sábado, 14 de agosto de 2010

"Una fiesta para la esperanza"


Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

"¡Qué hermosa eres, amada mía! -exclama el Cantar de los Cantares ante la Esposa que sube a los cielos-, tus ojos de paloma por entre el velo; tu pelo es un rebaño de cabras descolgándose por las laderas de Galaad.
Tus labios son cinta escarlata, y tu hablar, melodioso, tus sienes dos mitades de granada." La Asunción de María forma parte del designio divino y se fundamenta en la participación de María en la misión de su Hijo, sostiene la perenne y concorde tradición de la Iglesia.
La Asunción de la Virgen está integrada, desde siempre, en la fe del pueblo cristiano, quien, al afirmar la llegada de María a la gloria celeste, ha querido también proclamar la glorificación de su cuerpo, cuyo primer testimonio aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», que se remontan a los siglos II y III.

Cantan los poetas..............

"Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas" (Ap 11,19). Maravillado y transido de belleza canta el poeta:

“¿A dónde va, cuando se va la llama?

¿A dónde va, cuando se va la rosa?

¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,

¿qué amor de Padre la abraza y la reclama?.

Esta vez como aquella, aunque distinto;

el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.

Hoy va la Madre al Hijo, va derecha

al Uno y Trino, el trono en su recinto..

No se nos pierde, no; se va y se queda.

Coronada de cielos, tierra añora

y baja en descensión de Mediadora,

rampa de amor, dulcísima vereda”.



LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(1, 39, 56)
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
--¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
--Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a sucasa.


Palabra del Señor

COMENTARIO.

La fiesta de la Asunción de María a los cielos es una fiesta para la esperanza. La esperanza es una virtud que mira al futuro, que cree que el futuro puede ser mejor que el presente, que confía en que Dios saque al ser humano de la situación de la muerte. La fiesta de la Asunción de María a los cielos es una fiesta para la esperanza porque igual que María está en el cielo, nosotros también estaremos un día en él.

1º- Es posible esta esperanza porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte. Es la verdad central de nuestra fe, que recordamos en la segunda lectura: "Por un hombre ha venido la resurrección". Ese hombre es Cristo. El primero de todos. Esta es la verdad más importante de nuestra religión, sin la que la Iglesia no se habría propagado por todas partes, sin la que la Iglesia no se mantendría en la actualidad, sin la que nuestra vivencia del cristianismo no tendría sentido.

2º- Desde esa verdad, celebramos hoy la fiesta de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma.

De Cristo, celebramos la ascensión; es decir que fue al cielo por su propia fuerza. De María, celebramos la Asunción; es decir que fue llevada al cielo, pues ella es una criatura humana.

Fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Este dogma de la Asunción de María está en consonancia con el dogma de la Inmaculada Concepción. La que fue preservada del pecado original, fue preservada también de las consecuencias del pecado. En la mentalidad bíblica, las consecuencias del pecado son la muerte y también la corrupción. Por eso se venera en Jerusalén en una Iglesia la "dormición" de la Virgen María, pues, según esta tradición, más que morirse se durmió. Y fue llevada en cuerpo y alma a los cielos.

El hecho de que fuese llevada en cuerpo y alma a los cielos no debiera sorprendernos, pues, en el credo, confesamos que nuestra resurrección también será en cuerpo y alma; solo que nosotros sí pasaremos por la corrupción del sepulcro. Cómo va a ser esa resurrección de un cuerpo envejecido, accidentado, corrupto, es una cuestión difícil de comprender. Lo que afirmamos con esta verdad de fe es que el cuerpo no es algo accesorio, sino que es algo que nos constituye como personas, tanto como la misma alma. Resucitaremos nosotros mismos, con todo lo que hemos sido en esta vida; también la condición corporal.

La Virgen María está en cuerpo y alma en el cielo debido a la gracia de Dios, que la preservó del pecado original y de la corrupción del sepulcro; pero también debido a que ella respondió positivamente a la llamada de Dios. De hecho, podría haberle dicho que no.

3º- Dice el prefacio de la Eucaristía: "María es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada". Es decir su triunfo sobre la muerte es anticipo de nuestra participación en ese triunfo. Por eso es una fiesta para nuestra esperanza.

Confiamos participar en ese futuro glorioso porque Cristo ha resucitado y, donde está él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar los miembros de su cuerpo.

Con la victoria de María, nuestra victoria se hace más cierta, porque en ella podemos contemplar la victoria de un ser humano como nosotros.

Nuestra victoria está garantizada por la obra de Jesucristo, él ya ha obrado la salvación; está garantizada por la gracia de Dios, que actuó en la Virgen María y sigue actuando en nosotros. Pero queda el que nosotros colaboremos con la gracia de Dios como lo hizo María. Para eso, entre otras consideraciones que podríamos hacer, es conveniente tener en cuenta el evangelio de hoy: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos". Es decir para colaborar con Dios, como lo hizo la Virgen María, hay que dejar la soberbia, el afán de poder y el espíritu de riqueza, que son valores que nos centran en nosotros mismos y que nos conducen a la autosuficiencia, a no vernos necesitados ni de Dios, ni de los demás. Debemos ser humildes y vernos necesitados de Dios para que él pueda obrar en nosotros.

Que la celebración de este domingo acreciente nuestra fe, la certeza de que un día estaremos en el cielo con Dios.
Que esta esperanza anime nuestros días.
Amén.














Fuentes:
Jesús Martí Ballester
Ángel Corbalán
Pedro Crespo Arias



viernes, 13 de agosto de 2010

ASUNCION DE NUESTRA SEÑORA !!!!!


CARTA PASTORAL

ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA


Mis queridos diocesanos:

La solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, que se celebra el 15 de agosto, es para los cristianos una invitación a la esperanza y a cantar con María y en María la gloria de Dios. Ella, terminado el curso de su vida en la tierra, por haber vivido tan íntimamente unida a su Hijo, Jesucristo, lo siguió también en su glorificación a los cielos, sin conocer la corrupción del sepulcro.

María en su gloriosa Asunción en cuerpo y alma al cielo, como reflejo y consecuencia de la Ascensión del Señor, su Hijo, es una demostración del poder y de la bondad infinita de Dios, que triunfa sobre todos los poderes de este mundo, aún sobre la misma muerte.

El pueblo cristiano, tanto de oriente como de occidente, ha creído y celebrado desde antiguo este misterio y esta fiesta de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma al cielo, que en el oriente cristiano se denomina y representa como fiesta de la dormición de María, rodeada de los apóstoles.

La fiesta de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos es también nuestra fiesta. No sólo porque es una gran fiesta de María, nuestra Madre, sino porque es anticipo y prenda de nuestra propia glorificación. María como primera y fidelísima discípula de su Hijo Jesús nos precede en la fe, en la esperanza y en el amor, y ahora ya también en la gloria junto a su Hijo.

El Papa Pío XII, en la Bula Dogmática Munificentissimus Deus (1-11-1950), llevó a cabo la definición dogmática de esta verdad de fe cristiana. Sus palabras fueron estas: “Por tanto, después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad...., pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de fe divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial” (n. 37).

María asunta “brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo” (Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, n. 68).

La celebración de la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora es para nosotros, por lo tanto, una invitación a la esperanza cristiana. También nosotros, como María, seremos glorificados en cuerpo y alma porque pertenecemos, como Ella, a la familia de su Hijo: somos miembros del mismo cuerpo del que su Hijo es la Cabeza. Si Él ha sido glorificado y ha hecho ya partícipe a su Madre de su gloria, también nosotros vivimos con la esperanza de que un día seremos glorificados.

Toda la humanidad y la creación entera serán definitivamente redimidas, con su condena, esclavitudes e imperfecciones, del pecado y de la muerte, cuando todo sea definitivamente recapitulado en Cristo.

Pero, sobre todo, cada uno de nosotros, que nos debatimos abrumados y condicionados por el peso de nuestra naturaleza limitada y mortal, seremos liberados de toda esclavitud y, especialmente, de la muerte y del pecado para participar con el Señor y con su santa Madre de la bienaventuranza definitiva en cuerpo y alma en la gloria.

Vivir de la esperanza y en la esperanza nos conducirá a ponernos en el camino que nos conduce a esa meta siguiendo las huellas del Señor y de su Madre y Madre nuestra, María.

La esperanza pone en marcha toda la capacidad que Dios ha colocado en nosotros para emprender y continuar el camino que conduce a la meta que el Señor y María ya han alcanzado, y que nosotros esperamos y deseamos alcanzar.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,






+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 2 de agosto de 2010.


Fuentes:
Obispado de Cádiz y Ceuta
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San Garcia Abad.