jueves, 17 de diciembre de 2009

Oración Comuniraria de Adviento, viernes 18 de Diciembre




ALABANZAS AL SANTÍSIMO


INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy describe la visita de María a su prima Isabel. Las dos se conocían. Eran parientes. Pero en este encuentro descubren, la una en la otra, un misterio que no conocían todavía y que les llena de mucho gozo.

¡Cuántas veces nos sucede en la vida que encontramos personas que conocemos, pero que nos sorprenden de nuevo por la sabiduría que poseen y por el testimonio de fe que nos dan!

Es así como Dios se revela y nos hace conocer el misterio de su presencia en nuestra vida.





INVOCACIÓN AL ESÍRITU SANTO (Todos)

Señor, Tú que inspiraste a la Virgen María cuando llevaba en su seno a Tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel.

Concédenos que, dóciles al soplo del Espíritu Santo, podamos, como María, cantar siempre tus maravillas y tus alabanzas.


ORACIÓN EN SILENCIO: Encuentro con María

María, que suerte he tenido al venir a la casa de Isabel, para sentir la cercanía de tu presencia. Parece que me miras sentada en el burrillo, tirado por los ángeles que te acompañan hasta aquí, con tu Hijo en las entrañas.


Y, ¡Que suerte haberte oído que has venido hoy también aquí, a mi pobre corazón! ¡La Madre de mi Señor, ha venido a visitarme!

María, con tu gran sencillez reconociste lo que Dios había hecho en Ti... Y Tú no te lo quedaste para ti sola. Lo compartiste con tu prima, con tus vecinos de Nazaret y conmigo...

Porque Tú nos das lo mejor. Eres la fuente de Dios, y quedando
en Ti el Señor, nos das sus frutos ¡Qué gusto María, me das lo mejor!


Madre, ayuda a estos peregrinos que te quieren de verdad y que quieren, como Tú, dar nuestros mejores frutos reteniendo a Dios dentro de nosotros. Haz que descubramos que unos a otros nos necesitamos.


¡Ven, María, y visítanos siempre!

Cuando las lágrimas rueden por nuestras mejillas...Cuando el dolor nos astille...Cuando la duda nos ronde...Cuando se nos enfríe el corazón...Y, sobre todo cuando nos llegue la hora de la muerte. Visítanos y tráenos a Jesús, fruto bendito de tu seno, para cantar siempre el gran Magníficat de acción de gracias al Creador.


MONICIÓN AL EVANGELIO

Isabel representa al Viejo Testamento que termina. María el Nuevo que empieza. El Viejo Testamento acoge al nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y a completar todas las esperanzas de las gentes. En el encuentro entre las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar de gozo al niño en el seno de Isabel. La Buena Noticia de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana, como es, dos mujeres de casa que se hacen una visita para ayudarse. Visita, alegría, gravidez, hijos, ayuda mutua, casa, familia: y es en esto en lo que Lucas quiere que las comunidades (y todos nosotros) sintamos y descubramos la presencia del Reino.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.


En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.


Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito. - «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!


¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.


Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. »


Palabra del Señor.


Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,

- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.


Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,

- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.


Te pedimos Señor por las familias cristianas,

- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.


Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados

- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.


Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,

- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.


Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,

- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.


Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano,

- haz que los hogares cristianos sean cantera de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.


Te rogamos Señora del Adviento, por los sacerdotes,

- para que, alegres por la venida del Señor, se dediquen a la oración y súplica con acción de gracias, y que la paz de Dios llene sus pensamientos y sus corazones.


Salvador del mundo, te rogamos por nuestro país y sus habitantes,

- para que este Adviento sea tiempo de gracia, de paz y de arrepentimiento.


Redentor nuestro, te rogamos por los enfermos y ancianos, especialmente los de nuestras familias y los de la parroquia,

-para que su enfermedad sea oportunidad para crecer en la fe, esperanza y amor de Dios.


ORACIÓN FINAL: Cuando llegue Él...


Cuando llegue el “Deseado”,

el que mi amor espera,

adornaré mi casa,

la vestiré de fiesta,

apagaré los ruidos,

encenderé la hoguera.


Cuando llegue el “Amado”

por el que estoy en vela

lavaré sus pies,

perfumaré de esencias,

pondré manjares frescos

y música siempre nueva.

Cuando llegue el “Anunciado”

Por todos los profetas

No podrá engañarme

como lo hizo con Magdalena.

Captaré su perfume

Y notaré su presencia.


Cuando llegue Él...

¡Pero si siempre llega!

Mientras le estoy esperando

mil veces repetía que le abriera...

Mis ojos no le reconocían

cansado de llamar junto a mi puerta.


Se me hacía presente

mientras yo miraba a fuera

y ocupaba mi casa y mis cosas

creyendo que era primavera

Pero Él sufre de invierno oscuro

sin acercarse a mi hoguera.


Llegaba el “Esperado de los Siglos”

Y el más desamparado de la tierra,

mientras yo me afanaba tembloroso

y ponía manjares en la mesa.

Pero Él se doblaba de hambre y de frío


esperando impaciente que le viera.


Viene Belén, y le sigo esperando.

El sendero se oscurece, y las veredas

se llenan de obuses y de muertos,


de sangre inocente, de penas

y la paz la rompen fríamente,

y gritan con Raquel en las afueras

¡que ya viene el Deseado, el Amigo!

Y los niños se defienden con piedras

porque quieren unos “seguridad”

y los otros vivir tranquilos en su “tierra”

¡La puerta de Belén ya está abierta!

¿Podré llegar y cantar al Niño que viene

o quedarme distraído en las afueras?




Fuentes:

Dª Ana Navarro Mayorga

Redacción del Blog