

Nos la presenta el Evangelio como una mujer sencilla, sin doblez, que le plantea a Jesús sus ambiciones de madre para los dos hijos cuando Jesús tuviese instalado en su reino. Pero no se desencantó al darse cuenta por fin de que el reino de Jesús no se iba a construir sobre el poder, sino que le siguió en el último viaje desde Galilea hasta Jerusalén, que acabaría en el Calvario.

Ella proporcionó perfumes para ungir el cuerpo de Jesucristo y, el domingo de Resurrección, fue al santo sepulcro muy de mañana con sus dos compañeras Santa María Magdalena y María, madre de Santiago y comprobó que estaba vacío. Allí, encontraron a un ángel que les anunció la resurrección de Jesucristo.

En el alba de la preciosa mañana en que Cristo resucitó, tuvo la suerte de ver mucho antes que otros que lo que había dicho el Señor se había cumplido tal y como lo dijo.
Oremos.

Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a Santa María Salomé, para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Fuentes:
Iluminación Divina
Santoral Católico
Ángel Corbalán
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