miércoles, 18 de enero de 2012

Y San Antón, bendijo a mascotas y acompañantes!!


Aunque apenas eran las 19:30, la misa estaba terminando, la noche empezaba a caer...aquello, lo que se apreciaba en el Claustro parroquial de San García Abad, era propio de día de Comuniones. No porque los niños y niña fueran vestiditos de marineritos o princesas, sino por la cantidad de ellos y ellas con sus papas y mamas y por supuesto...las mascotas. Muchos feligreses y otros llegados de otras barriadas, cientos y cientos. Era el día de San Antonio Abad, San Antón y había que bendecir, como ya es habitual, a las mascotas y de paso...por qué no? a sus propietarios o cuidadores.


Bendecir a los animales domésticos es una tradición que comienza en el siglo V, en el caso del Nuevo Mundo, fué durante el inicio de la etapa colonial, impulsada por los frailes franciscanos. Esta tradición se celebra cada 17 de enero, que corresponde al día de san Antonio Abad, que murió en el siglo IV y a la edad de 105 años. Un santo que siendo abad, prefirió vivir fuera de monasterios y llevar una vida de oración y en la naturaleza.

La tradición de referencia trata de recordar el equilibrio que debe existir entre el hombre y la naturaleza, en este caso específico con los animales.

Se cuenta también que en una ocasión, a nuestro santo, se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara.
Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre de representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban un cerdo domado a los pies, porque era vencedor de la impureza.


Además, en la Edad Media para mantener los hospitales soltaban los animales y para que la gente no se los apropiara los pusieron bajo el patrocinio del famoso San Antonio, por lo que corría su fama.

En la teología el colocar los animales junto a la figura de un cristiano era decir que esa persona había entrado en la vida bienaventurada, esto es, en el cielo, puesto que dominaba la creación.


Según sus biógrafos, San Antonio Abad, en medio de la vida austera que llevó pudo descubrir la sabiduría y el amor divinos a través de observar a la naturaleza.De esa revelación, San Antonio Abad adquirió la costumbre de bendecir a los animales y a las plantas.

A partir de su muerte, San Antonio Abad fue invocado como protector de los animales domésticos.

La tradición se extendió por todo el país y es así como cada 17 de enero, los fieles se dirigen a la iglesia con su animal preferido para que éste sea bendecido.

Los animalitos son adornados con listones y flores o con alguna indumentaria que su dueño considera propia para recibir la bendición.

Este año, hemos visto una variedad más amplia aún, el año pasado nos habíamos sorprendido, de mascotas y con los ojos brillantes de emoción de niños, niñas y también de los adultos.
Nuestro párroco, reverendo José Carlos Del Valle, se multiplicaba en las bendiciones a mascotas y acompañantes, el hisopo, parecía actuar en automático y el agua bendita...llegó para todos.

Por cierto, algunos de los propietarios o cuidadores, recibieron más agua bendita que sus mascotas...por qué será?.