martes, 8 de diciembre de 2009

María Inmaculada,la patrona de España !!!!!!!

Hoy día 8 de este mes de diciembre en el que la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Concepción Inmaculada de María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia Cristiana, queremos recordar la fecha del 7 de diciembre de 1854, en la que el papa Pío IX, de inmortal memoria, definía la “Inmaculada Concepción de María” como dogma de fe católica, y hacer memoria histórica de que es la Patrona de España, misterio muy sentido y venerado por el pueblo español, defendido por los obispos y teólogos y hermosamente representado y expresado por los artistas plásticos, poetas y literatos españoles.

El papa Pio IX manifestaba solemnemente en la Basílica vaticana de Roma mediante la bula Ineffabilis Deus: “Declaramos y definimos, que es doctrina revelada por Dios, la que sostiene, que la beatísima Virgen María en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente y en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada de toda mancha de pecado original”.

Tres años después, el 8 de diciembre en 1857, dicho Papa visita la embajada de España, en Roma, y pronuncia el siguiente discurso: “señor embajador, vengo con íntima satisfacción a visitar esta embajada española, y a bendecir el monumento de la Virgen Inmaculada en esta plaza de España, y declaro que vuestra gloriosa nación tiene hoy muy merecido derecho a esta distinción, porque fue España, la nación, que por sus reyes y por sus teólogos, trabajó más que nadie para que amaneciera el día de la proclamación del dogma de la Concepción Inmaculada de María”.

A continuación, bendice dicho monumento que él había ordenado levantar en la plaza de España de la ciudad eterna para conmemorar dicha efemérides, donde María Inmaculada se eleva sobre un pedestal pura como un pensamiento de Dios, y hermosa como los ideales divinos.
Ciertamente, la historia de España relata, que nuestros reyes, teólogos, artistas, literatos, ejércitos y pueblo creen, esperan y aman el misterio de la Inmaculada Concepción de María. El rey visigodo Ervigio declara su fiesta como ley de Estado. El rey Fernando III, el Santo, llevaba pintada su imagen en su estandarte. Los reyes, Jaime I, el Conquistador, y Juan I de Aragón ordenaron se celebrase su fiesta en todos sus Reinos. Los Reyes Católicos enviaron nueve embajadas a Roma rogando al Papa definiese la Concepción Inmaculada de María como dogma de fe católica.
El rey Felipe II mandó grabar su imagen en su escudo real. A propuesta unánime de las Cortes Generales Españolas, el rey Carlos III solicita a la Santa Sede que la Inmaculada Concepción de María sea proclamada Patrona de España. A su petición, el papa, Clemente XIII, la proclama Patrona de España mediante la bula “Quantum Ornamenti”, de fecha 25 de diciembre de 1760.
Anteriormente, los obispos de las diócesis españolas y los teólogos de las viejas universidades de Salamanca, Alcalá de Henares, Granada, Zaragoza, Valladolid y Valencia defendieron y festejaron la Concepción Inmaculada de María como dogma de fe cristiana. El sabio y celoso gallego Rodrigo de Padrón, arzobispo de Santiago de Compostela, a principios del siglo XIV, ordena que el cabildo de la Iglesia Basílica Catedral del apóstol Santiago celebre solemnemente la fiesta de la “Purísima Concepción de María” en el día 8 de diciembre, y recen la “Salve” después de completas durante todos los días del año, a excepción de las fiestas mitradas y de los días de Semana Santa y Pascua.

La profunda creencia y el gran amor de los ciudadanos españoles a la Inmaculada Concepción de María está manifestada en su culto y en su gran veneración popular, que aparece bellamente expresada y representada en las ocho pinturas de Murillo, en las de Rivera, de Juan de Juanes, en tantas y tantas tallas y pinturas artísticas que hay en catedrales, parroquias, templos, conventos, santuarios y ermitas de España, y en la poesía y literatura españolas de los poetas y literatos, desde Gonzalo de Berceo, a Zorrilla y a Gabriel y Galán.


Por eso, el 6 de diciembre de 1983, el papa Juan Pablo II pudo exclamar en su vista a Zaragoza: “el amor Mariano ha sido en vuestra historia fermento de catolicidad; y ha impulsado a las gentes de España a una devoción firme y a la defensa intrépida de la grandeza de María, sobre todo en su Inmaculada Concepción”. Más tarde, el 10 de octubre de 1984, nos recordaba en su breve estancia, también, en Zaragoza, de paso para América: “decir España, es decir María, porque es decir el Pilar, Covadonga, Aranzazu, Valvanera, Guadalupe, los Desamparados, Lluch, Fuentesanta, las Angustias, los Reyes, el Rocío, la Candelaria, el Pino”…; y tantas y tantas otras, como los Milagros, los Remedios, el Rosario….

El arma de Infantería Española, junto con los Cuerpos Jurídico, Eclesiástico y Oficinas Militares, tienen, también, por su Patrona a la Inmaculada Concepción de María, celebrando su fiesta anualmente el día 8 de diciembre, en recuerdo del valiosísimo auxilio que prestó al Tercio del maestre de campo, Francisco de Bobadilla, el 7 de diciembre de 1585, en la isla de Bombel, Países Bajos (Holanda), estando bloqueado por la escuadra enemiga del almirante Holak.


Teniendo presente este hecho milagroso, el 12 de noviembre de 1892, el general Azcárraga, ministro de la Guerra, siendo doña María Cristina, Regente de España, firma un decreto en la Gaceta de Madrid, hoy, Boletín oficial del Estado, por el que proclama Patrona de Infantería a la Concepción Inmaculada de María, a instancias del inspector general de Infantería, Fernando Primo de Rivera, que expresaba el sentir de dicha Arma.

Para finalizar, ahí van unas poesías dedicadas a la Inmaculada Concepción de María….

"TÚ QUE SURCAS EL AIRE", de Leopoldo Panero
Tú que surcas el aire y eres aire,
y eres gloriosamente transparencia,
y límpida materia en forma humana,
vuelve hacia mi tu aérea
majestad y reparte
la brisa de tus dedos cuerda a cuerda,
en el son prometido de mi alma
y en la música amarga de la pena.
Tú que estás a mi lado por las noches
velando oscuramente mi pureza,
y meciendo mi trigo jubiloso
y lavando mi risa en agua fresca,
vuelve hacia mi, Señora,
un poco de tu hermosura, y que la vea
mi corazón silente
a través del amor con vista trémula.
Enlaza los sarmientos de mis brazos
en tu misericordia y mi tiniebla
cubre con tu mirada
y tenme en tu regazo la cabeza.

"PEQUEÑA ESCLAVA", de José Luis Martín Descalzo
"Pero tú has mirado a esta pequeña esclava,
has roto sus cadenas, has quebrantado su yugo,
y le has concedido la única sujeción que es libertad:
la de ser hija y esclava tuya.
Ah, ¡que dulces los hilos con tiras de mi alma hacia la luz!
Tus abrazos abrazan, no estrangulan.
Tú eres libertad, tu amor no pesa,
tu redil de pastor no tiene cerca.
Tú, dueño mío, amante mío, amor.
Eres la única esclavitud que no esclaviza".

"ELEGIDA POR DIOS ANTES QUE NADA", (de Miguel Hernández)
¡Oh elegida por Dios antes que nada;
Reina del Ala, propia del zafiro,
nieta de Adán creada en el retiro
de la virginidad siempre increada!Tienes el ojo tierno de preñada;
y ante el sabroso origen del suspiro
donde la leche mana miera, miro
tu cintura de no parir, delgada.
Trillo es tu pie de la serpiente lista,
tu parva el mundo, el ángel tu siguiente,
Gloria del Greco y del cristal orgullo.
Privilegio de Judea con tu vista
Dios, y eligió la brisa y el ambiente
en que debía abrirse tu capullo.

"AURORA DONDE EL CIELO SE RECREA", de Gerardo Diego
Alba, mírala bien, mira el lucero
de miel, casi morena, que trasmana
un rubor silencioso de milgrana
en copa de ganado placentero;
la frente como la sal en el estero,
la risa con repique de campana
y el labio en que despunta la mañana
como despunta el sol en el alero.
¡Alba, mírala bien! y el mundo sea
heno que cobra resplandor y brío
en su mirar de alondra transparente;
aurora donde el cielo se recrea,
¡aurora tú que fuiste como un río
y Dios puso la mano en la corriente



Fuentes:
Poesías a la Virgen
Rvdo. D. José Barros Guede

domingo, 6 de diciembre de 2009

!!! Es hora de despertar del sueño !!!

CARTA PASTORAL

Adviento 2009

ES HORA DE DESPERTAR DEL SUEÑO...





Mis queridos diocesanos:

El Adviento nos recuerda que es el Señor el que llega, el que viene hacia nosotros. Nosotros nos limitamos a acogerle, a recibirlo. La Iglesia, impulsada por el Espíritu, repetirá hasta el final de los tiempos su Marana tha, su Ven, Señor. Nosotros debemos unirnos a este grito de la Iglesia. El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!. El que lo oiga que repita: ¡Ven! (Ap 22, 17).

El Adviento, tiempo de deseo, es también tiempo de esperanza. ¡Y qué necesitados estamos de esperanza en una sociedad en la que el desencanto habita en muchos corazones!. Nos hace falta una bocanada fresca de esperanza en este clima de postmodernidad tan inclinado a renunciar a las utopías generadoras de esperanza.

1. Ya es hora de despertar del sueño...

En un tono solemne al entrar en este Adviento del 2009 el grito de alerta del apóstol San Pablo llega hasta nosotros: Ya es hora de despertar del sueño, que la salvación está ya más cerca...(cf. Rm 13, 11). El Señor está cerca. Y el Adviento nos trae de nuevo su mensaje de esperanza. Tú, en cambio, ¿En qué situación te encuentras? ¿Estás despierto o dormido? ¿No crees que se están adormeciendo peligrosamente muchas conciencias? ¿Vivimos con esperanza? ¿Hemos perdido sensibilidad ante la situación económica y de paro de muchas familias?

1.1. Letargo creciente de insensibilidad

En el momento actual se observa una cierta fatiga, un cansancio en nuestra actividad pastoral, un sentirnos como impotentes ante la enorme tarea que tenemos que afrontar, ante el ambiente que nos invade que es como una creciente indiferencia religiosa, un letargo, un relativismo creciente con unas consecuencias verdaderamente graves:

- El afán de poseer, gozar y triunfar como sea, va desplazando otras preocupaciones más transcendentales en la vida y adormece, a veces, los ideales del hombre más honrado. La fascinación de la vida profana es hoy poderosa en extremo. El conformismo les parece a muchos ineludible y prudente (Pablo VI, Encíclica Ecclesiam suam, n. 18).

- Crece el número de los que rechazan vivir según el espíritu de la verdad y la honestidad justificando sus conductas con aquello de todos lo hacen, o bien, la sociedad lo permite. De esta forma se va confundiendo la permisividad con la licitud, lo legal con lo moral, al tiempo que la costumbre se va convirtiendo en norma.

1.2. El Adviento: tiempo de despertar

Así nos encontramos con un cuadro poco halagüeño en nuestro entorno: muchos duermen, diría San Pablo, y otros, desanimados por el ambiente, creen, poco menos, que aún no es posible el poder vivir según el espíritu evangélico.

Es, entonces, cuando el enemigo suele aprovechar el momento para hacer su obra, mientras duermen los criados del amo (cf. Mt 13, 25). Por eso, estos momentos de debilitamiento de la vida de fe y la indiferencia religiosa exigen una fuerte sacudida a los espíritus. El Adviento, con la inminencia de la llegada del Señor, es el tiempo a propósito para despertar del sueño o la modorra en la que nos podamos encontrar envueltos. ¿Qué hacer, entonces?

2. Vigilad y orad

El Papa Benedicto XVI nos alertaba con estas palabras: Nuestro programa hoy como el día de ayer debe ser la fórmula de Cristo: Vigilad y orad. ¡Ay del cristiano que se descuide y no vigile, dispuesto a resistir firme en la fe!, como nos advertía ya el apóstol San Pedro, primer Papa (cf. 1Pe 5, 9). Qué fácil es que se vaya erosionando la fidelidad y acaso la misma libertad de la que aquella es premisa, según el evangelio.

Es verdad que con solo rezar no basta, pero no es menos cierto lo que escribió el teólogo Urs V. Balthasar: Digámoslo enseguida: el cristiano sin oración, ya no es cristiano, y lo que afirmó también Karl Rahner: El cristiano del siglo XXI o es un místico o no tiene nada que hacer.

El cristiano de hoy debe comprender que su condición de cristiano como tal, y su suerte eterna está comprometida en una inteligente vivencia de la oración cristiana.

La Virgen orante de la Encarnación, en recogida unión con el Hijo de sus entrañas, es la imagen del futuro Pueblo de Dios, ecclesia orans (Pablo VI), es el modelo del verdadero discípulo del Evangelio, de los auténticos hijos de Dios que llevan en el corazón y a flor de labios el grito filial: Abba, Padre. Mirémosla atentamente y aprendamos de la Virgen Santa María.

3. Llamada a la conversión

También el mensaje de Juan Bautista tiene fuerza para despertar del sueño. En una situación de somnolencia en la vida de fe, lo más oportuno, dice un gran especialista en comunicación social, es dar una fuerte sacudida a nuestra generación.

Es preciso, pues, oír al precursor que proclama, sin pelos en la lengua, las grandes verdades para la conversión, y nos indica las formas en las que hoy como entonces se ha de orientar nuestra verdadera conversión: arrepentimiento, solidaridad cristiana, el compartir lo que se tiene con los demás, el deber cumplido, la austeridad de vida (cf. Lc 3, 7-14).

3.1. Metanoia

Juan Bautista anuncia y proclama la justicia de Dios. Al anunciar la justicia proclamaba la conversión de los que iban a escucharle. El sentido bíblico de esta palabra no es solo confesarse y arrepentirse sino cambiar de modo de pensar y actuar, volverse al Dios justo y, como Él, obrar la justicia. Nada de un simple cambio de palabras, de ideas, sino un cambio total y profundo de vida (metanoia), que nos lleve a vivir y obrar de cara al Dios justo y misericordioso.

No hay privilegios para nadie. Ni títulos ni privilegios valen. Todos, sin excepción, tenemos que convertirnos y practicar la justicia.

3.2. Verdadera conversión

La verdadera conversión se manifiesta, ante todo, en los frutos. Y los frutos que aquí se piden están todos relacionados con la justicia interhumana y, en consecuencia, con el compartir los bienes. Si nos fijamos en lo que pide a cada grupo social, nos daremos cuenta de que todo hace referencia al comportamiento con el prójimo. Y lo pedido es claro, concreto y contundente.

Juan no pide que se deje la profesión o el oficio, sino practicar la justicia en nuestro trabajo y profesión. Lo cual es lo mismo que afirmar que no hay profesiones y trabajos dignos o indignos en si, sino que son tales en función de su contribución a crear un mundo más justo y fraternal.

4. Preparar hoy los caminos al Señor

El Adviento es preparación de caminos interiores por donde puede llegar la salvación de Dios a los hombres. Se hace necesario, siguiendo la consigna del profeta, rectificar, allanar, enderezar nuestros senderos. Es decir, se nos pide un corazón sencillo y humilde. Para que podamos ser perdonados, es preciso que antes nos reconozcamos sinceramente pecadores, porque el Señor viene a salvar no a los justos sino a los pecadores.

Pero esta preparación no debe ser solo intimista y personal: los cristianos hemos de preparar, según nos recomienda el Concilio Vaticano II, caminos nuevos de misión y evangelización.


El despertar que se nos pide:

4.1. Apremiante resonancia

Este tiempo de Adviento tiene bajo esta perspectiva una apremiante resonancia. Tenemos que responder ante una situación de somnolencia con una acción generosa y decidida, como hijos de la luz, con una actitud combativa y militante. Es más, ante una época como la nuestra en que se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir, desde sus cimientos, la religión, el orden moral y la misma sociedad humana..., el Espíritu del Señor, por medio, del Concilio Vaticano II, pide que cada uno cumpla con suma diligencia la parte que le corresponda, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy (Decreto Apostolicam actuositatem, n. 6).

4.2. ¿Qué debemos hacer?

La gente le preguntaba (a Juan Bautista): Pues ¿qué debemos hacer?. Y él les respondía: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga para comer, que haga lo mismo. Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: Maestro ¿qué debemos hacer?. Él les dijo: No exijáis más de lo que os está fijado. Preguntaron también unos soldados: Y nosotros ¿qué debemos hacer?. Él les dijo: No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra paga (Lc 3, 10-14).

5. ¿Qué tenemos que hacer dentro de esta situación de somnolencia?

Hoy, por una parte, asistimos a un fenómeno bastante generalizado: se escuchan clamores al cambio y a la conversión, a la responsabilidad ética y a la solidaridad, pero casi nadie se da por aludido. Seguimos caminando tranquilos, sin cuestionarnos nuestra propia conducta. Naturalmente la conversión es imposible cuando se la da por supuesta.

Por otra parte, los medios de comunicación social nos informan, cada vez con más rapidez y precisión, de toda la realidad que acontece entre nosotros. Conocemos cada vez mejor la injusticias, las miserias, los abusos que se cometen diariamente en nuestra sociedad. Ello crea en nosotros un cierto sentimiento de solidaridad, e incluso puede provocarnos un sentimiento de vaga culpabilidad. Pero, al mismo tiempo, acrecienta nuestra sensación de impotencia. Nuestras posibilidades de actuación son muy exiguas, por eso es difícil evitar la pregunta.

5.1 ¿Qué podemos hacer?

Juan Bautista nos ofrece, con claridad y simplicidad una respuesta decisiva, que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. No es fácil escuchar sus palabras sin sentir cierto malestar. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos penetrar por ellas. Son palabras que, escuchadas con el corazón abierto, hacen sufrir. Ante ellas se termina nuestra falsa buena voluntad.Nuestras propuestas y gritos, decisiones y controversias, que con frecuencia nos dispensa de nuestra actuación personal, quedan reducidas de pronto, a nada: El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene...; no exijáis más de lo que tenéis establecido...; no hagáis violencia a nadie, ni le saquéis dinero.... Como veis quedarse en una búsqueda incesante, o contentarse con preguntar sin escuchar verdaderas respuestas no es conversión.

Las sencillas palabras del Bautista ponen el dedo en la llaga y nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nuestro corazón. Las estructuras reflejan demasiado bien el espíritu que nos anima a cada uno. Y reproducen con mucha fidelidad la ambición, el egoísmo y la sed de poseer que hay en cada uno de nosotros.

Es hora, pues, de despertar, de ir a lo medular y no andarse por las ramas... es hora de echar por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza, es decir, es hora de despertar del sueño.

5.2 Compartir y ser solidarios

En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de compartir y ser solidarios, de no exigir a nadie más de lo establecido, de no hacer extorsiones, de no aprovecharse con denuncias, de no buscar prebendas ni propinas, de practicar la justicia. Esta es la manera de esperar al Señor en esta Navidad de 2009 que requiere esa conversión. Nuestros gestos y hechos nos acercan o alejan de la llegada del Señor. Ellos la hacen posible o la dificultan. Es hora, pues, de despertar del sueño, si queremos acoger y extender la buena noticia.


5.3. ¿Qué hemos de hacer?

En este tiempo y, como todos los años, escuchamos la invitación de Juan Bautista a la conversión y nos sentimos interpelados en nuestra conciencia cristiana por el problema del paro, y como modesta aportación y siguiendo las propuestas y compromisos adquiridos, os invito a promover una adecuada toma de conciencia, principalmente de la comunidad cristiana, a cubrir los casos de extrema necesidad, enviando a Cáritas Diocesana la cantidad equivalente a un día de tu salario del mes por los parados.

Siento la necesidad, una vez más, de reclamar vuestra atención sobre un problema que nos preocupa profundamente a todos: la difícil situación de tantas personas que carecen de un puesto de trabajo.

Espero y os pido vuestra generosa colaboración en esta tarea común de concienciación, de participación social y solidaridad económica en favor de los desempleados, convencidos de cumplir así una ineludible responsabilidad como pastor de todos los miembros de nuestra comunidad diocesana, pero con especial preferencia de los más necesitados.

6. Levantar los ánimos y confiar

Este tiempo de Adviento está a la vez penetrado de un sentido de gozosa confianza y esperanza: Decid a los cobardes de corazón: el Señor Dios viene a salvarnos (Is 35, 4). Frente a un cierto pesimismo que nos invade hoy ante las dificultades del momento presente; frente al abatimiento por la propia incapacidad para dar respuesta adecuada a los problemas concretos de la situación económica y del paro, es preciso que asimilemos ese espíritu cristiano de un gozoso optimismo y alegre esperanza.

Levantemos los ánimos y confiemos. Mientras permanezcan las pruebas de la situación actual, mientras nos agobien las dificultades y la crisis de este tiempo, es necesario, por una parte, que asumamos la realidad dolorosa y preocupante con entereza, y por otra, que descubramos la providencia de Dios, el paso del Señor que puede estar engendrando, en el dolor, unos tiempos nuevos. Desde luego, el timón de la historia está en manos de Dios y podemos estar seguros de que todo coopera al bien de los que aman a Dios (Rm 8, 28).

Mantengamos nuestro ánimo en aquella confianza que sabe que ahora la prueba de la fe está en la paciencia (St 1, 3), y abriguemos la invencible esperanza de que la victoria final será la del bien. No obstante, ¿que tenemos que hacer? Sobre todo, abramos el corazón y los brazos a nuestros hermanos. Nunca tan oportuno como en Navidad el recibir a Cristo en el pobre, el perdonar al enemigo en la paz que nos pregona el ángel y el amar fraternalmente a todos en nuestro hermano mayor, Jesús, el Señor.

Para celebrar con la hondura de espíritu que merece la Navidad os he querido hacer estas sugerencias a fin de que nos despierte de nuestros posibles letargos y nos ponga en actitud vigilante, dispuestos a preparar el adviento, tiempo de reflexión, oración y compromiso cristiano con los pobres y desfavorecidos de la hora actual.

Que Santa María de la Esperanza nos enseñe a esperar y a recibir el auxilio del Señor, que por medio de Ella llega a todos los hombres.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,



+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 16 de noviembre de 2009.