viernes, 21 de mayo de 2010

Ven Espíritu Santo !!!. (Oración al Altísimo)



ALABANZAS AL SANTÍSIMO

INVOCACIÓN AL ESPIRITU SANTO


Canto:
En nuestra oscuridad enciende la llama de tu amor, Señor, de tu amor, Señor.

INTRODUCCIÓN
En la mañana de Pentecostés la Iglesia de Cristo se puso en marcha con enorme eficacia y celeridad. Nunca, antes, un movimiento religioso se había expandido, pacíficamente, a tal velocidad, con tanta intensidad. Y era el Espíritu Santo –la gran promesa de Cristo a sus apóstoles—quien daba impulso a la joven y naciente Iglesia. Hoy, que han pasado, más de dos mil años seguimos esperando que el Espíritu venga sobre nosotros para mejorar nuestras vidas y nuestra fe, esperanza y amor.


MONICIÓN AL EVANGELIO
Las claves de lo que es Pentecostés las encontraremos en el Evangelio de Juan: Igual que Jesús penetra en el Cenáculo en medio de personas aterradas por el miedo, así aparece hoy Jesús en nuestro corazón. Vamos a dejarle entrar; Él nos trae el amor, la paz, la fortaleza, la luz, la compañía... Y nos ofrece para siempre el Espíritu

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
--Paz a vosotros
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Palabra del Señor.

ORACIÓN-CONTEMPLACIÓN:


Espíritu Santo: ven sobre todos nosotros, desciende como la lluvia y empápanos. Llénanos de tus dones: de la dulzura de tu presencia; sin ti nada es bueno, nada es recto ni auténtico.
Ven, Espíritu Santo: llénanos con tu fuerza; edúcanos en el camino de Jesús. Oriéntanos a la hora de dar tus respuestas a los viejos y nuevos problemas de esta Humanidad.
Toma nuestras vidas. Hazlas de nuevo. Sopla sobre nuestro barro.
Recréanos. Queremos ser un vaso nuevo.
Ven, Espíritu de Amor, interioriza nuestras vidas y experiencias diarias. Haznos sentir la comunión con cuantos se han dejado rehacer por ti.
Ven, ocupa nuestro corazón para que sea de verdad templo donde continuamente se adore y se alabe al Señor.
Sana nuestras enfermedades; limpia nuestra suciedad; doma todo lo rebelde, guía a quien tuerce el sendero.
Haznos volver de los caminos que no llevan a ninguna parte. Recorre despacio nuestra historia para que nada en ella quede baldío o muerto.
Haznos cantar la belleza de las cosas y personas. La belleza de tu Iglesia: sus comunidades religiosas, sus Movimientos y asociaciones.
Danos fuerza para cantar desde el dolor y la prueba. Condúcenos a nuestra plenitud de hombres hechos a la medida de Jesús, para que el Padre nos contemple y vea en nosotros sus mismos ojos y su mismo corazón.
Ven, Espíritu Santo, recrea nuestra existencia y nuestros paisajes.
Danos capacidad, no sólo de recuperarnos, sino de crear un mundo nuevo. Un mundo que no sea sino la huella del paso del Señor por nuestra vida.



PRECES

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.
Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.
* Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.
* Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.
* Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.
* Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

* Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus actuales misiones
*Señor, concede a los sacerdotes, religiosos, educadores y catequistas el don de consejo,
- para que fomenten en la Iglesia y en la sociedad el diálogo y avancen en el camino de la renovación y la unidad.
* Envía, Señor, Tú Espíritu a los que trabajan con enfermos y marginados y concédeles el don de la piedad,
- para que sepan ser testigos de amor, de la ternura y de la misericordia de Dios.
* Concede, Señor a los ancianos y a los enfermos el don de la fortaleza,
- para que después de una vida entregada al servicio de los demás y a su vivencia de la fe, sepan vivir esta última etapa de su vida con gozo y agradecimiento profundo por todo lo recibido. A los enfermos, para que se alejen de ellos todos los miedos que les impiden descubrir a Jesús en el dolor.

ORACIÓN FINAL: A LA ESPERA DE PENTECOSTÉS CON MARÍA

¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a ti.

Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra. Porque tu Hijo Jesús nos confió a ti. Porque has querido ser Madre de la Iglesia.
Te consagramos a ti: Los obispos, que a imitación del Buen Pastor
velan por el pueblo que les ha sido encomendado. Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu. Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el Reino de Cristo. Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, los moribundos.
Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos. Te pedimos por la Iglesia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos de esta tierra bendita.
Te suplicamos que toda la Iglesia se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.
¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
¡Virgen, Madre nuestra! Ruega por nosotros ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y rencores y la reconciliación de todos los hermanos.

(Oraciones a María de Juan Pablo II)