domingo, 6 de diciembre de 2009

!!! Es hora de despertar del sueño !!!

CARTA PASTORAL

Adviento 2009

ES HORA DE DESPERTAR DEL SUEÑO...





Mis queridos diocesanos:

El Adviento nos recuerda que es el Señor el que llega, el que viene hacia nosotros. Nosotros nos limitamos a acogerle, a recibirlo. La Iglesia, impulsada por el Espíritu, repetirá hasta el final de los tiempos su Marana tha, su Ven, Señor. Nosotros debemos unirnos a este grito de la Iglesia. El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!. El que lo oiga que repita: ¡Ven! (Ap 22, 17).

El Adviento, tiempo de deseo, es también tiempo de esperanza. ¡Y qué necesitados estamos de esperanza en una sociedad en la que el desencanto habita en muchos corazones!. Nos hace falta una bocanada fresca de esperanza en este clima de postmodernidad tan inclinado a renunciar a las utopías generadoras de esperanza.

1. Ya es hora de despertar del sueño...

En un tono solemne al entrar en este Adviento del 2009 el grito de alerta del apóstol San Pablo llega hasta nosotros: Ya es hora de despertar del sueño, que la salvación está ya más cerca...(cf. Rm 13, 11). El Señor está cerca. Y el Adviento nos trae de nuevo su mensaje de esperanza. Tú, en cambio, ¿En qué situación te encuentras? ¿Estás despierto o dormido? ¿No crees que se están adormeciendo peligrosamente muchas conciencias? ¿Vivimos con esperanza? ¿Hemos perdido sensibilidad ante la situación económica y de paro de muchas familias?

1.1. Letargo creciente de insensibilidad

En el momento actual se observa una cierta fatiga, un cansancio en nuestra actividad pastoral, un sentirnos como impotentes ante la enorme tarea que tenemos que afrontar, ante el ambiente que nos invade que es como una creciente indiferencia religiosa, un letargo, un relativismo creciente con unas consecuencias verdaderamente graves:

- El afán de poseer, gozar y triunfar como sea, va desplazando otras preocupaciones más transcendentales en la vida y adormece, a veces, los ideales del hombre más honrado. La fascinación de la vida profana es hoy poderosa en extremo. El conformismo les parece a muchos ineludible y prudente (Pablo VI, Encíclica Ecclesiam suam, n. 18).

- Crece el número de los que rechazan vivir según el espíritu de la verdad y la honestidad justificando sus conductas con aquello de todos lo hacen, o bien, la sociedad lo permite. De esta forma se va confundiendo la permisividad con la licitud, lo legal con lo moral, al tiempo que la costumbre se va convirtiendo en norma.

1.2. El Adviento: tiempo de despertar

Así nos encontramos con un cuadro poco halagüeño en nuestro entorno: muchos duermen, diría San Pablo, y otros, desanimados por el ambiente, creen, poco menos, que aún no es posible el poder vivir según el espíritu evangélico.

Es, entonces, cuando el enemigo suele aprovechar el momento para hacer su obra, mientras duermen los criados del amo (cf. Mt 13, 25). Por eso, estos momentos de debilitamiento de la vida de fe y la indiferencia religiosa exigen una fuerte sacudida a los espíritus. El Adviento, con la inminencia de la llegada del Señor, es el tiempo a propósito para despertar del sueño o la modorra en la que nos podamos encontrar envueltos. ¿Qué hacer, entonces?

2. Vigilad y orad

El Papa Benedicto XVI nos alertaba con estas palabras: Nuestro programa hoy como el día de ayer debe ser la fórmula de Cristo: Vigilad y orad. ¡Ay del cristiano que se descuide y no vigile, dispuesto a resistir firme en la fe!, como nos advertía ya el apóstol San Pedro, primer Papa (cf. 1Pe 5, 9). Qué fácil es que se vaya erosionando la fidelidad y acaso la misma libertad de la que aquella es premisa, según el evangelio.

Es verdad que con solo rezar no basta, pero no es menos cierto lo que escribió el teólogo Urs V. Balthasar: Digámoslo enseguida: el cristiano sin oración, ya no es cristiano, y lo que afirmó también Karl Rahner: El cristiano del siglo XXI o es un místico o no tiene nada que hacer.

El cristiano de hoy debe comprender que su condición de cristiano como tal, y su suerte eterna está comprometida en una inteligente vivencia de la oración cristiana.

La Virgen orante de la Encarnación, en recogida unión con el Hijo de sus entrañas, es la imagen del futuro Pueblo de Dios, ecclesia orans (Pablo VI), es el modelo del verdadero discípulo del Evangelio, de los auténticos hijos de Dios que llevan en el corazón y a flor de labios el grito filial: Abba, Padre. Mirémosla atentamente y aprendamos de la Virgen Santa María.

3. Llamada a la conversión

También el mensaje de Juan Bautista tiene fuerza para despertar del sueño. En una situación de somnolencia en la vida de fe, lo más oportuno, dice un gran especialista en comunicación social, es dar una fuerte sacudida a nuestra generación.

Es preciso, pues, oír al precursor que proclama, sin pelos en la lengua, las grandes verdades para la conversión, y nos indica las formas en las que hoy como entonces se ha de orientar nuestra verdadera conversión: arrepentimiento, solidaridad cristiana, el compartir lo que se tiene con los demás, el deber cumplido, la austeridad de vida (cf. Lc 3, 7-14).

3.1. Metanoia

Juan Bautista anuncia y proclama la justicia de Dios. Al anunciar la justicia proclamaba la conversión de los que iban a escucharle. El sentido bíblico de esta palabra no es solo confesarse y arrepentirse sino cambiar de modo de pensar y actuar, volverse al Dios justo y, como Él, obrar la justicia. Nada de un simple cambio de palabras, de ideas, sino un cambio total y profundo de vida (metanoia), que nos lleve a vivir y obrar de cara al Dios justo y misericordioso.

No hay privilegios para nadie. Ni títulos ni privilegios valen. Todos, sin excepción, tenemos que convertirnos y practicar la justicia.

3.2. Verdadera conversión

La verdadera conversión se manifiesta, ante todo, en los frutos. Y los frutos que aquí se piden están todos relacionados con la justicia interhumana y, en consecuencia, con el compartir los bienes. Si nos fijamos en lo que pide a cada grupo social, nos daremos cuenta de que todo hace referencia al comportamiento con el prójimo. Y lo pedido es claro, concreto y contundente.

Juan no pide que se deje la profesión o el oficio, sino practicar la justicia en nuestro trabajo y profesión. Lo cual es lo mismo que afirmar que no hay profesiones y trabajos dignos o indignos en si, sino que son tales en función de su contribución a crear un mundo más justo y fraternal.

4. Preparar hoy los caminos al Señor

El Adviento es preparación de caminos interiores por donde puede llegar la salvación de Dios a los hombres. Se hace necesario, siguiendo la consigna del profeta, rectificar, allanar, enderezar nuestros senderos. Es decir, se nos pide un corazón sencillo y humilde. Para que podamos ser perdonados, es preciso que antes nos reconozcamos sinceramente pecadores, porque el Señor viene a salvar no a los justos sino a los pecadores.

Pero esta preparación no debe ser solo intimista y personal: los cristianos hemos de preparar, según nos recomienda el Concilio Vaticano II, caminos nuevos de misión y evangelización.


El despertar que se nos pide:

4.1. Apremiante resonancia

Este tiempo de Adviento tiene bajo esta perspectiva una apremiante resonancia. Tenemos que responder ante una situación de somnolencia con una acción generosa y decidida, como hijos de la luz, con una actitud combativa y militante. Es más, ante una época como la nuestra en que se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir, desde sus cimientos, la religión, el orden moral y la misma sociedad humana..., el Espíritu del Señor, por medio, del Concilio Vaticano II, pide que cada uno cumpla con suma diligencia la parte que le corresponda, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy (Decreto Apostolicam actuositatem, n. 6).

4.2. ¿Qué debemos hacer?

La gente le preguntaba (a Juan Bautista): Pues ¿qué debemos hacer?. Y él les respondía: El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga para comer, que haga lo mismo. Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: Maestro ¿qué debemos hacer?. Él les dijo: No exijáis más de lo que os está fijado. Preguntaron también unos soldados: Y nosotros ¿qué debemos hacer?. Él les dijo: No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra paga (Lc 3, 10-14).

5. ¿Qué tenemos que hacer dentro de esta situación de somnolencia?

Hoy, por una parte, asistimos a un fenómeno bastante generalizado: se escuchan clamores al cambio y a la conversión, a la responsabilidad ética y a la solidaridad, pero casi nadie se da por aludido. Seguimos caminando tranquilos, sin cuestionarnos nuestra propia conducta. Naturalmente la conversión es imposible cuando se la da por supuesta.

Por otra parte, los medios de comunicación social nos informan, cada vez con más rapidez y precisión, de toda la realidad que acontece entre nosotros. Conocemos cada vez mejor la injusticias, las miserias, los abusos que se cometen diariamente en nuestra sociedad. Ello crea en nosotros un cierto sentimiento de solidaridad, e incluso puede provocarnos un sentimiento de vaga culpabilidad. Pero, al mismo tiempo, acrecienta nuestra sensación de impotencia. Nuestras posibilidades de actuación son muy exiguas, por eso es difícil evitar la pregunta.

5.1 ¿Qué podemos hacer?

Juan Bautista nos ofrece, con claridad y simplicidad una respuesta decisiva, que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. No es fácil escuchar sus palabras sin sentir cierto malestar. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos penetrar por ellas. Son palabras que, escuchadas con el corazón abierto, hacen sufrir. Ante ellas se termina nuestra falsa buena voluntad.Nuestras propuestas y gritos, decisiones y controversias, que con frecuencia nos dispensa de nuestra actuación personal, quedan reducidas de pronto, a nada: El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene...; no exijáis más de lo que tenéis establecido...; no hagáis violencia a nadie, ni le saquéis dinero.... Como veis quedarse en una búsqueda incesante, o contentarse con preguntar sin escuchar verdaderas respuestas no es conversión.

Las sencillas palabras del Bautista ponen el dedo en la llaga y nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nuestro corazón. Las estructuras reflejan demasiado bien el espíritu que nos anima a cada uno. Y reproducen con mucha fidelidad la ambición, el egoísmo y la sed de poseer que hay en cada uno de nosotros.

Es hora, pues, de despertar, de ir a lo medular y no andarse por las ramas... es hora de echar por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza, es decir, es hora de despertar del sueño.

5.2 Compartir y ser solidarios

En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados, la demanda de Juan Bautista cobra nueva vigencia. Es el momento de compartir y ser solidarios, de no exigir a nadie más de lo establecido, de no hacer extorsiones, de no aprovecharse con denuncias, de no buscar prebendas ni propinas, de practicar la justicia. Esta es la manera de esperar al Señor en esta Navidad de 2009 que requiere esa conversión. Nuestros gestos y hechos nos acercan o alejan de la llegada del Señor. Ellos la hacen posible o la dificultan. Es hora, pues, de despertar del sueño, si queremos acoger y extender la buena noticia.


5.3. ¿Qué hemos de hacer?

En este tiempo y, como todos los años, escuchamos la invitación de Juan Bautista a la conversión y nos sentimos interpelados en nuestra conciencia cristiana por el problema del paro, y como modesta aportación y siguiendo las propuestas y compromisos adquiridos, os invito a promover una adecuada toma de conciencia, principalmente de la comunidad cristiana, a cubrir los casos de extrema necesidad, enviando a Cáritas Diocesana la cantidad equivalente a un día de tu salario del mes por los parados.

Siento la necesidad, una vez más, de reclamar vuestra atención sobre un problema que nos preocupa profundamente a todos: la difícil situación de tantas personas que carecen de un puesto de trabajo.

Espero y os pido vuestra generosa colaboración en esta tarea común de concienciación, de participación social y solidaridad económica en favor de los desempleados, convencidos de cumplir así una ineludible responsabilidad como pastor de todos los miembros de nuestra comunidad diocesana, pero con especial preferencia de los más necesitados.

6. Levantar los ánimos y confiar

Este tiempo de Adviento está a la vez penetrado de un sentido de gozosa confianza y esperanza: Decid a los cobardes de corazón: el Señor Dios viene a salvarnos (Is 35, 4). Frente a un cierto pesimismo que nos invade hoy ante las dificultades del momento presente; frente al abatimiento por la propia incapacidad para dar respuesta adecuada a los problemas concretos de la situación económica y del paro, es preciso que asimilemos ese espíritu cristiano de un gozoso optimismo y alegre esperanza.

Levantemos los ánimos y confiemos. Mientras permanezcan las pruebas de la situación actual, mientras nos agobien las dificultades y la crisis de este tiempo, es necesario, por una parte, que asumamos la realidad dolorosa y preocupante con entereza, y por otra, que descubramos la providencia de Dios, el paso del Señor que puede estar engendrando, en el dolor, unos tiempos nuevos. Desde luego, el timón de la historia está en manos de Dios y podemos estar seguros de que todo coopera al bien de los que aman a Dios (Rm 8, 28).

Mantengamos nuestro ánimo en aquella confianza que sabe que ahora la prueba de la fe está en la paciencia (St 1, 3), y abriguemos la invencible esperanza de que la victoria final será la del bien. No obstante, ¿que tenemos que hacer? Sobre todo, abramos el corazón y los brazos a nuestros hermanos. Nunca tan oportuno como en Navidad el recibir a Cristo en el pobre, el perdonar al enemigo en la paz que nos pregona el ángel y el amar fraternalmente a todos en nuestro hermano mayor, Jesús, el Señor.

Para celebrar con la hondura de espíritu que merece la Navidad os he querido hacer estas sugerencias a fin de que nos despierte de nuestros posibles letargos y nos ponga en actitud vigilante, dispuestos a preparar el adviento, tiempo de reflexión, oración y compromiso cristiano con los pobres y desfavorecidos de la hora actual.

Que Santa María de la Esperanza nos enseñe a esperar y a recibir el auxilio del Señor, que por medio de Ella llega a todos los hombres.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,



+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 16 de noviembre de 2009.