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domingo, 15 de enero de 2017

«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Evangelio Dominical)

                                   


Hoy hemos escuchado a Juan que, al ver a Jesús, dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). ¿Qué debieron pensar aquellas gentes? Y, ¿qué entendemos nosotros? En la celebración de la Eucaristía todos rezamos: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros / danos la paz». Y el sacerdote invita a los fieles a la Comunión diciendo: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo...».

No dudemos de que, cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.

Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.
                                             

Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo.

Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados. Por eso, en el “Gloria” de la Misa se habla de la paz que es propia de los hombres que ama el Señor, de los que están en gracia.

Juan Pablo II, urgiéndonos a vivir en la gracia que el Cordero nos ha ganado, nos dice: «Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para eso (...). vivir en gracia es la dignidad suprema, es la alegría inefable, es garantía de paz, es un ideal maravilloso».



Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34):

                                          

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».


Palabra del Señor



COMENTARIO.

                                        


Aunque nuestra tradición popular dice: “que hasta San Antón, Pascuas son”, hemos comenzado el tiempo ordinario. Es verdad que el Evangelio de este domingo, forma parte de nuestras reflexiones del tiempo de Navidad, pero vamos a intentar situarlo en el nuevo contexto litúrgico. Dicen los entendidos, que cuando Juan escribió este evangelio, quedaban grupos de seguidores del Bautista que le consideraban el Mesías y por eso, pone en boca de Juan el Bautista, la primera profesión de fe: “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Jesús es más que el Bautista.

Especialistas aparte, lo que parece importar al evangelista, es situar a Jesús a partir de los antiguos textos proféticos y de los acontecimientos que están ocurriendo en el presente, en la realidad por la que atraviesa la comunidad cristiana en la situación actual. Por eso, los títulos que se le atribuyen: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, “el que existía antes que yo”, “éste es el Hijo de Dios”. La pregunta en definitiva, no es tanto: ¿quién es Jesús?, sino ¿qué significa Jesús para nosotros?, de eso dependerá el titulo que le demos.
                                                


Una de las tareas más difíciles del cristianismo hoy, es presentar quién es Jesús para nosotros, sin caer en las fórmulas tantas veces usadas, que en ocasiones son tan poco comprensibles. Se trata, como hace el evangelista, de recoger la historia y la fe de los primeros cristianos y lo que aportaron, y de actualizar esa experiencia. No podemos atarnos a las expresiones, éstas no son fijas e inamovibles, lo importante es trasmitir con un lenguaje actual y de sentido, lo que es sustancial en el encontrase con Jesús. Resumir eso en una palabra, como hace San Pablo en la segunda lectura: “es el Señor”, ayuda, en estos tiempos de “tuit”, y frases cortas.

En el texto de hoy, aparece la expresión: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, que repetimos en la Eucaristía antes de la comunión. Puede que no sea muy apropiado y moderno, llamar a Jesús “el Cordero”, pero entronca, con toda la tradición de Isaías sobre el Siervo de Dios, (primera lectura). Actualiza la entrega, su muerte en la cruz para que todos tengan vida. No se trata de tener elaborados conceptos y reflexiones, de hablar mucho, sino de encontrar aquellas claves, que iluminan lo que estamos viviendo. Por eso en el cristianismo, siempre existieron los títulos, quizás el más ilustrativo es el de “Jesucristo”.
                                                         


Decir antes de la comunión estas palabras de Juan el Bautista, es decir, que quienes pretendemos unirnos hoy a Jesús en la comunión, debemos estar dispuestos a ser “siervos”, luchar contra la muerte, que es el pecado del mundo y entregar la vida como aquel “cordero” llevado al matadero. Con esta expresión, estamos diciendo sin retoricas, que los cristianos estaremos allí donde el pecado, la muerte, ejerce un gran poder sobre los hombres, porque nuestra tarea como la de Jesús, es luchar por la vida y por eso comulgamos, nos hacemos también ofrenda.

Desde nuestro bautismo en Espíritu, demos testimonio como Juan el Bautista del Hijo de Dios, buscando la paz con nosotros mismos y entre los pueblos, colaborando con la caridad, la solidaridad y la justicia. Desde la amistad, la alegría, el afecto, el amor, propongamos la libertad, la responsabilidad, saludando a todos como hace San Pablo a los Corintios: “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sea con vosotros”. Quizás entonces, como en aquel tiempo, cuando alguien venga hacia nosotros, pueda exclamar: ¡he aquí un seguidor del Cordero! No olvidemos que dibujar un Cordero, era uno de los símbolos que identificaban a los primeros cristianos. 
                                                         
 
PD: Hoy es la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, el lema es: “Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz”. Viendo las imágenes no es cuestión de muchas palabras y puede que no llegue con las oraciones, es momento a contracorriente en esta vieja Europa, de recordar los valores.















Fuentes:
Sagradas Escrituras.
Julio César Rioja cmf.
Evangeli.org




domingo, 10 de enero de 2016

«Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado» (Evangelio dominical)







Hoy contemplamos a Jesús ya adulto. El niño del Pesebre se hace un hombre completo, maduro y respetable, y llega el momento en el que ha de trabajar en la obra que el Padre le ha confiado. Así es como le encontramos en el Jordán en el momento de empezar esta labor: uno más en la fila de aquellos contemporáneos suyos que iban a escuchar a Juan y a pedirle el baño del bautismo, como signo de purificación y renovación interior.

Allí, Jesús es descubierto y señalado por Dios: «Puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: ‘Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado’» (Lc 3,21-22). Es la etapa preparatoria del gran camino que está dispuesto a emprender y que le conducirá hasta la Cruz. Es el primer acto de su vida pública, su investidura como Mesías.


Es también el proemio de su modo de actuar: no obrará con violencia, ni con gritos y asperezas, sino con silencio y suavidad. No cortará la caña quebrada, sino que la ayudará a mantenerse firme. Abrirá los ojos a los ciegos y librará a los cautivos. Las señales mesiánicas que describía Isaías, se cumplirán en Él. Nosotros somos los beneficiarios de todas estas cosas porque, como leemos hoy en la carta de san Pablo: «Él nos salvó, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo que derramó abundantemente sobre nosotros (...). De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de alcanzar la vida eterna» (Tit 3,5-7).

La fiesta del Bautismo de Jesús debe ayudarnos a recordar nuestro propio Bautismo y los compromisos que por nosotros tomaron nuestros padres y padrinos al presentarnos en la Iglesia para hacernos discípulos de Jesús: «El Bautismo nos ha liberado de todos los males, que son los pecados, pero con la gracia de Dios debemos cumplir todo lo bueno» (San Cesáreo de Arlés).




Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,15-16.21-22):



En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.» 

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

Palabra del Señor




COMENTARIO.



Juan Bautista predicada e impartía en el Río Jordán un Bautismo de conversión.  Quien se acercaba al Jordán se reconocía pecador y deseaba cambiar de vida.

De allí que llama la atención el que Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, se acercara a la ribera del Jordán, como cualquier otro de los que se estaban convirtiendo, a pedirle a Juan, su primo y su precursor, que le bautizara.  Tanto es así, que el mismo Bautista, que venía predicando insistentemente que detrás de él vendría “uno  que es más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias” (Lc. 3,, 15-16 y 21-22), se queda impresionado de la petición del Señor.

Y es que en esta escena en el Jordán podemos entender esas palabras de San Pablo: “Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió el pecado” (2 Cor 5, 21).


¡Jesucristo se humilla hasta pasar por pecador, hasta parecer culpable, pidiendo a San Juan el Bautismo de conversión!   Pero es que tenía que ser así, porque la razón de su Bautismo en el Jordán era la misma que la de su Nacimiento:  identificarse con nosotros que somos pecadores.

Por eso cuando San Juan Bautista no quiere bautizarlo, Jesús le insiste como queriéndole decir:  a ti no te parecerá adecuado, pero en realidad sí está en completa armonía con el motivo de mi venida.  Es que Cristo vino a identificarse con una humanidad pecadora:  El vino a compartir nuestra culpa y a liberarnos de ella.

Entonces Juan Bautista al verlo venir  de nuevo a Jesús exclamó:  “He ahí el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo” (Jn. 1-29).  ¿Qué significará eso de que Cristo es ahora el Cordero?

Antes de Cristo los israelitas sacrificaban corderos, buscando la expiación de sus pecados.  Cristo, al cargar con nuestros pecados, se hace el verdadero Cordero de Dios, para salvarnos de nuestros pecados.  Es lo que nos dice el Sacerdote al presentarnos a Cristo en la Hostia Consagrada antes de la Comunión: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…”.

Y, al Cristo ser bautizado en el Jordán, como una respuesta a esta actitud de humillación de Jesús, “se abrió el Cielo, bajó el Espíritu Santo sobre El en forma de paloma y vino una voz del Cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado, el perdilecto’” (Lc. 3,15-16 y 21-22)). El Padre revela al mundo Quién es ese bautizado: su Hijo, el Dios-Hombre.


Y en este bellísimo pasaje de la vida del Señor y de su Precursor, no sólo vemos la revelación de Jesucristo, como Hijo de Dios, sino también la revelación de la Santísima Trinidad en pleno:  el Padre que habla, el Hijo hecho Hombre que sale del agua bautizado y el Espíritu Santo que aleteando cual paloma se posa sobre Jesús.

San Juan Bautista nos da el testimonio de lo que ve y escucha:  por una parte, puede ver el Espíritu de Dios descender sobre Jesús en forma como de paloma.  Las palabras del Bautista describiendo el Espíritu Santo hacen recordar la mención del Espíritu de Dios en el Génesis, antes de la creación del mundo, cuando “el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gen. 1, 2).  Tal vez ese “aletear” del Espíritu Santo hace que San Juan compare ese “aletear” con el aletear de la paloma. 


Un punto importante a notar en el Bautismo del Señor es que al sumergirse Jesús en las aguas del Jordán, le confirió al agua un poder de sanación espiritual, le dio significación especial al agua. De allí que el agua sea la materia del Bautismo Sacramento, instituido después por Cristo, el cual nos borra el pecado original con el cual todos nacemos.

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, de cambiar de manera de ser, de pensar y de actuar, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo.  Es recordar la necesidad que tenemos de purificar nuestras almas en las aguas del arrepentimiento y de la confesión de nuestros pecados.  Es recordar que en todo momento y bajo cualquier circunstancia necesitamos la humildad y la docilidad que nos llevan a buscar la Voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa.


Que nuestra vida se convierta en una continua entrega a la Voluntad de Dios, de manera que así como los cielos se abrieron para Jesús al recibir el Bautismo de Juan, se abran también para nosotros en el momento de nuestro paso a la otra vida y podamos escuchar la voz del Padre reconociéndonos también como hijos suyos, porque como su Hijo Jesucristo, hemos buscado hacer su Voluntad.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad:  si todo un Dios se humilla hasta pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que somos pecadores de verdad?












Fuentes:
Sagradas Escrituras
Homilia org.
Evangeli.org.


sábado, 8 de enero de 2011

Bautizado ....Hijo de Dios !!!!!!

Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536:

El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores.

Hay momentos en la vida de las personas que marcan un antes y un después. Pueden ser puntuales, pueden ser procesos en el tiempo, pero no hay vuelta atrás. Se pueden poner muchos ejemplos: cuando un joven se pone a trabajar por primera vez o cuando comienza sus estudios en la universidad –eso implica muchas veces el abandono de la casa familiar– o cuando entra en un noviciado porque quiere ingresar en una congregación religiosa. Incluso en el caso de que se pierda el trabajo, de que se deje la universidad o de que se abandone la congregación religiosa, nada vuelve a ser como antes.

El Bautismo de Jesús que hoy celebramos como broche y punto final del tiempo de Navidad viene a ser algo así. Los Evangelios lo sitúan como el gozne que se sitúa entre un antes –un periodo de tiempo del que desconocemos casi todo de la vida de Jesús– y el después –otro tiempo del que tenemos abundante información a través de los Evangelios y que culminará con su muerte en la cruz y la confesión de fe en su resurrección–. El tiempo antes del Bautismo suponemos que fue vivido con su familia en la evolución normal de cualquier niño-chico-joven-adulto de aquel tiempo. Según la tradición Jesús muere en la cruz con 33 años.
Si le restamos los tres años de la vida pública que relatan –más o menos– los Evangelios, se podría decir que se bautizó a los 30 años.
Eso nos habla de mucho tiempo de vida “normal”, “ordinaria”.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,13-17):

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

Palabra del Señor


COMENTARIO.

"No todos los bautizados son cristianos". No recuerdo de quien he oído esta frase que parece un poco contradictoria y una gran denuncia de la situación de nuestras prácticas sacramentales. Parece contradictoria pues cualquier bautizado es hijo de Dios y, por tanto, cristiano; pero, al mismo tiempo, es una denuncia, porque es cierto que muchos bautizados dejan mucho que desear en su seguimiento de Cristo, aunque todos podríamos ser un poco mejores cristianos. Digo esto porque hoy celebramos el Bautismo de Jesús y, desde el mismo, se nos invita a reflexionar en nuestro bautismo.

El bautismo, como cualquier sacramento, no es automático, no funciona por si solo, sino que necesita la colaboración de la persona que lo recibe. El sacramento es un encuentro entre Dios y el ser humano. Dios pone su parte: la Gracia, que quita el pecado original y hace hijos de Dios ("Unción") y la persona responde con el seguimiento (con la "Misión"); si falta la respuesta no se produce el encuentro. La declaración de Pedro, en la segunda lectura, en casa de Cornelio, puede ser esclarecedora en este sentido: "Dios no hace distinciones, acepta al que practica la justicia, sea de la nación que sea". Lo importante no es la pertenencia a una "nación", sino la práctica de la justicia. La pertenencia a la Iglesia por medio del bautismo no significa nada en sí misma, si no va acompañada de la correspondiente respuesta de la persona que recibe ese sacramento: la implicación personal en la misión que Cristo nos confía. Creo que es momento adecuado para caer en la cuenta de que no podemos seguir manteniendo unas prácticas sacramentales, refugiados en el "ex opere operato" y "exigir" una preparación y una respuesta que "garantice el sacramento".

Con la fiesta del Bautismo de Jesús termina el ciclo de la Navidad y comienza el tiempo ordinario. Con el Bautismo de Jesús comienza su vida pública. Él no necesitaba el bautismo, pues era ya Hijo de Dios y no tenía pecado, pero participó de este rito que hacía Juan el Bautista y así expresó el comienzo de su misión. Con el Bautismo de Jesús se produce una nueva Epifanía: Jesús se manifiesta en la carne de un niño a todas las gentes; Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se manifiesta en el Bautismo.

En las lecturas destacan dos momentos importantes: La Unción y la Misión, que nos hablan de Jesús y que nos hacen pensar en nuestra condición de bautizados, pues estos dos momentos también se expresan en nuestro bautismo.

UNCIÓN:

Oímos en la lectura de Isaías: "Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero". "Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado, te he hecho...". En la lectura de los Hechos de los Apóstoles se dice: "Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo" y "Dios estaba con él". El Evangelio resalta la voz del Padre: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto".

Cristo es el siervo elegido por Dios. Cuando celebramos el sacramento del Bautismo es fácil percibir como se dice que el bautizado es también elegido por Dios en la persona de Cristo. Todos los bautizados estamos elegidos por Dios de una manera especial. ¿Tenemos conciencia de esa elección? Claro que la elección, tanto en Cristo como en nosotros es para algo, es para la misión. Por eso, en el momento de la unción con el crisma en el bautismo se dice que hemos sido elegidos para entrar a formar parte de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Así se habla de la misión que es Entrega, anuncio de la Palabra de Dios y Servicio.



MISIÓN:


En la lectura de Isaías se expresaba así la misión: "... para que traiga el derecho a las naciones". Probablemente esta profecía se refiere a Ciro, rey de Persia; pero pronto se hizo una profecía mesiánica. También se dice: "No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará", lo que alude al estilo de la misión, que la realizará desde la mansedumbre y la misericordia. Además dice: "Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas", lo que alude al contenido específico de la misión que es traer la liberación de los males que afligen a la humanidad y la salvación de la que está necesitada. La lectura de los Hechos de los Apóstoles dice: "La paz que traerá Jesucristo", es otra parte importante de la misión; también dice, como resumiendo lo central de su misión: "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo".

La mejor manera de expresar la misión que tiene Jesucristo es decir que viene a salvarnos. La salvación implica la liberación de todos los males que afligen a la humanidad, incluida la muerte; pero también nos libera del pecado y nos saca de las consecuencias en las que nos sumerge el pecado. Cristo ya ha realizado la salvación de la humanidad, pero ésta no se ha obrado aún en nosotros. Los bautizados participamos en esta misión: dejarnos salvar por Cristo, liberarnos del pecado y llevar esa liberación a quienes están necesitados de ella.

Cristo te necesita para llevar a delante su misión. La Unción es para la Misión. La Gracia necesita de la Naturaleza y de la Libertad humana.
¿No te sientes elegido?, ¿no te sientes enviado?, ¿acaso no estás bautizado?











Fuentes:
Iluminación Divina
Fernando Torres Pérez cmf
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán

domingo, 18 de julio de 2010

" Ora et Labora"


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?
Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria.

María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.
Palabra del Señor




COMENTARIO

Celebramos el domingo XVI del tiempo ordinario. Este domingo es una invitación a saber contemplar a Dios y saber llevar a la práctica de cada día la experiencia de nuestra relación con él; a vivir nuestra relación con Dios desde la oración y el trabajo: "ora et labora".


Son dos dimensiones de la misma fe: la contemplación y la acción. Cuando la relación con Dios es auténtica, cuando es cierta la contemplación, es como una esponja empapada, que rezuma el agua, como un objeto impregnado de perfume, que difunde el olor; así el contemplativo auténtico vive en la vida diaria la riqueza de esa relación con Dios. Cuando el compromiso del cristiano es desde Dios, es expresión constante de los valores de Dios. Hay muchos compromisos, acciones en nombre de Dios, que están conviviendo con anti-valores evangélicos, los cuales delatan que no es un compromiso que nace de la relación con Dios, sino de otros intereses.

Dice San Pablo en la segunda lectura que hay que amonestar y enseñar para que todos lleguen a la madurez en la vida cristiana. ¿Cuándo se puede decir que un cristiano es maduro? ¿Cuándo tiene una formación muy amplia? ¿Cuándo tiene una opción personal por Jesús muy grande? ¿Cuándo viene mucho a misa? ¿Cuándo está muy comprometido? Las lecturas nos vienen a decir cuando uno acepta y acoge la Palabra de Dios y la cumple, cuando uno acepta la voluntad de Dios en su vida. Normalmente queremos que Dios haga lo que nosotros queremos y no acertamos a descubrir que lo que tenemos que hacer es ponernos en sus manos, para que se haga su voluntad, que es nuestra felicidad.

En la primera lectura vemos como Abrahán acoge a Dios en los tres hombres que se le presentaron; es hospitalario con ellos, esta hospitalidad es la preparación para acoger la voluntad de Dios en su vida. La voluntad de Dios es que Dios le va a dar un descendiente en su vejez: Isaac - el hijo de la sonrisa, pues Abrahán se sonrió cuando escuchó esta promesa -. Hospitalidad para acoger la voluntad de Dios. Acoger al otro, su persona, sus ideas, su modo de vivir... se convierte en la base de la acogida de Dios y su voluntad. Pues si no aceptamos lo que vemos, ¿cómo aceptaremos lo que no vemos? (Alguien dijo algo parecido, ¿no?).

Este mismo esquema vemos en el texto del evangelio; aparecen los dos datos:

Hospitalidad: en el servicio de Marta, patrona de los camareros -que tanto trabajan ahora en el verano-, que se multiplica para llegar a todo.

Escucha de la Palabra de Dios: en María, que, según Jesús, ha escogido la mejor parte.


Tradicionalmente se han visto en Marta y María dos aspectos del cristianismo: la acción y la contemplación, resaltando que la contemplación es mejor; es donde uno se llena espiritualmente y se vacía en la acción. Hoy podemos decir que son dos aspectos que deben de ir unidos: contemplativos en la acción y activos en la contemplación. En la Iglesia existen carismas de estos dos tipos (aquí, en Daimiel, España):

Del servicio: educación (Calasancias), ancianos (Hermanitas del asilo), predicación (P. Pasionistas), niños y pobres (Apostólicas).

De la contemplación: Carmelitas y Mínimas.


Pero en la vocación de un seglar, incluso de un cura secular, son dos realidades que deben de ir unidas: El mundo es nuestro monasterio, nuestra clausura, y el trabajo, el compromiso, es una forma de rezar; es en el mundo donde debemos encontrar a Dios y donde debemos implantar los valores y criterios del evangelio.

Los cristianos practicantes estamos necesitados de traducir en la vida diaria los valores que creemos y celebramos. Nos podemos quedar, como "marías", absortos en la contemplación, sin escuchar tantas "martas" que reclaman nuestras manos para compartir las tareas. Los cristianos que vienen menos por la Iglesia, pues piensan que lo importante es ser buenos, están necesitados de descubrir la gracia de Dios, que les ayuda y mantiene en su compromiso. Necesitados de hacerse "marías" para poder vivir la riqueza de la relación personal con Jesús. Pues no podrán vivir su vida como servicio a los demás, si no es desde esta relación.

En resumen, diría que no hay María sin Marta, ni Marta sin María. Que no hay contemplación sin acción, ni acción sin contemplación. Son dos dimensiones de la auténtica fe.



El derecho a sentarse No basta


EL DERECHO A SENTARSE

Una vez más, Jesús se acerca a Betania, una aldea muy cercana a Jerusalén, a hospedarse en casa de unos hermanos a los que quiere mucho. Al parecer, lo hacía siempre que subía a la capital.


En casa están sólo las mujeres.


Las dos adoptan posturas diferentes.


Marta se queja y Jesús pronuncia unas palabras que Lucas no quiere que se olviden en las comunidades cristianas.


Marta es la que «recibe» a Jesús y le ofrece su hospitalidad. A continuación se desvive en las múltiples tareas de ama de casa.


Nada tiene de extraño. Es lo que le corresponde a la mujer en aquella sociedad. Ése es su sitio y su cometido: cocer el pan, cocinar, servir al varón, limpiarle los pies, estar al servicio de todos.


Mientras tanto, su hermana María permanece «sentada a los pies» de Jesús en actitud propia de una discípula que escucha atenta su palabra, concentrada en lo esencial.


La escena es extraña pues la mujer no estaba autorizada a escuchar como discípula a los maestros de la ley.


Cuando Marta, desbordada por el trabajo, critica la indiferencia de Jesús y reclama ayuda, Jesús responde de manera sorprendente.


Ningún varón judío hubiera hablado así.


Jesús no critica a Marta su acogida y su servicio. Al contrario le habla con simpatía repitiendo cariñosamente su nombre.


No duda del valor y la importancia de lo que está haciendo. Pero no quiere ver a las mujeres absorbidas por las faenas de la casa: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas.

Sólo una es necesaria.


María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».


La mujer no ha de quedar reducida a las tareas del hogar.


Tiene derecho a «sentarse» como los varones a escuchar la Palabra de Dios.


Lo que está haciendo María responde a la voluntad de Dios. Jesús no quiere ver a las mujeres sólo trabajando.


Las quiere ver «sentadas». Por eso las acoge en su grupo como discípulas en el mismo plano y con los mismos derechos que los varones.


Es mucho lo que nos falta en la Iglesia y en la sociedad para mirar y tratar a las mujeres como lo hacía Jesús.


Considerarlas como trabajadoras al servicio del varón no responde a las exigencias de ese reino de Dios, que Jesús lo entendía como un espacio sin dominación masculina.


No bastaHay cansancios típicos en la sociedad actual que no se curan con las vacaciones.


No desaparecen por el mero hecho de irnos a descansar unos días.


La razón es sencilla. Las vacaciones pueden ayudar a rehacernos un poco, pero no pueden darnos el descanso interior, la paz del corazón y la tranquilidad de espíritu que necesitamos.


Hay un primer cansancio que proviene de un activismo agotador.


No respetamos los ritmos naturales de la vida.


Hacemos cada vez más cosas en menos tiempo. De un día queremos sacar dos.


Vivimos acelerados, en desgaste permanente, deshaciéndonos cada día un poco más.


Ya llegarán las vacaciones para «cargar pilas».


Es un error. Las vacaciones no sirven para resolver este cansancio.


No basta «desconectar» de todo. A la vuelta de vacaciones todo seguirá igual.


Lo que necesitamos es no acelerar más nuestra vida, imponernos un ritmo más humano, dejar de hacer algunas cosas, vivir más despacio y de manera más descansada.


Hay otro tipo de cansancio que nace de la saturación.


Vivimos un exceso de actividades, relaciones, citas, encuentros, comidas.


Por otra parte, el contestador automático, el móvil, el ordenador, el correo electrónico facilitan nuestro trabajo, pero introducen en nuestra vida una saturación.


Estamos en todas partes, siempre localizables, siempre «conectados».


Ya llegarán las vacaciones para «desaparecer», y «perdernos».


Es un error. Lo que necesitamos es aprender a «ordenar» nuestra vida: elegir lo importante, relativizar lo accidental, dedicar más tiempo a lo que nos da paz interior y sosiego.


Hay también un cansancio difuso, difícil de precisar. Vivimos cansados de nosotros mismos, hartos de nuestra mediocridad, sin encontrar lo que desde el fondo anhela nuestro corazón. ¿Cómo nos van a curar unas vacaciones? No es superfluo escuchar las palabras de Jesús a Marta: «Andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, pero sólo una es necesaria».


Su hermana María la ha encontrado sentada a los pies de Jesús.

























Fuentes:
Pedro Crespo Arias
José A. Pagola.
Ángel Corbalán

Blog Parroquia San García Abad.

jueves, 15 de julio de 2010

“Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”


"María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán "

ALABANZAS AL SANTÍSIMO
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
INTRODUCCIÓN

Con una sensibilidad nada habitual en una sociedad patriarcal, Jesús tiene la costumbre de hablar explícitamente de las mujeres haciéndolas “visibles” y poniendo de relieve su actuación.
En la nueva familia de Jesús todos comparten vida y amor fraterno.Los varones pierden poder, las mujeres ganan dignidad.
La grandeza y dignidad de la mujer, lo mismo que la del varón,
arranca de su capacidad para escuchar el mensaje del reino de Dios y entrar en él.

ORACIÓN-MEDITACIÓN:

Abre tu vida para recibir al Señor.
Acoge su presencia; sobre su amor se construye tu vida.
Responde con una actitud de agradecimiento y alabanza al Dios que se te regala gratuitamente sin haber hecho tú nada por conseguirlo. Únete a María para alabar al Señor: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso hace grandes obras por mí” (Magnificat de María).
Ora al Señor:
Ando buscando un amor que unifique mi vida, pero experimento muchas cosas que me turban y perturban.
Estoy ante ti, Señor, situado ante tu misterio, ordena tú en mí el amor, hazme habitar en tu casa.
Tú eres diferente: no eres ni mi idea, ni mi amor, ni mi proyecto. Me pongo en tus manos.
Mi imaginación y pensamiento racional siguen su curso y me conducen, me traen, me llevan, por caminos que no logro dirigir conforme a mi deseo.
En medio de la crisis vengo a descubrir algo sorprendente: lo que yo soy incapaz de hacer, lo puedes hacer Tú; Tú puedes desvelarme desde la hondura lo que yo soy.
En ti me encuentro, soy lo que tú me amas.
Tú haces nacer en mí otro gozo, otro amor, otra tarea.

MONICIÓN AL EVANGELIO
Interesarse por lo que una persona tiene que decir también es una manera de acogerla.
La actitud de María, como la de Marta, supone una gran novedad.
Sentarse a los pies del maestro es la postura propia del discípulo.
Jesús concede a las mujeres el lugar de discípulas. La imagen de Jesús invirtiendo los criterios y los valores habituales, está presente
en todo el Evangelio.
Escuchar, acoger, gozar con la novedad del mensaje de Jesús es lo único necesario, la mejor parte.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
-- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?
Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.
Palabra del Señor

REFLEXIÓN
Marta y María son dos modelos de vida cristiana que es preciso coordinar e integrar: la escucha quieta y sosegada de la palabra y la actitud de servicio a los demás.
“Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”
Todos nos sentimos con frecuencia agobiados, dispersos y tentados de hacer de la eficacia nuestra principal preocupación.
Pero conocemos también la experiencia del sosiego y la unificación que nos da el ordenar nuestras prioridades y vivir centrados en lo esencial.
Y una vez más se nos invita a saborear la Palabra que, en lo más hondo de nosotros mismos, se convierte en una fuente de asombro y de gozo y nos reenvía a un servicio más generoso y más libre.

PRECES
*Al caer la tarde tú Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.
*Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.
*Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.
*Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.
*Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.
*Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.
*Altísimo Señor, te encomendamos a nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel
- Para que sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus próximas misiones.
* Señor Jesús, sentados a tus pies como hizo María, te pedimos con humildad por el Papa, los obispos y sacerdotes,
- para que, a pesar de las dificultades, ya sufridas por Pablo, anuncien el mensaje completo.
* Te rogamos también por todos los enfermos y necesitados,
- para que en el Evangelio de Cristo encuentren la fuerza para ofrecer sus dolores por la Iglesia que es su Cuerpo.
* Padre, Tú que nos invita siempre a vivir la paz y el sosiego.
- Te rogamos por aquellos que dedican su vida a la oración.

ORACIÓN FINAL:

María, Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús y conoces el timbre de su voz
y el latido de Su Corazón.
Madre del Monte Carmelo, háblanos de Él
y cuéntanos tu camino para seguirlo
en la vía de la fe.
María, que en Nazaret viviste con Jesús,
imprime en nuestra vida tus sentimientos,
tu docilidad, tu silencio que escucha
y haz florecer la Palabra en opciones de verdadera libertad.
María, háblanos de Jesús, para que la frescura
de nuestra fe brille en nuestros ojos
y caldee el corazón de quien nos encuentre,
como hiciste al visitar a Isabel,
quien en su vejez
se alegró contigo por el don de la vida.
María, Virgen del «Magnificat»,
ayúdanos a llevar la alegría al mundo
y, como en Caná, impulsa a todo joven,
comprometido en el servicio a los hermanos,
a hacer sólo lo que Jesús diga.
María, puerta del cielo,
ayúdanos a elevar la mirada a lo alto.
Queremos ver a Jesús.
Hablar de Él.
Anunciar a todos Su amor.
Amén.











Fuentes:
Ana Navarro
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad

viernes, 21 de mayo de 2010

Ven Espíritu Santo !!!. (Oración al Altísimo)



ALABANZAS AL SANTÍSIMO

INVOCACIÓN AL ESPIRITU SANTO


Canto:
En nuestra oscuridad enciende la llama de tu amor, Señor, de tu amor, Señor.

INTRODUCCIÓN
En la mañana de Pentecostés la Iglesia de Cristo se puso en marcha con enorme eficacia y celeridad. Nunca, antes, un movimiento religioso se había expandido, pacíficamente, a tal velocidad, con tanta intensidad. Y era el Espíritu Santo –la gran promesa de Cristo a sus apóstoles—quien daba impulso a la joven y naciente Iglesia. Hoy, que han pasado, más de dos mil años seguimos esperando que el Espíritu venga sobre nosotros para mejorar nuestras vidas y nuestra fe, esperanza y amor.


MONICIÓN AL EVANGELIO
Las claves de lo que es Pentecostés las encontraremos en el Evangelio de Juan: Igual que Jesús penetra en el Cenáculo en medio de personas aterradas por el miedo, así aparece hoy Jesús en nuestro corazón. Vamos a dejarle entrar; Él nos trae el amor, la paz, la fortaleza, la luz, la compañía... Y nos ofrece para siempre el Espíritu

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
--Paz a vosotros
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Palabra del Señor.

ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN:


Espíritu Santo: ven sobre todos nosotros, desciende como la lluvia y empápanos. Llénanos de tus dones: de la dulzura de tu presencia; sin ti nada es bueno, nada es recto ni auténtico.
Ven, Espíritu Santo: llénanos con tu fuerza; edúcanos en el camino de Jesús. Oriéntanos a la hora de dar tus respuestas a los viejos y nuevos problemas de esta Humanidad.
Toma nuestras vidas. Hazlas de nuevo. Sopla sobre nuestro barro.
Recréanos. Queremos ser un vaso nuevo.
Ven, Espíritu de Amor, interioriza nuestras vidas y experiencias diarias. Haznos sentir la comunión con cuantos se han dejado rehacer por ti.
Ven, ocupa nuestro corazón para que sea de verdad templo donde continuamente se adore y se alabe al Señor.
Sana nuestras enfermedades; limpia nuestra suciedad; doma todo lo rebelde, guía a quien tuerce el sendero.
Haznos volver de los caminos que no llevan a ninguna parte. Recorre despacio nuestra historia para que nada en ella quede baldío o muerto.
Haznos cantar la belleza de las cosas y personas. La belleza de tu Iglesia: sus comunidades religiosas, sus Movimientos y asociaciones.
Danos fuerza para cantar desde el dolor y la prueba. Condúcenos a nuestra plenitud de hombres hechos a la medida de Jesús, para que el Padre nos contemple y vea en nosotros sus mismos ojos y su mismo corazón.
Ven, Espíritu Santo, recrea nuestra existencia y nuestros paisajes.
Danos capacidad, no sólo de recuperarnos, sino de crear un mundo nuevo. Un mundo que no sea sino la huella del paso del Señor por nuestra vida.



PRECES

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.
Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.
* Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.
* Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.
* Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.
* Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

* Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus actuales misiones
*Señor, concede a los sacerdotes, religiosos, educadores y catequistas el don de consejo,
- para que fomenten en la Iglesia y en la sociedad el diálogo y avancen en el camino de la renovación y la unidad.
* Envía, Señor, Tú Espíritu a los que trabajan con enfermos y marginados y concédeles el don de la piedad,
- para que sepan ser testigos de amor, de la ternura y de la misericordia de Dios.
* Concede, Señor a los ancianos y a los enfermos el don de la fortaleza,
- para que después de una vida entregada al servicio de los demás y a su vivencia de la fe, sepan vivir esta última etapa de su vida con gozo y agradecimiento profundo por todo lo recibido. A los enfermos, para que se alejen de ellos todos los miedos que les impiden descubrir a Jesús en el dolor.

ORACIÓN FINAL: A LA ESPERA DE PENTECOSTÉS CON MARÍA

¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a ti.

Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra. Porque tu Hijo Jesús nos confió a ti. Porque has querido ser Madre de la Iglesia.
Te consagramos a ti: Los obispos, que a imitación del Buen Pastor
velan por el pueblo que les ha sido encomendado. Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu. Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el Reino de Cristo. Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, los moribundos.
Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos. Te pedimos por la Iglesia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos de esta tierra bendita.
Te suplicamos que toda la Iglesia se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.
¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
¡Virgen, Madre nuestra! Ruega por nosotros ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y rencores y la reconciliación de todos los hermanos.

(Oraciones a María de Juan Pablo II)

sábado, 13 de marzo de 2010

Evangelio del Domingo 14 de Marzo

San Lucas 15,1-3.11-32


Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Palabra de Dios.


COMENTARIO.

"Dios se conmueve y te abraza"

Estamos en el domingo IV de Cuaresma. Como en domingos anteriores se nos sigue invitando a la conversión:

* Domingo 1º: Tener cosas, bienes materiales, poder o fama no lleva a la felicidad. La felicidad depende de ser persona e hijo de Dios, de la humildad y del servicio al prójimo, entre otros criterios.

* Domingo 2º: La cruz es el camino de la resurrección. No es resignarse ante ciertas cruces injustas o cruces que debemos superar. Sólo se habla de la cruz imprescindible para la resurrección. El amor de Dios y a Dios capacita para afrontar las cruces de la vida, más que si uno se enfrenta a ellas sólo con las propias fuerzas.

* Domingo 3º: Purificar la idea o imagen que tenemos de Dios. Dios no castiga, es paciente y liberador. Hay que discernir nuestras falsas imágenes que nos hemos formado de Dios.

* Domingo 4º: Dios es misericordioso; hay que acercarse a él. El Evangelio de este domingo es uno de los pasajes más bellos de las Escrituras, que nos dice quién y cómo es Dios: MISERICORDIA; pero para gozar así de Dios, hay que "volver" (convertirse) a él.


He visto estos días una película "Invictus" (=no vencido ó invencible) de Clint Eastwood. No es de sus mejores películas, pero tiene un mensaje muy bueno para la celebración de hoy. Cuenta la vida de Nelson Mandela, líder de Sudáfrica que, después de estar 27 años en la cárcel por motivos políticos, por ser negro, sale "invictus" (no vencido por el rencor) con la idea de reconciliar a los blancos y negros de su país, poniéndose incluso frente a su mujer e hija; de tal forma que el capitán del equipo de rugby (deporte del que se sirve para la reconciliación), cuando visitan la prisión dónde estuvo recluso Nelson Mandela, se pregunta: ¿Qué puede pasar por la mente de una persona para poder perdonar después de tanto sufrimiento injusto? Esa es la clave. Así lo expresa el poema, escrito en la cárcel, que el protagonista da al capitán del equipo de rugby y que se relee varias veces en la película:

Más allá de la noche que me cubre

negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir

por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el Horror de la Sombra,

la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma.

Poema de Nelson Mandela en "Invictus"


El peor daño que te puede causar tu enemigo no es el mal que quiere hacerte, sino que consiga que dejes de amarle. No recuerdo de quien es esta idea, creo que de José María Cabodevilla comentando la parábola de la Misericordia en Las formas de la felicidad son ocho. Lo peor no es que te hagan daño, sino que se rompa tu capacidad de amar incluso a quienes te hacen daño.

Es curioso comprobar como Dios, al ser nuestro Padre, y enviarnos a su Hijo, es el ser más vulnerable ante la Cruz y, sin embargo, permanece INVICTUS. Dice así el salmo 129: "Pero de Ti procede el perdón, y así infundes respeto".

¡Eso es lo que hace a Dios, como nuestro Padre, conmoverse y abrazarte!

El Padre de la parábola está "invictus" ante la huída de su hijo menor, y ante el resentimiento y cerrazón de su hijo mayor, que se niega a entrar. Su capacidad de amar está intacta porque es previa y gratuita.

Nosotros estamos vencidos por el mal que hacemos y por el que recibimos. Por eso estamos llamados a hacer el recorrido de la parábola y tener la experiencia de Hijo Pródigo y de Hijo Mayor y dejar que allí nos capacite el amor de Dios para ser "Padres Misericordiosos".

Quizá todos tenemos alguna experiencia de "irnos de casa y malgastar la herencia" que pueda ser más o menos significativa en nuestra vida; y también de haber recibido un perdón inmerecido, por lo que estamos agradecidos. Es una experiencia "necesaria" para poder comprender el Amor de Dios y llevarlo a los demás. Es una idea fácil de entender, aunque suponga verdaderos desgarros vivirlo.

Pero creo que es mucho más habitual entre nosotros la experiencia de tener resentimientos contra el Padre, pues siempre estamos con él, y sopesamos una y otra vez todo lo que hemos hecho por Dios y por la Iglesia; la experiencia del Hijo Mayor. Y Dios nos dice: "Tu hermano se fue lejos, pero ha vuelto y por eso hacemos una fiesta. «Es tu distancia, estando cerca, la que más duele» -frase de una canción de José Luis Perales-. Estamos muy cerca de Dios, en su casa, bajo sus tronos, con o sin capillo… pero ¿no le tendremos cerrado el corazón?

Y el Padre nos dice: "Déjame abrazarte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele". ¡Qué lejos están tus pensamientos y criterios de los míos y no estás dispuesto ni a replantearte tu vida!; porque, eso si, ya sabes tú todo lo que tienes que hacer, como si no necesitaras de mi.

"Déjame acogerte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele"; libera tus manos y comparte con los necesitados… "Siempre que voy a tu casa, sales a despedirme ¡por si me llevo algo!" Estás muy cerca de mí, pero con la mano en la cartera.

"Déjame besarte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele"; qué lejos están tus afectos de mi: tienes el corazón lleno de otras pasiones que no son de semana santa, de otros placeres, de otras fiestas con otros corderos cebados… y sabes de antemano que no quieres renunciar a ellas.

Entra a la fiesta de tu hermano, a la fiesta del perdón, y pasa con el corazón abierto. Seguro que se rompen las resistencias cristalizadas, y te decides a entrar en la fiesta y te dejas afectar por el abrazo de la misericordia del Padre.



Gracias por llegar hasta aquí


Pedro Crespo Arias

Fuentes:

La Iglesia en Daimiel

Redacción Blog

Pedro Crespo Arias

Angel C.