sábado, 12 de marzo de 2011

De las tentaciones y de La Tentación !!!!!! (Evangelio dominical)

Desconozco la razón por la que la “tentación” por antonomasia en el imaginario popular ha terminado siendo la del “sexto”, la del pecado sexual. Pero hasta podría llegar a pensar que ha sido una gloriosa maniobra de diversión para despistarnos a todos de la verdadera tentación: la del poder. O mejor la del abuso del poder. Ahí reside el verdadero pecado, el que corrompe hasta lo más profundo lo que ha sido y es el sueño de Dios para la humanidad, el reino, la fraternidad. El abuso de poder sitúa a unas personas por encima de las demás, convierte la relación fraternal en una relación de amos y esclavos, de señores y siervos.


Ese abuso se manifiesta en todos los niveles. Siendo realistas, la mayoría de los abusos de tipo sexual no son en el fondo, y en la superficie también, más que un abuso de poder, una forma de expresar el dominio de uno, generalmente el hombre, sobre el otro, generalmente la mujer. El poder es la más vieja y antigua tentación. Cuando al actual presidente de Colombia le ofrecieron por primera vez un ministerio en su país era subdirector de un importante periódico. Consultó si debía aceptar con un amigo y éste le dijo: “si sigues en el periódico tendrás mucha ‘influencia’ pero sólo si entras en la política tendrás verdadero poder.” Dominar, controlar, mandar, que los otros hagan lo que uno dice. Todo eso es el poder. El que manda es libre para tomar sus decisiones. Los otros son los esclavos, los que tienen que obedecer.
¡Esa es la mayor de las tentaciones!


TENTACIONES

No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.


Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.

Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).

El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.

¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre?
¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan?
¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren?
¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?

El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores.
Hemos de ser lúcidos.
El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.

Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad.
Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión.
¿No nos está sucediendo algo de esto?
¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?



Evangelio según San Mateo 4,1-11.

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".
Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Palabra de Dios


EL COMENTARIO.

Estamos en el primer domingo de Cuaresma: tiempo de preparación para la Pascua del Señor; para renovar las promesas bautismales; para vivir la conversión.



En este primer domingo se nos invita a reflexionar sobre las tentaciones que tuvo Jesucristo en el desierto; tentaciones que son la expresión de las tentaciones que podemos tener todos los cristianos.

Pero, antes de hablar de las tentaciones, quiero resaltar lo que dice al principio el evangelio: "Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu...". Así es Dios con su propio Hijo. El Espíritu lo lleva por el desierto, el Espíritu lo adentra en la purificación, en la tentación, en la soledad, en la reflexión... ¡Cuántas circunstancias de la vida, que nosotros no acabamos de entender, son caminos abiertos por el Espíritu para conducirnos más claramente a Dios!

La tentación es una sugerencia exterior o interior que nos invita a hacer el mal. En sí misma no es pecado, pues Jesucristo tuvo tentaciones y no tuvo pecado. Las tentaciones de Jesús en el desierto son la expresión de los caminos del mundo frente a los caminos de Dios.

La concreción de las tentaciones, que viene a continuación, está ‘entresacada’ de "Reestructurar la vida" de N. Alcover (Ed. Paulinas)

TENER: "Haz que estas piedras se conviertan en pan": [Jesús nos propone: SER Tenido]



Preocupación obsesiva por el universo de los teneres (materiales, espirituales, intelectuales, temperamentales). Conduce al afán de posesión, incluida la posesión de los demás.

La consecuencia es una profunda autosuficiencia, sin necesidad de los otros, ni de la gracia de Dios.

Lo tenido te acaba poseyendo.

FAMA: "Tírate desde el alero del templo": [Jesús nos propone: Servicio]

Preocupación obsesiva por el universo de las apariencias, que en pura lógica provoca el aplauso de los demás y la consiguiente vana - gloria, que es una de las tentaciones más sutiles, que no es voluntad de Dios, sino mi deseo de aparentar.

La consecuencia es una autoidolatría desmedida, por autocomplacencia, narcisismo.

PODER [Soberbia]: "Todo este reino es tuyo si me adoras": [Jesús nos propone: Humildad]

Preocupación obsesiva por el universo del poder, que es el objetivo de una sociedad ejecutiva y competitiva. Es una sobrevaloración propia que me conduce a aplastar a los demás, a sometérmelos, sólo porque me considero poderoso. Significa que no me conozco y que no ando en verdad.

La raíz de esto es la autoprepotencia, considerarse el centro del mundo: dios.


Como comentario a la primera tentación, os pongo aquí este cuento.

"No sólo de pan vive el hombre".

Juanito era un hombre corriente. Tenía poco dinero pero el suficiente para vivir contento y satisfecho. Un día, mientras paseaba, se encontró un fajo de billetes en la basura. Sorprendido cogió el puñado de billetes. Su primer impulso fue guardarlos en el bolsillo; pero, tras un instante, mirando el dinero le dijo: "Eres un tesoro, pero ¿realmente te necesito? Hasta hoy nunca te he tenido y he sido feliz mientras que algunos de mis vecinos, cargados de billetes como vosotros, son desdichados. No quiero ser como ellos. No os necesito". Y, sin más, arrojó los billetes a la basura.

Los billetes se sintieron muy ofendidos. Jamás se habían visto tratados de aquella manera. Enfadados le gritaron a Juanito: "¿Quién te crees que eres? ¡Debes ser un completo idiota! ¿Cómo te atreves a tratarnos así? Serás un desgraciado toda tu vida. ¿Ignoras que el dinero puede comprarlo todo? El dinero abre las puertas del placer, del prestigio y del poder. El dinero da la felicidad. No seas tonto. Cógenos y llévanos a tu casa. No te arrepentirás".

Juanito replicó: "Tenéis razón en cierto modo. El dinero puede comprar todas las cosas que el mundo ofrece, pero no puede comprar los deseos más hondos del corazón de una persona".

"¡Mentiroso!", dijeron los billetes. "¿Qué sabes tú del mundo y sus placeres? Vamos, dinos lo que no podemos comprarte.

Juanito sonrió tranquilamente mirando a los billetes y replicó: "Es verdad que el dinero podría comprarme un lecho de oro, pero no podría comprarme el profundo y apacible sueño. El dinero puede comprar cosméticos, pero no puede comprar mi sana y robusta complexión. El dinero puede comprar una casa suntuosa, pero no puede comprar la felicidad de mi hogar. El dinero puede comprar el sexo, pero no puede comprar el amor de mi matrimonio. El dinero puede comprar a la gente, pero no puede comprar la lealtad de mis amigos. El dinero puede comprar libros, pero no conocimientos y sabiduría. El dinero puede comprar vestidos de moda, pero no puede comprar la dignidad personal. El dinero puede comprar diversiones ocasionales, pero no puede comprar la alegría y la paz interior. En otras palabras, todo lo que vale la pena, tú, dinero, no puedes comprarlo. Sólo puedes introducirte falazmente en la vida de las personas "inteligentes" induciéndoles a creer que puedes dar lo que no está en tu poder. Eres un embustero y un engañabobos. Quédate donde estás, que es donde te corresponde: en el basurero". Dicho esto, Juanito prosiguió su camino silbando alegremente.











Fuentes:
Iluminación Divina
Fernando Torres Pérez cmf
José A, Pagola
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán