domingo, 17 de abril de 2011

Hoy es..Domingo de Ramos!!!!!





UNA SEMANA DIFERENTE


Todavía se sigue llamando «Semana Santa», pero ya ha desaparecido casi del todo aquel clima tan «especial» que se respiraba estos días entre nosotros con la supresión de cines y espectáculos, la celebración de procesiones o la programación religiosa de radios y T.V.
Hoy son muchos los que aprovechan estas fechas para desplazarse fuera de su hogar y disfrutar de un pequeño descanso en algún rincón tranquilo. De alguna manera, la semana santa viene a ser para bastantes esas «vacaciones de primavera» que permiten seguir trabajando hasta que llegue el descanso veraniego.
Este nuevo clima social de vacación y descanso no tiene por qué impedir a los creyentes una celebración digna de los misterios centrales de su fe. Lo importante es aprender a vivir la Semana Santa conjugando de manera responsable e inteligente ese descanso tan necesario con la celebración viva de la liturgia. He aquí algunas sugerencias.

Lo primero es programarnos de tal manera que podamos tomar parte en las celebraciones de cada día. No es difícil acercarnos a una iglesia del entorno, informarnos de los horarios, detener nuestra excursión en el lugar adecuado. Siempre es una experiencia enriquecedora compartir la propia fe con gentes de otros pueblos.

Participaremos en celebraciones sencillas, pero transidas de honda piedad popular o viviremos la liturgia cuidada de un monasterio. Lo importante será nuestra participación personal. De ahí la conveniencia de llegar a tiempo a la celebración, ocupar un lugar adecuado en el templo, escuchar con atención interior la Palabra de Dios, vivir los gestos litúrgicos, cantar con el corazón.
Tal vez podamos también encontrar un hueco para el silencio, la oración y el encuentro con Dios. Nos ayudará a descansar de manera más armoniosa y completa. Las posibilidades son múltiples: la oración silenciosa ante el sagrario al anochecer del jueves, la lectura reposada de la Pasión del Señor en un lugar recogido de la casa, la mirada agradecida al crucifijo, el concierto sacro o la música religiosa que eleva nuestro corazón hacia Dios.
La semana santa ha de culminar siempre en esa celebración pascual de la noche del sábado. Es una pena ver que bastantes cristianos que celebran los días anteriores la muerte del Señor, desconocen esta celebración de su resurrección, la más importante y central de toda la liturgia cristiana.

Redescubrir su hondo contenido puede ser para muchos una experiencia renovadora.
El cirio pascual encendido en medio de la noche, la solemne invitación a vivir la alegría pascual, la proclamación gozosa de la resurrección de Cristo, el canto jubiloso del aleluya, la celebración agradecida de la Eucaristía, son la mejor invitación a resucitar a una vida nueva.

NO TE BAJES DE LA CRUZ

Según el relato evangélico, los que pasaban ante Jesús crucificado se burlaban de él y, riéndose de su sufrimiento, le hacían dos sugerencias sarcásticas: Si eres Hijo de Dios, «sálvate a ti mismo» y «bájate de la cruz».
Ésa es exactamente nuestra reacción ante el sufrimiento: salvarnos a nosotros mismos, pensar sólo en nuestro bienestar y, por consiguiente, evitar la cruz, pasarnos la vida sorteando todo lo que nos puede hacer sufrir. ¿Será Dios así? ¿Alguien que sólo piensa en sí mismo y en su felicidad?
Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian, comprensión de su ceguera y, sobre todo, compasión y amor.
Jesús sólo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» No le pide que lo salve bajándolo de la cruz. Sólo que no se oculte, ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece, en silencio.
Sólo escuchando hasta el fondo ese silencio de Dios, descubrimos algo de su misterio. Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.
Por eso, al contemplar al crucificado, nuestra reacción no es de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida:
«No te bajes de la cruz. No nos dejes solos en nuestra aflicción.
¿Para qué nos serviría un Dios que no conociera nuestra cruz? ¿Quién nos podría entender?»
¿En quién podrían esperar los torturados de tantas cárceles secretas?
¿Dónde podrían poner su esperanza tantas mujeres humilladas y violentadas sin defensa alguna?
¿A qué se agarrarían los enfermos crónicos y los moribundos?
¿Quién podría ofrecer consuelo a las víctimas de tantas guerras, terrorismos, hambres y miserias?
No. No te bajes de la cruz pues si no te sentimos «crucificado» junto a nosotros, nos veremos más «perdidos».


ESCÁNDALO Y LOCURA

Los primeros cristianos lo sabían. Su fe en un Dios crucificado sólo podía ser considerada como un escándalo y una locura. ¿A quién se le había ocurrido decir algo tan absurdo y horrendo de Dios? Nunca religión alguna se ha atrevido a confesar algo semejante.
Ciertamente, lo primero que todos descubrimos en el crucificado del Gólgota, torturado injustamente hasta la muerte por las autoridades religiosas y el poder político, es la fuerza destructora del mal, la crueldad del odio y el fanatismo de la mentira. Pero ahí precisamente, en esa víctima inocente, los seguidores de Jesús vemos a Dios identificado con todas las víctimas de todos los tiempos.
Despojado de todo poder dominador, de toda belleza estética, de todo éxito político y toda aureola religiosa, Dios se nos revela, en lo más puro e insondable de su misterio, como amor y sólo amor. No existe ni existirá nunca un Dios frío, apático e indiferente. Sólo un Dios que padece con nosotros, sufre nuestros sufrimientos y muere nuestra muerte.
Este Dios crucificado no es un Dios poderoso y controlador, que trata de someter a sus hijos e hijas buscando siempre su gloria y honor. Es un Dios humilde y paciente, que respeta hasta el final la libertad del ser humano, aunque nosotros abusemos una y otra vez de su amor. Prefiere ser víctima de sus criaturas antes que verdugo.
Este Dios crucificado no es el Dios justiciero, resentido y vengativo que todavía sigue turbando la conciencia de no pocos creyentes. Desde la cruz, Dios no responde al mal con el mal. "En Cristo está Dios, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino reconciliando al mundo consigo" (2 Corintios 5,19). Mientras nosotros hablamos de méritos, culpas o derechos adquiridos, Dios nos está acogiendo a todos con su amor insondable y su perdón.
Este Dios crucificado se revela hoy en todas las víctimas inocentes. Está en la cruz del Calvario y está en todas las cruces donde sufren y mueren los más inocentes: los niños hambrientos y las mujeres maltratadas, los torturados por los verdugos del poder, los explotados por nuestro bienestar, los olvidados por nuestra religión.
Los cristianos seguimos celebrando al Dios crucificado, para no olvidar nunca el "amor loco" de Dios a la humanidad y para mantener vivo el recuerdo de todos los crucificados. Es un escándalo y una locura. Sin embargo, para quienes seguimos a Jesús y creemos en el misterio redentor que se encierra en su muerte, es la fuerza que sostiene nuestra esperanza y nuestra lucha por un mundo más humano.

FINALIZA LA CUARESMA Y COMIENZA SEMANA SANTA.

Termina la Cuaresma y comienza la Semana Santa con este domingo, a la vez Domingo de Ramos y Domingo de Pasión, como gozne. Los ramos nos sitúan ante aquella entrada más o menos triunfal de Jesús en Jerusalén. Estamos de fiesta. Pero sin solución de continuidad las lecturas de la misa nos traen el relato de la Pasión de Jesús. Y lo hacen terminar no en la resurrección sino en el enterramiento de un Jesús derrotado y abandonado por todos menos por dos mujeres, María Magdalena y la “otra María” y por un grupo de soldados que los sumos sacerdotes y los fariseos se encargan de poner allí para asegurarse de que nadie irá a robar el cadáver. Y después el silencio. Nada más.

Pero por en medio tenemos el relato detallado de las últimas horas de Jesús. Comentarlo en toda su extensión y con todos los detalles nos llevaría demasiado. La invitación es a leerlo personalmente, a hacer esa lectura orante en un rato de silencio, a dejar que del corazón broten los sentimientos al acompañar a Jesús en esa vía dolorosa que lo lleva desde la última cena hasta el momento de su muerte en la cruz.

Pero quizá convendría resaltar apenas algunos puntos para hacer hincapié en ellos en nuestra oración:

• La institución de la Eucaristía se hace en el contexto de la despedida de Jesús. Jesús y los discípulos han comido juntos muchas veces. Pero ésta tiene un significado especial. Marca la entrega de la vida de Jesús por nosotros. El pan y el vino son alimento para nuestro camino como Jesús mismo se hace alimento para nosotros.

• Los discípulos no tienen muy claro el momento que están viviendo. En el huerto de los Olivos se duermen sin problema. No se dan cuenta de que el espíritu e decidido pero la carne es débil. Mientras tanto Jesús vive realmente su pasión, experimenta el abandono de los suyos y la soledad. La traición de Judas no hará más que confirmar ese abandono. Ante él sólo tiene el cáliz que le ofrece el Padre. Al final, se reafirma en su compromiso: “Hágase tu voluntad.”

• En el juicio ante las autoridades judías experimenta hasta el fondo lo que puede ser la injusticia de los hombres que actúan basados sólo en sus intereses. Jesús está ya condenado de antemano. Sólo se trata de buscar excusas y razones que justifiquen la decisión previamente tomada. Lo de Pilato no necesita comentario. Como tantos gobernantes, se guía por los sondeos de opinión y no por la búsqueda de la justicia.

• Ya hemos aludido al abandono. En el momento de la detención todos los discípulos, los mismos que se habían dormido plácidamente, huyeron y lo abandonaron. Apenas Pedro es capaz de seguirlo de lejos. Pero cuando se le encara la última criada del palacio, niega sin rubor su pertenencia al grupo de Jesús. Él no sabe nada, no conoce nada. Él sólo pasaba por allí por casualidad. Hasta tres veces niega conocer a Jesús. Sus lágrimas de arrepentimiento, cuando oye cantar al gallo, no tapan los hechos: cobarde y traidor. No mucho mejor que Judas, por cierto. Y luego fue el primer papa, según la tradición.

• Los soldados se lo pasaron bien un rato con Jesús. El deporte de aprovecharse de los más débiles, de reírse de ellos, está muy extendido. A todos los niveles de la sociedad. Seguro que todos hemos participado en él alguna vez. No es peor lo que hicieron los soldados. Estaban aburridos y les pusieron a Jesús para divertirse con él.

• En la cruz se mantiene el abandono. La gente que lo ve se burla de él. Y hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Pero Jesús se mantiene fiel hasta el final. Siente el dolor del abandono pero sigue refiriéndose a su Padre en sus palabras.

• El momento de la muerte no necesita comentario. Sólo un tiempo de silencio. Y mirar, si nos atrevemos, de frente al crucificado. Y sentir el dolor de Jesús y el dolor del mundo, el dolor acumulado de tantos inocentes y de tantas injusticias. Y aguantar firme la esperanza en el Padre. Como Jesús.

Ya sólo queda abrir el corazón a las vivencias de esta Semana Santa que hoy comienza. Asumir el dolor del mundo en todas sus formas y sabernos comprometidos con Dios hasta el final por el Reino, por la reconciliación, por la vida, por la justicia. Hasta dejarnos la vida en ello. Como Jesús. En la esperanza de que el Dios de la Vida no nos defraudará.


Entrada de Jesús a Jerusalem:


Cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en Jerusalén, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"

Entró a la ciudad de Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron y recibieron como a un rey con palmas y ramos gritándole “hosanna” que significa “Viva”. La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? y les respondían: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Esta fue su entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y niños, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo interés de seguir a Jesús. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas. Esto los llevó a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén.

Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.

COMENTARIO


Este año sin duda todo está marcado por la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en agosto; de un modo especial, incluso nuestra Semana Santa. Os explico por qué lo veo así.


Benedicto XVI en el Mensaje para esta jornada: "Arraigados y edificados en Cristo. Firmes en la fe", dice que viene a confirmarnos en la fe con la idea de que Europa recupere sus raíces cristianas; en medio de unas circunstancias de relativismo y de laicismo. Es decir, donde no hay principios válidos para todos y donde mucha gente piensa que puede plantearse la vida al margen de Dios, como si hubiese un "eclipse" que tapa a Dios o, incluso, a veces, un explícito rechazo.

Para mantenernos firmes en la fe, se deduce de su Mensaje y de sus comunicados que es esencial que los jóvenes, que cualquier cristiano, tenga experiencia de Dios, se encuentre con Cristo.

Pues resulta que en la organización de estas Jornadas hay un acto destacado, que es un Via Crucis. Si a veces nuestras cofradías se quejan de que no valoramos suficientemente su modo de vivir la fe, cuando intentamos hacerles alguna corrección, ahora el Papa las va a poner en el mejor "escaparate" de la temporada.


Para expresar la fe como los pueblos de España y por si podemos contagiar nuestra religiosidad popular, válida para fomentar el encuentro con Cristo, en la JMJ, el 19 de agosto, a las 19:30 h. habrá un Via Crucis con los siguientes pasos de la Semana Santa española:

1.- Última Cena. Murcia. Francisco Salzillo.

2.- Beso de Judas. Málaga. Antonio Castillo Lastrucci.

3.- Negaciones de san Pedro. Orihuela (Alicante) Federico Collaut-Valera.

4.- Jesús sentenciado a muerte. Madrid. Anónimo.

5.- Jesús cargado con la Cruz. Madrid. José R. Fernández–Andés.

6.- Jesús cae bajo el peso de la Cruz. Úbeda (Jaén). Mariano Benlliure.

7.- El Cirineo ayuda a llevar la Cruz. León. Anónimo.

8.- La Verónica enjuga el rostro de Jesús. Jerez de la Frontera (Cádiz). Francisco Pinto.

9.- Jesús despojado de sus vestiduras. Granada. Manuel Ramos Corona.

10.- Jesús clavado en la Cruz. Zamora. Ramón Álvarez.

11.- Jesús muere en la Cruz. Málaga. Francisco Palma Burgos.

12.- El descendimiento. Cuenca. Luis Marco Pérez.

13.- Jesús en brazos de su madre. Valladolid. Gregorio Fernández.

14.- Jesús es sepultado. Segovia. Gregorio Fernández.

15.- La Dolorosa. Sevilla. Luisa Roldán


Conociendo la situación de descristianización de Europa y cómo los analistas de la religiosidad apuntan que en España el índice de la fe no ha bajado tanto como en los países vecinos, gracias, quizás, a su religiosidad popular: La devoción a la Virgen, las procesiones de Semana Santa... esta opción por hacer un Via Crucis en el encuentro de los Jóvenes con el Papa es como para sentirse orgullosos de nuestras tradiciones, eclesialmente vividas, y una llamada a la responsabilidad a la hora de vivir estas expresiones de fe.

También es cierto que, para que se de ese encuentro con Cristo, esta religiosidad popular debe vivirse eclesialmente, con sentido de pertenencia a la Iglesia, con formación cristiana, con caridad a los más necesitados, con la celebración de los sacramentos. A pie de calle, comprobamos como la chispa inicial de esa religiosidad, normalmente se apaga pronto porque le faltan esos elementos que, además, están siendo suplidos por folclore en busca de lucimiento y de turismo.

Así describe el Papa, en su mensaje para esta jornada, lo que debería ser nuestra experiencia personal de fe:

"Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "sí" de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos."



Ojalá y estos días y todo lo que vamos a vivir nos ayude en ese encuentro con Cristo que debe transformar nuestra vida y configurarnos más con Él.











Fuentes:
Iluminación Dvina
José A.Pagola
Fernando Torres Peres cmf
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán