domingo, 16 de mayo de 2010

Jesús se vá, pero se queda entre nosotros !!!!!

Evangelio de San Lucas (24,46-53)


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-- Así estaba escrito:

el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Y vosotros sois testigos de esto.
Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.
Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos los bendijo.

Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo).
Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor



COMENTARIO.


"ENTREGAR LA VIDA "

Hay muchas formas de vivir y también de morir. La muerte parece igual para todos pero no es así. Cada persona la vive a su manera. Cada uno se adentra en su misterio desde una actitud propia y personal. No es lo mismo morir entregando confiadamente la vida que morir rebelándose ante lo inevitable.

Para quien se agarra a esta vida como un bien definitivo, la muerte es la máxima desgracia, el enemigo supremo que nos ataca desde fuera y nos arrebata lo más precioso que tenemos: ese aliento misterioso que nos hace existir. Pero, ¿es posible acercarse a la muerte desde otra actitud?

Para un creyente, la vida es un regalo. El gran regalo que recibimos gratuitamente del Creador. No es una posesión. No es algo que hemos fabricado nosotros. Yo no hago nada para que la sangre corra por mis venas. No trabajo para hacer latir a mi corazón. Vivo sostenido misteriosamente por Dios.

Quien vive desde esa actitud, sin sentirse dueño y señor exclusivo de su existencia, puede morir entregando confiadamente su vida al Creador. No es fácil. La muerte no pierde nunca su trágica seriedad. Pero morir se convierte en un acto de fe, el acto de fe más grande que podemos hacer los humanos: poner nuestra existencia definitiva en manos de Aquel que es la fuente misteriosa de nuestro ser.

No es lo mismo morir «que entregar la vida». Para quien entrega la vida, la muerte no es algo que le sobreviene fatalmente desde fuera, sino el abandono confiado en Dios. Este «entregar la vida» no es necesariamente un acto puntual que se ha de hacer en el momento final. Es una orientación de toda la vida. La entrega final se prepara de muchas maneras y no es sino la culminación de todo un estilo de vivir.

La muerte se anticipa en muchas pequeñas muertes. La entrega se anticipa en muchas pequeñas entregas. Es la renuncia al afán de preservar la vida en este mundo la que nos conduce a disfrutar para siempre de la vida eterna.

A Jesús nadie le arrebató la vida, la entregó él confiadamente al Padre. Por eso, Dios lo resucitó. Éste es el núcleo de la fiesta cristiana de la Ascensión.



"La responsabilidad de los cristianos"

Celebramos hoy la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. Se va Jesús y nos deja solos ante el mundo.
Dice una canción del Último de la Fila: "Tu ausencia te hace más real"; es decir, Jesús se va, pero se queda entre nosotros. El sentido de su ausencia podría ser que los cristianos asumamos nuestra mayoría de edad y empecemos a enfrentarnos con la vida, con el mundo "como si Dios no existiese" (algún teólogo protestante, Dietrich Bonhoeffer, dijo algo parecido). No para aprovechar y vivir la vida sin criterios y sin valores, derrochándola, sino para vivirla responsablemente sin "echar balones fuera" (a Dios). Dice, en este sentido, la primera lectura: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?".

Y el Evangelio: "En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos".
Con la Ascensión del Señor, llega la responsabilidad de los cristianos.
Esta fiesta de la Ascensión del Señor es como una invitación a ser cristianos en el mundo. El cristiano existe desde Jesucristo, en la Iglesia y para el mundo. La misión del cristiano, del seglar, se debe realizar en el mundo en el que vive. No sólo la misión, también su ser cristiano (la vocación) es secular.
Podríamos decir que la misión del cristiano es transformar el mundo según los criterios del Evangelio. Dice el Concilio Vaticano II: "La misión de la Iglesia no es sólo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico" (A.A. 5).
Es decir, impregnar y perfeccionar el orden temporal con amor, perdón, justicia, comunión, verdad, vida, paz... no sólo con valores, también con principios: "Hay que hacer el bien y evitar el mal", "No hagas a los demás lo que no quieres que hagan contigo", "Hay que decir la verdad", "Dichosos los pobres...", "Buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura"... Podríamos decir que el cristiano ha de estar al servicio del reino de Dios: un mundo mejor, tanto que cada vez se parezca más al cielo.

Están bien esos términos que emplea el Concilio: impregnar y perfeccionar. La Gracia perfecciona la naturaleza humana; así podemos decir que el cristianismo, la Iglesia, perfecciona el orden temporal.
Es decir, es capaz de llevar a cotas más altas de humanidad todo lo humano. Me gusta de un modo especial el término "impregnar".
Solemos concebir la religión como un barniz externo, que decora por fuera y poco más; sin embargo la religión está llamada a IMPREGNAR toda la persona y toda la realidad.
Es como si los cristianos nos tuviésemos que sumergir (bautismo) en un aceite aromático y quedarnos en él hasta empaparnos bien y salir impregnados de ese aroma, de tal manera que donde vayamos extendamos el buen olor de las buenas obras, como buenos "ambientadores" (cristianos en los distintos ambientes). Ese buen olor nos ha tocado y transformado los criterios, los valores, los principios, las actitudes, las obras, los centros de interés, las opciones...
La cuestión siempre más espinosa es plantearse el CÓMO hacer esa impregnación. Hemos de tomar conciencia de que nuestra fe debe incidir en todos los aspectos de nuestra vida. Impregnados de Dios, hasta los poros de nuestra piel rezuman ("De la abundancia del corazón, habla la boca") sus criterios. Por eso el TESTIMONIO PERSONAL es el mejor vehículo para transmitir la fe, para transformar el mundo y la sociedad. Hemos de convencernos de esta gran verdad: el mundo de hoy escucha más a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros es porque son testigos.

Además del testimonio personal, nuestra sociedad está necesitada de la participación de los cristianos en las instituciones públicas: asociaciones, hermandades, ayuntamientos, ampas... en las que hay que hacer que las decisiones y centros de interés, opciones y obras giren en torno a esos valores. En estos lugares, la misión del cristiano consiste en que lo que se hace se haga conforme al Evangelio.

Pero, además, nuestra sociedad está necesitada de cristianos que se asocien con otros para defender determinados fines del Evangelio y de la Iglesia. Necesitamos militancia cristiana en movimientos de la Iglesia. Pensar, por ejemplo, en los Movimientos de Acción católica.

En todos estos tipos de presencia y entre todos los criterios y principios, los cristianos hemos de tener muy presente, hoy en día, la apertura a la transcendencia, que en definitiva es lo que nos mueve y a lo que está cerrándose nuestro mundo.

Nos dice la segunda lectura: "Que Dios os dé Espíritu de sabiduría para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos..." Así Dios y la esperanza de la otra vida deben estar muy presentes en el compromiso de la construcción de un mundo mejor.

Una ocasión singular para impregnar de Dios el orden temporal son las nuevas tecnologías, hoy que celebramos la 44 Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social: "Las nuevas tecnologías al servicio de la Palabra. El sacerdote y el mundo digital". Benedicto XVI hace una referencia explícita a los sacerdotes a anunciar el Evangelio en estos medios: internet.

Y La primera cristiana, impregnada de Dios, llena de Gracia, testigo singular de su Hijo... es la Virgen María, a la que recordamos de una manera especial durante este mes de Mayo. Que su ejemplo nos estimule a la hora de ser cristianos valientes en medio de nuestro mundo.
















Fuentes
José A. Pagola

Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San garcia Abad