viernes, 19 de marzo de 2010

La Oración del Viernes, 19 de Marzo !!!



ALABANZAS AL SANTISIMO .
INVOCACION AL ESPIRITU.
INTRODUCCION.
La escena es terrible. La mujer está a punto de ser linchada. Algunos, de los que se dicen líderes del pueblo, han hecho de jueces y han determinado que debe ser condenada a muerte. Hay que apedrearla. Y la multitud está dispuesta participar. Nadie se sentirá culpable. Total, una piedra más seguro que no es el golpe definitivo.
Es sólo uno más. Luego, una vez que pase el subidón de adrenalina, cuando todos chillan a la vez y se sienten fuertes y capaces de todo simplemente porque están juntos, se retirarán más bien avergonzados. Apenas unos pocos seguirán convencidos de que han hecho bien. Los más preferirán no hablar del asunto. Se han dejado llevar por la masa sin darse cuenta de lo que hacían.
Podemos estar hablando de la mujer adúltera pero también de tantas personas como son linchadas todavía hoy en nuestro mundo. La fuerza de la masa es incontenible. Y no me refiero sólo al linchamiento físico, terrible por supuesto. También existe el linchamiento verbal, que excluye y margina, que mata casi tanto como el otro.

La verdad es que nos encanta ser jueces y jurados y verdugos. Todo al mismo tiempo. Siempre estamos preparados a dar nuestra opinión sobre el comportamiento o las actitudes de éste o del otro. Miramos a sus ojos y no vemos una persona sino el objeto de nuestro juicio. Siempre tenemos claro lo que habría que hacer. Y no nos solemos decantar por el lado de la misericordia. Nuestros juicios suelen ser duros y terminan con facilidad en la condena.
Hoy Jesús se enfrenta a una situación de esas. Pero su actitud es diferente. Primero de todo, mantiene su libertad. No se alinea con la masa. No se deja llevar. No intenta hacerse el simpático. Más bien, busca una manera de salvar a aquella persona. Parece que lo que menos le importa es que sea culpable o no.
Lo suyo es salvar no juzgar ni mucho menos condenar. Logra detener a aquellos exaltados que se sentían autorizados por la ley de Moisés –habría que recordar que el mismo Jesús dice en otro pasaje del Evangelio que hay que cumplir esa ley hasta la última tilde–.Lo hace recordándoles que el mundo es una gran comunidad... de pecadores.
En la Cuaresma ése es un punto que no debemos olvidar. Todos somos pecadores. Todos somos frágiles. Nadie es perfecto. Claro que hay diferencias entre unos y otros. Pero son de cantidad más que de cualidad. Al final, todos estamos necesitados de la misericordia de Dios. Todos necesitamos de la mano amiga que nos levante del laberinto de miseria en que estamos perdidos. El amor de Dios nos crea, nos regala la vida y el amor que necesitamos para llegar a ser plenamente hijos e hijas de Dios, para llegar a ser libres como Dios nos quiere, para llegar a ser personas en toda la amplitud de la palabra.

ORACION-MEDITACION.

1º. Jesús, me cuesta perdonar, a pesar de que yo necesito que me perdonen.

A veces no perdono, como los maestros de la Ley y los fariseos del Evangelio de hoy.

Y cuando perdono, no siempre lo hago bien: No olvido, mantengo resentimientos, retraigo las faltas cuando me conviene.

Me cuesta pedir perdón, porque: Soy orgulloso, y me parece que me humilla.

Por el contrario, Dios no necesita perdón, y, en cambio, me perdona: Me perdona todo: por grandes que sean mis pecados. Me perdona del todo: borra la falta, la olvida, no la retrae nunca más. Perdona inmediatamente y sin humillar. Goza perdonando: “Hay más alegría en el cielo...” (la oveja perdida).

2º. Cada día, en todos los rincones del mundo, Jesús, a través de tus ministros los Sacerdotes, sigues diciendo: "Yo te absuelvo de tus pecados..." vete y no peques más. Eres tú mismo, Cristo, quien perdonas.

«La fórmula sacramental "Yo te absuelvo...", y la imposición de la mano, y la señal de la cruz, trazada sobre el penitente, manifiestan que en aquel momento el pecador contrito y convertido entra en contacto con el poder y la misericordia de Dios. Es el momento en el que, en respuesta al penitente, la Santísima Trinidad se hace presente para borrar su pecado y devolverle la inocencia, y la fuerza salvífica de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús es comunicada al penitente. Dios es siempre el principal ofendido por el pecado, y sólo Dios puede perdonar; en aquel momento todo pecado es perdonado y borrado por la misericordiosa intervención del Salvador"." (Juan Pablo II.- "Reconciliación y penitencia").

Las palabras que pronuncia el Sacerdote no son sólo una oración de súplica para pedir a Dios que perdone mis pecados, sino que en ese mismo instante, causan y comunican verdaderamente el perdón.

Pocas palabras han producido más alegría en el mundo que éstas de la absolución: "Yo te absuelvo de tus pecados...".

¿Con qué alegría las recibimos nosotros cuando nos acercamos al sacramento del perdón? ¿Con qué agradecimiento? ¿Cuántas veces hemos dado gracias a Dios por tener tan a mano este Sacramento?

En nuestra oración de hoy podemos mostrar nuestra gratitud al Señor por este don tan grande.

3º. Por la absolución, me uno a Ti, Jesús, que quieres cargar con mis pecados.

En el momento de la absolución me pides intensificar el dolor de mis pecados, diciendo quizá alguna de las oraciones previstas en el ritual, como las palabra de San Pedro: Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que te amo".

"He aquí que (el Padre) viene a tu encuentro; se inclina sobre tu hombro, te dará un beso, prenda de amor y ternura; hará que te entreguen un vestido, calzado... Tú temes todavía una represión...; tienes miedo de una palabra airada, y prepara para ti un banquete". (San Ambrosio)

El Amén se convierte entonces en un deseo grande de recomenzar de nuevo, aunque sólo me haya confesado de faltas veniales.

4º. Después de cada confesión, Jesús, ayúdame a dar gracias a Dios por la misericordia que has tenido conmigo, aunque sea brevemente, para concretar cómo poner en práctica los consejos o indicaciones recibidas o cómo hacer más eficaz mi propósito de enmienda y mejora.

También una manifestación de mi gratitud es procurar que mis amigos acudan a esa fuente de gracias, acercarlos a Tí, como hizo la samaritana: transformada por la gracia, corrió a anunciarlo a sus paisanos para que también ellos se beneficiaran de la singular oportunidad que suponía el paso de Jesús por su ciudad.

EVANGELIO.

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Palabra del Señor .

CANTO: Laudate omnes gentes, laudate dominum.


PRECES.

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, que quisiste perpetuarte entre nosotros por medio de tus sacerdotes, haz que sus palabras sean sólo las tuyas, que sus gestos sean los tuyos, que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres y hablen a los hombres de Dios. Que no tengan miedo al servicio, sirviendo a la Iglesia como ella quiere ser servida. Que sean hombres, testigos del Eterno en nuestro tiempo, caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos, celosos de su vocación y de su entrega, claros espejos de la propia identidad y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pedimos por tu Madre, Santa María: Ella, que estuvo presente en tu vida, estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Oh Dios, eterno pastor de los fieles, que diriges y gobiernas a tu Iglesia con providencia y amor; te rogamos concedas a los obispos de tu Iglesia, a quienes pusiste al frente de tu pueblo en unión con el Papa, sucesor de Pedro y tu Vicario en la tierra, la gracia de presidir, en nombre de Cristo, la grey que pastorean, y ser maestros fieles de la verdad, sacerdotes de los sagrados misterios y guías de tu pueblo santo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.



ORACIÓN FINAL: A TI, MI AMOR

¿Qué puede darme este mundo
que pueda comparar con tu amor?
¿Qué puede ser más precioso
que la pasión de un amor infinito?
Mi mayor deleite consiste en estar junto a Ti.
Daría todo el mundo por un sólo momento de tu presencia.
Ven, amor infinito, toma posesión de mí.

Hazme uno contigo para siempre.
Escucha mi corazón;
atiende mis anhelos.
No te alejes, porque sin Ti moriría.

Derribaré cuanto se interponga entre nosotros.
Mi miedo, mis apegos, mi insensatez,
y hasta mis pensamientos sobre Ti.

Despojado de todo, excepto de mi deseo por Ti,
te pido que me aceptes como soy.
Espero, desnudo, el abrazo de tu amor.

Cariñoso amante, apasionado y tierno,
me has amado con un amor infinito.
Has amado todo mi ser, todo mi amor, toda mi locura.
Dame un amor como el tuyo,
un amor más fuerte que la muerte,
un amor más profundo que yo mismo.

¡Oh, no! ¡Con esto no me basta!
¡Derrama tu propio amor en mi corazón!
¡Ama Tú en mí y a través de mí!


AVE MARÍA Y GLORIA