Mostrando entradas con la etiqueta Bendecir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bendecir. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de julio de 2021

«Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos» (Evangelio Dominical)

 



Hoy, Domingo XV (B) del tiempo ordinario, leemos en el Evangelio que Jesús envía a los Doce, de dos en dos, a predicar. Hasta ahora han acompañado al Maestro por los caminos de Galilea, pero ha llegado la hora de comenzar la difusión del Evangelio, la Buena Nueva: la noticia de que nuestro Padre Dios nos ama con un amor infinito y que nos ha traído a la vida para hacernos felices por toda la eternidad. Esta noticia es para todos. Nadie ha de quedar al margen de la enseñanza liberadora de Jesús. Nadie queda excluido del Amor de Dios. Es necesario llegar hasta el último rincón del mundo. Hay que anunciar el gozo de la salvación plena y universal, por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, muerto y resucitado y presente activamente en la Iglesia.

Equipados con «poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6,7) y con un bagaje casi inexistente -«Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’» (Mc 6,8)- inician la misión de la Iglesia. La eficacia de su predicación evangelizadora no vendrá de influencias humanas o materiales, sino del poder de Dios y de la sinceridad, de la fe y del testimonio de vida del predicador. «Todo el impulso, la energía y la entrega de los evangelizadores provienen de la fuente que es el amor de Dios infundido en nuestros corazones con el don del Espíritu Santo» (San Juan Pablo II).

Hoy en día, la Buena Noticia no ha llegado todavía a todas partes, ni con la intensidad que era necesaria. Se ha de predicar la conversión, hay que vencer a muchos espíritus malignos.

Quienes hemos recibido la Buena Noticia, ¿lo sabemos valorar? ¿Somos conscientes de ello? ¿Estamos agradecidos? Sintámonos enviados, misioneros, urgidos a predicar con el ejemplo y, si fuera necesario, con la palabra para que la Buena Nueva no falte a quienes Dios ha puesto en nuestro camino.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,7-13):


                        






En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor



COMENTARIO

 

 



 

Uno de los himnos de alabanza y agradecimiento a Dios más bellos y significativos lo hace San Pablo en la Segunda Lectura de este Domingo.   Es el comienzo de su Carta a los Efesios (Ef 1, 3-14):

 

 “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en El con toda clase de bienes espirituales y celestiales.  El nos eligió en Cristo -antes de crear el mundo- para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, y determinó -por pura iniciativa suya- que fuéramos sus hijos, para que por la gracia que nos ha concedido por medio de su Hijo amado, lo alabemos y glorifiquemos”.

 

¡Maravilloso himno de alabanza y maravilloso programa de vida!  ¡Qué alegría saber que Dios nos eligió -desde antes de crear el mundo- a ser sus hijos y a ser santos y puros ante sus ojos!  Y que este inmensísimo privilegio ha sido por pura iniciativa suya.

 

Esto significa que es Dios Quien ha tomado la iniciativa primero.  Es Dios Quien da el primer paso: es Él Quien nos busca primero y nosotros tenemos la opción de responderle o de no responderle.

 

¿Y en qué consiste responderle?  El indicio nos lo da el mismo San Pablo en este maravilloso himno a los Efesios: “Él nos ha prodigado el tesoro de su gracia... dándonos a conocer el misterio de su Voluntad”.

 

San Pablo nos dice también que podemos ser hijos de Dios.  Y eso, por pura iniciativa divina, y por la gracia que nos ha concedido Dios en su Hijo Jesucristo.

 

Veamos bien: ¿Somos hijos de Dios?  Algunos sí, otros no.   ¿Y no somos hijos de Dios todos?  Creaturas de Dios somos todos, pero hijos de Dios sólo los que cumplen ciertas condiciones.  Al menos eso es lo que nos dice la Palabra de Dios.

 

       



Lo dice San Pablo: “son hijos de Dios los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios” (Rom 8, 14).  Y, no es sólo San Pablo sino también San Juan. Y San Juan lo declara al no más comenzar su Evangelio como para que lo tengamos bien claro desde el principio: “los que lo recibieron, que son los que creen en su Nombre, les concedió ser hijos de Dios” (Jn 1, 11-12).

 

¿Y no somos hijos de Dios por el Bautismo?  Cierto.  El Bautismo nos hace hijos de Dios.  Pero, de hecho, hemos renunciado a ese derecho cada vez que hemos pecado, porque el pecado rompe nuestra relación con Dios.  Pero esa relación se re-establece con el arrepentimiento y la Confesión.  Así, arrepentidos y absueltos, volvemos a ser hijos de Dios.

 

Y ¿qué significará ser hijo, ser hijo de Dios?  Significa que tenemos un Padre, que podemos llamar a Dios “Padre”, porque realmente somos sus hijos… si cumplimos las condiciones de hijos.

 

Por eso “Padre Nuestro” significa primeramente que Dios -que es Padre de Jesucristo- es nuestro Padre también, porque Cristo quiso compartir Su Padre con nosotros... sin nosotros merecerlo.  ¡Por eso es que podemos llamar a Dios “Padre”!

 

Se nos ha dicho que somos “hijos adoptivos” de Dios.  De hecho, otra traducción de Ef 1, 5 lo destaca así: “Determinó desde toda la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús”.

 

¿Cómo es un hijo adoptivo?  ¿Cuáles son sus derechos?  Es alguien admitido a la familia, que, aunque no es hijo realmente, tiene los mismos derechos.

 

                                 



Pero en el caso de nosotros hijos de Dios, no somos realmente como los hijos adoptivos, porque el padre que adopta no ha comunicado vida al hijo adoptado.  Pero Dios sí nos ha comunicado su Vida.  Podrán llamarnos “adoptados”, pero en el Bautismo hemos recibido la Vida Divina de nuestro Padre del Cielo. 

 

Adicionalmente, somos herederos: “Con Cristo somos herederos también nosotros” (Ef 1, 11).

 

Y ¿cuál es nuestra herencia?  El derecho al Cielo.  Esa es nuestra herencia.  Todos tenemos derecho a esa herencia.  Lo que sucede es que muchos la rechazan (se ponen en contra de Dios) o la cambian por menudencias en esta vida (por los placeres y por apegos materiales, por el pecado).

 

Entonces, el llegar a ser hijos de Dios y heredar el Cielo es una opción.  Una opción abierta a todos, inclusive a los no-cristianos.  Pero esa opción supone condiciones.  Una de estas condiciones es la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo.  Esto es lo que significa el “recibir” a Jesucristo que nos habla San Juan.  Y recibirlo es aceptarlo a Él y aceptar su mensaje de salvación, que incluye todo lo que Él nos ha propuesto y nos exige.

 

Otra condición, que es consecuencia de la fe, es la que propone San Pablo: son hijos de Dios “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios”. 

 

Y dejarse guiar por el Espíritu de Dios es ir descubriendo y aceptando –incondicionalmente- la Voluntad de Dios para nuestra vida.  Es ir descubriendo “el tesoro de su gracia” encerrado en “el misterio de su Voluntad”.

 

¡Qué maravilla también saber que podemos conocer la Voluntad de Dios Quien nos busca con su Amor infinito para que le respondamos con nuestro amor!  Y su Voluntad es que lo amemos con ese Amor con que Él nos ama: un amor que se abra a Él, un amor que se entregue a Él, un amor que no quiere a nada ni a nadie más que a Él.

 

Y es obvio, porque además Cristo mismo nos lo pide.  Nos pide que tanta gracia y tanto privilegio no se quede represado en nosotros mismos.  Tanto favor no puede ser sólo para el bien personal.  Estamos llamados a comunicarlo a los demás.   Ese Amor debe fluir hacia los demás, nuestros hermanos, porque eso también nos lo exige Cristo.

                            


 

Sin embargo, algunos tienen un llamado más específico.  Sabemos que Dios, dentro de su libérrima libertad (valga la redundancia), escoge a algunos para misiones especiales.  Tal ha sido el caso de los profetas, a quienes Dios suele escoger entre los más sencillos y humildes, de manera que la sabiduría y el poder de Dios se hagan más evidentes.

 

Hubo profetas a lo largo del Antiguo Testamento.  Tal es el caso del Profeta Amós, del cual leemos en la Primera Lectura (Am 7, 12-15).   Nos dice la lectura que ni siquiera venía de una familia de profetas; era un simple pastor y cultivador de higos.  Y Dios lo envía a una tierra desconocida.

 

Y el Sacerdote del lugar lo quería expulsar, dándole unos argumentos poco válidos.  Creía que Amós profetizaba como medio para ganarse la vida.  Amós insiste: yo sólo sé que “el Señor me sacó del rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo, Israel’”.

 

Es decir, Amós no flaquea, seguro del llamado de Dios que le ordena llevar su mensaje a los israelitas.  Así es el verdadero profeta: sigue ciegamente las instrucciones divinas, no busca su propio interés, ni tampoco busca la aprobación de los hombres, sino que les lleva la palabra de Dios, les guste o no.

 

Hubo profetas antes, pero también los ha habido después.  Y los hay ahora.  Por citar sólo un caso de nuestra era: ¿qué son, por ejemplo, los pastorcitos de Fátima? ... Profetas.  Fueron escogidos de entre los sencillos, humildes y desconocidos -pastores como era Amós- para comunicar a la humanidad un mensaje divino que les dio la Madre de Dios.

 

Si en ciertos casos Dios no ha escogido a gente desconocida, sencilla y humilde para sus misiones, los escogidos necesariamente deben llegar a ser sencillos y humildes.  Y esta transformación sucede por la fuerza de la gracia divina y por su respuesta a esa escogencia y a esa gracia.

 

A otros los escoge Dios como Apóstoles.  Tal fue el caso de los 12: sencillos, humildes y desconocidos también.  Y a éstos, nos dice el Evangelio de hoy (Mc 6, 7-13), los envió Jesucristo de dos en dos a predicar el arrepentimiento de los pecados, la conversión.  Les ordenó llevar para sus misiones sólo lo estrictamente necesario, para así estar entregados totalmente a la Providencia Divina, confiando plenamente en Dios, que nos da todo lo que realmente necesitamos para nosotros mismos y para el cumplimiento de la misión encomendada.

                                



 

Este Evangelio nos narra lo que fue la primera misión de Jesucristo, el primer envío que hace de sus escogidos.  Más detalles sobre esta misión pueden verse en el relato de San Mateo (Mt 10, 5-16).  Él mismo fue uno de los misioneros, ya que era uno de los 12.

 

En San Mateo tenemos una información adicional sobre la instrucción acerca del sitio de hospedaje: “En todo pueblo o aldea que entren, vean de qué familia hablan en bien y quédense allí hasta el momento de partir”.  ¿Por qué quedarse allí todo el tiempo?  La misión no era una actividad de relaciones públicas.  No se trataba de ir hospedándose en varios sitios para ir complaciendo a todos, sino más bien ubicar un sitio desde donde se irradiara la acción misionera.

 

El Señor ya estaba formando comunidad en la Iglesia que estaba comenzando a instaurar.  Los envía de dos en dos, como para que su palabra no vaya por la boca de uno solo, sino que sea la expresión de un grupo, de una comunidad unidos por una misma fe.  Posiblemente esta sea la misma razón por la cual pide que esa fe se irradie desde un solo sitio en cada pueblo: la casa donde se hospedaban desde el primer momento.

 

El uso del aceite también es un detalle importante.  El aceite se usaba entre los judíos como vehículo de sanación física.  El Señor ahora lo usa también como medio de sanación espiritual, pues recordemos que las sanaciones obradas por Dios, en este caso a través de sus Apóstoles, comportaban también principalmente una conversión o sanación espiritual.

 

Dos cosas son ciertas: la primera es que a todos nos ha llamado como apóstoles, como evangelizadores, pues nos dejó el mandato de llevar su mensaje a todas partes. “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación... Y estas señales acompañarán a los que crean:  en mi Nombre echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas ... pondrán manos sobre los enfermos y se sanarán” (Mc 16, 15-18).

 

La segunda, debemos ir a evangelizar con espíritu de pobreza y desasimiento, contando con que nuestra única riqueza es Cristo, su Gracia y la posibilidad de ser “una alabanza continua de su gloria”, tal como lo canta el himno de San Pablo de la Primera Lectura.


                               



Con un programa de vida así, es decir, con una Fe verdadera, con la confianza de saber que cumpliendo de la Voluntad de Dios tenemos el tesoro de su gracia, y poniendo lo recibido al servicio del Señor en los demás, podremos llegar a ser santos e irreprochables ante Él.

 

Y entonces -llegado el momento- nos presentemos así ante el justo Juez y podamos recibir la herencia prometida: el Cielo en el momento de nuestra muerte y la gloria de la resurrección en Juicio Universal al fin de los tiempos.   Que así sea porque hemos llegado a ser verdaderos hijos de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes:

Sagradas Escrituras

Evangeli.org

Homilias.org


viernes, 4 de febrero de 2011

San Blas, bendijo las gargantas de los feligreses !!!!!


Nos comentaban unos amigos salmantinos que, miles de vecinos de la provincia salmantina lucen desde ayer las gargantillas consagradas por San Blas, una tradición que se remonta al siglo IV y por la que los cristianos se anudan al cuello lazos de colores para prevenir las afecciones de garganta.


Este evento se celebra de forma masiva por parte de la Cofradía de San Blas de Ciudad Rodrigo, con más de un millar de miembros y que fue creada en 1493.


Su sede es el monasterio de La Caridad, asentamiento de las tropas de Napoleón en la Guerra de la Independencia y donde los fieles protagonizan ininterrumpidamente, desde hace 517 años, una procesión del santo para, tras la misa, adquirir la gargantilla bendecida por el párroco.

Es el momento más álgido, ya que cientos de personas se agolpan en el interior de la capilla del monasterio para adquirir la cinta bendita.

Y este años, como ya habíamos avisado en este Blog parroquial, se ha celebrado la bendición de gargantas por intercesión de San Blas, en nuestra parroquia de San García Abad.

Después de misa, nuestro párroco, reverendo José Carlos Del Valle, recordó la tradición desde la Edad Media de bendecir dos velas y con ellas, bendecir las gargantas de los feligreses que con mucha devoción acude a este acto.

Aunque ayer fue jueves y por ello, día laboral, acudieron varias docenas de feligreses que no sólo asistieron al Sagrado Oficio, sino que con mucha fe, esto es importante, con orden recibieron la bendición de manos de nuestro párroco.
Según la tradición, Blas de Sebaste era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta el 3 de febrero.

Por supuesto, también es conocido como Patrón de los Laringólogos.

Hemos empezado el año con varias bendiciones….. San Martín, La Candelaria y San Blas.

Que Dios nos bendiga!!!!

lunes, 1 de febrero de 2010

Que Dios te bendiga!!!!

Esas palabras que bien de despedida o de agradecimiento, se les escuchaba decir a personas de mediana edad, allá a mediados de los años 60………Nunca deberían pasar de “moda”.

En aquellos años 60, fue el párroco del barrio quien explicó a Curro, lo que se pretendía decir con esas palabras…………….Que Dios te bendiga!!

Don Jorge, así se llamaba el párroco, comentó , que con pocas palabras, venía a decir muchas cosas, por ejemplo:

Que sepas que te aprecio muchísimo,
Que pido a Dios por ti,
Que te cuide de todo mal
y te llene la vida de bendiciones.
¡Que Dios te bendiga!!!

Es curioso, el arte de bendecir constituye una de las prácticas espirituales más antiguas y más universales del género humano, tanto en el tiempo como en el espacio. Es más, hace un par de días y aprovechando una poesía que me hizo llegar nuestra amiga Ana Navarro, me animó a escribir sobre ello.

La forma ritualizada de bendición donde concluyen los ejercicios religiosos cristianos no es una más entre las múltiples formas de bendición que se encuentran en todas partes, prácticamente en todas las culturas; todavía hoy subsisten algunas de sus formas “laicizadas” : inauguración de una casa invitando a los amigos; colocación de una bandera en lo más alto del edificio cuando se termina de construir un tejado; lluvia de arroz sobre los recién casados……..

Pierre Pradervand, escribe en “El arte de bendecir”, Editorial SAL TERRAE, lo siguiente:

“Bendecir a los demás se fue convirtiendo, poco a poco, en uno de los mayores gozos de mi vida. Y lo sigue siendo todavía. Después de practicarlo durante muchos años con regularidad.
Se me ha convertido en la forma más eficaz para mantenerme espiritualmente centrado y para desembarazar mi espíritu de pensamientos negativos, críticos o condenatorios.
No he recibido un ramo de rosas de mi antiguo empresario ni la más pequeña expresión de afecto ni la menor escusa de su parte.

Pero he recibido rosas de la vida.
A manos llenas.”



No cabe duda que Pierre Pradervand, al bendecir, se protege de esas cargas negativas que nos acompañan en cada día; los prejuicios, las envidias, miedos etc. Al fin y al cabo, uno sólo puede dar lo que tiene: si tiene cariño, dará cariño………Si tiene tristeza, dará tristeza!

Por lo tanto, es importante y sobre todo positiva, la reflexión de Praderdand, y que expone en La Ley del justo retorno :

“Al cruzarnos con la gente por la calle, en el autobús, en vuestro lugar de trabajo, bendecid a todos.
La paz de vuestra bendición será la compañera de su camino, y el aura de su discreto perfume será una luz en su itinerario.
Bendecid a los que os encontréis, derramad la bendición sobre su salud, su trabajo, su alegría, su relación con Dios, con ellos mismos y con los demás.
Bendecidlos en sus bienes y en sus recursos.


Bendecidlos de todas las formas imaginables, porque esas bendiciones no sólo esparcen las semillas de la curación, sino que algún día brotarán como otras tantas flores de gozo en los espacios áridos de vuestra propia vida.” .


Bonito, verdad?

Pues una forma de comenzar con este nuevo espíritu, sería:


Bendecir al panadero
Bendecir al peluquero
Bendecir al párroco
Bendecir a los feligreses
Bendecir al Gobierno de la Nación
Bendecir al Gobierno Autonómico
Bendecir al Gobierno Municipal
Bendecir a los Jueces
Bendecir a los Padres
Bendecir a las Madres
Bendecir a los hombres
Bendecir a las Mujeres
Bendecir a los niños
Bendecir a las niñas
Bendecir a todos……..


Porque, bendecir significa Reconocer una belleza omnipresente, oculta A Los Ojos materiales. Es activar la ley universal de la atracción que, desde el fondo del universo, traerá a vuestra vida exactamente lo que necesitas en el momento presente para crecer, abrazar y llenar tu vida de gozo.

Es imposible bendecir y Juzgar al mismo tiempo. Mantén en ti ese deseo de bendecir como una incesante resonancia interior y como una perpetua plegaria silenciosa, porque de este modo serás de esas personas que son artesanos de la Paz, y un día descubrirás por todas partes el rostro mismo de Dios.

Y por encima de todo, no te olvides de bendecir a esa persona maravillosa, absolutamente bella en su verdadera naturaleza y tan digna de amor, que eres tú mismo.

Pues eso, Que Dios te bendiga!!!!




Fuentes.
El Arte de bendecir. Pierre Pradervand.
Editorial Sal Terrae

Memorias de Curro

Ana Navarro.