domingo, 24 de julio de 2011

"A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien" (Evangelio dominical)

La felicidad de la vida no puede depender de las riquezas acumuladas, es un falso sueño, sino del compromiso por un mundo más justo.

La palabra de Dios siempre nos va a proponer motivos y razones para acrecentar nuestra inseguridad frente a la vida y frente al seguimiento, de una causa que creemos muy importante para los que nos llamamos cristianos: el Reino, la Utopía.

Las lecturas de hoy son un llamado al cambio de actitudes relativas de nuestras prácticas, muchas veces tan egoístas, a los valores profundos y absolutos que propone Jesús desde la propuesta del proyecto del Reino.

Hay que tener muy claro que la presentación de Salomón, que hace el primer libro de los Reyes, pretende mostrar (románticamente) lo que para el escritor sagrado representaba y significaba este “maravilloso” rey en la teoría, pero que en la práctica y por lo que consiguió en la historia del pueblo, no pasó a ser sino un rey más que se aprovechó de su poder para explotar, esclavizar y manipular la conciencia débil del pueblo, y construir su reinado de gloria en la magnificencia literaria que se construyó en torno a su figura y su reinado.

Hay que saber diferenciar entre la estructura del reino que representa Salomón (la de la monarquía con sus estructuras económicas, políticas, militares y religiosas que se establecen para manejar los hilos del poder) a la propuesta del Reino que presenta y enseña Jesús con sus palabras, pero sobre todo con su práctica de justicia y de igualdad.

Descubrir el mensaje que se revela por Jesús y su reinado, abre los horizontes hacia una nueva humanidad. Una vez que se ha descubierto el valor absoluto que tiene el Reino, es necesario tomar una posición, y frente a este descubrimiento ningún precio es demasiado alto, pues el Reino se convierte en el único valor absoluto para quien lo descubre.

El proyecto del «Reino de los cielos», según la expresión de Mateo, se convierte para muchas personas en una alegre pero exigente sorpresa, que en el caminar normal de la vida se produjo por medio de un encuentro afortunado que impregnó de una gran riqueza la existencia. Ese Reino trajo una exigencia, que genera al mismo tiempo inseguridad, pues se descubre necesario venderlo todo, despojarse de muchos «bienes» que atan, e ir al encuentro de su absoluta posesión, como su mayor riqueza. Afortunado quien ha descubierto desde su práctica concreta en la vida, los valores del Reino...encontró su mejor tesoro, la mejor perla que podía estar buscando perdidamente en otros rincones.

Las dos parábolas iniciales (del tesoro escondido y de la perla de gran valor) parece que se contrapusieran a la llamada e invitación de Jesús a dejar bienes y riquezas para poder seguirlo. Sin embargo nos enseñan las parábolas, que el Reino es la mayor riqueza para el seguidor de Jesús: Luego de sentir la llamada de Jesús y de descubrir el Reino, el camino se debe seguir con alegría, porque se ha encontrado todo.

El Reino, en estas dos parábolas, es la realidad que supera a nuestro egoísmo. Dejar las certezas inseguras del hoy, por la certeza mayor, hace que los caminos abiertos para que el reinado de Dios sea el mayor absoluto, que busca en todos los sentidos la transformación de tantas y tantas estructuras injustas.

Para el seguidor de Jesús es necesario romper los esquemas de muchas estructuras que deshumanizan. Personas que esperan un cambio sin ponerse en búsqueda, ateniéndose muchas veces a su herencia legalista, que no les permite salir a encontrar nuevas posibilidades para su existencia o para la existencia de los demás, se enfrentan en estas parábolas a las personas que han encontrado un sentido que creían perdido para sus vidas y se arriesgan al cambio y a la novedad, poniéndose en marcha en la construcción de proyectos alternativos que construyan hermandad solidaria entre los seres humanos y se comprometen en afianzar, desde la práctica concreta, los valores de vida y justicia que han encontrado.

Jesús concluye esta enseñanza preguntando si han entendido todo lo dicho por medio de la palabra, que había estado escondida, pero que ahora no deja de salir a la luz. Aquí se presenta el modelo ideal del discípulo que es capaz de entender el mensaje del Reino y saca oportunamente lo viejo y lo nuevo del mensaje que ha recibido. La novedad del Reino viene por medio de la palabra, acumulada en la historia del propio pueblo por medio de sus valores, la cultura, el proyecto original en torno al cual se dio origen a Israel como pueblo, sus luchas y procesos en búsqueda de la justicia y su interpretación de la historia desde un Dios liberador y a la opción de este Dios por los más pobres y oprimidos de la sociedad. Esta oferta del Reino que propone Jesús, es una realidad que quiere hombres y mujeres capaces de incorporar los propios valores de la historia y la cultura a las nuevas realidades, siempre impregnadas de justicia, que Jesús puso en marcha a partir del anuncio y la práctica del Reino.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-52):


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos le contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Palabra del Señor


COMENTARIO.


Continuamos en este domingo XVII del tiempo ordinario con las parábolas sobre el Reino de los cielos. Es que el tema del Reino no es otro tema más en el mensaje de Jesús: misericordia, amor a los enemigos, perdón (que son temas trascendentales), sino que es un tema central, como el eje en un vehículo, como la columna vertebral en el ser humano. Un tema sin el que las demás ideas se quedarían deshilachadas. El Reino es una mundo mejor que tenemos que construir y que llegará a su plenitud en el cielo.


Hemos visto que ante la construcción del Reino se pueden tener distintos tipos de respuesta, según la adhesión al mismo (los distintos tipos de tierra); también recordábamos que el Reino crece conjuntamente con otros males (la cizaña), pero Dios es paciente a la hora de realizar este discernimiento. En este domingo las parábolas del tesoro y la de la perla nos vienen a recordar que el Reino tiene que ser LA prioridad de nuestra vida.

Cada una de las personas tenemos una jerarquía de valores, un orden en el que hemos puesto en primer lugar aquello que consideramos más importante para nuestra felicidad: la salud, el dinero, el amor... Las encuestas dicen que hay un alto porcentaje de personas que piensan que algo fundamental para la felicidad es la familia. Pues hoy se nos recuerda que para un cristiano lo primordial tiene que ser la construcción del Reino de Dios. ¿Es Dios y su Reino un valor importante para nosotros?

"Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura" nos recuerda una expresión del propio Jesús para indicar esta prioridad:


Si recorremos despacio alguno de los evangelios (por ejemplo el de Mateo que estamos siguiendo en este ciclo A) descubriremos pronto como para Jesucristo el Reino es algo básico en su mensaje.


Si repasamos la primera lectura veremos que Salomón, es este sentido, antes que otras cosas, lo que pidió a Dios es un corazón dócil (sabio) para gobernar a su pueblo. ‘Corazón’ en la Biblia no designa al órgano que bombea la sangre o al centro de los sentimientos, sino que se refiere a la totalidad de la persona. Por otro lado la sabiduría se relaciona con la docilidad y, digo yo, docilidad a la voluntad de Dios. Dice el salmo de este domingo: "Cuanto amo tu voluntad, Señor... tu Palabra más que oro y plata". Dios le concedió esa sabiduría, pero al final de su vida Salomón puso como algo prioritario el amor a las mujeres extranjeras, se casó con ellas y adoptó su religión, cambió su jerarquía de valores y fue infiel a Yavé. Esto nos muestra como los valores que adoptamos las personas se pueden cambiar para bien o para mal.


Si miramos despacio nuestra vida, probablemente podremos comprobar como a lo largo de la misma hemos ido teniendo unos valores prioritarios, el cambio de orden de los mismos nos tendría que indicar que estamos en búsqueda... porque el Reino se quiere abrir paso en nuestro corazón como algo que puede ser fuente de verdadera felicidad. La prioridad de los valores suele depender de las circunstancias que vivimos, pero en la sucesión de las mismas se apuntan deseos más altos.


¿Qué otras prioridades tenemos las personas en la vida? La primera lectura nos indicaba en boca de Dios como respuesta a la petición de sabiduría para gobernar a su pueblo: "como no has elegido vida larga, riquezas o la vida de tus enemigos..." Son tres prioridades que podemos tener las personas.


Cuando una persona experimenta la muerte como una vivencia cercana por los años o por la muerte de un familiar y vive así la fugacidad del tiempo y el dolor de la enfermedad, puede desear como lo primero una vida larga. Acercarse a la muerte con enfermedad o sin ella con plena lucidez y aceptarlo y tener como primero el valor del Reino es una verdadera gracia de Dios. Estas circunstancias nos tendrían que hacer ver que la voluntad de Dios es mejor que la nuestra. La felicidad no puede depender de una vida larga, sino de una vida con sentido y el sentido de la vida tiene que ver con Dios y su Reino.


Cuando una persona vive la pobreza material como una limitación real de posibilidades de sobre-vivencia con cierta dignidad personal por falta de vivienda, trabajo... puede desear como lo primero riquezas. Vivir en medio de carencias materiales y aceptarlo y tener como primero el valor del Reino es una verdadera gracia de Dios. La felicidad de la vida no puede depender de las riquezas acumuladas, es un falso sueño, sino del compromiso por un mundo más justo (también en sentido distributivo) en el que todos puedan beneficiarse de los bienes materiales.


Cuando una persona vive el mal real que le hacen los demás en la convivencia (todos tenemos experiencias más o menos significativas en este sentido)... puede pensar que lo primero es quitarse a esos "enemigos" de encima. Vivir entre esos males y tener como primero no la venganza sino el reino es una verdadera gracia de Dios. La felicidad no viene de la venganza, sino del perdón.


... Y así podríamos seguir con más valores (o anti-valores) que nos hacen no tener como prioritario el Reino. En todos esos "tanteos" que hacemos en la vida se nos invita a ir descubriendo que la verdadera perla, el verdadero tesoro del que depende nuestra felicidad y realización personal es el Reino de Dios.


Las circunstancias sociales y personales nos hacen priorizar ciertos valores, por eso nos viene muy bien la idea de la segunda lectura: "A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien". A los que aman a Dios, me hace pensar hoy a mí, todo les acerca al Reino.





Fuentes:
Iluminción Divina
Pedro Crespo Arias
Hermanos López Vigil
Ángel Corbalán