sábado, 21 de agosto de 2010

"Dios quiere que todos se salven"

Sin duda que lo más importante del texto evangélico de este domingo es el anuncio de Jesús de que la buena nueva de la salvación no se dirige de forma exclusiva a los hijos de Israel sino que está abierta a todos los pueblos de la tierra. Pero junto a este anuncio tan importante para todos nosotros hay otro que no conviene olvidar y que está al principio del texto.

Hay que volver a leer el texto y ver de dónde surge el anuncio de Jesús de que la salvación es para todos los pueblos. No lo dice Jesús como un discurso programático ni como una catequesis. Ese anuncio forma parte de la respuesta de Jesús a uno que le hace una pregunta concreta, muy concreta: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” La respuesta de Jesús va en dos direcciones. Por una parte, le deja claro al que le pregunta que hay que esforzarse. Por otra, que nadie está exento de ese esfuerzo.



EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó:--Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo:-Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo muchos intentarán entrar y no podrán.
Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: "Señor, ábrenos” y él os replicará: "No sé quienes sois”.
Entonces comenzareis a decir: "Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas".
Pero él os replicará: "No sé quienes sois. Alejaos de mi malvados".
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrá de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos
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Palabra del Señor


COMENTARIO

Las lecturas de este domingo XXI del tiempo ordinario nos plantean el tema, siempre difícil, de la salvación. Oímos en el evangelio: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?".

La salvación no es el resultado de los esfuerzos que yo he hecho para salir de una situación; eso es la liberación (V.G.: liberación de la mujer, liberación en la expresión...). La salvación alude a que alguien te tiene que sacar de una situación de la que tú no puedes salir por ti mismo; pero en la que tú tienes que colaborar, porque no te pueden salvar sin ti.

Los protestantes dicen que tú no puedes hacer nada por salvarte, que Dios salva gratuitamente; no valen los esfuerzos personales, porque el ser humano está corrompido desde el pecado original. Entonces, en teoría, lo mismo da hacer el bien que el mal. "Peca fuerte y cree mucho", podría ser su lema.

Los pelagianos dicen que uno se salva por el esfuerzo que hace por salvarse. Todo el bien que yo hago se lo puedo presentar a Dios para que me dé la salvación, que me he ganado a pulso. Fijaos que nuestra mentalidad es así de individualista y pelagiana.

En la Iglesia católica pensamos que Dios salva gratuitamente, pero es necesario el esfuerzo para que la salvación llegue a ti. (Ejemplo de la concha del mar: Dios te da la salvación, pero sólo la puedes acoger si, por el amor vivido, estás abierto a él y a los demás. Si has sido egoísta, te vas cerrando a los demás y a Dios; así, aunque Dios te dé la salvación, no la podrás acoger).

Dios quiere que todos se salven como vemos en las lecturas: En la primera se dice: "Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua... vendrán de todos los países al monte santo de Jerusalén". En el evangelio: "Vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el reino de Dios".

Dios quiere que todos se salven, pero, sin embargo, habrá quien no se salve. Vemos en el evangelio que cuando llamen a la puerta Dios les dirá: "No sé quienes sois". Es el misterio de la libertad humana, que se puede cerrar al amor de Dios.
La segunda lectura a propósito de la libertad humana, era muy interesante; es como una llamada de atención, como una corrección fraterna. "Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión, porque el Señor reprende a los que ama", no lo toméis a mal. Y oímos en el evangelio: "Esforzaos por entrar por la puerta estrecha... Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos". Son sólo dos ejemplos en los que se nos invita a "utilizar" bien la libertad que tenemos. La libertad y la gracia van unidas en este tema de la salvación, lo mismo que la libertad, a nivel humano, va unida siempre con la responsabilidad personal. Estas dos advertencias nos vienen a recordar que, además en sentido cristiano, también somos responsables de los demás; el amor que les debemos, nos obliga a corregirlos y a aconsejarles. ¡Difícil tarea!


Resumiendo: Así, pues, la salvación es gratuita, pero necesita del esfuerzo humano. Dios quiere que todos se salven, pero habrá algunos que se cerrarán a la salvación de Dios. Y hay que decir también que la salvación que Dios nos da es personal y, al mismo tiempo, colectiva; es decir, es importante lo que personalmente hacemos, pero caminamos junto a otros, incorporados a Cristo por el bautismo, y nos salvamos conjuntamente o perdemos la salvación.

Es como ir en un barco: o nos salvamos todos o nos hundimos. Es lo que llamamos la comunión de los santos, sus méritos y su intercesión por nosotros contribuyen a nuestra salvación.

No sabemos si serán pocos los que se salven, porque Jesucristo no respondió a la pregunta; pero podemos decir que, probablemente, serán pocos los que se condenen.





Fuentes:
Fernando Torres Pérez cmf
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad.