domingo, 15 de octubre de 2017

«Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda» (Evangelio Dominical)





Hoy, Jesús nos muestra al rey (el Padre), invitando —por medio de sus “siervos” (los profetas)—, al banquete de la alianza de su Hijo con la humanidad (la salvación). Primero lo hizo con Israel, «pero no quisieron venir» (Mt 22,3). Ante la negativa, no deja el Padre de insistir: «Mirad mi banquete está preparado, (...) y todo está a punto; venid a la boda» (Mt 22,4). Pero ese desaire, de escarnio y muerte de los siervos, suscita el envío de tropas, la muerte de aquellos homicidas y la quema de “su” ciudad (cf. Mt 22,6-7): Jerusalén.

Así es que, por otros “siervos” (apóstoles) —enviados a ir por «los cruces de los caminos» (Mt 22,9): «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas...», dirá más tarde el Señor Jesús en Mt 28,19— fuimos invitados nosotros, el resto de la humanidad, es decir, «todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales» (Mt 22,10): la Iglesia. Aún así, la cuestión, no es sólo estar en la sala de bodas por la invitación, sino que, tiene que ver también y mucho, con la dignidad con la que se está («traje de boda», cf. v. 12). San Jerónimo comentó al respecto: «Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo». Es decir, las obras de la caridad con las que se debe acompañar a la fe.



Conocemos que Madre Teresa, todas las noches, salía a las calles de Calcuta a recoger moribundos para darles, con amor, un buen morir: limpios, bien arropados y, si era posible, bautizados. Cierta vez comentó: «No tengo miedo de morir, porque cuando esté delante del Padre, habrá tantos pobres que le entregué con el traje de bodas que sabrán defenderme». ¡Bienaventurada ella! —Aprendamos la lección nosotros.




Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

                                        



En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor




COMENTARIO


                                 



Las Lecturas de hoy se refieren a la Fiesta que tendrá lugar en la eternidad, es decir, al "Banquete de Bodas" preparado por Dios nuestro Señor para todos los seres humanos al final de los tiempos.  Se trata de nuestra salvación, de nuestra felicidad eterna con El para siempre en la Jerusalén Celestial, cuando Dios "enjugará toda lágrima y ya no existirá ni muerte, ni duelo, no gemidos, ni penas" (Ap. 21, 4)   y viviremos en completa y perfecta felicidad para siempre.

Aquí, durante nuestra vida terrena, podemos “comer bien o pasar hambre, tener abundancia o escasez”, como lo dice San Pablo en la Primera Lectura (Fil. 4, 12-14 y  19-20).  

Se refiere el Apóstol, en este caso, al hambre y escasez material.  Pero también agrega: “Todo lo puedo en Aquél que me da fuerza”.   Es decir, que en esta vida tenemos todas las fuerzas necesarias venidas de Dios, para soportar cualquier dificultad, pues “Dios, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas nuestras necesidades”.

El Salmo del Buen Pastor (Sal. 22) nos habla de que el Señor siempre nos acompaña, aunque a veces pasemos por momentos difíciles.  Y nos dice también que al final El mismo Señor “preparará la mesa, ungirá nuestra cabeza con perfume y llenará mi copa hasta los bordes”.


                                                              



Se refiere este pasaje del Salmo 22 a esa "Fiesta Escatológica" que la Palabra de Dios nos presenta en varios pasajes.  Es el Señor mismo quien prepara la mesa y nos sirve, como lo indica San Lucas: “El mismo se pondrá el delantal, los hará sentarse a su mesa y los servirá uno por uno” (Lc. 12, 37).

La Primera Lectura de hoy también nos describe esta Fiesta por boca del Profeta Isaías: "El Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos" (Is. 25, 6-10).

Y Jesucristo nos presenta esta Fiesta en el Evangelio de hoy por medio de la parábola del "Banquete de Bodas" (Mt. 22, 1-14).   Se trata de la celebración de la Boda del Hijo de Dios con la humanidad.  Y a esa Fiesta estamos invitados todos.

¿Boda del Hijo del Rey?  ¿Bodas del Cordero?  ¿Bodas de Jesús, el Cordero?  Sí.  Será la unión definitiva y para siempre de Cristo con su Iglesia, de Jesús, el Cordero, con cada uno de los salvados.

Esta "Fiesta Escatológica" nos la presenta la Palabra de Dios en varios pasajes. Es la fiesta de los salvados.  Sucederá después de que pasemos a la eternidad.  Y ese momento que sobrecoge -y que muchos temen- es el momento más importante de la historia de la humanidad.  En ese instante preciso y brevísimo sucederá la “resurrección de la carne”, como rezamos en el Credo.  Y los salvados ya resucitados celebrarán ese banquete.


                                                    


Por eso el Señor no cesa de recordarnos que debemos estar preparados, siempre preparados, cada vez mejor preparados, para que no nos suceda como el que llegó mal vestido a la Fiesta del Cielo y lo echaron fuera.  Que tampoco nos suceda como los invitados que despreciaron la invitación.

Pero sucede que no todos respondemos a la invitación que Dios nos hace.  En la descripción que hace San Mateo, vemos cómo algunos responden a la invitación del Señor y otros no.  Y no respondieron porque tuvieron algo más importante que hacer.  Así nos dice el Evangelista:

"El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas  para su hijo.  Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir... Uno se fue a su campo, otro a su negocio ..."

Y... ¡cuántas veces no hacemos nosotros lo mismo!  Constantemente nos oponemos a la invitación del Señor.  Dios nos llama y en vez de atender su invitación, le damos la espalda.  Dios nos ofrece la oportunidad de ir a su Fiesta y de tener la felicidad para siempre, y... ¿cómo respondemos?  ¿No hacemos como los invitados que nos describe el Evangelio?  ¿No preferimos los negocios temporales a las invitaciones eternas?  ¿No preferimos los banquetes de la tierra al Banquete Celestial?


                                                          



No aceptar la invitación del Rey es un desplante.  Pueden haber cosas que parecen más importantes que asistir a la Boda del Hijo del Rey, pero nada es más importante que esa Fiesta: la Fiesta Escatológica, que sucederá al final de los tiempos.

Y el Rey se disgusta, no sólo por el desprecio de sus invitados, sino porque, además, han matado a los que envió para invitarlos.  Los enviados asesinados son los mártires de todos los tiempos: mataron a los Profetas del Antiguo Testamento, a San Juan Bautista, también a Cristo.  Le siguieron los mártires del comienzo de la Iglesia.  Y aún en nuestra era, no han cesado los martirios: el siglo 20 fue testigo del mayor número de mártires de todos los siglos.  Pensemos en las persecuciones del comunismo contra la Iglesia católica.

   Recordemos las persecuciones en México y en España.  ¡Nada más en la Guerra Civil Española hubo unos 10.000 mártires!  Y ni hablar del horror en el Medio Oriente!

Si nos revisamos bien, podemos darnos cuenta de la importancia que le damos a las cosas de este mundo, rechazando o postergando las cosas eternas, al no aceptar las invitaciones del Señor.  ¡De qué manera nos entregamos a las cosas del mundo, las cuales nos absorben tanto, que no nos queda tiempo para atender a Dios!

¿Será que los hombres y mujeres de hoy estamos tan hundidos en los negocios terrenos que consideramos que es tiempo perdido pensar en Dios y en la vida eterna?   Pero... ¿qué nos dice el Evangelio sobre los que no acepten la invitación al Banquete Celestial?  Es muy claro: otros serán invitados en lugar de los que no asistan. 


                                               



¿Aceptamos la invitación?  ¿La aceptamos ya repitiendo nuestro sí constante y permanente?  ¿Diciendo siempre sí...no importa la exigencia, no importa la situación, no importa si pasamos por cañadas oscuras o valles de verdes pastos, como rezamos el Salmo?

Los que están muy pendientes de otras invitaciones y actividades corren el riesgo de quedar fuera de la Fiesta -aunque hayan sido invitados- por no darse cuenta de que la invitación del Señor es infinitamente más importante que cualquier negocio, cualquier preocupación material, cualquier apego terreno.

Pero hay otro riesgo: el no estar debidamente vestido para esa fiesta.  Y ¿qué sucederá a ésos?  La cosa es seria: van a ser echados fuera.  ¡Pero si fueron invitados!  El problema es que no estar bien vestido significa no estar preparado espiritualmente para poder ser aceptado en la Fiesta de la Salvación.   Significa esta parte de la parábola que no basta ser invitado, tampoco basta haber entrado al banquete (es decir, formar parte de la Iglesia).  Se requiere estar debidamente preparado: vivir en estado de gracia, vivir en amistad con Dios.

Aclaremos algo sobre las “realidades últimas”: la primera de éstas es la muerte, cuando nuestra alma, separada de nuestro cuerpo, pasa al Cielo, al Purgatorio o al Infierno.  Del Purgatorio las almas que se van purificando van pasando al Cielo.  Y al final de los tiempos, sucederá la resurrección, al unirse nuestras almas con nuestros cuerpos glorificados.  Y en ese momento será el Banquete de Bodas del Cordero para los salvados, no los condenados.  Esos quedaron fuera para siempre.


                                                                   
                       


La invitación al Banquete Celestial es para todos, pero muchos no aceptan… y algunos no están debidamente preparados.  De allí la sentencia de Jesús al terminar esta parábola: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Que podamos llegar a la Fiesta Escatológica, que nos estemos preparando de veras con el traje adecuado (tan blanco como la vestidura del bautismo).  Así podremos formar parte de esa muchedumbre de toda raza, pueblo y nación con vestidura blanca, lavados nuestros trajes en la sangre del Cordero.  (Ap. 3, 4)









Fuentes:
Sagradas Escrituras
Evangeli.org
Homilias.org

jueves, 12 de octubre de 2017

QUE VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!! PATRONA DE LA GUARDIA CIVIL !!


Hoy es 12 de Octubre y no es un día cualquiera, sobre todo, para las personas que vivimos a un lado y el otro del "charco". Si por un lado, recordamos el momento en que Cristobal Colón, enviado a expensas de la Corona de Castilla y Aragón (España) y con el apoyo no sólo moral sino económico de Isabel "La Católica", llegaba a costas del "Nuevo Mundo", América, que desde entonces, venía a ampliar más allá y a miles de millas del hasta entonces fin de la tierra (Finis Terrae) romano, y con ello, demostrar que la tierra era redonda y más grande. 

Y por supuesto, con más culturas. Por otro lado, para los creyentes cristianos, tenía ese día una mayor importancia, se llevaba La Palabra de Dios, más allá donde hasta ese momento, se creía era el fin del mundo. Si bien hasta Finisterrae, hoy Galicia, había llegado el apóstol de Jesús, Santiago el Mayor (también Patrón de España), también en una parte muy importante de la tierra cristiana y española, Zaragoza, Nuestra Señora del Pilar, se le aparecía a este valiente apostol que había llegado tan lejos andando por esos caminos, para darle ánimos y sintiera su protección. Sí, mira por donde en ese momento, Nuestra Señora y el apóstol, nos daba un claro ejemplo que ahí estaban para protegernos, en esos momentos que como los de  ahora, son tan difíciles. 

¿A que somos afortunados al tenerlos ?. Ojo. También, nos proteje a todos y a todas, a uno y al otro lado del charco. Por cierto, hoy celebramos a Nuestra Señora del Pilar.


La Virgen del Pilar




«Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía al pueblo en el desierto». María, asentada en el pilar de su basílica.   Desde el siglo noveno, la piedad de los reyes y el pueblo entero para Nuestra Señora del Pilar. Señalada su fiesta por el Papa Clemente XII en el día 12 de octubre, los destellos de ese bendito Pilar irradiaron hasta el otro extremo del océano Atlántico, a donde en un 12 de octubre llegaba a bordo de las carabelas descubridoras, capitaneadas no en vano por la nao Santa María, «la luz de la fe».   Cuando Pío XII, el 14 de febrero de 1958, concedía a todas las iglesias de España, Ibero América y Filipinas «la misa propia de la Bienaventurada Virgen María del Pilar», abrazaba en un lazo de hermandad de fe a un rosario de pueblos nuevos y viejos para que, con la unidad de un mismo idioma castellano, felicitaran una vez más a María «porque el Poderoso ha hecho grandes obras por ella» y le rogaran su intercesión para «permanecer firmes en la fe y generosos en el amor.


 
Breve historia de la  aparición en vida  de Nuestra Señora al Apóstol Santiago.



Según documentos del siglo XIII, el Apóstol Santiago, El Mayor, hermano de San Juan, viajó a España a predicar el evangelio (año 40 d.C.), y una noche la Virgen María se le apareció en un pilar.


La tradición nos cuenta que Santiago había llegado a Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, y una noche, estando en profunda oración junto a sus discípulos a orillas del río Ebro, la Santísima Virgen María se manifestó sobre un pilar, acompañada por un coro de ángeles, (ella aun vivía en Palestina).

La Virgen le habló al Apóstol pidiéndole que se le edificase ahí una iglesia con el altar en derredor al pilar y expresó: "Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda".


El lugar, ha sobrevivido a invasiones de diferentes pueblos y a la Guerra Civil española de 1936-1939, cuando tres bombas cayeron sobre el templo y no estallaron. También se cree que la Virgen le dio al Apóstol una pequeña estatua de madera.



Luego de la aparición, Santiago junto a sus discípulos comenzaron a construir una capilla en donde se encontraba la columna, dándole el nombre de "Santa María del Pilar". Este fue el primer templo del mundo dedicado a la Virgen. Después de predicar en España, Santiago regresó a Jerusalén. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir, luego del suceso sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado).


El primer santuario sobre la tumba de Santiago la ordenaron  construir el rey Alfonso II, El Casto de Asturias,  y el obispo Teodomiro en el siglo IX. Hoy se encuentra una  magnífica catedral en sitio.


La Virgen del Pilar protectora.


Esta es la Historia de cómo la Virgen del Pilar pasó a ser Patrona de la Guardia Civil.
En la Real Orden Circular del Ministerio de la Guerra de 8 de febrero de 1.913, el Rey declaró Patrona de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar.

Todo comenzó unos cuantos años antes, serí­a el año 1.864 cuando el sacerdote D. Miguel Moreno que era el primer Capellán Castrense del prestigioso  Colegio de Guardias Jóvenes llamado “Duque de Ahumada” que se encuentra en  Valdemoro, tuvo a bien colocar en la capilla del citado colegio una imagen de la Virgen del Pilar de Zaragoza.

Serí­a  en 1.865 cuando de forma espontanea según narran los escritos se celebró la primera Patrona de la Guardia Civil, que era en el mes de septiembre y no Octubre como lo es ahora.

Fueron los alumnos de este Colegio que al convertirse en profesionales al ir destacados a los puestos de toda España, fueron difundiendo este acto de celebrar la Patrona con un homenaje de fe hacia la Virgen del Pilar.



Esta tradición durante más de 50 años consistí­a en tener fe como protectora en los servicios que se prestaban a la Virgen del Pilar.

El Teniente General D. Ángel Aznar Butigieg que en 1.913 era el Director General del Cuerpo trasladó una petición al Ministro de la Guerra que no era otro que D. Agustín Luque y Coca, donde le pidió oficialmente que la Virgen del Pilar fuera declarada Patrona del Cuerpo de la Guardia Civil, a lo que el Rey D. Alfonso XIII, accedió y mandó publicar.

Después de su publicación, las palabras que transmitió el Teniente General D. Aznar fueron estas:

“La Guardia Civil, compuesta por los soldados más veteranos del Ejército, satisfizo siempre a las esperanzas de la Nación y respondió a la confianza de los Gobiernos porque sois valientes, firmes en la fatiga y abnegados en el peligro. Este año, al solemnizar el dí­a de la Patrona, celebraremos en la Guardia Civil la primera fiesta de compañerismo. Cuando os congreguéis para ello en cada Puesto, dedicad una oración a nuestros compañeros que sacrificaron la vida en el cumplimiento del deber y al inolvidable Duque de Ahumada, organizador del Cuerpo; y antes de separaros, terminad nuestra fiesta diciendo; ¡Viva España!, ¡Viva el Rey! “.

Era el año 1.917 cuando el Director General que era el Teniente General D. Antonio Tovar Marcoleta ofrendó con una placa a la Virgen del Pilar, que a dí­a de hoy aún se conserva en la Basí­lica de Zaragoza en el mismo lugar donde fue colocada.
Allí­ se puede leer el siguiente texto:

“Los Generales, Jefes, Oficiales y personal de Tropa del Instituto de la Guardia Civil como homenaje a Nuestra Señora la Virgen del Pilar declarada su Excelsa Patrona por Real Orden de 8 de febrero de 1913“.

Son muchos años los que han pasado ya, pero a dí­a de hoy todos los años el 12 de Octubre se celebra la famosa fiesta de la Guardia Civil, en honor a su Patrona la Virgen del Pilar, siendo la protectora de estos valientes hombres y mujeres que dan su vida a la defensa de la Constitución y el territorio español.


 
Y una antigua copla dice así:




Es la Virgen del Pilar
la que más altares tiene,
pues no hay ningún español
que en su pecho no la lleve.

A pasar por Zaragoza
el Ebro murmura y dice:
La Virgen es para España
y España es para la Virgen.

Hay en el mundo una España,
y en España un Aragón,
y en Aragón una Virgen,
gloria del pueblo español.

Virgen del Pilar, no olvides
que no podrían vivir
ni España sin Zaragoza,
ni Zaragoza sin Ti.

Junto al Ebro echo una jota
en cuanto el Pilar se cierra,
pa que se entere la Virgen
de que estoy de centinela.

Aragón está en España,
Zaragoza en Aragón,
el Pilar en Zaragoza,
y en el Pilar mi ilusión.

De Zaragoza p´abajo
lleva el Ebro agua bendita;
porque en Zaragoza besa
los pies de la Pilarica.

El Ebro nace en Reinos,
y desemboca en el mar,
y pasa por Zaragoza,
para besar el Pilar.


La Virgen del pilar dice
que no quiere ser francesa;
que quiere ser capitana
de la tropa aragonesa.

Cuando Zaragoza estaba
sitiada por los franceses,
la Virgen del Pilar era
amparo de aragoneses.

El Pilar es el peñón
y la Seo la muralla;
en cada calle un cañón,
para defender a España.

En Torrero tiran bombas
y en el Castillo granadas,
y la Virgen del Pilar
con el manto las aparta.

Zaragoza la bombean,
la bombean los franceses,
la Virgen del pilar dice:
no temáis, aragoneses.

Zaragoza está en un llano,
la Torre Nueva en el medio,
y la Virgen del Pilar
a las orillas del Ebro.

Iberos y americanos:
sabed bien y recordad,
que Colón pisó aquel suelo
en el día del Pilar.

 Que Viva La Virgen del Pilar !!






lunes, 9 de octubre de 2017

«Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’»(Evangelio Dominical)

                                                       



Hoy contemplamos el misterio del rechazo de Dios en general, y de Cristo en particular. Sorprende la reiterada resistencia de los hombres ante el amor de Dios.

Pero la parábola hoy se refiere más específicamente al rechazo que los judíos tuvieron con Cristo: «Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron» (Mt 21,37-39). No es fácil entender esto: es porque Cristo vino a redimir al mundo entero, y los judíos esperan a su “mesías” particular que les dé a ellos el dominio de todo el mundo…

Cuando estuve en Tierra Santa me dieron un prospecto turístico de Israel donde están los judíos más famosos de la historia: desde Moisés, Gedeón y Josué hasta Ben Gurión, que fue el realizador del Estado de Israel. Sin embargo, en ese prospecto no está Jesucristo. Y Jesús ha sido el judío más conocido de la historia: hoy se le conoce en el mundo entero, y ya hace dos mil años que murió…

                                            




A los grandes personajes, al cabo del tiempo, se les admira, pero no se les ama. Hoy nadie ama a Cervantes o a Miguel Ángel. Sin embargo, Jesús es el más amado de la historia. Hombres y mujeres dan la vida por amor a Él. Unos de golpe en el martirio, y otros “gota a gota”, viviendo sólo para Él. Son miles y miles en el mundo entero.

Y Jesús es el que más ha influido en la historia. Valores hoy aceptados en todas partes, son de origen cristiano. No sólo eso, sino que además se constata que hoy hay un acercamiento a Jesucristo, también entre judíos (“nuestros hermanos mayores en la fe”, como dijera San Juan Pablo II). Pidamos a Dios particularmente por la conversión de los judíos, pues este pueblo, de grandes valores, convertido al catolicismo, puede ser un gran beneficio para la humanidad entera.






Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):


                                         





En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» 
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor


COMENTARIO.


                             


A Jesucristo le gustaba tomar las imágenes del trabajo y de su tierra para configurar sus parábolas.  Así a veces nos hablaba de rebaños, ovejas y pastores, y otras veces nos hablaba de viña, vid y uvas.

En el Evangelio de hoy nos habla de una viña suya, que arrendó a unos viñadores mientras se iba de viaje (Mt. 21, 33-43).  Cuando llegó el momento de la vendimia o cosecha de las uvas, envió a sus empleados a cobrar la parte que le tocaba, pero los viñadores mataron uno a uno a cada empleado que fue enviando en dueño.

Decidió luego enviarles a su hijo, pensando que a ése sí lo respetarían, pero muy por el contrario, lo asesinaron también -nos dice la parábola- para eliminar al heredero y quedarse con la propiedad.

Jesús hablaba en ese momento a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo de Israel, que eran los líderes de los judíos.  Y al final del cuento les hace saber que siendo ellos el pueblo elegido, por rechazar a cada uno de los enviados de Dios y también al Hijo de Dios, el Reino de Dios será dado “a un pueblo que produzca frutos”.


                                        



Como una explicación adicional a la parábola, Jesús da otro símil:  “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.  Cristo, aunque rechazado, es la piedra angular (la base de la construcción).

Por supuesto, ese pueblo que rechazó a todos los enviados de Dios (los profetas) y los mató, y terminó matando al Hijo de Dios, fue el pueblo de Israel, aunque algunos judíos, comenzando por los Apóstoles y discípulos, sí aceptaron a Jesús como el Mesías.  Lo aceptaron también los 3.000 que se bautizaron en Pentecostés.  Y a San Pablo, que era judío, el Señor lo envió a predicar a los no-judíos.  Y los Apóstoles, siguiendo la instrucción del Señor, fueron por todos los rincones de la tierra, predicando para que todos los pueblos acogieran el mensaje de salvación que había traído el Mesías esperado.  Así, a la Iglesia de Cristo, se fueron añadiendo judíos y no-judíos, haciéndose entonces católica, es decir, universal. 

Por cierto, hay algunos judíos que en estos momentos están dándose cuenta que Jesús es el Mesías prometido y que la Iglesia Católica es la continuación del pueblo de Israel.

                                                    





En la página web www.salvationisfromthejews.com, vemos el testimonio muy impresionante de un Judío que recientemente se ha hecho Católico:“Si yo era Judío antes,  que esperaba y oraba por la venida del Mesías,  ¿no soy más Judío aún ahora que estoy adorando y sirviendo al mismísimo Mesías?  Simplemente pasé de ser un Judío que estaba ‘en la oscuridad’ a un Judío que conoce la Verdad!  Un Judío es mucho más Judío al reconocer y enamorarse del Mesías Judío, pues ése es precisamente el propósito y el centro del Judaísmo”. (Roy Schoeman)

En efecto, si analizamos bien, cuando un Judío se une a la Iglesia Católica, no deja de ser Judío:  pasa del Pueblo de Dios escogido, el Israel del Antiguo Testamento, al nuevo Pueblo de Dios, a la Iglesia fundada por el Mesías esperado, la Iglesia Católica.

Rosalyn Moss dice que ella es más Judía después de haberse hecho Católica:  "Hacerse católico es la cosa mas judía que se puede hacer". (Rosaly Moss por mucho tiempo evangelizó como laica dentro de la Iglesia Católica, pero recientemente fundó en la Diócesis de Saint Louis, Missouri una congregación religiosa católica, con el nombre de “María Esperanza de los Judíos”)


                                                       

Ahora bien, en nuestro tiempo el Señor puede hacer la misma acusación al nuevo pueblo de Israel, que es hoy la Iglesia por El fundada.   El Señor puede hacer esa acusación a cada uno de los miembros de su Iglesia, a cada uno de nosotros cristianos de este comienzo de milenio.

Y la acusación no sólo es para la Iglesia en su conjunto, sino para cada uno de nosotros sus miembros.  ¿Somos mejores nosotros que los que estaban ante Jesús en aquel momento?

El Señor nos dice que nos ha elegido para que demos fruto y nuestro fruto permanezca (Jn. 15, 16).   Así quiere que cada uno de nosotros seamos una viña fructífera que dé buenos frutos.  Nos da todo lo necesario, tal como nos cuenta el Profeta Isaías en la parábola que aparece en la Primera Lectura y que es preludio de la de Jesús:  “removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas ... y esperaba que su viña diera buenas uvas” (Is. 5, 1-7).

Dios nos dice: “¿Qué más puedo hacer por mi viña que yo no lo hiciera?”   El Señor nos está diciendo que nos da todo, nos da todo lo que nuestra alma necesita para dar frutos de santidad, para dar frutos de caridad, para dar lo que El espera de nosotros. 

                                                            



¿Cuáles son los frutos esperados?  San Pablo enuncia algunos de los frutos del Espíritu:  “amor, alegría, paz; paciencia, comprensión de los demás, bondad, fidelidad; mansedumbre y dominio de sí” (Gal. 5, 22).   Todas éstas son virtudes que fluyen de la caridad.

Los frutos son todas esas cosas buenas de que nos habla San Pablo en la Segunda Lectura:  “Aprecien lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que sea virtud”.   Y dando frutos podemos vivir como nos dice el Apóstol:  en paz, en la paz verdadera.  “La paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”  (Flp. 4, 6-9).

Y bien lo dice Pablo:  la paz de Dios no viene de la inteligencia.  Es más:  la sobrepasa.  La paz verdadera viene de vivir en Dios y dar frutos.  No puede lograrse a voluntad, sino que nos es dada por Dios.

El Salmo 79 es un Salmo que nos presenta la imagen de la vid, la cual Cristo repite en su Evangelio.  El pueblo de Israel es la vid sacada de Egipto, que es llevada a la Tierra Prometida y que se expande bajo el Rey David.  Con preguntas el salmista reconoce el castigo (debido a la infidelidad de la idolatría).  Luego suplica que proteja a la cepa plantada  y al renuevo cultivado por Dios.  Al final se muestra un pueblo que aleccionado por el castigo, promete enmendarse.


                                                




Ante la insistencia del Señor a que demos fruto, cabe preguntarnos ¿damos fruto?  ¿damos fruto bueno?  ¿Aprovechamos todas las gracias que Dios nos da para ser como El desea que seamos?  ¿Somos realmente lo que El desea que seamos? 

¿Cómo dar fruto?  Para dar fruto hay que permanecer unidos a El, hay que permanecer en la vid.  “Yo soy la Vid y ustedes los sarmientos.  Si alguien permanece en Mí y Yo en él, produce mucho fruto, pero sin Mí nada pueden hacer” (Jn. 15, 5).

También usa el Señor el símil de la vid, las ramas y las uvas, para explicar cómo hace fructificar más a quienes ya dan fruto.  “Toda rama que dé fruto, será podada para que dé más fruto” (Jn. 15, 2).   Es el anuncio de purificación para el cristiano que está dando fruto.  Con la poda, su fruto será abundante y durará, tal como sucede a la planta que es podada.  La poda duele, ciertamente, pero es necesaria para que la rama se haga frondosa.

Esta frase es la respuesta al cristiano confuso por el sufrimiento:  ¿por qué a mí, Señor?  El Señor ya nos respondió en su Evangelio:  para que des más fruto.

Y a los que no den fruto, ¿qué les sucede?  “Yo soy la Vid verdadera y mi Padre el Viñador.  Si alguna de mis ramas no produce fruto, El la corta” (Jn. 15, 1).   Significa esto que los que no den fruto, serán cortados de la Vid.  

        
         Las parábolas del Señor son para enseñarnos y para advertirnos.  Su advertencia no se deja esperar en la parábola del Evangelio de hoy.  A los que no den fruto les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”. 


                                                      



¿Qué significa esto?  Que los que no den fruto no podrán heredar lo que El tiene prometido a aquéllos que sí den fruto.

El Reino de Dios es la vida en Dios.  Es la felicidad perfecta que Dios tiene preparada para aquéllos que den fruto.  El Reino de Dios puede comenzar aquí en la tierra -es cierto- pero llega su plenitud en la eternidad.

Pero el Señor advierte que el Reino de Dios no será para los que no den fruto.  Que se les quite el Reino de Dios, como advierte Jesús al final de esta parábola, a los que no den el fruto esperado, significa que no tendrán derecho a vivir en su Reino ni aquí, ni en la eternidad.   Es como para pensarlo bien ¿no?
















Fuentes;
Sagradas Escrituras
Evangeli.org
Homilias.org

miércoles, 4 de octubre de 2017

Hoy es San Francisco de Asis!! Patrono de los Animales y de los Ecologistas.!!



"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible." (Francisco de Asis)


Es el santo patrono de todos los animales, veterinarios y de los ecologistas, y son muchas las anécdotas que dan cuenta de la conexión especial y el poder que San Francisco tenía con los animales.


Cuenta la historia, que todas las especies lo escuchaban y obedecían sus órdenes, entre ellas las golondrinas, que lo seguían en bandadas y formaban una cruz por encima del lugar donde él predicaba. Hasta un lobo salvaje que devoraba las ovejas y atacaba a los hombres, dejó de agredir tras ser amansado por este ecologista italiano.

Con el paso del tiempo, estas anécdotas que demuestran el amor de San Francisco por la naturaleza fueron las que motivaron a la Organización Mundial de Protección Animal a instaurar el 4 de octubre (fecha en la que falleció el santo) como Día Mundial de los Animales.

Asimismo, el Papa Juan Pablo II también valoró el accionar ecológico de este gran hombre italiano y, en 1980, lo proclamó Patrono de los Animales y de los Ecologistas.

El retrato de san Francisco




Las oraciones de la Misa trazan hoy un fiel retrato de San Francisco. Este hombre de Dios «dejó su casa, abandonó la herencia que le pertenecía y logró llegar a ser pobre y necesitado; v así. el Señor le tomó a su servicio». 
 
Francisco llevó una vida «asemejándose a Cristo por la humildad y la pobreza», llena de «amor jubiloso»; «se consagró al misterio de la cruz»; «en su caridad y en su celo apostólico», se puso al servicio de todos para salvarlos a todos.   Francisco de Asís es, sin duda, el santo cuya vida ha reproducido más a la letra la de Jesús. 

Desde el día en que, en San Damián oyó cómo le decía el Crucificado: «Vete y repara mi Iglesia en ruinas» (1206) hasta aquel otro en que, sobre el Averno, recibió los estigmas de la Pasión (1224), y al de su muerte, tendido en tierra, cerca de Santa María de los Ángeles (1226), toda su vida dilatada de itinerante entre sus hermanos a los que por humildad, llamó Hermanos Menores. 


Francisco no tuvo otro deseo que fijar sus pasos tras las huellas de Jesús, a fin de vivir las Bienaventuranzas. «Dichosos los pobres»: Francisco se encuentra reflejado por entero en esas palabras: . dicha y pobreza, dicha nacida de la pobreza, simplicidad de corazón y humilde adhesión a los ministros de Jesucristo, ternura para con todos los hombres y, más allá de ellos mismos, para con todas las criaturas, tal es el secreto de la felicidad que Francisco enseñó a sus hermanos y hermanas.   Y su mensaje sigue permanente en la Iglesia.«El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce ... », dirías que es el santo más para todo el mundo. 

Ateos, agnósticos, herejes, anticlericales, todos sienten una ternura especial por el Poverello, y de esta manera quizá se abarata un poco su santidad, hecha sentimentalismo laico.   De todas formas, quede claro que no era un bohemio caprichoso, como hijo de mercader sabía muy bien lo que costaba el dinero, pero también que el camino hacia Dios pasa por la renuncia, por lo que suele llamarse pobreza, y cuando ya no tenemos nada habrá que seguir dando, se da uno mismo, lo que se es. 


Mientras tengamos cosas, éstas nos protegen de Dios, y una vez libres de las cosas y de su deseo, sólo queda darse, y eso es lo que significa la Pobreza. Lo que todos queremos rehuir prescindiendo cómodamente de lo exterior y de lo superfluo, hasta que desnudos de todo, se acaba dando el último reducto, la voluntad.   Y sin embargo nadie glorificó como él la Creación, el hermano mundo. Desprendido de todo y amante finísimo de todo, del agua, del fuego, de la tierra, del aire, del hermano lobo, de la hermana ceniza, que es casta, decía, hasta de unos pasteles de almendra que le preparaba cariñosamente una devota.

El mundo, visto a través de Dios, es fraterno y hermoso, hasta en la hermana muerte, se disfruta en su voluntaria privación. Es el arte de la posesión en Dios, el arte de poseer la tierra con esa extraña lógica de los santos que es su tener y no tener: no teniendo nada, no deseando nada, se posee de verdad todo, siendo libre de las cosas se señorea alegremente el universo.   ¡¡¡ paz y bien !!!  Paix et bien!!!  frieden und guten!  Pace e bene!  Peace and godness!


 ORACIÓN A SAN FRANCISCO.







Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.
Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.
Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, 
capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles,Francisco, tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

Amén.

(San Juan Pablo II)