lunes, 14 de mayo de 2012

Hoy es...San Matias, apostol !!

Siguió a Jesús "desde que este fue bautizado hasta su ascensión". Por este motivo, cuando Judas Iscariote desertó y hubo necesidad de completar el número de los doce Apóstoles, Pedro lo propuso para que se uniera al grupo apostólico y "se convirtiera en testigo de la resurrección" del Señor. (Cf. Hechos 1, 15-26) Apóstol (s. I)

Los Apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, eligieron a Matías de entre los testigos de la Resurrección del Señor y después de la Ascensión, para ocupar el puesto de Judas y completar el número de los Doce.

Predicó el Evangelio en Etiopía y murió mártir. «Matías fue un discípulo del Señor tan constante que lo acompañó durante los tres años de su vida pública, sin separarse nunca de él. Sin embargo, no llegó a pertenecer al grupo más íntimo de los doce apóstoles. Pero después de la traición de Judas Iscariote, Matías fue elegido para ocupar su cargo en el Colegio Apostolicio» ( Luis Palacin op. Cit. P. 24- 25)

 Así narran este acontecimiento los Hechos de los Apóstoles: «Uno de aquellos días (después de la Ascensión del Señor) Pedro se puso en pie en medio de los hermanos –el número de los reunidos era de unos ciento veinte- y les dijo: « Hermanos, era preciso que se cumpliera al Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Jesús. Porque él era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio.

Este, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. –Y esto fu conocido por todos los habitantes de Jerusalén de forma que el campo se llamó en su lengua Haqueldamá, es decir: « Campo de sangre « -

Pues en el libro de los Salmos está escrito: Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella. Y también: Que otro reciba su cargo. « Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo en el que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.» (Hech. 1, 15-22).

 Así presentaron a dos hombres, José, llamado Barsabás, apodado « El justo « y también a Matías. Enseguida oraron diciendo: « Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido... « (Hech. 1, 24) para trabajar como apóstol. Después de esto hicieron un sorteo para escoger uno de los dos.

El nombre escogido fue el de Matías, que se unió al grupo de los apóstoles. Informaciones posteriores dicen que Matías era probablemente natural de Belén. Que predicó el Evangelio en Palestina, en Asia Menor y que por último, fue apedreado por los judíos.

La madre de Constantino Magno, Santa Elena, trasladó las reliquias de San Matías a Roma. Una parte de estas reliquias es venerada en la antiquísima Iglesia de Treves, en Alemania y otra parte en la Basílica de Santa María Mayor en Roma (P. Joäo Batista Lehmann. Na luz perpétua. 5ª ed., Juiz de Fora. Ed. Lar Católico, 1959, vol. I , p. 166)

 La fiesta de San Matías nos recuerda la triste apostasía de Judas, a quien Matías sustituyó en el Colegio de los Apóstoles.Fue el amor desordenado al dinero lo que lo llevó a la perdición.

Con mucho acierto nos dice San Pablo: « Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo (del demonio) y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición « ( I Tm 6, 9).

 Que el ejemplo del apóstol San Matías nos estimule a la fidelidad en el seguimiento a Cristo, nuestro Maestro.


Oremos Himno 



¡ Columnas de la Iglesia, piedras vivas!
 ¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!

Benditos vuestros pies, porque han llegado Para anunciar la paz al mundo entero.

De pie en la encrucijada de la vida, Del hombre peregrino y de los pueblos,
Lleváis agua de Dios a los cansados, Hambre de Dios lleváis a los hambrientos.
De puerta en puerta va vuestro mensaje, Que es verdad y es amor y es Evangelio.

No temáis, pecadores, que sus manos Son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
Nos llega por tu amor, pan verdadero Gracias,
Señor, que el pan de vida nueva
Nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén