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sábado, 16 de enero de 2010

Evangelio del Domingo 17 de Enero (Juan 2,1-11)

EVANGELIO: Juan 2,1-11

"En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:«Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.


Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio.......


Caná estaba situada a poco más de una hora de camino de Nazaret. Allí se encontraba María. El interés que la Virgen muestra y su actividad en la boda señalan que no es una simple invitada. Es muy posible que los novios fueran parientes o al menos, amigos íntimos. San Juan la llama en el evangelio la madre de Jesús, nombre con que la veneraban los primeros cristianos.

No se nombra a San José, lo que nos hace suponer que ya había muerto.Era costumbre que las mujeres amigas de la familia preparasen todo lo necesario. Y la Virgen, mientras colaboraba en los preparativos, recordaría su propia boda hacía ya unos buenos años atrás. Llevaba meses sin ver a Jesús. Ahora lo encuentra allí, en Caná.

El Señor acababa de llegar de Judea con sus discípulos y María los conoció en la Boda. Es el primer encuentro de María con Juan, con Pedro. No sabemos que impresión les produjeron a la Virgen. Juan estaba muy lejos de saber que aquella mujer sería también, unos años más tarde, su Madre, y que Jesús le encargaría cuidar de ella.

Al final de la fiesta comenzó a faltar el vino. Esta bebida era uno de los ingredientes indispensables en el banquete de bodas. En las bodas judías una alegría desbordante. Los judíos, especialmente la gente sencilla, de ordinario no bebían vino, pero lo reservaban para las fiestas, sobre todo para las bodas.

La Virgen se dio cuenta enseguida de lo que pasaba. Los jarros ya no volvían llenos de la pequeña bodega. Pero estaba Jesús, su Hijo. Acababa de inaugurase públicamente la predicación y el ministerio del Mesías. Ella lo sabe mejor que nadie. Con motivo del problema de la falta del vino surge el diálogo que escuchamos en el evangelio de hoy, que está lleno de interés. La madre de Jesús le dijo: no tienen vino.

Pide, sin pedir. Expone una necesidad: no tienen vino. Jesús le respondió con unas palabras algo misteriosas: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía".

La llama Mujer, que encierra un gran respeto y cierta solemnidad y puede traducirse por Señora.

La volverá a emplear Jesús en la cruz. Y a continuación utiliza un giro idiomático que es preciso interpretar en su propio contexto. Por debajo de las palabras existe un lenguaje oculto, de mutuo entendimiento, entre María y su Hijo, que nosotros apenas podemos descubrir a través del texto.

Y a continuación añade Jesús: Mi hora no ha llegado todavía. Jesús quiere indicar que aún no había llegado el momento de manifestar su poder divino al mundo mediante los milagros.

María sabía, sin embargo, que, a pesar de todo, lo iba a mostrar; y de hecho lo muestra. Unos momentos antes no había llegado el momento, pero luego de la intervención de María, el momento llega...

En medio de una fiesta de Bodas, María pide a Jesús que haga un milagro de carácter casi familiar y doméstico. Y así llegó la hora. En Nazaret no habían abundado los milagros. Los días habían transcurrido llenos de normalidad; los parientes que habían vivido a su lado no tenían la menor idea del poder de Jesús y les costó mucho convencerse de que no era un hombre como todos.

En Nazaret, pocos creyeron en El. Ahora, la petición de su Madre, movida por el Espíritu Santo, pudo ser el comienzo de la hora de su Hijo. Ella nunca le había pedido nada extraordinario, por muy grande que fuera la necesidad: ni alimentos, ni ropa, ni salud. Si ahora se dirige a El debe ser porque se siente impulsada por el Espíritu Santo a hacerlo.María conocía bien el corazón de su Hijo.

Por eso, actuó como si hubiera accedido a su petición inmediatamente: "Hagan todo lo que Él les diga", les dice a los sirvientes. San Juan, testigo del milagro, escribe que había allí seis tinajas de piedra cada una con capacidad de dos o tres metretas. No eran vasijas para vino sino para agua, para las purificaciones.

La metreta correspondía a algo menos de 40 litros. Por lo tanto, cada uno de estos cántaros podrían contener entre 80 y 120 litros, y en total 480 a 720 litros entre las seis.

El evangelio tiene interés en señalar el número y la capacidad de las vasijas para poner de manifiesto la generosidad del Señor, como hará también cuando narre el milagro de la multiplicación de los panes, pues una de las señales de la llegada del Mesías era la abundancia de bienes.

Estas vasijas habían quedado en gran parte vacías, pues las abluciones lugar al comienzo de los banquetes. Jesús mandó que las llenaran.

Y San Juan nos dice que los sirvientes las llenaron hasta arriba. Jesús se dirigió a ellos y les dijo: "Saquen ahora, y lleven al encargado del banquete".Cuando el encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento".

Hubiera bastado un vino normal, o incluso peor al que se había ya servido, y muy probablemente hubiera sido suficiente una cantidad mucho menor. Pero el Señor siempre da con generosidad. Aquellos primeros discípulos, entre los que se encuentra San Juan, quedaron asombrados.

El milagro sirvió para que dieran un paso adelante en su fe, que recién comenzaba. Jesús los confirmó en su entrega, como hace siempre con los que le siguen."Hagan todo lo que Él les diga".

Estas son las últimas palabras de Nuestra Señora en el evangelio. No podían haber sido mejores. Después de contemplar este primer milagro de Jesús, pidamos a María que seamos siempre fieles en el cumplimiento del mensaje que ella nos deja: "Hagan todo lo que Él les diga".

Domingo II del Tiempo Ordinario

jueves, 14 de enero de 2010

Oración Comunitaria San García Abad, Viernes 15 de Enero


ALABANZAS AL SANTÍSIMO

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO


INTRODUCCIÓN

En el evangelio de este domingo, Juan nos relata como Jesús comenzó sus “signos” en la boda que se celebró en Caná de Galilea. Lo más importante para el evangelista no fue el hecho de que Jesús convirtiera el agua en vino, sino lo que Jesús quería dar a entender con este hecho.
Lo que Juan quiere resaltar en este “milagro” es que Jesús es el auténtico vino nuevo, el vino del Reino, el vino de la Nueva Alianza, en contraposición al vino antiguo de la Alianza Antigua. En este primer signo que Jesús hizo durante su ministerio público Jesús quiere dejar claro que él es el comienzo de un tiempo nuevo, de un tiempo que acaba de comenzar y que alcanzará su momento final cuando, en el calvario, sea derramada su sangre, sangre de una nueva y eterna Alianza

ORACIÓN-MEDITACIÓN
A un maestro de oración le preguntaron por qué necesitaba orar. El maestro respondió: "Para poder apreciar las cosas que sólo se ven con los ojos del corazón. Las estrellas no se ven durante el día, pero eso no significa que no existan. A Dios se llega cuando le preparamos el camino para que Él se manifieste. La realidad transparenta al Señor pero hay que estar despiertos y preparados para contemplar su presencia”.
Entra en la presencia del Señor, reaviva tu fe:
Tú, Jesús, eres nuestra luz. Tu luz nos hace ver la luz. Aunque caminemos por sendas oscuras, Tú vienes siempre con nosotros.

Venimos de los caminos con mucha sed. Estamos ante Ti como un cántaro vacío, abiertos a tu gracia. En medio de las cosas, sentimos dentro una extraña sed de Ti.

¿Qué somos si no te oímos el amor? ¿A dónde vamos si Tú no orientas nuestros pasos?

Muchos carismas, un solo Espíritu. Lo que de Ti hemos recibido lo damos gratis. Hacemos el camino juntos. En medio de la Iglesia. Atentos a las voces de los más pequeños. Acompañando, alentando, escuchando, amando juntos.

Te bendecimos, Padre. Tus manos de alfarero amasan nuestro barro. Tu confianza en nosotros nos llena de asombro. Con qué gozo preparas en nosotros cosas buenas para los más pobres.
Te damos gracias, Jesús. Eres todo para nosotros. Tu presencia ahuyenta los miedos. Día a día se agranda tu amor en nuestros corazones. Apuestas por nosotros para la hermosa aventura del Reino.
Te alabamos, Espíritu Santo. En la interioridad del mundo mantienes viva la fuente del amor. Sales a la vida embelleciéndolo todo, con dones creativos. Haces que voces diversas, carismas diversos, formen una sinfonía de alabanza y de servicio en medio de la Iglesia.

MONICIÓN AL EVANGELIO
Jesús de Nazaret inicia su misión en una boda, por indicación de su Madre, la Virgen María y convirtiendo considerables cantidades de agua en un vino excelente. No puede haber principio más bello y alegre. El episodio de las Bodas de Caná merece toda nuestra atención al escucharlo y reflexionar, después, en él por su significado y matices.

EVANGELIO: Juan 2,1-11
"En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:«Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.


Palabra del Señor.

¿En tu vida has sentido la manifestación de la Gloria de Dios en algún hecho o acontecimiento?. ¿Esto ha aumentado tu fe en Él? .

PRECES
Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano,
- haz que los hogares cristianos sean cantera de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

ORACIÓN FINAL: Una bendición


Te deseo, al comienzo de este año:
Que el Buen Dios te mire y te envuelva.
Que el Buen Dios te alegre el corazón.
Que el Buen Dios te llene de paz y de alegría.
Que el Buen Dios te dé sabiduría para entender la vida como entrega.
Que el buen Dios te dé novedad para hacer de cada día
algo nuevo, no una triste rutina.
Que el Buen Dios te llene de fuerza en los días grises y de cansancio.
Que el Buen Dios te dé tanto amor que no midas la entrega.
Que el Buen Dios te conceda
delicadeza para hacer del amor
«detalles de amor».
Que el Buen Dios te dé sensibilidad
para leer los susurros secretos del corazón.
Que el Buen Dios sea tu horizonte y tu fuente.
Te deseo: Que Dios Padre y Madre, recree cada día tu vida.
Que Dios Hijo, sane y cure las heridas que te encierran en ti mismo.
Que Dios Espíritu Santo, avive en ti todo lo que Jesús nos dijo y nos dejó
como signo de Vida Nueva.
Te deseo: Que todos estos deseos puedan ser una realidad
en la vida de cada día. Amén

AVE MARÍA. María de ti nace la vida, de ti nace el amor, de ti parte el camino que llega hasta el Señor.