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lunes, 15 de agosto de 2022

Solemnidad de la Asunción de Santa María Virgen llena de Gloria!!






«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador»

Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres».

El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44), exclama Isabel.

                                 




Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto, su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador...» (Lc 1,46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María, que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.




La Fiesta de la Asunción de la Virgen María


                      




La fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, se celebra en toda la Iglesia el 15 de agosto. Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz partida de María de esta vida y la asunción de su cuerpo al cielo.
“En esta solemnidad de la Asunción contemplamos a María: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”. Homilía de Benedicto XVI (2010)




Oda a la Asunción de la Virgen María






Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.

¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!

De ángeles sois llevada
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:

¡Tal Reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna!
Volved los blancos ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
a este valle de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.

Que, si con clara vista,
miráis las tristes almas desde el suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de un vuelo,
como piedra de imán al cielo, al cielo.

Amén



domingo, 26 de junio de 2022

«Sígueme» (Evangelio Dominical)

 

 

Hoy, el Evangelio nos invita a reflexionar sobre nuestro seguimiento de Cristo. Importa saber seguirlo como Él lo espera. Santiago y Juan aún no habían aprendido el mensaje de amor y de perdón: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» (Lc 9,54). Los otros convocados aún no se desprendían realmente de sus lazos familiares. Para seguir a Jesucristo y cumplir con nuestra misión, hay que hacerlo libres de toda atadura: «Nadie que (...) mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios» (Lc 9,62).

Con motivo de una Jornada Misionera Mundial, San Juan Pablo II hizo un llamamiento a los católicos a ser misioneros del Evangelio de Cristo a través del diálogo y el perdón. El lema había sido: «La misión es anuncio de perdón». Dijo el Papa que sólo el amor de Dios es capaz de hermanar a los hombres de toda raza y cultura, y podrá hacer desaparecer las dolorosas divisiones, los contrastes ideológicos, las desigualdades económicas y los violentos atropellos que oprimen todavía a la Humanidad. Mediante la evangelización, los creyentes ayudan a los hombres a reconocerse como hermanos.






Si nos sentimos verdaderos hermanos, podremos comenzar a comprendernos y a dialogar con respeto. El Papa ha subrayado que el empeño por un diálogo atento y respetuoso es una condición para un auténtico testimonio del amor salvífico de Dios, porque quien perdona abre el corazón a los demás y se hace capaz de amar. El Señor nos lo dejó dicho en la Última Cena: «Que os améis los unos a los otros, así como Yo os he amado (...). En esto reconocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,34-35).

Evangelizar es tarea de todos, aunque de modo diferente. Para algunos será acudir a muchos países donde aún no conocen a Jesús. A otros, en cambio, les corresponde evangelizar a su alrededor. Preguntémonos, por ejemplo, si quienes nos rodean saben y viven las verdades fundamentales de nuestra fe. Todos podemos y debemos apoyar, con nuestra oración, sacrificio y acción, la labor misionera, además del testimonio de nuestro perdón y comprensión para con los demás.



 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,51-62):




Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Palabra del Señor

 

 

 

COMENTARIO

 

 


 

Las Lecturas de hoy nos hablan de escogencia y de seguimiento a Dios, y de la respuesta que Él espera de nosotros.

 

La Primera Lectura (1 Rey 19, 16-21) nos habla de la escogencia y consagración del Profeta Eliseo por parte del Profeta Elías.  Eliseo dejó sus posesiones (doce pares de bueyes).  Sólo pidió despedirse de sus padres e inmediatamente siguió a Elías.  Notemos que los afectos familiares están presentes, pero Dios tiene derecho de pedir a cualquiera de nosotros que dejemos todo para seguir su llamado.  En el caso de Eliseo, lo llamó ¡nada menos! que para ser Profeta en lugar de Elías.  Por eso Elías le dice: “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”.

 

En el Salmo pedimos al Señor que nos enseñe nuestro camino: “Enséñame, Señor, el camino de la vida”.  “Yo siempre he dicho que Tú eres mi Señor”.  Es decir, Dios es nuestro Dueño.  ¡Qué fácil decir esto!  Pero ¡qué difícil aceptarlo y practicarlo!  Porque nos creemos nuestros propios dueños.  Y no es así.  Bien rezamos en el Salmo: “mi vida está en sus manos”.  Tan en manos de Dios está nuestra vida que ¡cada latido de nuestro corazón depende de Él!

 

En la Segunda Lectura (Gal 5, 1 y 13-18) San Pablo nos habla de la libertad.  “Cristo nos ha liberado, para que seamos libres”.  Sí.  Cristo nos liberó del secuestro en que nos tenía el Demonio.  Después de la redención de Cristo somos libres del pecado y de la muerte en que nos tenía Satanás.  Por eso San Pablo nos advierte de que no volvamos a caer en lo mismo.  “No se sometan de nuevo”.  Nuestra vocación, nos dice el Apóstol, “es la libertad”. 

 

Y entonces, nos habla del recto uso de la libertad.  Libertad no es libertinaje.  Libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana.  Eso sería “tomar la libertad como un pretexto para satisfacer el egoísmo”.  Más bien nos dice que, en esa libertad, debemos hacernos “servidores unos de los otros por amor... pues si ustedes se muerden y se devoran mutuamente, acabarán por destruirse”.  Es lo que vemos a nuestro derredor.

 

Y todo porque no vivimos “de acuerdo a las exigencias del Espíritu”, sino que nos hemos dejado “arrastrar por el desorden egoísta del hombre.  Este desorden está en contra del Espíritu de Dios”.

 

Y ese desorden que promueve el Maligno “es tan radical, que nos impide hacer lo que querríamos hacer”.  Nos impide ser verdaderamente libres.

 


Creemos que somos libres y que estamos siendo libres.  Pero no lo somos.  Somos realmente libres cuando, usando nuestra libertad, nos sometemos libremente a la Voluntad de Dios.

 

En el Evangelio (Lc 9, 51-62) vemos a Jesús “tomando la firme determinación de emprender viaje a Jerusalén, cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo”.  Sabía que allí sería juzgado injustísimamente, para luego morir crucificado.  Y, con "firme determinación”, siguió el camino hacia su inmolación en la cruz.

 

En la ruta se presenta un inconveniente con los samaritanos, quienes no quisieron recibirlo.  Para ir a Jerusalén tenía que pasar por Samaria, pero samaritanos y judíos se despreciaban mutuamente.  Santiago y Juan quieren hacer un mal uso del poder de Dios.  “¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos”?  Jesús, por supuesto, los reprende.  Y decide hospedarse en otra aldea.

 

Y, mientras iba de camino, tres candidatos -pero no a Presidente o a algún cargo público- sino a discípulos de Cristo, se cruzan con ellos. Y esos tres “candidatos” representan a los muchos candidatos a discípulos que el Señor ha tenido y que seguirá teniendo hasta que llegue el fin del mundo.

 

El primero se acerca al Maestro para ofrecérsele como seguidor suyo: “Te seguiré dondequiera que vayas”, le dijo a Jesús.  Y éste le informa de una de las condiciones que tendrá que afrontar: no hay seguridades terrenas.  Al Jesús advertirle: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”, le hace ver que hasta los animales tienen una casa, un sitio donde vivir, pero El no tiene un sitio para dormir.

 

¿Cómo puede ser esto?  ¿Jesús no tenía casa?  Mientras vivió en Nazaret, antes de comenzar su predicación, efectivamente tenía donde vivir.  Pero al comenzar su vida pública andaba como un peregrino, quedándose donde lo recibieran; pasaba las noches orando en un monte, o acampaba en algún lugar en despoblado, es decir, a la intemperie.

 



El hogar es la base de la seguridad terrena.  Y el Señor advierte que quien quiera seguirlo debe desprenderse de las seguridades y ventajas terrenas.  ¿Significa que debemos quedarnos sin casa o habitación?  No.  Al menos no todos.

 

Los que siguen a Jesús en la vida religiosa tienen que tener este desprendimiento especial de no tener hogar propio.  Pero los que no tenemos voto de pobreza y vivimos en el mundo, por supuesto tenemos nuestros hogares, pero debemos aprender a seguir a Cristo sin intereses mezquinos ni segundas intenciones y, además, sin importarnos que el camino a donde nos lleve ese seguimiento pueda tornarse -como de hecho suele suceder- incómodo, difícil, sin seguridades, en confianza ciega a lo que nos vaya exigiendo Dios, llegando -incluso- a la inmolación total.

 

Al segundo candidato Jesús es quien le pide que le siga y éste le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”.  La respuesta de Jesús es fuerte: “Deja que los muertos entierren a sus muertos.  Tú, ve y anuncia el Reino de Dios”.

 

Es probable que la petición del candidato a discípulo no haya sido simplemente para ocuparse del entierro de su padre muerto, sino que era una expresión para significar que quería ocuparse de su padre mientras viviera.  En todo caso, la respuesta del Señor indica que cuando Él llama, desea que se le responda de inmediato, sin retrasos.

 


Porque... ¿qué significa amar a Dios sobre todas las cosas?  Significa ponerlo a Él primero que todo y también primero que todos.  Si Dios urge nuestro servicio, el responderle a Él va primero que todo.

 

Y con relación a la fuerte respuesta de Jesús (“que los muertos entierren a sus muertos”), pareciera que el Señor se refiere a los muertos en sentido espiritual.  Posiblemente “vivos” serían los que Él llama para anunciar el Reino de Dios, y “muertos” los “muertos” a la gracia, que estaban cerrados al mensaje de salvación que Cristo vino a traer.

 

El tercer candidato es probable que ya haya sido seguidor de Jesús, y que le haya pedido autorización para volver por un tiempo a su familia: “Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”.  La respuesta de Jesús se refiere a la inconstancia: “El que empuña el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios”.

 

¡Cuántas excusas!  ¡Cuánta falta de perseverancia en el servicio a Dios!  ¡Cuántas marchas y contra-marchas!  Para seguir a Cristo hay que tener, como decía Santa Teresa de Jesús, “una determinada determinación”, que es lo mismo que decir: “una decidida decisión”.  Porque vienen los momentos de decaimiento, desaliento, incomprensiones y persecuciones, y de tentaciones también.  Y -ya lo dice el Señor a este tercer candidato- hay que saber que no hay vuelta a atrás.  Hay que seguir adelante. “¡Más hubiera valido no empezar!”, también exclama Santa Teresa.

 

Todo esto se aplica muy especialmente a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, pero también se nos pueden presentar momentos decisivos a las demás personas que formamos parte de los seguidores de Cristo.

 



Es en esos momentos cuando necesitamos tener perseverancia.  A veces hasta habría que renunciar a cosas lícitas, como pueden ser los bienes materiales, nuestra seguridad, ciertas comodidades, nuestra realización personal.  Y es que el Señor pueda que nos pida dejar de lado todas o algunas de estas cosas para seguirlo a Él. 

 

 















Fuentes:

Sagradas Escrituras

Evangeli.org

Homilia.org

viernes, 8 de abril de 2022

Hoy es… Viernes de Dolores !!

 



El “Viernes de Dolores” es el viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la última semana de la Cuaresma, conocida por la Iglesia como “Semana de Pasión”. En algunos lugares es considerado como el inicio de la Semana Santa, al iniciarse en éste los desfiles procesionales. Este día conmemora el dolor que sufrió la Virgen María por la muerte de su hijo.

Hoy es Viernes de Dolores, dentro de dos días Jesús hará su entrada triunfal en Jerusalén, montado en una burrita, y cumplirá paso por paso, lo encomendado por “SU PADRE”, “NUESTRO PADRE DIOS”. Para los que no lo sepan, el Viernes de Dolores es el viernes, antes del Domingo de Resurrección, incluido dentro de lo que los cristianos llamamos “LA SEMANA DE PASIÓN”, en este día, nos acordamos de Nuestra Madre María, de su sufrimiento, ya que sabiendo el destino de su único Hijo, Nuestro Padre Jesús, no se opuso, y tragando su pena, supo aceptar en ella la voluntad de Dios, este es el segundo gran momento, para mí en la vida de Nuestra Madre, el primero aceptar su embarazo sin conocer varón, vencer esas habladurías de la época, y el segundo, tener que sufrir perder a su Hijo, todo un ejemplo de AMOR, CARIDAD y FORTALEZA, el de nuestra Madre María Santísima.

Estamos ante un momento de júbilo, porque Jesús cumple su destino, para salvarnos a los hombres y mujeres de la Tierra. Pero también estamos en un momento de reflexión, un tiempo de limpieza diría yo, es un gran momento para hacer “limpieza general en nuestra mente y en nuestro corazón”, es un momento de acompañar a Cristo en cada uno de sus pasos, momento de sufrir sus azotes, su juicio, su cruz, su muerte, y de alegrarnos con su Resurrección, y es que “Ese hombre que era hombre y era Dios”, nos dio una Palabra de Amor, y es esa Palabra la que aquí nos une aquí.

Himno.


“La palabra que nos une,
que nos une hoy aquí,
nos ayuda a ver mejor,
la enseñanza que nos dio,
aquel hombre que era hombre
y era Dios”.



Y es comienzo de procesiones en Andalucía.


 
• En la Semana Santa en Sevilla procesionan sin realizar la Carrera Oficial un total de seis hermandades: Hermandad de Jesús de Nazaret, Hermandad de Padre Pío, Hermandad de la Misión, Hermandad de La Corona, Hermandad de Pasión y Muerte y Hermandad del Dulce Nombre de Bellavista.

• En Loja (Granada) el Viernes de Dolores Procesiona la Santísima Hermandad de la Virgen de los Dolores, de la orden Servita, esto es el inicio de la Semana Santa en Loja.

• En Purchil - Vegas del Genil (Granada) sale procesionalmente la patrona, Nuestra Señora de los Dolores.

• En el distrito del Puerto de la Torre, Málaga, cada Viernes de Dolores tiene lugar la procesión de la Cofradía Sacramental del Santísimo Cristo de la Hermandad y Caridad, Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista, conocida popularmente como los Dolores del Puerto de la Torre. Se trata de una antigua cofradía que no se encuentra en el seno de la Agrupación de Cofradías de Málaga pero que goza de un gran fervor popular. Además procesionan otras hermandades de la ciudad de Málaga, como la de la Mediadora en el distrito Carretera de Cádiz.

• La Semana Santa en el Valle de Abdalajís, Málaga comienza con el Viernes de Dolores, al procesionar María Santísima de los Dolores, patrona de todos los vallesteros











Fuentes:
Iluminación Divina
Santoral Católico
porlafamiliaporlavida.org
Ángel Corbalán

domingo, 23 de mayo de 2021

«Recibid el Espíritu Santo» (Evangelio Dominical)


                               

              

Hoy, en el día de Pentecostés se realiza el cumplimiento de la promesa que Cristo había hecho a los Apóstoles. En la tarde del día de Pascua sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22). La venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés renueva y lleva a plenitud ese don de un modo solemne y con manifestaciones externas. Así culmina el misterio pascual.


El Espíritu que Jesús comunica, crea en el discípulo una nueva condición humana, y produce unidad. Cuando el orgullo del hombre le lleva a desafiar a Dios construyendo la torre de Babel, Dios confunde sus lenguas y no pueden entenderse. En Pentecostés sucede lo contrario: por gracia del Espíritu Santo, los Apóstoles son entendidos por gentes de las más diversas procedencias y lenguas.

El Espíritu Santo es el Maestro interior que guía al discípulo hacia la verdad, que le mueve a obrar el bien, que lo consuela en el dolor, que lo transforma interiormente, dándole una fuerza, una capacidad nuevas.

El primer día de Pentecostés de la era cristiana, los Apóstoles estaban reunidos en compañía de María, y estaban en oración. El recogimiento, la actitud orante es imprescindible para recibir el Espíritu. «De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (Hch 2,2-3).


                           





Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a predicar valientemente. Aquellos hombres atemorizados habían sido transformados en valientes predicadores que no temían la cárcel, ni la tortura, ni el martirio. No es extraño; la fuerza del Espíritu estaba en ellos.

El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, es el alma de mi alma, la vida de mi vida, el ser de mi ser; es mi santificador, el huésped de mi interior más profundo. Para llegar a la madurez en la vida de fe es preciso que la relación con Él sea cada vez más consciente, más personal. En esta celebración de Pentecostés abramos las puertas de nuestro interior de par en par.



Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):


                     




AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

 

 

 

COMENTARIO






El nombre “Pentecostés” indica los cincuenta días que se contaban desde la salida del pueblo hebreo de Egipto guiados por Moisés, hasta la celebración de la Alianza en el Monte Sinaí.  Era una fiesta que celebraban los judíos.  Y es en ese día cuando sucede la Venida del Espíritu Santo a los Apóstoles.  Esto ocurre 50 días después de la Resurrección del Señor y 10 días después de su Ascensión al Cielo.

 

Pentecostés marca el comienzo de la actividad apostólica en la Iglesia, porque fue justamente al recibir al Espíritu Santo que los Apóstoles comenzaron a cumplir el mandato que Jesús dejó antes de su Ascensión al Cielo:  predicar su mensaje de salvación a todos (Mt. 28, 19-20)

 

Algo parecido a ese mandato leemos en el Evangelio de hoy, el cual nos narra una de las apariciones de Jesús resucitado a los Apóstoles (Jn. 20, 19-23):  “‘Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo’.  Dicho esto, sopló sobre ellos y el dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo’”.

 

Pero ... pensemos ... ¿Quién es el Espíritu Santo?  El Espíritu Santo es nada menos que el Espíritu de Dios; es decir, el Espíritu de Jesús y el Espíritu del Padre.  Él es la presencia de Dios en medio de nosotros.  El Espíritu Santo es el cumplimiento de esta promesa de Jesús: “Mirad que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

 




El Espíritu Santo nos asiste a cada uno de nosotros en nuestro camino a la meta que Dios nos ha señalado.  ¿Cuál es esa meta?  Nada menos que el Cielo.  Y ¿quiénes van al Cielo?   Aquéllos que cumplan la Voluntad de Dios en esta vida.

 

El Espíritu Santo se ocupa de muchas cosas nuestras.  Tal vez la principal sea nuestra santificación.  ¿Qué es nuestra santificación?  El hacernos santos.   Pero ¿no será esa palabra demasiado osada?  Ni mucho.  Porque ser santo, no es que sea muy fácil lograrlo, pero sí es fácil definirlo.  Es lo mismo que decíamos del Cielo:   ser santo es hacer la Voluntad de Dios en esta vida.   Y es el Espíritu Santo Quien con sus suaves inspiraciones nos va sugiriendo cómo andar por el camino de la santidad, cómo ir amoldando nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.

 

Se ha comparado el Espíritu Santo con la brisa. Porque, en efecto, Él es como una suave brisa que, como nos dice el Señor “sopla donde quiere” (Jn. 3, 8).  Ahora bien, si el Espíritu Santo es la brisa, nosotros debemos ser como las velas de una barca, siempre en posición de ser movidos por esa brisa, esa brisa que nos llevará al Cielo.  Dejarnos mover por esa brisa significa ser perceptivos a lo que el Espíritu Santo nos vaya inspirando.  Pero, más importante aún, es ser dóciles a esas inspiraciones.  Así podremos llegar a la meta.

 

El Espíritu Santo ha sido comparado también con fuego.  Porque, en efecto, el Espíritu Santo también se manifiesta así:  como fuego, como calor abrasador, como calor en el pecho ...  El fuego que ardía en el corazón de los peregrinos de Emaús, mientras oían hablar a Jesús resucitado era el Espíritu Santo:  “¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” se dijeron los discípulos de Emaús en cuanto Jesús se les desapareció.  (Lc. 24, 32).

 

Vemos en la Primera Lectura que el Espíritu Santo se presentó como una ráfaga fuerte de viento y descendió en forma de lenguas de fuego a los discípulos reunidos en torno a la Santísima Virgen el día de Pentecostés (Hech. 2, 1-11).

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad.  Así nos dijo Jesucristo: “Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora.  Pero cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, Él los llevará a la verdad plena ... Él les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn. 16, 12 y 14, 26).

 

                          




Así que el Espíritu Santo es Quien nos lleva a conocer y a vivir todo lo que Cristo nos ha dicho; es decir, nos lleva a conocer y a aceptar el Mensaje de Cristo en su totalidad:  nos lleva a la Verdad plena.

 

Es tan importante la acción del Espíritu Santo en nuestra vida que, nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (1Cor. 12, 3-7.12-13) que ni siquiera podemos reconocer a Jesús como Dios, si no nos lo inspira el Espíritu Santo:  “nadie puede llamar a Jesús ‘Señor’ si no es bajo la acción del Espíritu Santo”.   En esto consiste el don de la Fe.  Es un regalo de Dios, del Espíritu de Dios.

 

También sabemos por esta lectura y por la experiencia cristiana que el Espíritu Santo nos capacita para cumplir la tarea de evangelización que, como bautizados, todos tenemos que realizar.

 

Y es el Espíritu Santo el que hace comunidad entre nosotros, seamos quienes seamos, vengamos de donde vengamos.  El Espíritu Santo, como el viento “sopla donde quiere”, le dijo Jesús a Nicodemo (Jn. 3, 8).  Como dice San Pablo en la Segunda Lectura:  no importa la raza, ni la condición (“judíos o no judíos, esclavos o libres”), hemos sido llamados para formar el Cuerpo Místico de Cristo.  Y en éste, cada uno tiene un tipo de función, a la cual Cristo nos ha llamado.

 

En Pentecostés conmemoramos la Venida del Espíritu Santo a la Iglesia y rogamos porque ese Espíritu de Verdad se derrame en cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia.  En efecto vemos también en esta Segunda Lectura cómo actúa el Espíritu Santo en la Iglesia.  “Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.  En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.  Y nos da el Espíritu Santo diferentes funciones a cada uno, como los diferentes miembros de un cuerpo tiene cada uno su función, pero todos formamos un mismo cuerpo:  el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.

 

¿Cómo fue esa primera venida del Espíritu Santo?  Recordemos que los Apóstoles habían visto a Jesús irse de la Tierra, cuando ascendió al Cielo, y sabían que ya Él no estaba con ellos como antes.  Cierto que en los cuarenta días que transcurrieron entre su Resurrección y su Ascensión, Jesús Resucitado estuvo apareciéndoseles para fortalecerlos en la fe.  Y ellos sabían que después de la Ascensión debían continuar su camino y cumplir la misión que les había encomendado.  Pero ahora sería diferente, pues serían acompañados y conducidos por el Espíritu Santo.

 

                         




Vamos a recordar cómo estaban los Apóstoles antes de Pentecostés.  Vemos a los Apóstoles con miedo, escondidos no fuera que los mataran a ellos también.  Y antes de eso, eran bien torpes para comprender las enseñanzas de Jesús.

 

Pero veamos en la Primera Lectura (Hech. 2, 1-11) y continuando a lo largo del libro de los Hechos de los Apóstoles cómo, luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, los vemos irreconocibles. Cambiaron totalmente:  se lanzaron a predicar sin ningún temor a ser perseguidos, con una sabiduría totalmente nueva en ellos.  Hasta se les soltaron las lenguas con un especial poder de lenguaje dado por el Espíritu Santo: cuando hablaban cada oyente los entendía en su propio idioma.

 

Comenzaron a llamar a todos a la conversión, bautizaban a los que aceptaban el mensaje de Jesucristo.  Formaban discípulos y comunidades, ayudaban a los necesitados.  Cuando los reprendían y los amenazaban, ahora no les importaba.  Seguían sólo las órdenes que Jesús les había dejado, no las que le daban las autoridades.  Sufren todo tipo de persecuciones, y hasta llegan al martirio.

 

¿Cómo pudo suceder todo esto?  Fue obra del Espíritu Santo.  Es decir, el protagonista fue el Espíritu Santo.  Pero es importante observar qué hacían los Apóstoles antes de Pentecostés para poder imitarlos y también nosotros recibir el Espíritu Santo:  “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu ... en compañía de María, la Madre de Jesús ... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46).

 

El secreto de la acción del Espíritu Santo en nosotros y a través de nosotros está en la oración:  oración perseverante, frecuente, con entusiasmo, con la Santísima Virgen María.  ¡Ven, Espíritu Santo!

 

Oración maravillosa para este tiempo de Pentecostés -y para todo momento- es la Secuencia del Espíritu Santo, que forma parte de la Liturgia de este Domingo y con la que hemos invocado al Espíritu Santo:

 

 

HIMNO AL ESPIRITU SANTO (SECUENCIA DE PENTECOSTES)

 

              



 

Ven, Espíritu Divino,
manda tu Luz desde el Cielo,
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido,
Luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

 

Ven dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos,
mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro,
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas e infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte todos tus dones,
según la fe de tus siervos,
por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito,
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.



Amén.

 









Fuentes:

Sagradas Escrituras

Homilias.org

Evangeli.org

lunes, 17 de mayo de 2021

X Aniversario de la Entronización de Nuestra Señora de la Dulce Espera, en San García Abad!!

 

"Bienvenido Mayo, y con alegría;
por eso roguemos a Santa María
que pida a su Hijo aún todavía
que de pecado y locura nos guarde.
Bienvenido Mayo.
Bienvenido seas, y con alegría.".
(Alfonso X El Sabio)



Y en Mayo, tenía que ser !

Hoy 17 de Mayo, se cumplen 10 años de este gran acontecimiento mariano. Como si desde el cielo llegara, desde el pueblo hermano de Argentina, nuestra amiga y hermana, la Sra. Norma Beatriz González Fernández de Philipps, nos trajo para estar con nosotros, la imagen de María, Madre de la Dulce Espera.

En una carta del Presbítero D. Daniel Moreno, párroco de la Iglesia Catedral de Quilmes (Buenos Aires) que portaba nuestra hermana Norma, dirigida a nuestro párroco, reverendo José Carlos Del Valle , comunicaba que…

"La Señora Norma Beatriz González Fernández de Philipps, miembro de la comunidad parroquial de la Iglesia Catedral de Quilmes, la acompaña y nos dona, la imagen de María, Madre de la Dulce Espera, la que es gemela de la que fue entronizada en dicha Catedral el 15 de Octubre de 2009. Esta imagen perteneció a la familia de Norma en acción de gracias por la llegada de sus nietos.

Es cuando, Norma, habiendo descubierto el interés y devoción del padre José Carlos del Valle, hacia Nuestra Señora de La Dulce Espera, quien había sido su párroco en San Bernardo (Argentina), Norma, le promete algún día llevarle una réplica allá donde él estuviera de párroco.

La Comunidad de Quilmes, acompaña con su oración a esta celebración, La Liturgia de Entronización de Nuestra Señora de la Dulce Espera, en ese día.

Comparten con nosotros la alegría por los frutos de esta devoción que nos compromete a todos a alentar la opción por la vida.

                                




"La Señora Norma Beatriz González Fernández de Philipps, miembro de la comunidad parroquial de la Iglesia Catedral de Quilmes, la acompaña y nos dona, la imagen de María, Madre de la Dulce Espera, la que es gemela de la que fue entronizada en dicha Catedral el 15 de Octubre de 2009. Esta imagen perteneció a la familia de Norma en acción de gracias por la llegada de sus nietos.


Es cuando, Norma, habiendo descubierto el interés y devoción del padre José Carlos del Valle, hacia Nuestra Señora de La Dulce Espera, quien había sido su párroco en San Bernardo, Norma, le promete algún día llevarle una réplica allá donde él estuviera de párroco.

La Comunidad de Quilmes, acompaña con su oración a esta celebración, La Liturgia de Entronización de Nuestra Señora de la Dulce Espera, en ese día.

Comparten con nosotros la alegría por los frutos de esta devoción que nos compromete a todos a alentar la opción por la vida.

Se unen con nuestra comunidad parroquial, comprobando que la devoción a María Santísima es el camino más corto para llegar a su Hijo Jesús, nuestro Hermano y amigo que se hace Pan, para llamarnos a su mesa y saciar nuestro hambre de amor, de paz y de solidaridad.

Y para finalizar, hacen suyas la alegría de nuestra comunidad al recibir esta imagen de María Madre de la Dulce Espera, comprobando una vez más, que María, la Madre de Jesús y también nuestra, no sabe de distancias ni fronteras, sólo quiere llegar a quienes con amor y sencillez la esperan.".

Desde nuestra Comunidad de San García Abad, queremos agradecerle tanto al párroco de la Iglesia Catedral de Quilmes y a la Señora Doña Norma Beatriz González Fernández de Philipps, que hayan traído hasta nosotros a nuestra María, nuestra Madre, Nuestra Señora de la Dulce espera.

Muchas gracias y que Dios, nuestro Señor, los bendiga.!






A continuación, la señora doña Norma Beatriz González Fernández de Philips, ilustre comunicadora e investigadora mariana, tomó la palabra para hacernos una breve historia de la advocación de María, Nuestra Señora de la Dulce Espera.


Resulta que, la parroquia devotense de Quilmes, alberga en la calle José Cubas la imagen más venerada en toda la Argentina por las creyentes embarazadas. Todos los sábados primeros de cada mes, se repite la ceremonia de bendición de escarpines y la procesión de madres que se acercan para agradecer el éxito de sus partos.


Celebración que se lleva a cabo en la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Villa Devoto . La Sra. Norma González de Phillips, nos explica que… “Esta advocación de la Virgen María embarazada, considerada por la Iglesia Católica como la “patrona de las madres que esperan un hijo”, cuenta con su versión más reconocida en toda la Argentina allí, en dicho barrio.”.

También, añadió; “Si bien la devoción por la imagen de La Virgen María embarazada de Jesús es antiquísima, en Argentina sufrió un nuevo impulso desde la instalación de una virgen de piedra en la parroquia de la calle José Cubas, donde se encuentra el Seminario Mayor de Buenos Aires. ¿Donde mejor podía haber elegido Ella.”.



Y argumentó que; “La misma fue trasladada al país luego de que un matrimonio argentino le rezara cuando estaba ubicada en una cripta de la catedral de Santiago de Compostela, pidiendo por su hija, quien no lograba quedar embarazada. Años después, la hija por la cual pedían tuvo dos hijos y, a partir de entonces, sus padres se comprometieron a llevar la imagen ante la cual habían rezado a la Argentina.


Así fue que, previa aprobación eclesiástica, la estatua de piedra tiene un sitio hoy en la Parroquia Inmaculada Concepción de Villa Devoto.

Allí, los primeros sábados de cada mes, las autoridades de la parroquia deben duplicar la cantidad de misas –de dos a 4- y se bendicen escarpines por decenas que, como indica la tradición, son entregados a mujeres embarazadas que cursan el 8º o 9º mes de gestación. Al mismo tiempo, madres que recibieron esos escarpines, vuelven un mes después del parto con el objeto de agradecer a la patrona.”.

Por supuesto, nuestra amiga Norma, nos hablaba de celebraciones con más de 1000 fieles. Que admiración!!




Tras a exposición oral llevada a cabo por la Sra. González de Phillips, se continuó con la ceremonia litúrgica, bendiciendo la imagen y al finalizar la celebración con oración y cánticos a Nuestra Señora de la Dulce Espera, nuestro párroco, reverendo José Carlos Del Valle Ruiz, presentó ante la imagen de Nuestra Señora...





A embarazadas...





Niños...


y a continuación , fueron desfilando los feligreses presentes para besar y orar ante la imagen de Nuestra Señora, que ya está aquí para quedarse entre nosotros.






Más tarde, en procesión se colocó la imagen en su lugar asignado en el Templo y junto, a nuestro patrón San García Abad.

               



A partir de entonces, podíamos decir que, en nuestra parroquia y en la ciudad de Algeciras, ya está con nosotros, María Santísima, Nuestra Señora de la Dulce Espera!

                    




Desde aquí, seguimos pidiendo que interceda ante Jesús, su hijo y hermano nuestro , por todos nosotros, nuestras familias y amigos.

Además, dulce Madre mía, fíjate especialmente en aquellas mujeres que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño.

Que puedan sentir el amor del Padre ,y que descubran que cada niño que viene al mundo es una bendición.


Amén.



Comunicación de la cesión de la Imagen de Nuestra Señora de la Dulce Espera, de doña Norma Beatriz González de Philips a la Parroquia de San García Abad de Algeciras (Cádiz-España) y refrenda el Párroco de la Catedral de Quilmes (Argentina).


                   


 Durante años, los primeros sábados de cada mes, tradición de Quilmes, en nuestra parroquia de San García Abad, se han celebrado tras el Santo Sacrificio de la Misa, una oración y bendición en honor de Nuestra Señora de la Dulce Espera, donde muchas madres, familiares y feligreses, solicitaban la intermediación de Nuestra Señora para los diferentes fines relacionados con la dulce espera y salud de embarazos o adopciones... actualmente, rogamos para que regrese a tener ese lugar preferente y que , según diferentes personas que manifestaron sus alegrías a las atenciones de sus oraciones a Nuestra Señora, continúe estando más cerca del altar y no tanto de la puerta... como diría nuestra hermana Norma, Nuestra Señora, elige, al final, donde quiere estar.

Viva Nuestra Señora de la Dulce Espera!!