Mostrando entradas con la etiqueta Marta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marta. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de julio de 2019

«Hay necesidad (...) de una sola [cosa]» (Evangelio Dominical)



                                             
           

Hoy vemos a un Jesús tan divino como humano: está cansado del viaje y se deja acoger por esta familia que tanto ama, en Betania. Aprovechará la ocasión para hacernos saber qué es “lo más importante”.

En la actitud de estas dos hermanas se acostumbra a ver reflejadas dos maneras de vivir la vocación cristiana: la vida activa y la vida contemplativa. María, «sentada a los pies del Señor»; Marta, atareada por muchas cosas y ocupaciones, siempre sirviendo y contenta, pero cansada (cf. Lc 10,39-40.42). —«Calma», le dice Jesús, «es importante lo que haces, pero es necesario que descanses, y más importante aun, que descanses estando conmigo, mirándome y escuchándome». Dos modelos de vida cristiana que hemos de coordinar y de integrar: vivir tanto la vida de Marta como la de María. Hemos de estar atentos a la Palabra del Señor, y vigilantes, ya que el ruido y el tráfico del día a día —frecuentemente— esconde la presencia de Dios. Porque la vida y la fuerza de un cristiano solamente se mantienen firmes y crecen si él permanece unido a la verdadera vid, de donde le viene la vida, el amor, las ganas de continuar adelante... y de no mirar atrás.


                                         



A la mayoría, Dios nos ha llamado a ser como “Marta”. Pero no hemos de olvidar que el Señor quiere que seamos cada vez más como “María”: Jesucristo también nos ha llamado a “escoger la mejor parte” y a no dejar que nadie nos la quite.

Él nos recuerda que lo más importante no es lo que podamos hacer, sino la Palabra de Dios que ilumina nuestras vidas, y, así por el Espíritu Santo nuestras obras quedan impregnadas de su amor.

Descansar en el Señor solamente es posible si gozamos de su presencia real ante la Eucaristía. ¡Oración ante el sagrario!: es el tesoro más grande que tenemos los cristianos. Recordemos el título de la última encíclica de san Juan Pablo II: La Iglesia vive de la Eucaristía. El Señor tiene muchas cosas que decirnos, más de las que nos pensamos. Busquemos, pues, momentos de silencio y de paz para encontrar a Jesús y, en Él, reencontrarnos a nosotros mismos. Jesucristo nos invita hoy a hacer una opción: escoger «la parte buena» (Lc 10,42).





Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):


                  



EN aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Palabra del Señor





COMENTARIO.


                              



En la Primera Lectura del día de hoy vemos a Abraham siendo visitado por el Señor.  Nos dice así la Escritura: “En aquellos días el Señor se apareció a Abraham junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda ...”   Y Abraham de inmediato comienza a atender al Señor.

Algo similar vemos en el Evangelio:  el Señor va a visitar a sus amigos, Lázaro, Marta y María, quienes eran hermanos.  Y Marta se afana por atender a Jesús, al punto que reclama al Señor que María no la ayuda.  Y el Señor le da a una respuesta un tanto desconcertante ... como a veces son las respuestas del Señor.

Si bien estas Lecturas nos muestran el servicio a Dios en forma de atenciones domésticas, ante la visita de alguien tan importante como el Señor, debemos tener en cuenta que servir a Dios es sobre todo hacer su Voluntad, es complacerlo en todo.  Servir a Dios es estar a sus órdenes:  dejar que El sea quien nos dirija.  Servir al Señor es buscar complacerlo en todo.

Para poder ver esto, observemos, entonces, la actuación de estos personajes que nos presentan las Lecturas de hoy.

Abraham es nuestro padre en la fe.  Su característica principal fue una fe indubitable ... una fe inconmovible ... una fe a toda prueba ... y una confianza absoluta en la Voluntad de Dios.  Por eso se le conoce como el padre de todos los creyentes.

                                         



A Abraham Dios comenzó pidiéndole que dejara todo:  Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre.  Y sale sin saber a dónde va.  Ante la orden del Señor, Abraham cumple ciegamente.  Va a una tierra que no sabe dónde queda y no sabe siquiera cómo se llama.  

Deja todo, renuncia a todo:  patria, casa, estabilidad, etc.  Da un salto en el vacío en obediencia a Dios.  Confía absolutamente en Dios. 

Abraham sabe que su vida la rige Dios, y no él mismo. Dios le exigió mucho a Abraham, pero a la vez le promete que será padre de un gran pueblo.

Y Abraham cree, a pesar de que todas las circunstancias parecen contrarias a esta promesa.  Por un lado, su esposa Sara es estéril y él ya cuenta con la edad de 75 años para el momento de la promesa.  

Pero Abraham cree por encima de las circunstancias humanas. 




Pasa el tiempo ... pasa ¡bastante tiempo!, desde que Dios le hizo su promesa a Abraham ... pasan ¡24 años! ... Ya Abraham tiene 99 años ... y Sara sigue estéril.

En esas condiciones y en ese momento tiene lugar la visita del Señor a la tienda de Abraham que hemos visto en el Primera Lectura.

Recordemos que al final de la visita le dice: “Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo”.

Y así fue:  al año siguiente, a un hombre de 100 años y a una mujer estéril de 90, les nace un hijo (Isaac), el hijo por el cual la descendencia de Abraham será tan numerosa como las estrellas del cielo, el hijo por el cual será Abraham padre de un gran pueblo, padre de todos los creyentes.

Han sido 24 años de larga espera.  Y cuando lo que era difícil parecía ya imposible, Dios cumple su promesa.  La lógica de Dios es distinta a la lógica humana.  Los planes de Dios son diferentes a los planes de los hombres.  Los planes de Dios no se realizan como el hombre quiere, sino como Dios quiere.  Los planes de Dios no se realizan tampoco cuando el hombre quiere o cree, sino cuando Dios quiere.


             



A veces nos es más fácil hacer lo que Dios quiere, que hacer las cosas cuando Dios quiere.  A veces nos es más fácil cumplir la Voluntad de Dios, que tener la paciencia para esperar el momento en que Dios quiere hacer su Voluntad.

Comienza a crecer el hijo de la promesa.  Cuando ya todo parece estar estabilizado, Dios interviene nuevamente para hacer una exigencia “ilógica” a Abraham:  le pide que tome a Isaac y que se lo ofrezca en sacrificio.  Este tal vez sea uno de los episodios más conmovedores de la Biblia.  Dios vuelve a exigirle todo.  Ahora le pide la entrega de lo que Dios mismo le había dado como cumplimiento de su promesa:  Isaac debe ser sacrificado.   Abraham obedece ciegamente, sin siquiera preguntar por qué.  Sube el monte del sacrificio para cumplir el más duro de los requerimientos del Señor. 

Y en el momento que se dispone a sacrificar a su hijo, Dios lo hace detener.

Abraham creyó y esperó:  creyó contra toda apariencia, esperó contra toda esperanza ... y también esperó el momento del Señor.
Veamos ahora a Marta y María en el Evangelio de hoy.  Marta se encontraba muy atareada con los quehaceres domésticos.  Y su hermana María se encontraba a los pies del Señor escuchando su Palabra.

                                            



Marta le reclama a Jesús la aparente inactividad de su hermana y su injusticia al no ayudarla.  Y decíamos que la respuesta del Señor era desconcertante: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa por muchas cosas.  En realidad, una sola cosa es necesaria y María escogió la mejor parte”.

Fíjense lo que le dice el Señor a Marta:  el estarse en la oración a la escucha de la Palabra del Señor (es decir:  el estarse a los pies del Señor), no sólo es la mejor parte, sino que es lo único necesario.

Si Marta representa el prototipo de la actividad y María el de la oración ... podríamos preguntarnos: ¿qué significa esta respuesta del Señor? ... ¿Cómo puede ser ésta la respuesta del Señor? ... ¿Dónde queda mi deseo de hacer, mi deseo de ayudar, mi deseo de actuar?  ...  ¡Dónde queda mi responsabilidad!

La dificultad en no comprender la respuesta del Señor está en que los hombres de hoy nos consideramos los protagonistas principales de nuestra vida.  Olvidamos que Dios todo lo dispone.  En eso no nos parecemos en nada a Abraham, que sabía que era Dios quien regía su vida.  Recordemos cómo esperaba contra toda apariencia. 

                                                  



Los hombres de hoy no nos damos cuenta que nuestra vida es la historia de las acciones que Dios realiza en nosotros y a través de nosotros.  Nosotros nos creemos los principales protagonistas de nuestra vida ... y no vemos la acción de Dios en nosotros ...  ¡No vemos que Dios es el principal protagonista de la vida de cada uno de nosotros!

Para no quedar desconcertados con la respuesta que el Señor dio a Marta, para no quedar desconcertados porque el Señor nos dice lo mismo: que nos preocupamos por muchas cosas que realmente no son necesarias y nos perdemos de la mejor parte, necesitamos darnos cuenta de que no somos nosotros quienes llevamos las riendas de nuestra vida:   es Dios quien las lleva.

Pero el problema es que andamos como Marta, sólo ocupados en la actividad, y se nos hace imposible llevar una relación íntima con el Señor, se nos hace imposible estar atentos a su Voz en la oración.  Si andamos ocupados y preocupados sólo en la actividad, no tenemos tiempo para la oración.

“La mejor parte” a la que se refiere Jesús es justamente esa “aparente” inactividad de María.  “La mejor parte, la única necesaria” es justamente la “aparente” inactividad de la oración.

En la oración, en la oración verdadera -esa oración en la que se busca al Señor para servirle en lo que El desea, esa oración que es asidua, que es diaria...  en esa oración, Dios nos muestra su Voluntad.  Y en esa oración podemos saber qué desea El de nosotros.

                                              



Además, en la oración, Dios nos da la fortaleza para cumplir su Voluntad, nos da también la entrega para aceptarla ... y, además, nos da la paciencia para saber esperar el momento de su Voluntad.

Es así, como la oración nos lleva a la verdadera acción: es decir, la acción que desea el Señor de nosotros; no la que nosotros nos buscamos o nos inventamos, que casi nunca coincide con la que Dios quiere de nosotros.

Se da, entonces, el balance entre María y Marta; es decir, el balance entre la oración y la acción.  Se da, entonces, la acción como fruto de la oración.  Y se da, sobre todo, esa entrega absoluta a la Voluntad de Dios que vemos en Abraham y esa fe inconmovible -a toda prueba- que tenía nuestro padre en la fe.

De no ser así, no sólo en nuestra vida personal, sino también en la actividad apostólica podemos equivocarnos, confundiendo nuestros propios caminos con los Caminos del Señor, pensando que ya sabemos cuál es el Camino, sin antes haber pasado, como María, la hermana de Marta, muchas horas “a los pies del Señor”, para que El nos indique qué desea de nosotros, cuál es Su Camino, cuál es Su Voluntad.

                                



Si para nuestra actividad diaria y nuestra actividad apostólica requerimos de la oración verdadera, ¿qué decir de la importancia de la oración para poder seguir el ejemplo de San Pablo sobre el sufrimiento?

La Segunda Lectura (Col. 1, 224-28) nos trae la famosa frase del Apóstol: “Ahora me alegro de sufrir por ustedes, porque así completo lo que falta a la pasión de Cristo en mí, por el bien de su Cuerpo que es la Iglesia”.

¿Cómo poder tener esa actitud de aceptación del sufrimiento por el bien de los demás y de la Iglesia si no recibimos esa gracia de oblación, de inmolación precisamente en la oración, estándonos muchos ratos a los pies del Señor,para que El mismo nos enseñe a imitarle?

Recordemos al Papa Juan Pablo II.  El, que fue un ejemplo de ese deseado balance entre silencio y actividad, nos dijo: 
“El hombre de hoy necesita recuperar momentos de silencio que permitan que Dios pueda hacer oír Su Voz y a la persona comprender y aceptar lo que Dios desee comunicarle” (JP II, 30-4-96).


                                                     



Con el Salmo 14 nos hemos preguntado ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?  El Salmista nos da varias características del hombre que es grato a Dios.  Nadie más grato que quien busca la Voluntad de Dios en la oración verdadera, sincera, entregada y atenta a lo que Dios nos pide.  Así, podremos ser justos, como la descripción del salmista.  Pero, además, toda nuestra actividad será lo que Dios quiere y espera de nosotros, pues viviremos de acuerdo a sus deseos en todo.





















Fuentes:
Sagradas Escrituras
Homilias.org
Evangeli.net

domingo, 18 de julio de 2010

" Ora et Labora"


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?
Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria.

María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.
Palabra del Señor




COMENTARIO

Celebramos el domingo XVI del tiempo ordinario. Este domingo es una invitación a saber contemplar a Dios y saber llevar a la práctica de cada día la experiencia de nuestra relación con él; a vivir nuestra relación con Dios desde la oración y el trabajo: "ora et labora".


Son dos dimensiones de la misma fe: la contemplación y la acción. Cuando la relación con Dios es auténtica, cuando es cierta la contemplación, es como una esponja empapada, que rezuma el agua, como un objeto impregnado de perfume, que difunde el olor; así el contemplativo auténtico vive en la vida diaria la riqueza de esa relación con Dios. Cuando el compromiso del cristiano es desde Dios, es expresión constante de los valores de Dios. Hay muchos compromisos, acciones en nombre de Dios, que están conviviendo con anti-valores evangélicos, los cuales delatan que no es un compromiso que nace de la relación con Dios, sino de otros intereses.

Dice San Pablo en la segunda lectura que hay que amonestar y enseñar para que todos lleguen a la madurez en la vida cristiana. ¿Cuándo se puede decir que un cristiano es maduro? ¿Cuándo tiene una formación muy amplia? ¿Cuándo tiene una opción personal por Jesús muy grande? ¿Cuándo viene mucho a misa? ¿Cuándo está muy comprometido? Las lecturas nos vienen a decir cuando uno acepta y acoge la Palabra de Dios y la cumple, cuando uno acepta la voluntad de Dios en su vida. Normalmente queremos que Dios haga lo que nosotros queremos y no acertamos a descubrir que lo que tenemos que hacer es ponernos en sus manos, para que se haga su voluntad, que es nuestra felicidad.

En la primera lectura vemos como Abrahán acoge a Dios en los tres hombres que se le presentaron; es hospitalario con ellos, esta hospitalidad es la preparación para acoger la voluntad de Dios en su vida. La voluntad de Dios es que Dios le va a dar un descendiente en su vejez: Isaac - el hijo de la sonrisa, pues Abrahán se sonrió cuando escuchó esta promesa -. Hospitalidad para acoger la voluntad de Dios. Acoger al otro, su persona, sus ideas, su modo de vivir... se convierte en la base de la acogida de Dios y su voluntad. Pues si no aceptamos lo que vemos, ¿cómo aceptaremos lo que no vemos? (Alguien dijo algo parecido, ¿no?).

Este mismo esquema vemos en el texto del evangelio; aparecen los dos datos:

Hospitalidad: en el servicio de Marta, patrona de los camareros -que tanto trabajan ahora en el verano-, que se multiplica para llegar a todo.

Escucha de la Palabra de Dios: en María, que, según Jesús, ha escogido la mejor parte.


Tradicionalmente se han visto en Marta y María dos aspectos del cristianismo: la acción y la contemplación, resaltando que la contemplación es mejor; es donde uno se llena espiritualmente y se vacía en la acción. Hoy podemos decir que son dos aspectos que deben de ir unidos: contemplativos en la acción y activos en la contemplación. En la Iglesia existen carismas de estos dos tipos (aquí, en Daimiel, España):

Del servicio: educación (Calasancias), ancianos (Hermanitas del asilo), predicación (P. Pasionistas), niños y pobres (Apostólicas).

De la contemplación: Carmelitas y Mínimas.


Pero en la vocación de un seglar, incluso de un cura secular, son dos realidades que deben de ir unidas: El mundo es nuestro monasterio, nuestra clausura, y el trabajo, el compromiso, es una forma de rezar; es en el mundo donde debemos encontrar a Dios y donde debemos implantar los valores y criterios del evangelio.

Los cristianos practicantes estamos necesitados de traducir en la vida diaria los valores que creemos y celebramos. Nos podemos quedar, como "marías", absortos en la contemplación, sin escuchar tantas "martas" que reclaman nuestras manos para compartir las tareas. Los cristianos que vienen menos por la Iglesia, pues piensan que lo importante es ser buenos, están necesitados de descubrir la gracia de Dios, que les ayuda y mantiene en su compromiso. Necesitados de hacerse "marías" para poder vivir la riqueza de la relación personal con Jesús. Pues no podrán vivir su vida como servicio a los demás, si no es desde esta relación.

En resumen, diría que no hay María sin Marta, ni Marta sin María. Que no hay contemplación sin acción, ni acción sin contemplación. Son dos dimensiones de la auténtica fe.



El derecho a sentarse No basta


EL DERECHO A SENTARSE

Una vez más, Jesús se acerca a Betania, una aldea muy cercana a Jerusalén, a hospedarse en casa de unos hermanos a los que quiere mucho. Al parecer, lo hacía siempre que subía a la capital.


En casa están sólo las mujeres.


Las dos adoptan posturas diferentes.


Marta se queja y Jesús pronuncia unas palabras que Lucas no quiere que se olviden en las comunidades cristianas.


Marta es la que «recibe» a Jesús y le ofrece su hospitalidad. A continuación se desvive en las múltiples tareas de ama de casa.


Nada tiene de extraño. Es lo que le corresponde a la mujer en aquella sociedad. Ése es su sitio y su cometido: cocer el pan, cocinar, servir al varón, limpiarle los pies, estar al servicio de todos.


Mientras tanto, su hermana María permanece «sentada a los pies» de Jesús en actitud propia de una discípula que escucha atenta su palabra, concentrada en lo esencial.


La escena es extraña pues la mujer no estaba autorizada a escuchar como discípula a los maestros de la ley.


Cuando Marta, desbordada por el trabajo, critica la indiferencia de Jesús y reclama ayuda, Jesús responde de manera sorprendente.


Ningún varón judío hubiera hablado así.


Jesús no critica a Marta su acogida y su servicio. Al contrario le habla con simpatía repitiendo cariñosamente su nombre.


No duda del valor y la importancia de lo que está haciendo. Pero no quiere ver a las mujeres absorbidas por las faenas de la casa: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas.

Sólo una es necesaria.


María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».


La mujer no ha de quedar reducida a las tareas del hogar.


Tiene derecho a «sentarse» como los varones a escuchar la Palabra de Dios.


Lo que está haciendo María responde a la voluntad de Dios. Jesús no quiere ver a las mujeres sólo trabajando.


Las quiere ver «sentadas». Por eso las acoge en su grupo como discípulas en el mismo plano y con los mismos derechos que los varones.


Es mucho lo que nos falta en la Iglesia y en la sociedad para mirar y tratar a las mujeres como lo hacía Jesús.


Considerarlas como trabajadoras al servicio del varón no responde a las exigencias de ese reino de Dios, que Jesús lo entendía como un espacio sin dominación masculina.


No bastaHay cansancios típicos en la sociedad actual que no se curan con las vacaciones.


No desaparecen por el mero hecho de irnos a descansar unos días.


La razón es sencilla. Las vacaciones pueden ayudar a rehacernos un poco, pero no pueden darnos el descanso interior, la paz del corazón y la tranquilidad de espíritu que necesitamos.


Hay un primer cansancio que proviene de un activismo agotador.


No respetamos los ritmos naturales de la vida.


Hacemos cada vez más cosas en menos tiempo. De un día queremos sacar dos.


Vivimos acelerados, en desgaste permanente, deshaciéndonos cada día un poco más.


Ya llegarán las vacaciones para «cargar pilas».


Es un error. Las vacaciones no sirven para resolver este cansancio.


No basta «desconectar» de todo. A la vuelta de vacaciones todo seguirá igual.


Lo que necesitamos es no acelerar más nuestra vida, imponernos un ritmo más humano, dejar de hacer algunas cosas, vivir más despacio y de manera más descansada.


Hay otro tipo de cansancio que nace de la saturación.


Vivimos un exceso de actividades, relaciones, citas, encuentros, comidas.


Por otra parte, el contestador automático, el móvil, el ordenador, el correo electrónico facilitan nuestro trabajo, pero introducen en nuestra vida una saturación.


Estamos en todas partes, siempre localizables, siempre «conectados».


Ya llegarán las vacaciones para «desaparecer», y «perdernos».


Es un error. Lo que necesitamos es aprender a «ordenar» nuestra vida: elegir lo importante, relativizar lo accidental, dedicar más tiempo a lo que nos da paz interior y sosiego.


Hay también un cansancio difuso, difícil de precisar. Vivimos cansados de nosotros mismos, hartos de nuestra mediocridad, sin encontrar lo que desde el fondo anhela nuestro corazón. ¿Cómo nos van a curar unas vacaciones? No es superfluo escuchar las palabras de Jesús a Marta: «Andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, pero sólo una es necesaria».


Su hermana María la ha encontrado sentada a los pies de Jesús.

























Fuentes:
Pedro Crespo Arias
José A. Pagola.
Ángel Corbalán

Blog Parroquia San García Abad.

jueves, 15 de julio de 2010

“Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”


"María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán "

ALABANZAS AL SANTÍSIMO
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
INTRODUCCIÓN

Con una sensibilidad nada habitual en una sociedad patriarcal, Jesús tiene la costumbre de hablar explícitamente de las mujeres haciéndolas “visibles” y poniendo de relieve su actuación.
En la nueva familia de Jesús todos comparten vida y amor fraterno.Los varones pierden poder, las mujeres ganan dignidad.
La grandeza y dignidad de la mujer, lo mismo que la del varón,
arranca de su capacidad para escuchar el mensaje del reino de Dios y entrar en él.

ORACIÓN-MEDITACIÓN:

Abre tu vida para recibir al Señor.
Acoge su presencia; sobre su amor se construye tu vida.
Responde con una actitud de agradecimiento y alabanza al Dios que se te regala gratuitamente sin haber hecho tú nada por conseguirlo. Únete a María para alabar al Señor: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso hace grandes obras por mí” (Magnificat de María).
Ora al Señor:
Ando buscando un amor que unifique mi vida, pero experimento muchas cosas que me turban y perturban.
Estoy ante ti, Señor, situado ante tu misterio, ordena tú en mí el amor, hazme habitar en tu casa.
Tú eres diferente: no eres ni mi idea, ni mi amor, ni mi proyecto. Me pongo en tus manos.
Mi imaginación y pensamiento racional siguen su curso y me conducen, me traen, me llevan, por caminos que no logro dirigir conforme a mi deseo.
En medio de la crisis vengo a descubrir algo sorprendente: lo que yo soy incapaz de hacer, lo puedes hacer Tú; Tú puedes desvelarme desde la hondura lo que yo soy.
En ti me encuentro, soy lo que tú me amas.
Tú haces nacer en mí otro gozo, otro amor, otra tarea.

MONICIÓN AL EVANGELIO
Interesarse por lo que una persona tiene que decir también es una manera de acogerla.
La actitud de María, como la de Marta, supone una gran novedad.
Sentarse a los pies del maestro es la postura propia del discípulo.
Jesús concede a las mujeres el lugar de discípulas. La imagen de Jesús invirtiendo los criterios y los valores habituales, está presente
en todo el Evangelio.
Escuchar, acoger, gozar con la novedad del mensaje de Jesús es lo único necesario, la mejor parte.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?
Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.
Palabra del Señor

REFLEXIÓN
Marta y María son dos modelos de vida cristiana que es preciso coordinar e integrar: la escucha quieta y sosegada de la palabra y la actitud de servicio a los demás.
“Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”
Todos nos sentimos con frecuencia agobiados, dispersos y tentados de hacer de la eficacia nuestra principal preocupación.
Pero conocemos también la experiencia del sosiego y la unificación que nos da el ordenar nuestras prioridades y vivir centrados en lo esencial.
Y una vez más se nos invita a saborear la Palabra que, en lo más hondo de nosotros mismos, se convierte en una fuente de asombro y de gozo y nos reenvía a un servicio más generoso y más libre.

PRECES
*Al caer la tarde tú Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.
*Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.
*Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.
*Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.
*Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.
*Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.
*Altísimo Señor, te encomendamos a nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel
- Para que sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus próximas misiones.
* Señor Jesús, sentados a tus pies como hizo María, te pedimos con humildad por el Papa, los obispos y sacerdotes,
- para que, a pesar de las dificultades, ya sufridas por Pablo, anuncien el mensaje completo.
* Te rogamos también por todos los enfermos y necesitados,
- para que en el Evangelio de Cristo encuentren la fuerza para ofrecer sus dolores por la Iglesia que es su Cuerpo.
* Padre, Tú que nos invita siempre a vivir la paz y el sosiego.
- Te rogamos por aquellos que dedican su vida a la oración.

ORACIÓN FINAL:

María, Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús y conoces el timbre de su voz
y el latido de Su Corazón.
Madre del Monte Carmelo, háblanos de Él
y cuéntanos tu camino para seguirlo
en la vía de la fe.
María, que en Nazaret viviste con Jesús,
imprime en nuestra vida tus sentimientos,
tu docilidad, tu silencio que escucha
y haz florecer la Palabra en opciones de verdadera libertad.
María, háblanos de Jesús, para que la frescura
de nuestra fe brille en nuestros ojos
y caldee el corazón de quien nos encuentre,
como hiciste al visitar a Isabel,
quien en su vejez
se alegró contigo por el don de la vida.
María, Virgen del «Magnificat»,
ayúdanos a llevar la alegría al mundo
y, como en Caná, impulsa a todo joven,
comprometido en el servicio a los hermanos,
a hacer sólo lo que Jesús diga.
María, puerta del cielo,
ayúdanos a elevar la mirada a lo alto.
Queremos ver a Jesús.
Hablar de Él.
Anunciar a todos Su amor.
Amén.











Fuentes:
Ana Navarro
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad