viernes, 25 de junio de 2010

La Libertad de seguir a Jesús !!!!!!!


TEXTO DEL EVANGELIO DE LUCAS 9,51-62:

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén.
Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?».
Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro dijo: «Sígueme».
Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios».
También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa».
Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios».
Palabra del Señor.



COMENTARIO.


Dios no es violento ¿Hacía dónde?

DIOS NO ES VIOLENTO
Se volvió y los regañó


Jesús no aceptó ninguna forma de violencia. Al contrario, la quiso eliminar de raíz. No hay duda alguna. Lo han proclamado siempre los cristianos y lo afirma rotundamente la investigación actual. La no violencia es uno de los rasgos esenciales de la actuación y del mensaje de Jesús. En el relato de Lucas, Jesús reacciona enérgicamente y reprende a sus discípulos porque desean que «el fuego del cielo» destruya a los odiados samaritanos que no los han acogido.

Sin embargo, sorprendentemente, esta no violencia de Jesús no ha sido considerada normativa ni relevante para el cristianismo. A lo largo de los siglos, los cristianos la han considerado como algo desconectado de la fe o del comportamiento cristiano. Se ha llegado incluso a bendecir guerras, cruzadas y posiciones militaristas, sin tener conciencia de ir contra algo esencial de la fe cristiana.

¿Dónde está la raíz de esta contradicción? Según diversos teólogos, el cristianismo sigue atrapado por la idea del Dios violento de la Biblia, sin atreverse a seguir a Jesús. Se conoce y se admira la no violencia del Maestro de Galilea, pero en la conciencia social de los pueblos «cristianos» sigue vivo y operante el arquetipo de un Dios justiciero y castigador que se impone a todos porque tiene más fuerza que nadie. Es este Dios el que nos lleva una y otra vez a la guerra.

Si algo quiso Jesús fue arrancar de las conciencias la imagen de un Dios violento. Sus gestos, sus palabras, su vida entera revelan a un Dios Padre que no se impone nunca por la violencia. Para Jesús, acoger el Reino de Dios significa precisamente eliminar toda forma de violencia entre los individuos y entre los pueblos. Su mensaje es siempre el mismo: «Dios es un Padre que está cerca. Sólo quiere una vida más digna y dichosa para todos. Cambiad vuestra manera de pensar y de actuar, y creed en esta Buena Noticia».

La fe de Jesús no ha logrado todavía cambiar la inclinación humana al recurso a la violencia. Quienes dominan el mundo sólo parecen entender el lenguaje de la guerra. Piensan «imponer la justicia» actuando a imagen del Dios violento del Antiguo Testamento.

Hay que cambiar y creer en el Dios de Jesús. No es absurdo intentar caminos no violentos. Lo absurdo es que haya todavía alguien que siga creyendo en la guerra a pesar de tantos siglos de su bárbara inutilidad.

¿HACIA DÓNDE?

Es muy difícil que una persona haga el recorrido de su vida sin preguntarse nunca por el sentido de su existencia. Por muy monótona y rutinaria que sea su vida, tarde o temprano terminará por escuchar las preguntas que lleva en el fondo de su ser: «¿de dónde vengo?», «¿a dónde voy?», «¿qué me espera?», «¿qué sentido tiene todo?»

Estas preguntas pueden brotar en momentos de crisis y desgracia o en las horas de gozo más intenso. Le pueden sorprender durante el silencio de la noche o en el bullicio de una fiesta. Se las plantea el esposo feliz rodeado de su esposa e hijos, y el vagabundo que camina solitario por las calles. La mujer que sufre en la cama de un hospital y la que se broncea al sol en una playa de moda.

Es inútil que algunos filósofos nos digan que «no tiene sentido buscar sentido a la vida» (J. Sádaba). El ser humano quiere saber de dónde viene y a dónde va. En este nuevo milenio se seguirán haciendo las mismas preguntas que en milenios anteriores, pues la cuestión del sentido de la vida no es un entretenimiento para personas desocupadas, sino un asunto en el que «nos va la vida».

Por eso es tan grave que el hombre moderno se vaya quedando sin Dios y sin nada que pueda dar coherencia y sentido, fundamento y finalidad a la vida. Ya no se aceptan verdades ni metas absolutas. Hay que aprender -se dice- a vivir sin un sentido último. Según el filósofo de Turín, Gianni Váttimo, la tarea actual de la filosofía ha de ser «enseñar a vivir en la condición de quien no se dirige a ninguna parte».

Pero, ¿cómo vivir sin dirigirse a ninguna parte?, ¿qué le espera al ser humano si ya no sabe cuándo progresa y cuándo retrocede, cuándo construye y cuándo se destruye? El hombre de hoy no parece sentir necesidad de una «salvación religiosa» del pecado y de la muerte, pero necesita ser salvado del nihilismo y el sinsentido que parece invadirlo todo.

Tarde o temprano, el verdadero creyente se sitúa ante Cristo con este tipo de preguntas: ¿qué es para Jesús vivir?, ¿cómo entiende la vida?, ¿dónde está el secreto de su estilo de vivir? No lo hace para encontrar recetas con las que resolver problemas concretos de su vida, sino para orientar y dar sentido a su existencia entera. Es más tarde cuando, atraído por la vida de Jesús, dice convencido: «Te seguiré a donde vayas.»



LA LIBERTAD Y SEGUIR A JESÚS

En las lecturas de hoy aparecen dos temas que están relacionados: la libertad y seguir a Jesús. San Pablo nos habla de la libertad como algo conseguido gracias a Cristo. Y ese don, ese regalo que recibimos podemos usarlo, entre otras cosas, para seguir a Cristo.

Imagino que estaréis de acuerdo que sobre la libertad se dice mucho, se escribe mucho, incluso hay personas que se autoproclaman libres, porque, dicen, hacen lo que les da la gana. Es más pregonan que ser libre es hacer en cada momento lo que uno quiere. Yo voy a señalar tres notas sobre la libertad para referirlas al seguimiento de Cristo, que es el tema del evangelio.

La primera nota es, la libertad es un compromiso. Es curioso y resulta contradictorio que hoy cuanto más le cuesta a la gente comprometerse es cuando más se habla de libertad. Lo vemos en la vida diaria. Para algunas personas la libertad está en el no compromiso. Comprometerse libremente con alguien o con algo es señal de madurez. Vivir el compromiso de la fe libremente, vivir el seguimiento de Jesús con libertad hace que nuestras decisiones nos ayuden a madurar como personas y a trabajar por el bien de los demás.

La segunda nota es: la libertad es siempre una responsabilidad. Hoy en día huimos de las responsabilidades. Hay personas a quienes asusta tener una responsabilidad. Piensan que ser responsables coarta su libertad. En el evangelio Jesús apela a la responsabilidad de anunciar el Evangelio teniendo para ello que dejar a un lado cosas que son también importantes. La libertad lleva consigo la responsabilidad de elegir en la vida.

Y la tercera nota es: la libertad nos empuja a vivir la verdad. Cuando san Pablo dice: “para vivir en libertad, Cristo no has liberado”, está diciéndonos que en Cristo es donde encontramos la libertad. “Vuestra vocación es la libertad” continúa diciendo san Pablo. Yo creo que más claro no se puede decir. Intentar seguir a Cristo lo más libremente que podamos tiene que llevarnos a la verdad plena, y la verdad plena es el amor.

Cada día me asustan más la cantidad de normas que se nos imponen desde todos los ámbitos. En lugar de educar para la libertad, en lugar de invitar a seguir a Jesús, ponemos normas y normas que pueden llegar a impedirnos vivir esa libertad que san Pablo proclama. Habría que apelar más al compromiso personal y social y a la responsabilidad personal y social para llegar a ser verdaderamente libres.

Jesús nos invita a cada uno de nosotros a seguirle. Veamos este seguimiento como una llamada para el compromiso, para la responsabilidad y para vivir en la verdad. Así intentaremos parecernos a él, el verdadero hombre libre entregado a realizar la voluntad del Padre.












Fuentes:
José A. Pagola
Victoriano Viñuelas

Ángel Corbalán

Blog Parroquia San García Abad.