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sábado, 24 de diciembre de 2011

Lucenti 2011. La Luz de la Paz de Belen, ya está en Algeciras, está en San García Abad !!


La Paz es uno de los deseos difíciles de conseguir en nuestro planeta. En todo el Mundo se oyen rumores y gritos de guerra. Cerca de nosotros podemos y debemos aportar elementos y símbolos que ayuden a ser constructores de la Paz.
Jesús desde el principio es la "Luz que brilla en la tinieblas" y ya desde su nacimiento en Belén es "Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".Los scouts de MSC desde los principios que emanan de su ley se sienten llamados a aportar su grano de arena para "dejar el mundo mejor de lo que lo se lo han encontrado".

Con esta intención ofrecen la actividad de la Luz de la Paz de Belén. Con ello, quieren conseguir una gran red que vaya iluminando todos los pueblos de nuestra geografía, todos los pueblos donde habite un scout, quieren que se encienda la luz de Belén.


Pues bien, ayer viernes por la tarde y durante la ceremonia de la Eucaristía, todos, scouts del MSC Caetaria, feligreses y otros visitantes, se reunieron para rezar por la paz y también para recoger la luz de la Paz de Belen que, como hace varios años por estas fechas se reparten entre los vecinos de San García Abad y otras parroquias, quedando encendidas en velas en este Templo durante toda la Navidad. Se pretende que como otros años, en el hogar de cada católico, además de reunirse la família y que no nos falte que comer, esté presente la Luz de la Paz de Belen.

Como sucede esto?
El proyecto es una iniciativa de Scouts y Guías de Austria que, con la colaboración de Scouts de diferentes países de Europa y otros continentes, reparten la Luz de la Paz encendida cada año por un niño o niña austriaco en la cueva del Nacimiento de Jesús en Belén.

(Recogiendo la Luz en Belen. Sarah Schinwald Munderfing de 11 años es la niña austríaca que este año ha ido para recoger la luz a la gruta del nacimiento en Belén. Proxima parada: Viena (Austria). 21 de Noviembre 2011.)

La distribución de la Luz de la Paz a todos los países participantes se realiza desde Viena.
Allí, unas semanas antes de Navidad, se reparte la Luz a todas las delegaciones asistentes para que la hagan llegar a sus respectivos países con un mensaje de Paz, Amor y Esperanza.

Posteriormente, los Scouts y las Guías la distribuyen por parroquias, hogares particulares, hospitales, residencias de ancianos, prisiones y otras asociaciones de sus respectivos pueblos y ciudades.
En España cada año, nos preparamos para acoger en nuestra casa la Luz de la Paz de Belén con una serie de materiales que nos acercan al sentido de la Navidad.

Luce en ti, es el lema de este año.

Nace una nueva red social!



Esta nueva red social tiene como finalidad ofrecer la Luz de la Paz de Belén a todos aquellos que quieran darse de alta y formar parte de una gran red que traspase la barrera de la edad, la distancia, las creencias, la cultura o las aficiones.

Después de ver que todos nosotros tenemos muchos amigos en común, ¡no te puedes imaginar cuántos! hemos pensado que podríamos dar vida a una gran red social para que entre todos irradiemos luz, alegría y paz, y llevemos la felicidad y la esperanza allá donde vayamos. Es Lucenti.

Lucenti es un nombre que significa “luce en ti” para recordarnos que la Luz de la Paz de Belén no es algo que deba quedarse dentro de cada uno de nosotros sino que debe lucir en nosotros para que se vea, alumbre a los demás y se extienda por todas partes como una auténtica red social. Y os preguntaréis qué tiene de especial, pues simplemente eso: que es para todos.

Los materiales de la Luz de la Paz de Belén de 2011 invitan a niños y jóvenes del grupo scout, del grupo de catquesis, de la clase, etc. a formar parte de una nueva red social: ‘lucenti’ que tiene de nuevo que está pensada para todas las edades.


Desde Hoy puedes coger la luz en el Templo.


Como hemos dado a entender, la luz de la Paz de Belen, queda expuesta en el Templo parroquial de San García Abad, de esta ciudad, durante toda la Navidad.

Por lo tanto, pueden acudir en horas de apertura, antes y después de las misas del fin de semana, para recogerla y tenerla en compañía de nuestra família , invitados y amigos, durante todas las fiestas. Para que nos ilumine y proteja.

No hace mucho, leía algo que decía así:

"Que una persona hundida te diga que ve luz en ti ayuda mucho, sobre todo cuando tú piensas que perdiste la luz hace tiempo. La luz de la mirada, la luz de la sonrisa, la luz de las buenas obras, la luz de la inocencia, la luz de la amistad, la luz del amor, la luz de los sueños, la luz de la vida..."

Y ahora añado; Si además tengo la Luz de Dios, que más puedo pedir?

Ah, se me olvidabe...Feliz Navidad!!









Fuentes:
Iluminación Divina
MSC España
Ángel Corbalán

domingo, 2 de enero de 2011

...Y acampó entre nosotros !!! (Evangelio dominical)


Hay que darle muchas vueltas a la Navidad para llegar a entender algo, poco realmente. Y más para que el misterio llegue realmente a donde tiene que llegar: al corazón de cada uno, al centro de nuestra vida, allá donde se generan las energías más vitales, las motivaciones más profundas. Quizá sea esa la razón por la que la liturgia repite hoy el mismo Evangelio del día de Navidad.

Toca el prólogo del Evangelio de Juan. Es un texto lleno de paradojas sobre todo si tenemos en cuenta la realidad de lo ocurrido. Fijémonos en una de sus frases centrales: “Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.”

Y ahora volvamos la vista al portal de Belén, al pesebre, a aquella doncella que acaba de dar a luz a un niño con la única ayuda de su marido. Están rodeados de pobreza y miseria –lo habitual de aquellos tiempos para la mayoría–. Están en compañía de animales. Nadie les ha querido dar posada. El momento no es feliz ni glorioso. Por mucho que a la hora de “hacer el Belén” todo nos parezca romántico y pongamos lucecitas alrededor. Pasa como en algunas películas, que están muy bien para verlas pero no para vivir realmente esas experiencias. Aquí es lo mismo. El Belén es muy bonito puesto en la entrada de la casa familiar o en una esquina de la iglesia. Pero la realidad tuvo que ser un poco más desabrida.



¿Qué gloria?

Pues bien, ahí, precisamente ahí, es donde nos dice Juan que “hemos contemplado su gloria.” A nosotros lo de la gloria nos cuesta verlo ahí. La gloria están en las ceremonias solemnes, en las multitudes que aclaman, en las grandes liturgias –tanto religiosas como políticas o deportivas–, en el lujo, la ostentación, el poder. Nada, absolutamente nada de eso se encuentra en la escena del nacimiento de Jesús, tal como nos lo narran los evangelios. Y sin embargo, ahí es donde contemplamos su gloria.

El nacimiento de Jesús es sorprendente. Sobre todo si decimos que el que nace es Hijo de Dios. Pero lo que más sorprende es quizá el modo como nace. Lo sorprendente no es que Dios nos venga a hacer una visita a la tierra. Lo que nos saca realmente de nuestras casillas, nos deja sin palabras, confundidos y perturbados, es el modo, la manera como se encarna. Y que sea ahí, en la miseria, la pobreza, la debilidad, la fragilidad, donde se manifiesta la gloria de Dios.

Eso nos saca de nuestras casillas porque resulta que Dios es muy diferente a todo lo que habíamos imaginado. Y a todo lo que seguimos pensando e imaginando. ¿Qué tiene que ver el portal de Belén y lo que allí sucedió con las liturgias que nos encanta hacer en nuestras catedrales y en nuestras parroquias? ¿Dónde está el incienso, las posturas litúrgicas, los cantos solemnes, las oraciones rimbombantes, las teologías profundas? No hay nada de eso. Apenas un niño recién nacido, con toda su belleza ciertamente, pero también con su fragilidad, con su debilidad, con su impotencia. Esa es la gloria de Dios. Ese es Dios. Cualquier cosa menos todopoderoso.

La gloria de Dios, no la nuestra

Si pensamos bien este misterio de la encarnación, tendríamos que cambiar nuestra forma de pensar. Y, más importante aún, nuestra forma de relacionarnos con Dios. Y, por supuesto, como corolario natural, nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestros hermanos y hermanas. Si verdaderamente hemos comprendido lo que es la gloria de Dios, la gloria del hijo, lleno de gracia y verdad, entonces deberíamos buscar esa gloria allá donde él la quiso poner y manifestar. Y no donde a nosotros nos gustaría que estuviese o donde pensamos que estuvo o que debería estar.

La gloria de Dios está en los indocumentados, en los enfermos abandonados, en los refugiados, en los niños maltratados, en las mujeres violadas y asesinadas, en los injustamente encarcelados, en las multitudes que viven en la miseria, en los desempleados sin ayuda, en los que duermen en las calles, en los alcohólicos, en los drogadictos... La gloria de Dios está ahí mucho más que en las catedrales y en las solemnes liturgias. Dios, naciendo en Belén y de la forma como lo hizo, rompe nuestros esquemas, nos saca de nuestras casillas de tal manera que hasta el día de hoy, cuando han pasado más de dos mil años, todavía no hemos podido asimilar de verdad lo que significa.

Por eso, conviene que meditemos una y otra vez sobre estos textos. Por eso nos conviene seguir celebrando la Navidad un año tras otro. Algún día lo entenderemos. Y lo sentiremos en el corazón. No hay que desesperar.


Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer.

Palabra del Señor


COMENTARIO.

En este domingo II después de Navidad seguimos contemplando el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios, el misterio de la Encarnación. De esta realidad nos hablan las lecturas de este domingo, aunque, quizás, de un modo críptico. La Sabiduría, de que habla la primera lectura, y la Palabra, de la que habla el Evangelio, es Jesucristo. Por eso lo que os voy a comentar en estas palabras va a ser una relectura comentada del prólogo de San Juan.



"En el principio ya existía la Palabra [Jesucristo], y la Palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios". Comienza este himno resaltando la existencia de la Palabra desde siempre; Jesucristo es eterno. Además dice que era Dios; por tanto desde el comienzo del Evangelio, San Juan deja de manifiesto nuestra fe trinitaria. La fe monoteísta del pueblo judío se ve sorprendida por la presencia de la Palabra, ya anunciada en la figura de la sabiduría del Antiguo testamento.

"Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho". Solemos decir que la Creación es obra de Dios Padre, la redención de Jesucristo y la santificación del Espíritu Santo. Pero también afirmamos que en cada acción de cada una de las persona de la santísima trinidad las otras personas también están presentes. Jesucristo también participó en la creación.

"En la palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió". Jesucristo es la vida del ser humano; sin su persona, sin su mensaje, sin sus valores, el ser humano no puede tener vida plena y eterna. Su vida era la luz de los hombres. Pero él vino a la tiniebla – así ve San Juan al mundo – y, dramática respuesta, la tiniebla no la recibió. El pecado del ser humano, que es oscuro como la tiniebla, no quiso ser iluminado por la luz.

["Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz"]. Se destaca la figura de Juan el Bautista como precursor del Mesías. Se nota que cambia el sentido del himno, por lo que se piensa que este trozo es posterior al resto.


"La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron". Vuelve otra vez el himno a temas ya apuntados. La Palabra es al luz verdadera, por la que se hizo el mundo, pero el mundo no la conoció. Y para resaltar más el rechazo del mundo de la Palabra, de la luz, dice: "Vino a su casa y los suyos no la recibieron". Todo un preludio de la pasión y muerte de Jesucristo.

"Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios". El ser hijos de Dios, según este himno no nos viene por el bautismo, sino por el hecho de recibir a Jesús y creer en él. ¡Cuántos bautizados viven sin creer en Jesús, de espaldas a él!. La filiación divina es una filiación espiritual, que no tiene que ver con la sangre ni la carne. Nos dice San Pablo en la segunda lectura, que somos elegidos y destinados, en la persona de Cristo, a ser hijos de Dios.

"Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propio del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad". Llegamos al centro de este texto evangélico. Dios, en Jesús, se hace hombre y pone su tienda entre nosotros, aludiendo a la tienda donde estaba el arca de la Alianza. Dios se viene a vivir con los hombres, a compartir nuestra naturaleza humana. Este el misterio que contemplamos: la gloria del Hijo único del Padre.

["Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Este es de quien dije: el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo"]. Continúa aquí el texto añadido al original. Habla del testimonio que da Juan el Bautista de la existencia anterior a él de Jesucristo.

["Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"]. Es interesante esta afirmación: por medio de Moisés nos vino la Ley, los mandamientos; pero eso sirve de poco de cara a la salvación, cosa que si creían los judíos. Lo que si vale, la gracia y la verdad, nos vienen por Jesucristo.

["A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer"]. Termina haciendo esta afirmación de la revelación de Jesucristo: es él quien nos da a conocer a Dios, que es el único que le ha visto.

Que la contemplación del misterio de la encarnación, en estos días, nos ayude a comprender mejor a Dios y al ser humano.

Amén








Fuentes:
Fernando Tirres Pérez cmf.
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán

jueves, 17 de diciembre de 2009

Oración Comuniraria de Adviento, viernes 18 de Diciembre




ALABANZAS AL SANTÍSIMO


INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy describe la visita de María a su prima Isabel. Las dos se conocían. Eran parientes. Pero en este encuentro descubren, la una en la otra, un misterio que no conocían todavía y que les llena de mucho gozo.

¡Cuántas veces nos sucede en la vida que encontramos personas que conocemos, pero que nos sorprenden de nuevo por la sabiduría que poseen y por el testimonio de fe que nos dan!

Es así como Dios se revela y nos hace conocer el misterio de su presencia en nuestra vida.





INVOCACIÓN AL ESÍRITU SANTO (Todos)

Señor, Tú que inspiraste a la Virgen María cuando llevaba en su seno a Tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel.

Concédenos que, dóciles al soplo del Espíritu Santo, podamos, como María, cantar siempre tus maravillas y tus alabanzas.


ORACIÓN EN SILENCIO: Encuentro con María

María, que suerte he tenido al venir a la casa de Isabel, para sentir la cercanía de tu presencia. Parece que me miras sentada en el burrillo, tirado por los ángeles que te acompañan hasta aquí, con tu Hijo en las entrañas.


Y, ¡Que suerte haberte oído que has venido hoy también aquí, a mi pobre corazón! ¡La Madre de mi Señor, ha venido a visitarme!

María, con tu gran sencillez reconociste lo que Dios había hecho en Ti... Y Tú no te lo quedaste para ti sola. Lo compartiste con tu prima, con tus vecinos de Nazaret y conmigo...

Porque Tú nos das lo mejor. Eres la fuente de Dios, y quedando
en Ti el Señor, nos das sus frutos ¡Qué gusto María, me das lo mejor!


Madre, ayuda a estos peregrinos que te quieren de verdad y que quieren, como Tú, dar nuestros mejores frutos reteniendo a Dios dentro de nosotros. Haz que descubramos que unos a otros nos necesitamos.


¡Ven, María, y visítanos siempre!

Cuando las lágrimas rueden por nuestras mejillas...Cuando el dolor nos astille...Cuando la duda nos ronde...Cuando se nos enfríe el corazón...Y, sobre todo cuando nos llegue la hora de la muerte. Visítanos y tráenos a Jesús, fruto bendito de tu seno, para cantar siempre el gran Magníficat de acción de gracias al Creador.


MONICIÓN AL EVANGELIO

Isabel representa al Viejo Testamento que termina. María el Nuevo que empieza. El Viejo Testamento acoge al nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y a completar todas las esperanzas de las gentes. En el encuentro entre las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar de gozo al niño en el seno de Isabel. La Buena Noticia de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana, como es, dos mujeres de casa que se hacen una visita para ayudarse. Visita, alegría, gravidez, hijos, ayuda mutua, casa, familia: y es en esto en lo que Lucas quiere que las comunidades (y todos nosotros) sintamos y descubramos la presencia del Reino.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.


En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.


Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito. - «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!


¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.


Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. »


Palabra del Señor.


Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,

- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.


Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,

- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.


Te pedimos Señor por las familias cristianas,

- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.


Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados

- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.


Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,

- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.


Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,

- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.


Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano,

- haz que los hogares cristianos sean cantera de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.


Te rogamos Señora del Adviento, por los sacerdotes,

- para que, alegres por la venida del Señor, se dediquen a la oración y súplica con acción de gracias, y que la paz de Dios llene sus pensamientos y sus corazones.


Salvador del mundo, te rogamos por nuestro país y sus habitantes,

- para que este Adviento sea tiempo de gracia, de paz y de arrepentimiento.


Redentor nuestro, te rogamos por los enfermos y ancianos, especialmente los de nuestras familias y los de la parroquia,

-para que su enfermedad sea oportunidad para crecer en la fe, esperanza y amor de Dios.


ORACIÓN FINAL: Cuando llegue Él...


Cuando llegue el “Deseado”,

el que mi amor espera,

adornaré mi casa,

la vestiré de fiesta,

apagaré los ruidos,

encenderé la hoguera.


Cuando llegue el “Amado”

por el que estoy en vela

lavaré sus pies,

perfumaré de esencias,

pondré manjares frescos

y música siempre nueva.

Cuando llegue el “Anunciado”

Por todos los profetas

No podrá engañarme

como lo hizo con Magdalena.

Captaré su perfume

Y notaré su presencia.


Cuando llegue Él...

¡Pero si siempre llega!

Mientras le estoy esperando

mil veces repetía que le abriera...

Mis ojos no le reconocían

cansado de llamar junto a mi puerta.


Se me hacía presente

mientras yo miraba a fuera

y ocupaba mi casa y mis cosas

creyendo que era primavera

Pero Él sufre de invierno oscuro

sin acercarse a mi hoguera.


Llegaba el “Esperado de los Siglos”

Y el más desamparado de la tierra,

mientras yo me afanaba tembloroso

y ponía manjares en la mesa.

Pero Él se doblaba de hambre y de frío


esperando impaciente que le viera.


Viene Belén, y le sigo esperando.

El sendero se oscurece, y las veredas

se llenan de obuses y de muertos,


de sangre inocente, de penas

y la paz la rompen fríamente,

y gritan con Raquel en las afueras

¡que ya viene el Deseado, el Amigo!

Y los niños se defienden con piedras

porque quieren unos “seguridad”

y los otros vivir tranquilos en su “tierra”

¡La puerta de Belén ya está abierta!

¿Podré llegar y cantar al Niño que viene

o quedarme distraído en las afueras?




Fuentes:

Dª Ana Navarro Mayorga

Redacción del Blog