domingo, 4 de octubre de 2015

"Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." (Evangelio dominical)


Hoy, los fariseos quieren poner a Jesús nuevamente en un compromiso planteándole la cuestión sobre el divorcio. Más que dar una respuesta definitiva, Jesús pregunta a sus interlocutores por lo que dice la Escritura y, sin criticar la Ley de Moisés, les hace comprender que es legítima, pero temporal: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto» (Mc 10,5).


Jesús recuerda lo que dice el Libro del Génesis: «Al comienzo del mundo, Dios los creó hombre y mujer» (Mc 10,6, cf. Gn 1,27). Jesús habla de una unidad que será la Humanidad. El hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer, siendo uno con ella para formar la Humanidad. Esto supone una realidad nueva: dos seres forman una unidad, no como una "asociación", sino como procreadores de Humanidad. La conclusión es evidente: «Lo que Dios unió, no lo separe el hombre» (Mc 10,9). 



Mientras tengamos del matrimonio una imagen de "asociación", la indisolubilidad resultará incomprensible. Si el matrimonio se reduce a intereses asociativos, se comprende que la disolución aparezca como legítima. Hablar entonces de matrimonio es un abuso de lenguaje, pues no es más que la asociación de dos solteros deseosos de hacer más agradable su existencia. Cuando el Señor habla de matrimonio está diciendo otra cosa. El Concilio Vaticano II nos recuerda: «Este vínculo sagrado, con miras al bien, ya de los cónyuges y su prole, ya de la sociedad, no depende del arbitrio humano. Dios mismo es el autor de un matrimonio que ha dotado de varios bienes y fines, todo lo cual es de una enorme trascendencia para la continuidad del género humano» (Gaudium et spes, n. 48).

De regreso a casa, los Apóstoles preguntan por las exigencias del matrimonio, y a continuación tiene lugar una escena cariñosa con los niños. Ambas escenas están relacionadas. La segunda enseñanza es como una parábola que explica cómo es posible el matrimonio. El Reino de Dios es para aquellos que se asemejan a un niño y aceptan construir algo nuevo. Lo mismo el matrimonio, si hemos captado bien lo que significa: dejar, unirse y devenir.


Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,2-16):


En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor




COMENTARIO.



“Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mc 10, 2-16), nos dice el Señor.  Pero la unión del hombre y la mujer vive en peligro, ahora inclusive por propuestas y leyes tan descabelladas que amenazan con destruir, no sólo la familia, sino la civilización misma.

Puede parecer difícil, incluso imposible, atarse para toda la vida a un ser humano.  De hecho, la mayoría de los jóvenes no quieren casarse.  Por ello el Catecismo toma nota de estos problemas y apunta:  “Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas.  En tales casos, la Iglesia admite la separación  física de los esposos y el fin de la cohabitación.  Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios, ni son libres para contraer una nueva unión” (CIC #1649).  No son libres de volverse a casar por la Iglesia, a menos que un Tribunal Eclesiástico declare, mediante sentencia de nulidad, que no fue válido el Matrimonio celebrado.


La llamada anulación no se trata de un divorcio a lo católico.  Por cierto, a partir del 8 de diciembre de este año 2015 se agilizarán los procesos de nulidad y serán gratuitos.   

La Anulación es, en palabras del Papa Francisco, “el procedimiento legal para probar que eso que parecía un Sacramento no era Sacramento por falta de libertad, por ejemplo, o por falta de madurez, o por enfermedad mental, pero tantos son los motivos que llevan luego de un estudio, una investigación a decir 'no, ahí no hubo un Sacramento', por ejemplo, porque esa persona no era libre.  Un ejemplo … el matrimonio cuando la novia estaba embarazada … nosotros lo llamamos matrimonio en apuro, para cubrir todas las apariencias, y el niño nace, algunos van bienpero no hay la libertad y luego va mal se separan …y esta es una causa de nulidad. Tantas, las causas de nulidad… en el internet, están todas ahí, son tantas.”  (PapaFco 28-9-2015)  Por cierto, son casi 20 las causas de nulidad.


Eso dice el Papa.  Y esto dice Jesucristo:“Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro comete adulterio” (Mc. 10, 11-12).  Y esto dice el Catecismo:“La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo, que no puede reconocer como válida una nueva unión, si era válido el primer matrimonio.  Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios.  Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación... La reconciliación mediante el sacramento de la Penitencia no puede ser concedida mas que a aquéllos ... que se comprometan a vivir en total continencia” (CIC #1650).

Así que el Catecismo de la Iglesia Católica es bien claro:  “no pueden acceder a la comunión eucarística” los que estuvieron casados por la Iglesia y ahora están en una nueva unión.  El Catecismo es nuestra guía, sobre todo en momentos de confusión como los que estamos viviendo sobre este tema, con motivo de la primera parte del Sínodo de la Familia de hace unos meses, el cual concluirá el próximo mes en Roma.  Por más que uno que otro Cardenal, plantee algo diferente al Evangelio y al Magisterio milenario de la Iglesia, ésta no puede cambiar ni la Palabra de Dios, ni la Verdad:  si hubo Sacramento, “lo que Dios unió no lo separe el hombre”.  

Y por si hay dudas, el Papa Francisco acaba de declarar esto: “Luego, el problema de los divorciados que están en una segunda unión… a mí me parece un poco simplista decir que el Sínodo, que la solución para estas personas es que puedan comulgar, esa no es la solución”. (Papa Francisco, 29-9-2015)










Fuentes:
Sagradas Escrituras
Homilia.org.
Evangeli.org