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viernes, 19 de marzo de 2010

La Oración del Viernes, 19 de Marzo !!!



ALABANZAS AL SANTISIMO .
INVOCACION AL ESPIRITU.
INTRODUCCION.
La escena es terrible. La mujer está a punto de ser linchada. Algunos, de los que se dicen líderes del pueblo, han hecho de jueces y han determinado que debe ser condenada a muerte. Hay que apedrearla. Y la multitud está dispuesta participar. Nadie se sentirá culpable. Total, una piedra más seguro que no es el golpe definitivo.
Es sólo uno más. Luego, una vez que pase el subidón de adrenalina, cuando todos chillan a la vez y se sienten fuertes y capaces de todo simplemente porque están juntos, se retirarán más bien avergonzados. Apenas unos pocos seguirán convencidos de que han hecho bien. Los más preferirán no hablar del asunto. Se han dejado llevar por la masa sin darse cuenta de lo que hacían.
Podemos estar hablando de la mujer adúltera pero también de tantas personas como son linchadas todavía hoy en nuestro mundo. La fuerza de la masa es incontenible. Y no me refiero sólo al linchamiento físico, terrible por supuesto. También existe el linchamiento verbal, que excluye y margina, que mata casi tanto como el otro.

La verdad es que nos encanta ser jueces y jurados y verdugos. Todo al mismo tiempo. Siempre estamos preparados a dar nuestra opinión sobre el comportamiento o las actitudes de éste o del otro. Miramos a sus ojos y no vemos una persona sino el objeto de nuestro juicio. Siempre tenemos claro lo que habría que hacer. Y no nos solemos decantar por el lado de la misericordia. Nuestros juicios suelen ser duros y terminan con facilidad en la condena.
Hoy Jesús se enfrenta a una situación de esas. Pero su actitud es diferente. Primero de todo, mantiene su libertad. No se alinea con la masa. No se deja llevar. No intenta hacerse el simpático. Más bien, busca una manera de salvar a aquella persona. Parece que lo que menos le importa es que sea culpable o no.
Lo suyo es salvar no juzgar ni mucho menos condenar. Logra detener a aquellos exaltados que se sentían autorizados por la ley de Moisés –habría que recordar que el mismo Jesús dice en otro pasaje del Evangelio que hay que cumplir esa ley hasta la última tilde–.Lo hace recordándoles que el mundo es una gran comunidad... de pecadores.
En la Cuaresma ése es un punto que no debemos olvidar. Todos somos pecadores. Todos somos frágiles. Nadie es perfecto. Claro que hay diferencias entre unos y otros. Pero son de cantidad más que de cualidad. Al final, todos estamos necesitados de la misericordia de Dios. Todos necesitamos de la mano amiga que nos levante del laberinto de miseria en que estamos perdidos. El amor de Dios nos crea, nos regala la vida y el amor que necesitamos para llegar a ser plenamente hijos e hijas de Dios, para llegar a ser libres como Dios nos quiere, para llegar a ser personas en toda la amplitud de la palabra.

ORACION-MEDITACION.

1º. Jesús, me cuesta perdonar, a pesar de que yo necesito que me perdonen.

A veces no perdono, como los maestros de la Ley y los fariseos del Evangelio de hoy.

Y cuando perdono, no siempre lo hago bien: No olvido, mantengo resentimientos, retraigo las faltas cuando me conviene.

Me cuesta pedir perdón, porque: Soy orgulloso, y me parece que me humilla.

Por el contrario, Dios no necesita perdón, y, en cambio, me perdona: Me perdona todo: por grandes que sean mis pecados. Me perdona del todo: borra la falta, la olvida, no la retrae nunca más. Perdona inmediatamente y sin humillar. Goza perdonando: “Hay más alegría en el cielo...” (la oveja perdida).

2º. Cada día, en todos los rincones del mundo, Jesús, a través de tus ministros los Sacerdotes, sigues diciendo: "Yo te absuelvo de tus pecados..." vete y no peques más. Eres tú mismo, Cristo, quien perdonas.

«La fórmula sacramental "Yo te absuelvo...", y la imposición de la mano, y la señal de la cruz, trazada sobre el penitente, manifiestan que en aquel momento el pecador contrito y convertido entra en contacto con el poder y la misericordia de Dios. Es el momento en el que, en respuesta al penitente, la Santísima Trinidad se hace presente para borrar su pecado y devolverle la inocencia, y la fuerza salvífica de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús es comunicada al penitente. Dios es siempre el principal ofendido por el pecado, y sólo Dios puede perdonar; en aquel momento todo pecado es perdonado y borrado por la misericordiosa intervención del Salvador"." (Juan Pablo II.- "Reconciliación y penitencia").

Las palabras que pronuncia el Sacerdote no son sólo una oración de súplica para pedir a Dios que perdone mis pecados, sino que en ese mismo instante, causan y comunican verdaderamente el perdón.

Pocas palabras han producido más alegría en el mundo que éstas de la absolución: "Yo te absuelvo de tus pecados...".

¿Con qué alegría las recibimos nosotros cuando nos acercamos al sacramento del perdón? ¿Con qué agradecimiento? ¿Cuántas veces hemos dado gracias a Dios por tener tan a mano este Sacramento?

En nuestra oración de hoy podemos mostrar nuestra gratitud al Señor por este don tan grande.

3º. Por la absolución, me uno a Ti, Jesús, que quieres cargar con mis pecados.

En el momento de la absolución me pides intensificar el dolor de mis pecados, diciendo quizá alguna de las oraciones previstas en el ritual, como las palabra de San Pedro: Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te amo".

"He aquí que (el Padre) viene a tu encuentro; se inclina sobre tu hombro, te dará un beso, prenda de amor y ternura; hará que te entreguen un vestido, calzado... Tú temes todavía una represión...; tienes miedo de una palabra airada, y prepara para ti un banquete". (San Ambrosio)

El Amén se convierte entonces en un deseo grande de recomenzar de nuevo, aunque sólo me haya confesado de faltas veniales.

4º. Después de cada confesión, Jesús, ayúdame a dar gracias a Dios por la misericordia que has tenido conmigo, aunque sea brevemente, para concretar cómo poner en práctica los consejos o indicaciones recibidas o cómo hacer más eficaz mi propósito de enmienda y mejora.

También una manifestación de mi gratitud es procurar que mis amigos acudan a esa fuente de gracias, acercarlos a Tí, como hizo la samaritana: transformada por la gracia, corrió a anunciarlo a sus paisanos para que también ellos se beneficiaran de la singular oportunidad que suponía el paso de Jesús por su ciudad.

EVANGELIO.

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Palabra del Señor .

CANTO: Laudate omnes gentes, laudate dominum.


PRECES.

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, que quisiste perpetuarte entre nosotros por medio de tus sacerdotes, haz que sus palabras sean sólo las tuyas, que sus gestos sean los tuyos, que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres y hablen a los hombres de Dios. Que no tengan miedo al servicio, sirviendo a la Iglesia como ella quiere ser servida. Que sean hombres, testigos del Eterno en nuestro tiempo, caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos, celosos de su vocación y de su entrega, claros espejos de la propia identidad y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pedimos por tu Madre, Santa María: Ella, que estuvo presente en tu vida, estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Oh Dios, eterno pastor de los fieles, que diriges y gobiernas a tu Iglesia con providencia y amor; te rogamos concedas a los obispos de tu Iglesia, a quienes pusiste al frente de tu pueblo en unión con el Papa, sucesor de Pedro y tu Vicario en la tierra, la gracia de presidir, en nombre de Cristo, la grey que pastorean, y ser maestros fieles de la verdad, sacerdotes de los sagrados misterios y guías de tu pueblo santo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.



ORACIÓN FINAL: A TI, MI AMOR

¿Qué puede darme este mundo
que pueda comparar con tu amor?
¿Qué puede ser más precioso
que la pasión de un amor infinito?
Mi mayor deleite consiste en estar junto a Ti.
Daría todo el mundo por un sólo momento de tu presencia.
Ven, amor infinito, toma posesión de mí.

Hazme uno contigo para siempre.
Escucha mi corazón;
atiende mis anhelos.
No te alejes, porque sin Ti moriría.

Derribaré cuanto se interponga entre nosotros.
Mi miedo, mis apegos, mi insensatez,
y hasta mis pensamientos sobre Ti.

Despojado de todo, excepto de mi deseo por Ti,
te pido que me aceptes como soy.
Espero, desnudo, el abrazo de tu amor.

Cariñoso amante, apasionado y tierno,
me has amado con un amor infinito.
Has amado todo mi ser, todo mi amor, toda mi locura.
Dame un amor como el tuyo,
un amor más fuerte que la muerte,
un amor más profundo que yo mismo.

¡Oh, no! ¡Con esto no me basta!
¡Derrama tu propio amor en mi corazón!
¡Ama Tú en mí y a través de mí!


AVE MARÍA Y GLORIA

sábado, 13 de marzo de 2010

Evangelio del Domingo 14 de Marzo

San Lucas 15,1-3.11-32


Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Palabra de Dios.


COMENTARIO.

"Dios se conmueve y te abraza"

Estamos en el domingo IV de Cuaresma. Como en domingos anteriores se nos sigue invitando a la conversión:

* Domingo 1º: Tener cosas, bienes materiales, poder o fama no lleva a la felicidad. La felicidad depende de ser persona e hijo de Dios, de la humildad y del servicio al prójimo, entre otros criterios.

* Domingo 2º: La cruz es el camino de la resurrección. No es resignarse ante ciertas cruces injustas o cruces que debemos superar. Sólo se habla de la cruz imprescindible para la resurrección. El amor de Dios y a Dios capacita para afrontar las cruces de la vida, más que si uno se enfrenta a ellas sólo con las propias fuerzas.

* Domingo 3º: Purificar la idea o imagen que tenemos de Dios. Dios no castiga, es paciente y liberador. Hay que discernir nuestras falsas imágenes que nos hemos formado de Dios.

* Domingo 4º: Dios es misericordioso; hay que acercarse a él. El Evangelio de este domingo es uno de los pasajes más bellos de las Escrituras, que nos dice quién y cómo es Dios: MISERICORDIA; pero para gozar así de Dios, hay que "volver" (convertirse) a él.


He visto estos días una película "Invictus" (=no vencido ó invencible) de Clint Eastwood. No es de sus mejores películas, pero tiene un mensaje muy bueno para la celebración de hoy. Cuenta la vida de Nelson Mandela, líder de Sudáfrica que, después de estar 27 años en la cárcel por motivos políticos, por ser negro, sale "invictus" (no vencido por el rencor) con la idea de reconciliar a los blancos y negros de su país, poniéndose incluso frente a su mujer e hija; de tal forma que el capitán del equipo de rugby (deporte del que se sirve para la reconciliación), cuando visitan la prisión dónde estuvo recluso Nelson Mandela, se pregunta: ¿Qué puede pasar por la mente de una persona para poder perdonar después de tanto sufrimiento injusto? Esa es la clave. Así lo expresa el poema, escrito en la cárcel, que el protagonista da al capitán del equipo de rugby y que se relee varias veces en la película:

Más allá de la noche que me cubre

negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir

por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el Horror de la Sombra,

la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma.

Poema de Nelson Mandela en "Invictus"


El peor daño que te puede causar tu enemigo no es el mal que quiere hacerte, sino que consiga que dejes de amarle. No recuerdo de quien es esta idea, creo que de José María Cabodevilla comentando la parábola de la Misericordia en Las formas de la felicidad son ocho. Lo peor no es que te hagan daño, sino que se rompa tu capacidad de amar incluso a quienes te hacen daño.

Es curioso comprobar como Dios, al ser nuestro Padre, y enviarnos a su Hijo, es el ser más vulnerable ante la Cruz y, sin embargo, permanece INVICTUS. Dice así el salmo 129: "Pero de Ti procede el perdón, y así infundes respeto".

¡Eso es lo que hace a Dios, como nuestro Padre, conmoverse y abrazarte!

El Padre de la parábola está "invictus" ante la huída de su hijo menor, y ante el resentimiento y cerrazón de su hijo mayor, que se niega a entrar. Su capacidad de amar está intacta porque es previa y gratuita.

Nosotros estamos vencidos por el mal que hacemos y por el que recibimos. Por eso estamos llamados a hacer el recorrido de la parábola y tener la experiencia de Hijo Pródigo y de Hijo Mayor y dejar que allí nos capacite el amor de Dios para ser "Padres Misericordiosos".

Quizá todos tenemos alguna experiencia de "irnos de casa y malgastar la herencia" que pueda ser más o menos significativa en nuestra vida; y también de haber recibido un perdón inmerecido, por lo que estamos agradecidos. Es una experiencia "necesaria" para poder comprender el Amor de Dios y llevarlo a los demás. Es una idea fácil de entender, aunque suponga verdaderos desgarros vivirlo.

Pero creo que es mucho más habitual entre nosotros la experiencia de tener resentimientos contra el Padre, pues siempre estamos con él, y sopesamos una y otra vez todo lo que hemos hecho por Dios y por la Iglesia; la experiencia del Hijo Mayor. Y Dios nos dice: "Tu hermano se fue lejos, pero ha vuelto y por eso hacemos una fiesta. «Es tu distancia, estando cerca, la que más duele» -frase de una canción de José Luis Perales-. Estamos muy cerca de Dios, en su casa, bajo sus tronos, con o sin capillo… pero ¿no le tendremos cerrado el corazón?

Y el Padre nos dice: "Déjame abrazarte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele". ¡Qué lejos están tus pensamientos y criterios de los míos y no estás dispuesto ni a replantearte tu vida!; porque, eso si, ya sabes tú todo lo que tienes que hacer, como si no necesitaras de mi.

"Déjame acogerte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele"; libera tus manos y comparte con los necesitados… "Siempre que voy a tu casa, sales a despedirme ¡por si me llevo algo!" Estás muy cerca de mí, pero con la mano en la cartera.

"Déjame besarte; es tu distancia, estando cerca la que, más duele"; qué lejos están tus afectos de mi: tienes el corazón lleno de otras pasiones que no son de semana santa, de otros placeres, de otras fiestas con otros corderos cebados… y sabes de antemano que no quieres renunciar a ellas.

Entra a la fiesta de tu hermano, a la fiesta del perdón, y pasa con el corazón abierto. Seguro que se rompen las resistencias cristalizadas, y te decides a entrar en la fiesta y te dejas afectar por el abrazo de la misericordia del Padre.



Gracias por llegar hasta aquí


Pedro Crespo Arias

Fuentes:

La Iglesia en Daimiel

Redacción Blog

Pedro Crespo Arias

Angel C.

sábado, 6 de marzo de 2010

El Evangelio del Domingo 7 de Marzo

Evangelio según san Lucas: 13, 1-9
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pílato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios.

Jesús les hizo este comentario: "¿Pensais que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si no os convertís, perecereis de manera semejante.

Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensais acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si vosotros no os arrepentís, perecereis de manera semejante".

Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ´Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?´.


El viñador le contestó: ´Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás ".

Palabra del Señor.


COMENTARIO.

Estamos en el domingo III de Cuaresma. Se nos continúa invitando a la conversión:

- En el primer domingo se nos decía que el tener cosas materiales, tener poder o tener fama no lleva a la felicidad. El cambio de mentalidad está en pensar que la felicidad está en el amor y en el servicio a los demás.

- En el segundo domingo se nos invitaba a aceptar la cruz para llegar a la luz. El cambio de mentalidad está en ver que la cruz – no la resignación – es un camino imprescindible para la resurrección.
- En este tercer domingo se nos invita a purificar nuestra idea de Dios o, incluso, a cambiarla si nos hemos formado una idea equivocada:

Dios no es un Dios lejano, desentendido de la humanidad;

Dios un es un juez implacable, condenador de lo humano, castigador.

Dios no es un Dios "tapaagujeros", que buscamos sólo en los problemas que no podemos solucionar.

Dios no es el resultado de mi búsqueda, no es creación mía.

Dios no es el resultado de sumar el esfuerzo de toda la humanidad por hacer un mundo más justo. Es un Dios que supera, que completa, nuestro mundo.

Dios no es una imagen de madera. Es un Dios no reducible a una representación humana.

... no lejano, no castigador.

Para entrar en la presencia de Dios, para poder descubrirle nos tenemos que "descalzar", como hizo Moisés [en la primera lectura], de todas nuestras ideas prefijadas sobre Dios.

Una de las ideas más equivocadas de Dios, que tenían los contemporáneos de Jesús y que podemos tener nosotros, es que Dios castiga con el mal o quien padece algún tipo de mal es a consecuencia de sus pecados, por los que Dios le ha enviado ese mal.

Es de lo que habla el Evangelio de este domingo. Se acercaron a Jesús para preguntarle acerca del mal social, el que producen las personas, comentándole el caso de los galileos, cuya sangre se ofreció en sacrificio por manos de Pilato. ¿Pensáis que eran más pecadores que vosotros? — les dice Jesús —; pero Jesús además añade otro caso, esta vez de un mal físico o de la naturaleza: los dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé ¿pensáis que eran más culpables que vosotros?. Podríamos decir que su final no es consecuencia de un castigo de Dios, por que ellos — quienes preguntaban — también eran igual de pecadores y de culpables y estaban vivos. La razón de su muerte es la libertad de las personas y el mal de la naturaleza.

Después Jesús dice: si no os convertís todos pereceréis de la misma manera. Aquí podemos entender, según todas las escrituras, que la muerte no es consecuencia del castigo de Dios, sino que es la consecuencia del mal obrado [Vemos en la segunda lectura que los cuerpos de algunos israelitas quedaron en el desierto, pues no agradaron a Dios]. Vivir en el egoísmo es como estar muertos; vivir convertidos, en el amor, es tener una vida plena y eterna.

Dios no castiga, nos dice el Evangelio, y además nos dice con la parábola de la higuera, que Dios es paciente, [El Señor es compasivo y misericordioso, decimos en el salmo, y veremos el próximo fin de semana con la parábola del hijo pródigo], Dios es paciente con el hombre esperando que dé los frutos de la conversión, pues la conversión no es sólo cambiar en el modo de pensar, sino también en el modo de actuar.

Dios no es un juez castigador, es paciente con el hombre, y además, según la primera lectura, Dios no está en su cielo desentendido del hombre, es un Dios liberador, dice "He visto..., he oído..., voy a bajar a liberarlos".
Que el Señor nos haga comprender mejor quién es él, para que comprendiéndole mejor nos podamos parecer cada vez más a él: no condenar, no castigar, estar cercano a las necesidades de los demás y acercarnos a liberarles.

Gracias por llegar hasta aquí.


Pedro Crespo Arias



Fuentes:
Sagrada Biblia
Pedro Crespo
Iglesia en Daimiel
Redacción Blog
Angel C.