo texto ha sido narrado también en forma casi exacta por San Mateo.  Fijémonos cómo concluye Mateo esta recomendación del Señor: “... el Padre Celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt. 7, 11).

                                    



Todo el texto es igual en ambos Evangelistas: sólo cambia una palabrita al final:  uno dice “dará el Espíritu Santo” y otro dice “dará cosas buenas ... a los que se lo pidan”.  Son diferentes las palabras, pero veremos al final que significan lo mismo.  Y veremos también que el pedir para recibir nopuede ser separado del final: es decir de que Dios dará  Espíritu Santo y cosas buenas a los que se lo pidan.

Siempre que hacemos oración de petición es porque tenemos un anhelo que deseamos se cumpla o porque tenemos un plan que deseamos se realice, o porque tenemos una necesidad que deseamos sea satisfecha.

Y más de una vez podría parecer que nuestra oración no ha sido escuchada.

Pero sucede que son muchas las veces que pedimos cosas que no nos convienen y que no coinciden con lo que Dios, nuestro Padre, desea para nosotros sus hijos.

Veamos lo que dicen sobre este mismo tema otras citas de la Sagrada Escritura.  “Piden y no reciben, porque piden mal” (St. 4 ,2), nos advierte el Apóstol Santiago en su Carta.  Y San Pablo también insiste en esta idea: “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm. 8, 26).

Más aún: ¿cómo podemos olvidar las palabras tan importantes del Padre Nuestro: “Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo”?  Recordemos que Jesús nos enseña esta oración justamente antes de decirnos “Pidan y se les dará”.

                                       



El Catecismo de la Iglesia Católica, que dedica una buena parte de sus páginas a lo que es la oración y cómo debemos orar, nos dice que es necesario orar para poder conocer la Voluntad de Dios.  Es decir que necesitamos orar, para poder nosotros pedir lo que está conforme a los planes de Dios, para poder pedir esas “cosas buenas”, a las que se refiere San Mateo, para poder recibir esas gracias de santificación a las que se refiere San Lucas cuando dice que el Señor “dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”.

Por eso el Apóstol San Juan refiriéndose al mismo tema de la oración de petición escribe así: “Estamos plenamente seguros:  si le pedimos algo conforme a su Voluntad, El nos escuchará” (1 Jn. 5, 9).

Resumiendo, entonces:  nuestra oración de petición debe siempre estar sujeta a la Voluntad de Dios, como rezamos en el Padre Nuestro: “Hágase tu Voluntad”.  Y como rezaba Jesucristo: “No se haga mi voluntad sino la tuya, Padre”  (Lc. 22, 42 - Mc. 14, 26).

Adicionalmente, debemos tener en cuenta que en los ambientes “New Age” y del esoterismo se tergiversa esta recomendación del Señor de pedir para recibir.

                                        



En efecto, en el mundo del llamado “poder mental” o de la “metafísica” se insiste en que el hombre exija a Dios la satisfacción de sus deseos.  Se tiende a confundir “bienestar” con el Bien que es Dios y su Voluntad.

Además, se pretende dar órdenes a Dios, que es nuestro Creador y nuestro Padre -nuestro Dueño- para tratar de lograr la propia satisfacción, lo que nos provoca, lo que deseamos ... y no precisamente las “cosas buenas” que Dios nos quiere conceder.

Esas “cosas buenas” que Dios nos quiere dar no siempre coinciden con nuestros deseos, con nuestros planes, con las cosas que nos provocan, o con las cosas que creemos que son muy importantes y muy necesarias para nuestra vida.

Y, aunque parezca otra la intención, en esa peligrosa corriente del “New Age” que es el poder mental y el control mental, a la larga lo que se obtiene con esa búsqueda de los propios deseos, es la independencia del hombre de su Padre del Cielo.  Y esto es todo lo contrario a lo que conocemos por fe a través de la Sagrada Escritura y de la enseñanza de la Iglesia.




 Realmente, la Voluntad de Dios se conoce a través de la misma oración.  Por eso es importante establecer ese diálogo con el Señor, en el que tratamos de descubrir el misterio de su Voluntad.  Cualquiera que sea el tipo o la modalidad de oración que usemos, si la oración es un diálogo sincero para comunicarnos con Dios, para conocer sus deseos y sus planes, para amarlo y para complacerlo, Dios nos va dando esas “cosas buenas” que El, como Padre infinitamente bueno que es, desea darnos para nuestro bien.

En resumen: Dios no siempre nos da lo que queremos, pero siempre nos da lo que necesitamos.




















Fuentes:
Sagradas Escrituras
Evangeli.org
Homilias.org

martes, 27 de abril de 2010

Sensibilidad y Solidaridad con los parados!!!!!

CARTA PASTORAL PARA 1º MAYO.




Ante el día 1 de Mayo. Festividad de San José Obrero y Día de los trabajadores


Mis queridos diocesanos:

Os escribo esta carta con gran dolor, temor y temblor en la festividad de San José Obrero y el día de los trabajadores, que celebramos el próximo día 1 de Mayo.

1. Gravísima situación económica y del paro

Este año, una vez más, deseo hacerme eco de la gravísima situación, necesidades y angustias de los que no tienen trabajo y de sus familias; concretamente deseo transmitir a todos los trabajadores, a cuantos se encuentran angustiosamente desempleados y buscan trabajo, a quienes están de baja laboral por accidente o enfermedad, y a quienes gozan de merecida jubilación, mis sinceros sentimientos de fraterna sensibilidad y solidaridad.

En nuestra sociedad actual existen muchas personas que padecen graves necesidades, que son más sangrantes en aquellas familias en las que falta el trabajo, que es el medio natural de adquirir recursos para la subsistencia , y que es un derecho fundamental de la persona.

2. La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria

La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia, participa de los gozos y de los sufrimientos de la comunidad humana en la que vive inserta. Por ello no puede permanecer insensible a los grandes problemas humanos, como es este del tremendo azote del paro que tan gravemente afecta a nuestra sociedad: “la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo” (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 1).

Nuestra Iglesia Diocesana tampoco puede permanecer ajena a este gran problema y, aunque compruebo con satisfacción que a través de las Parroquias, de Cáritas y de la Pastoral Obrera vamos prestando generosa ayuda a muchas familias en paro, estas atenciones se revelan a todas luces insuficientes.

3. Reconocimiento de la situación actual

La cruda realidad es que el número de parados es cada vez mayor. Los datos oficiales, a fecha 10 de marzo, del paro registrado en la provincia de Cádiz es de un total de 172.221 personas. De ellos, 96.357 pertenecen a nuestra Diócesis de Cádiz. Debemos tener en cuenta también a los cerca de 10.000 parados existentes en Ceuta. Estos son los oficialmente admitidos en las estadísticas, pero sabemos de muchos más que no están comprendidos en estas cifras y que son parados en cursos de formación. El drama humano es grande porque en el trabajo la persona encuentra no sólo la manera de subsistir, sino que también es la forma más directa de expresar la dignidad de la persona desde un punto de vista individual y social.

Nos puede resultar estos números un dato más a los que estamos acostumbrados, pero sabemos que detrás de cada número hay una tragedia de cada persona. Hace unos días el “Colectivo de Parados de Cádiz 2010” me pidieron que los recibiera, y después de nuestra conversación pude comprobar los sentimientos, problemas e inquietudes de estas personas a las que ofrecí lo que buenamente la Iglesia pudiera hacer.

Considero que debemos cumplir nuestro deber de llamar, una vez más, a la solidaridad, y a despertar las conciencias para que la larga duración de la crisis económica y del paro no produzca un estado de insensibilidad. Debemos interpelar la responsabilidad de los que pueden crear empleo y no lo hacen. Hay que estimular, desde motivaciones humanas y cristianas, a invertir y a ayudar directamente a los más débiles. Es verdad que la situación actual es global y difícil, pero resignarse a que una parte de la humanidad carezca de manera crónica de trabajo, sería aceptar programáticamente la deshumanización de parte de la sociedad. El trabajo humaniza al hombre, como nos recordó el Papa Juan Pablo II en su Encíclica Laborem exercens (1981), y la carencia de trabajo degrada a la persona.

4. ¿Que hemos de hacer?

Somos conscientes de que la solución de la crisis económica profunda en la que estamos insertos, y del paro en concreto, supera en mucho nuestras posibilidades reales como Iglesia Diocesana. Pero estamos convencidos de que podemos hacer algo más de lo que estamos haciendo.

Se trataría de promover una adecuada toma de conciencia, principalmente por parte de la comunidad cristiana, con respecto al paro y sus implicaciones, que nos llevan a una actitud correcta de identificación y solidaridad evangélicas, tareas que encargo a los Secretariados Diocesanos de Pastoral Obrera, Justicia y Paz y Migraciones, entre otros.

Al mismo tiempo que pedimos a todos que apoyen y hagan efectivo su compromiso personal, os aconsejo especialmente el estudio y reflexión comunitaria de la Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, y que cada uno ponga su granito de arena.

5. Dimensión ética y crisis de solidaridad

Es verdad que el fenómeno actual del paro, por su amplitud y complejidad, por su aumento constante, por su dependencia de los profundos cambios y modificaciones por los que atraviesa la economía y la tecnología a nivel mundial, es, sin duda, el problema económico número uno de nuestra sociedad.

Pero es también síntoma de una profunda crisis de dimensión ética: de una crisis de solidaridad. Y sería grave que consideremos inevitable o imposible de superar esta situación; que nos acostumbremos a vivir en esta realidad; que perdamos, incluso, la esperanza en un orden social y económico más justo y fraterno.

El paro es una realidad que nos interpela a todos sin excepción. Nadie puede ignorar la gravedad del problema; nadie puede limitarse a trasladar a otros la responsabilidad de este grave fenómeno; nadie debiera descansar en los demás el compromiso de promover y buscarle arreglos; y nadie debería huir de los sacrificios que su solución indudablemente exige a todos: viviendo más austeramente y renunciando a sueldos y ganancias escandalosamente cuantiosos. Pero especialmente ante esta realidad debemos sentirnos obligados los cristianos.

Permitidme, pues, que os recuerde y transmita la preocupación de la Iglesia Universal, y en particular del Papa Benedicto XVI, de los Obispos españoles y la mía propia, por la desgarradora situación de tantos hombres y mujeres, con sus familias, sin trabajo ni subsidio, privados de los más elementales recursos mientras en otros lugares, o incluso a su lado, otros malgastan lo que ellos necesitan.

Considero que hay que salir al frente de esta situación y promover un fondo de solidaridad económica y compromiso con los parados. Espero y os pido vuestra colaboración generosa en esta tarea común de concienciación, de participación social y de solidaridad económica en favor de los parados, convencido de cumplir así una ineludible responsabilidad como pastor de todos los miembros de nuestra comunidad diocesana, pero con especial preferencia por los más necesitados.

Podrá parecer que existe una insuperable desproporción y habrá que reconocer que en efecto así es, entre nuestras posibilidades y la magnitud del problema, pero aquí, como en otras ocasiones semejantes, se pone de manifiesto la significación más original de nuestra identificación cristiana, en calidad de nuestros compromisos y la aportación que nuestra esperanza cristiana puede prestar a la sociedad.

6. Llamada a la esperanza

La larga duración de la crisis económica y de paro puede generar desesperanza y desencanto; los cristianos, en esta sociedad, tenemos la responsabilidad moral de ser germen y testigos de esperanza. “La esperanza de los criterios nace, en primer lugar, de saber que el Señor está siempre obrando con nosotros en el mundo, y en segundo lugar, que “ también otros hombres colaboran en acciones convergentes de justicia y de paz, porque bajo cualquier aparente indiferencia existe en el corazón de todo hombre una voluntad de vida fraterna y una sed de justicia y de paz que es necesario satisfacer” (Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, “Crisis económica y responsabilidad moral”, 1984).

Os envío este mensaje con motivo del 1 de Mayo, y os pido que elevemos una oración por los obreros que han muerto en los accidentes laborales, que Dios les tenga en el lugar de la luz y de la paz, que Dios ayude y consuele a sus familias y que sepamos poner los medios para que estas situaciones no se repitan.

Siguiendo el ejemplo del Señor Jesús, como ha declarado el Concilio Vaticano II, la Iglesia “se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1), y la Iglesia cumple su misión fundamentalmente siendo portadora del Evangelio a todo el mundo, un evangelio creador de solidaridad entre los hombres.

En el misterio de comunión y solidaridad de la Iglesia, María ocupa un puesto privilegiado. Hacia Ella, Estrella de la Evangelización y Madre de todas las gentes, elevamos los ojos. A Ella invocamos para que reavive en nuestra Iglesia de Cádiz y Ceuta, con motivo de esta festividad el espíritu y el compromiso por la lucha por la justicia y el mundo del trabajo.

Que San José Obrero y la Virgen de Nazaret, modelo de familia trabajadora, hagan que comencemos siempre de nuevo, sin desfallecer, en la lucha por la justicia en el mundo.

Reza por vosotros , os quiere y bendice,




+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 22 de abril de 2010.










Fuentes:
Obispado Cádiz y Ceuta
Movimiento Familiar Cristiano Cádiz y Ceuta
Blog Parroquial
Ángel Corbalán.