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martes, 26 de julio de 2011

Hoy es San Joaquin y Santa Ana !!! El Día de los Abuelos.

Hoy Dia de los abuelos


El día 26 festividad de San Joaquín y Santa Ana los que fueron según la tradición, los abuelos de Jesús, es el “ día de los" abuelos , por este motivo hemos de vivir esta fecha con la máxima alegría y cariño emocional para seguir manteniendo la progresiva madurez en la formación de nuestros nietos.

Cada día necesitan más los nietos de los abuelos y los abuelos de los nietos.

Para los hijos, para los nietos... y para los amigos que son abuelos,

El amor perfecto, a veces no viene hasta el primer nieto.


San Joaquín

Joaquín (Yahvé prepara) fue el padre de la Virgen María, madre de Dios. Según San Pedro Damián, deberíamos tener por curiosidad censurable e innecesaria el inquirir sobre cuestiones que los evangelistas no tuvieron a bien relatar, y, en particular, acerca de los padres de la Virgen.

Con todo, la tradición, basándose en testimonios antiquísimos y muy tempranamente, saludó a los santos esposos Joaquín y Ana como padre y madre de la Madre de Dios.

Ciertamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador; este origen es normal que levantara sospechas bastante fundadas.

No debería olvidarse, sin embargo, que el carácter apócrifo de tales escritos, es decir, su exclusión del canon y su falta de autenticidad no conlleva el prescindir totalmente de sus aportaciones.

En efecto, a la par que hechos poco fiables y legendarios, estas obras contienen datos históricos tomados de tradiciones o documentos fidedignos; y aunque no es fácil separar el grano de la paja, sería poco prudente y acrítico rechazar el conjunto indiscrimadamente.

Algunos comentaristas, que opinan que la genealogía aportada por San Lucas es la de la Virgen, hallan la mención de Joaquín en Helí (Lucas, 3, 23; Eliachim, es decir, Jeho-achim), y explican que José se había convertido a los ojos de la ley, a fuer de su matrimonio, en el hijo de Joaquín. Que esa sea el propósito y la intención del evangelista es más que dudoso, lo mismo que la identificación propuesta entre los dos nombres Helí y Joaquín.

Tampoco se puede afirmar con certeza, a pesar de la autoridad de los Bollandistas, que Joaquín fuera hijo de Helí y hermano de José; ni tampoco, como en ocasiones se dice a partir de fuentes de muy dudoso valor, que era propietario de innumerables cabezas de ganado y vastos rebaños.

Más interesantes son las bellas líneas en las que el Evangelio de Santiago describe, cómo, en su edad provecta, Joaquín y Ana hallaron respuesta a sus oraciones en favor de tener descendencia.

Es tradición que los padres de Santa María, que aparentemente vivieron primero en Galilea, se instalaron después en Jerusalén; donde nació y creció Nuestra Señora; allí también murieron y fueron enterrados.

Una iglesia, conocida en distintas épocas como Santa María, Santa María ubi nata est, Santa María in Probática, Sagrada Probática y Santa Ana fue edificada en el siglo IV, posiblemente por Santa Elena, en el lugar de la casa de San Joaquín y Santa Ana, y sus tumbas fueron allí veneradas hasta finales del siglo IX, en que fue convertida en una escuela musulmana.

La cripta que contenía en otro tiempo las sagradas tumbas fue redescubierta en 1889. San Joaquín fue honrado muy pronto por los griegos, que celebran su fiesta al día siguiente de la de la Natividad de Ntra. Señora. Los latinos tardaron en incluirlo en su calendario, donde le correspondió unas veces el 16 de septiembre y otras el 9 de diciembre.

Asociado por Julio II [el de la capilla Sixtina] al 20 de marzo, la solemnidad fue suprimida unos cinco años después, restaurada por Gregorio XV (1622), fijada por Clemente XII (1738) en el domingo posterior a la Asunción, y fue finalmente León XIII [el de la Rerum Novarum] quien, el 1 de agosto de 1879, dignificó la fiesta de estos esposos que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica.

Santa Ana

Ana (del hebreo Hannah, gracia) es el nombre que la tradición ha señalado para la madre de la Virgen. Las fuentes son las mismas que en el caso de San Joaquín. Aunque la versión más antigua de estas fuentes apócrifas se remonta al año 150 d.C., difícilmente podemos admitir como fuera de toda duda sus variopintas afirmaciones con fundamento en su sola autoridad.

En Oriente, el Protoevangelio gozó de gran autoridad y de él se leían pasajes en las fiestas marianas entre los griegos, los coptos y los árabes. En Occidente, sin embargo, como ya te adelanté con San Joaquín, fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que su contenido fue incorporado por San Jacobo de Vorágine a su Leyenda Áurea en el siglo XIII.

A partir de entonces, la historia de Santa Ana se divulgó en Occidente y tuvo un considerable desarrollo, hasta que Santa Ana llegó a convertirse en uno de los santos más populares también para los cristianos de rito latino.

El Protoevangelio aporta la siguiente relación: En Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando con ocasión de cierto día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos.

Joaquín entonces, transido de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio.

Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: "Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo". El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam.

Dado que esta narración parece reproducir el relato bíblico de la concepción del profeta Samuel, cuya madre también se llamaba Hannah, la sombra de la duda se proyecta hasta en el nombre de la madre de María.

El célebre Padre John de Eck de Ingolstadt, en un sermón dedicado a Santa Ana (pronunciado en París en 1579), aparenta conocer hasta los nombres de los padres de Santa Ana. Los llama Estolano (Stollanus) y Emerencia (Emerentia).

Afirma que la santa nació después de que Estolano y Emerencia pasaran veinte años sin descendencia; que San Joaquín murió poco después de la presentación de María en el templo; que Santa Ana casó después con Cleofás, del cual tuvo a María de Cleofás; la mujer de Alfeo y madre de los apóstoles Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo, así como de José el Justo.

Después de la muerte de Cleofás, se dijo que casó con Salomas, de quien trajo al mundo a María Salomé (la mujer de Zebedeo y madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor).

La misma leyenda espuria se halla en los textos de Gerson y en los de muchos otros. Allí surgió en el siglo XVI una animada controversia sobre los matrimonios de Santa Ana, en la que Baronio y Belarmino defendieron su monogamia.

En Oriente, al culto a Santa Ana se le puede seguir la pista hasta el siglo IV. Justiniano I hizo que se le dedicara una iglesia. El canon del oficio griego de Santa Ana fue compuesto por San Teófanes, pero partes aún más antiguas del oficio son atribuidas a Anatolio de Bizancio.

Su fiesta se celebra en Oriente el 25 de julio, que podría ser el día de la dedicación de su
primera iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a esta ciudad (710).

Aparece ya en el más antiguo documento litúrgico de la Iglesia Griega, el Calendario de
Constantinopla (primera mitad del siglo VIII). Los griegos conservan una fiesta común de San Joaquín y Santa Ana el 9 de septiembre.

En la Iglesia Latina, Santa Ana no fue venerada, salvo, quizás, en el sur de Francia, antes del siglo XIII. Su imagen, pintada en el siglo
VIII y hallada más tarde en la Iglesia de Santa María la Antigua de Roma, acusa la influencia bizantina.

Su fiesta, bajo la influencia de la Leyenda Áurea, se puede ya rastrear (26 de julio) en el siglo XIII, en Douai. Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI el 21 de noviembre de 1378, y a partir de entonces se extendió a toda la Iglesia occidental. Pasó a la Iglesia Latina universal en 1584.

Santa Ana es la patrona de Bretaña. Su imagen milagrosa (fiesta, 7 de marzo) es venerada en Notre Dame d´Auray, en la diócesis de Vannes. También en Canadá -donde es la patrona principal de la provincia de Québec- el santuario de Santa Ana de Beaupré es muy famoso.


Santa Ana es patrona de las mujeres trabajadoras; se la representa con la Virgen María en su regazo, que también lleva en brazos al Niño Jesús. Es además la patrona de los mineros, que comparan a Cristo con el oro y con la plata a María.














Fuentes.
Iluminación Divina
Jesús Martí Balleste
Vidas de Santos
Ángel Corbalán

sábado, 14 de agosto de 2010

"Una fiesta para la esperanza"


Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

"¡Qué hermosa eres, amada mía! -exclama el Cantar de los Cantares ante la Esposa que sube a los cielos-, tus ojos de paloma por entre el velo; tu pelo es un rebaño de cabras descolgándose por las laderas de Galaad.
Tus labios son cinta escarlata, y tu hablar, melodioso, tus sienes dos mitades de granada." La Asunción de María forma parte del designio divino y se fundamenta en la participación de María en la misión de su Hijo, sostiene la perenne y concorde tradición de la Iglesia.
La Asunción de la Virgen está integrada, desde siempre, en la fe del pueblo cristiano, quien, al afirmar la llegada de María a la gloria celeste, ha querido también proclamar la glorificación de su cuerpo, cuyo primer testimonio aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», que se remontan a los siglos II y III.

Cantan los poetas..............

"Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas" (Ap 11,19). Maravillado y transido de belleza canta el poeta:

“¿A dónde va, cuando se va la llama?

¿A dónde va, cuando se va la rosa?

¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,

¿qué amor de Padre la abraza y la reclama?.

Esta vez como aquella, aunque distinto;

el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.

Hoy va la Madre al Hijo, va derecha

al Uno y Trino, el trono en su recinto..

No se nos pierde, no; se va y se queda.

Coronada de cielos, tierra añora

y baja en descensión de Mediadora,

rampa de amor, dulcísima vereda”.



LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(1, 39, 56)
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
--¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
--Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a sucasa.


Palabra del Señor

COMENTARIO.

La fiesta de la Asunción de María a los cielos es una fiesta para la esperanza. La esperanza es una virtud que mira al futuro, que cree que el futuro puede ser mejor que el presente, que confía en que Dios saque al ser humano de la situación de la muerte. La fiesta de la Asunción de María a los cielos es una fiesta para la esperanza porque igual que María está en el cielo, nosotros también estaremos un día en él.

1º- Es posible esta esperanza porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte. Es la verdad central de nuestra fe, que recordamos en la segunda lectura: "Por un hombre ha venido la resurrección". Ese hombre es Cristo. El primero de todos. Esta es la verdad más importante de nuestra religión, sin la que la Iglesia no se habría propagado por todas partes, sin la que la Iglesia no se mantendría en la actualidad, sin la que nuestra vivencia del cristianismo no tendría sentido.

2º- Desde esa verdad, celebramos hoy la fiesta de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma.

De Cristo, celebramos la ascensión; es decir que fue al cielo por su propia fuerza. De María, celebramos la Asunción; es decir que fue llevada al cielo, pues ella es una criatura humana.

Fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Este dogma de la Asunción de María está en consonancia con el dogma de la Inmaculada Concepción. La que fue preservada del pecado original, fue preservada también de las consecuencias del pecado. En la mentalidad bíblica, las consecuencias del pecado son la muerte y también la corrupción. Por eso se venera en Jerusalén en una Iglesia la "dormición" de la Virgen María, pues, según esta tradición, más que morirse se durmió. Y fue llevada en cuerpo y alma a los cielos.

El hecho de que fuese llevada en cuerpo y alma a los cielos no debiera sorprendernos, pues, en el credo, confesamos que nuestra resurrección también será en cuerpo y alma; solo que nosotros sí pasaremos por la corrupción del sepulcro. Cómo va a ser esa resurrección de un cuerpo envejecido, accidentado, corrupto, es una cuestión difícil de comprender. Lo que afirmamos con esta verdad de fe es que el cuerpo no es algo accesorio, sino que es algo que nos constituye como personas, tanto como la misma alma. Resucitaremos nosotros mismos, con todo lo que hemos sido en esta vida; también la condición corporal.

La Virgen María está en cuerpo y alma en el cielo debido a la gracia de Dios, que la preservó del pecado original y de la corrupción del sepulcro; pero también debido a que ella respondió positivamente a la llamada de Dios. De hecho, podría haberle dicho que no.

3º- Dice el prefacio de la Eucaristía: "María es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada". Es decir su triunfo sobre la muerte es anticipo de nuestra participación en ese triunfo. Por eso es una fiesta para nuestra esperanza.

Confiamos participar en ese futuro glorioso porque Cristo ha resucitado y, donde está él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar los miembros de su cuerpo.

Con la victoria de María, nuestra victoria se hace más cierta, porque en ella podemos contemplar la victoria de un ser humano como nosotros.

Nuestra victoria está garantizada por la obra de Jesucristo, él ya ha obrado la salvación; está garantizada por la gracia de Dios, que actuó en la Virgen María y sigue actuando en nosotros. Pero queda el que nosotros colaboremos con la gracia de Dios como lo hizo María. Para eso, entre otras consideraciones que podríamos hacer, es conveniente tener en cuenta el evangelio de hoy: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos". Es decir para colaborar con Dios, como lo hizo la Virgen María, hay que dejar la soberbia, el afán de poder y el espíritu de riqueza, que son valores que nos centran en nosotros mismos y que nos conducen a la autosuficiencia, a no vernos necesitados ni de Dios, ni de los demás. Debemos ser humildes y vernos necesitados de Dios para que él pueda obrar en nosotros.

Que la celebración de este domingo acreciente nuestra fe, la certeza de que un día estaremos en el cielo con Dios.
Que esta esperanza anime nuestros días.
Amén.














Fuentes:
Jesús Martí Ballester
Ángel Corbalán
Pedro Crespo Arias