domingo, 29 de diciembre de 2013

La Sagrada Familia, un ejemplo familiar a seguir (Evangelio dominical)




“Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva”

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia, que es modelo para nuestras familias. En el plan de Dios está que nuestras familias sean cada vez más parecidas a la de Nazaret. 

Y esto no es una frase bonita y ya está, es una realidad. Hoy la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, nos presenta la Sagrada Familia para que la tengamos presente, la contemplemos, nos la imaginemos, y vayamos imitando su estilo de vida. 

Por eso decíamos en la oración colecta: “Dios, Padre nuestro, que has propuesto, a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor…”. ¡Para imitar, es preciso mirar, contemplar! 

Tener a la familia de Nazaret como referente nos puede ayudar en nuestro día a día. Pongo un par de ejemplos: 

El primero, si hay alguna dificultad familiar nos preguntamos: ¿y en la familia de Nazaret, cómo lo habrían solucionado?, ¿cómo lo habrían enfocado? 

Porque con esta pregunta tan sencillita, estamos poniendo a Dios en medio de la familia, en medio de la cuestión. Así nos desinstalamos de nuestras visiones y nos ponemos a mirar como mira Dios. 

Hace unas semanas en una actividad de jóvenes de Barcelona, escuché un testimonio muy bonito de un matrimonio joven: Decían: mientras nos intentamos imponer el uno al otro, la convivencia era un problema, uno hacia la derecha, el otro hacia la izquierda; uno hacia arriba, el otro hacia abajo. Este deseo de imponerse al otro, lo solucionamos cuando pusimos a Cristo en medio. “Ni tú, ni yo, ¿qué es lo que Cristo quiere?” Y, esto les ha ayudado mucho en su convivencia y en su vida cristiana. 

Este es el camino que, seguramente, vivieron María y José para superar las dificultades de la vida cotidiana: poner a Dios en medio, descubrir su voluntad, discernir sus planes. 

Y, este matrimonio, acababan diciendo: Muchas veces, curiosamente, la decisión final no era lo que ella proponía ni lo que él proponía, sino una tercera vía. 

Y es que es Dios quien conduce nuestras vidas. Lo vemos clarísimamente en el evangelio de hoy. Como Dios en sueños va guiando a José. Y como cada sueño, se supone un cambio de vida, una desinstalación, un empezar de nuevo, un rehacerlo todo. Dios conduce nuestras vidas, por tanto, nos hace falta esta disponibilidad. 

Disponibilidad a dejarse descolocar por Dios, para dejar que Él se cargue el guión que nosotros habíamos escrito, de nuestra vida. Y reconocer, maravillados, el toque genial, que sólo Dios puede dar a nuestra existencia. 


María en el anuncio del ángel Y José en la respuesta a los sueños, nos dan una gran lección de disponibilidad a los planes de Dios. 

Expongo el segundo ejemplo de la importancia de tener a la familia de Nazaret como referente para nuestro día a día: Es fácil imaginar la familia de Nazaret como un ámbito donde hay mucho diálogo, relación, convivencia, y en este clima familiar se da la comunicación de la fe. Es propio de la cultura de aquel tiempo, esta vida tranquila, donde hay mucho contacto familiar, donde se facilita la comunicación de valores, experiencias, de la fe. 

En cambio, hoy en día, las circunstancias hacen que no sea propio de la cultura de nuestros tiempos la tranquilidad y el contacto familiar. ¡Siempre vamos corriendo y siempre hemos de estar haciendo cosas! ¿Dónde queda la tranquilidad de la vida familiar? 

El Papa Francisco, tiene unas palabras muy acertadas (EG) hablando de la ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana, dice: “Algunas causas de esta ruptura, son: la falta de espacios de diálogo familiar,” (atención, la primera que nombra como causa de... es “la falta de espacios de diálogo familiar”, es necesario pensarlo, ¿Qué espacios de diálogo familiar de calidad tenemos?, ¿Qué espacios de diálogo padres-hijos? ¿Qué espacios de diálogo entre los esposos?. Pienso que nos hace falta apagar la tele, el ordenador, la wii, el móvil, y hablar... Sin diálogo de calidad no hay comunicación de valores, de experiencias de la fe. El Papa continúa nombrando otras causas de la ruptura en la comunicación de la fe) “la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo desenfrenado..., la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres, la ausencia de una acogida cordial en nuestras instituciones, y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural.”.



Evangelio según san Mateo 2,13-15.19-23


"Coge al niño y a su madre y huye a Egipto"

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto".
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño." Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.


Palabra de Dios.


COMENTARIO.


UNA FAMILIA DE EMIGRANTES


1.-“No hay nación que tenga a sus dioses tan cercanos como Israel” dice la Escritura, y esto se cumple hasta lo inconcebible en Jesús, Nuestro Dios y Señor, nacido de una madre, María y educado en el seno de una familia llena de cariño. ¿Hay algo más semejante a nosotros? ¿Más cercano?

Los problemas que hoy salpican con sus olas a nuestras familias no perdonaron tampoco a la familia de Jesús. Su patria era un país dominado por un ejército extranjero siempre dispuesto a la dura represión cuando la creía necesaria. El gobierno del propio país estaba en las manos de Herodes, hombre injusto que no buscaba más que mantenerse en el poder.
El terrorismo estaba representado por los llamado zelotes, que asesinaban en las sombras de las estrechas calles de Jerusalén a los que arbitrariamente habían sentenciado a muerte. La religión estaba en poder de unas familias sacerdotales ambiciosas, que habían vaciado de sentido la religión y el culto a Dios mercantilizándolo y reduciéndolo todo a meras formas externas.

José ni fue un pequeño empresario, ni siquiera un obrero especializado, como nos lo han representado los pintores clásicos, era más bien quizás un manitas, pero sin trabajo fijo, y que por lo tanto no pocas veces estaría en el paro, pero sin subsidio, uno de esos que Jesús iba a describir reunidos en la plaza pública esperando que alguien los contrate.

El evangelio de hoy nos describe a la santa familia como una familia de emigrantes, que al fin tienen que regresar a la propia patria y empezar una vez más de nuevo. Hasta en el seno de la familia hubo incomprensiones. José y María no le entendían a Jesús en su proceder, y nos consta de la regañina que María, su madre, le echó en el templo, ¿por qué te has portado así con tu padre y conmigo”?


2.- Impresiona pensar que Jesús, la Sabiduría Divina, aprendió de María y José. De María tal vez aquello de la alegría de la vecina que encuentra la dracma perdida y viene a contarlo a las amigas.

–O lo de que no se debe poner un remiendo de paño nuevo a un manto viejo porque lo destroza.

–O aquello de que la luz hay que ponerla en alto para que ilumine la habitación.

De José, campesino avezado a mirar al cielo y a la naturaleza, aquello de las nubes que traen el agua, o los brotes que anuncian la primavera, o los lirios adornados por el Padre Dios, o los pajarillos a los que nunca falta de comer, o la maldad del alacrán que hay que mantener lejos del niño indefenso.

Jesús, como cada uno de nosotros aprendió de sus padres.

3.- ¿Qué mantuvo unida a esta familia en medio de unos problemas tan semejantes a los nuestros?



–Una fe ciega en un Padre Dios, que nunca les regaló cesta de Navidad ni juguetes de Reyes Magos, pero les mostró su camino y les dio fuerza y alegría para hacerlo.

–Un gran amor y respeto mutuo, que es por parte de los hijos reconocimiento agradecido a ese día a día de padre y madre que se afanan por ellos, y es por parte de los padres el tratar de hacer que los hijos aprendan a volar con sus propias alas, porque cada hijo tiene su camino, y si algún hijo despreciando el aprendizaje se lanza a volar antes de tiempo y se rompe una pata o un ala, que sepa tomar la propia responsabilidad sin echar la culpa a los padres que no tienen ninguna.


EL AMOR ES EL CEÑIDOR DE LA FAMILIA SANTA



1.- Referido a la Sagrada Familia esto aparece de forma evidente. Si San José no hubiera actuado por amor y con amor, habría repudiado a María antes de que el ángel le hablara en sueños. El amor de José a María se manifestó en forma de respeto, porque la amaba; en actitud de comprensión y generosidad, porque la amaba; en renunciar a su primer impulso de vanidad y orgullo herido, porque la amaba. El amor de José a María se manifestó también en forma de obediencia a Dios y de aceptar lo que le decía el ángel, porque el ángel era enviado por Dios y él amaba a Dios y se fiaba de Dios. El amor de María a José se manifestó en el silencio recatado, en la actitud amorosa, en el don de la devoción y de la entrega. 

El amor de María a Dios se manifestó en la obediencia y la disponibilidad, en medio de la ignorancia y del asombro. El amor de José a María y de María a José y el amor de José y María a Dios fue el ceñidor de la unión entre ambos; sin este amor el matrimonio de hubiera roto antes de haberse celebrado. Y el amor de los padres hacia el hijo y del hijo hacia los padres evitó una ruptura familiar temprana e irreparable. Porque el hijo les salió respondón y comenzó a ocuparse y preocuparse de las cosas de su Padre, sin previa consulta y aclaración ante los afligidos padres que le buscaban. Sí, fue el amor el auténtico ceñidor da la Sagrada Familia y ¡qué familia! Las familias actuales, nuestras familias, sólo se mantendrán unidas mientras vivan unidas por el amor. Si les falta el amor, a nuestras familias todo lo demás no les sirve de nada. El amor mutuo, claro, porque la familia es cosa de dos, o de más de dos, y si el amor no es mutuo la cuerda, la relación, se rompe. Desde siempre, los seres humanos hemos nacido y seguimos naciendo dentro de una familia; lo que está en crisis no es tanto la familia, sino la indisolubilidad de la familia. Para que una familia dure hace falta mucho amor, mucho amor mutuo, mucha capacidad de perdón, de generosidad y de entrega mutua, es decir, mucho amor cristiano. ¡Que el ejemplo de la Sagrada Familia anime a todas nuestras familias a construir su edificio familiar sobre el amor cristiano!

2.- Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto. La vida de la Sagrada Familia no fue una vida fácil, ni antes de tener que huir a Egipto, ni durante el tiempo que vivieron en Egipto, ni después de volver de Egipto. La Sagrada Familia fue una familia emigrante. La emigración no es un fenómeno moderno, pero sí es un fenómeno que va en aumento, porque los medios de comunicación son hoy más variados y fáciles de conseguir que antes, y porque la distancia económica y social entre los países más ricos y los países más pobres es abismal. Los cristianos tenemos que ser comprensivos y generosos con los emigrantes, ayudándoles en lo que podamos y como mejor podamos. La vida de los emigrantes, sobre todo en los primeros tiempos, es muy dura, y difícilmente podrán salir adelante sin la ayuda y la comprensión de los ciudadanos del país receptor. Con todo el mundo, pero sobre todo con los emigrantes, practiquemos las virtudes que San Pablo, en la lectura de este domingo, recomienda a los Colosenses: misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión… y, por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.