
San Pablo de la Cruz, fundador de la orden de los pasionistas, enseñó el amor a la sagrada Pasión como el remedio más efectivo contra las palabras del demenio. Santa Gema Calgani llevó estas enseñanzas en el corazón y ofreció sus intensos sufrimientos por la conversión de los pecadores.

A los 19 años de edad, al escuchar la prédica espiritual de un sacerdote, San Pablo de la Cruz se sintió profundamente transformado en su interior, y decidió consagrar su vida a Dios de una manera radical. La tradición cuenta que la Virgen se le apareció, y que ella fue quien le dictó el negro hábito y la norma de vida contemplativa de lo que pronto sería la Orden de los Pasionistas, a la cual fundaría inspirado en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Retirado en 1720 a una ermita, donde se entregó a severas mortificaciones y donde recibió gracias místicas excepcionales, prolongaba su oración por lo menos durante siete horas cada día. Por entonces concibió la regla de los «Clérigos descalzos de la Santa Cruz y de la Pasión», que proyectaba fundar.
Después de haber sido ordenado de sacerdote (1726), se consagró a la predicación a través de toda Italia en misiones al estilo de fuerte tono de la época: disciplinándose en el púlpito y doblando a muerte por las noches para incitar a todos a que se preparasen para el último trance.

La Regla de los Pasionistas fue aprobada en 1741, a pesar de los titubeos de la autoridad ante su carácter austerísimo. Pablo Danci se convirtió, a partir de entonces, en Pablo de la Cruz. Multiplicó las fundaciones de los «Retiros», como llamaba a sus casas, añadiendo a la orden una rama femenina (1771).
En 1765 fijó su residencia en Roma. En 1773, el papa Clemente XIV, oyendo que Pablo había tenido por compañero a un hermano de nombre Juan, muerto con fama de santidad (1765), les confió a los Pasionistas el servicio de la antigua basílica de los Santos Juan y Pablo, en el Coelius.

Allí fue donde murió San Pablo de la Cruz el 18 de octubre de 1775.
Oración:

¡Oh glorioso San Pablo de la Cruz! Vos que meditando la Pasión Santísima de Jesucristo llegasteis a tan alto grado de santidad en la tierra y de felicidad en el cielo, y que predicándola ofrecisteis al mundo eficaz remedio para todos los males, alcanzadnos la gracia de llevarla siempre grabada en nuestros corazones, y que la propaguemos con palabras y ejemplos a fin de recoger los mismos frutos que Vos en el tiempo y en la eternidad.
Amén.
Fuentes:
Iluminación Divina
Santoral Católico
Ángel Corbalán
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