viernes, 3 de diciembre de 2010

TÚ eres Rey Omnipotente !!!! (Oración al Altísimo)


ALABANZAS AL SANTÍSIMO .



Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.

Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.

Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

CANTO AL ESPÍRITU SANTO.

Espíritu Santo, Ven.-



ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN.
ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN.
ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN.
EN EL NOMBRE DE JESÚS.

1.- Acompáñame, condúceme, toma mi vida,
santifícame, transfórmame.
Espíritu Santo, ven.

2.- Resucítame, conviérteme todos los días.
Glorifícame, renuévame.
Espíritu Santo, ven.

3.- Fortaléceme, consuélame en mis pesares.
Resplandéceme, libérame.
Espíritu Santo, ven.

4.- Ilumíname, inspírame cuando decaiga.
Aniquílame, consúmeme.
Espíritu Santo, ven.


INTRODUCCIÓN.

Para poder vislumbrar la salvación que anuncia el profeta hay que curarse de muchas cegueras. Necesitamos dejar que el Señor toque nuestros ojos y que nos suceda conforme a nuestra fe. Pero antes hemos de ponernos en camino, seguir a Jesús aunque no veamos, pedir un aumento de fe y gritar -según la necesidad con que se perciba cada cual-: «Ten compasión de nosotros, Hijo de David». Puede ayudar que no nos veamos pidiendo solos –lo que no excluye orar a solas-. Un ciego no guía a otro ciego, pero dos o más ciegos juntos sí pueden apoyarse en el grito que nace de la desesperanza y se dirige a quien puede esperanzar.

Es un buen plan de Adviento ir adquiriendo el ojo profético que ve cercana la salvación total. Isaías nos anima a contemplar un vergel –el Día de la Salvación- que llegará «pronto, muy pronto». Entonces, quienes miran, verán; quienes escuchan, oirán; quienes sufren, volverán a alegrarse y quienes sólo han conocido el dolor, experimentarán por vez primera el gozo. Ese Día la inteligencia del mal será desbaratada. Ese Día se acabará la opresión, la trampa, el hundimiento del inocente… Ese Día quedará clara la intención de Dios con la humanidad entera. Ese Día triunfará el grito de hombres y mujeres de buena voluntad, que han sido conmovidos por la hondura de una liberación en la que siempre ha estado Dios.

ORACIÓN-MEDITACIÓN:




Preparar caminos a Dios
Para que broten fuentes en el desierto tiene que haber pozos escondidos en la montaña.
Visualiza el desierto y métete en él. El desierto es símbolo de silencio para oír la voz de Dios, de soledad para el encuentro con Dios en el corazón, de peregrinación hacia una nueva vida.
Llévame, Señor, al desierto, llévame a la soledad y háblame al corazón. Que mi sed se encuentre con tus aguas abundantes, mi Dios.
Escucha la palabra de Juan. Con su aspecto de profeta te urge a que desandes tus caminos equivocados, mires la vida de otra manera y te vuelvas a Dios.
Reconozco, Señor, mis pasos en falso. Me he alejado de Ti y de mí. No he oído los gritos de dolor de mis hermanos. Espero desde el fondo de mí ser tu misericordia.
Pon tus ojos en Jesús, a quien Juan anuncia. No lo pierdas de vista. Él es tu salvación. Él te regala el Espíritu de la alegría. El enciende en tu corazón el fuego del amor. Él es la novedad que supera todas tus expectativas.
Tu amor me hace nacer de nuevo, tu amor me acompaña día a día, tu amor me espera al final de cada jornada. Gracias, Jesús.
Descubre tu vocación profética y pon en práctica la hermosa tarea de preparar caminos a Dios en los que te rodean.

La ceguedad de los hombres
Simeón el Nuevo Teólogo (949-1022) Himno 53
[Cristo habla:]


Cuando cree a Adán, le di el don de poderme ver
y por ese don establecerse en la dignidad de los ángeles...
Con sus ojos corporales veía todo lo que yo había creado
pero también con los ojos de la inteligencia,
veía mi rostro, me veía a mí, que soy su Creador.
Contemplaba mi gloria
y conversaba conmigo en todo momento.
Pero, cuando transgrediendo mi mandamiento,
saboreó el árbol, se volvió ciego
y cayó en la oscuridad de la muerte...

Pero me apiadé de él y vine de lo alto.
Yo, el absolutamente invisible,
compartí con él la opacidad de la carne.
Recibiendo de la carne un principio, llegué a ser hombre
y fui visto por todos.
¿Por qué, pues, acepté hacer todo esto?
Porque la verdadera razón
de haber creado yo a Adán es esta: que me pudiera ver.
Cuando se volvió ciego,
y, detrás de él todos sus descendientes al mismo tiempo,
yo no podía soportar estar en la gloria divina y abandonar...
a los que había creado con mis manos;
pero me hice en todo semejante a los hombres,
corpóreo con los corpóreos,
y me uní voluntariamente a ellos.
Ves tú cuál es mi deseo de ser visto por los hombres...
¿Cómo, pues, puedes decir que me escondo de ti,
que no me dejo ver
En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras.


MONICIÓN AL EVANGELIO

No nos hemos de resignar a vivir en una Iglesia sin conversión al reino de Dios. No nos está permitido seguir a Jesús sin acoger su proyecto. El concilio Vaticano II lo ha declarado de manera clara y firme: "La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, no tiene más que una aspiración: que venga el reino de Dios y se realice la salvación del género humano”.

Esta conversión no es sólo un cambio individual de cada uno, sino el clima que hemos de crear en la Iglesia, pues toda ella ha de vivir acogiendo el reino de Dios. No consiste tampoco en cumplir con más fidelidad las prácticas religiosas, sino en "buscar el reino de Dios y su justicia" en la sociedad.

No es suficiente cuidar en las comunidades cristianas la celebración digna de los "sacramentos" de la Iglesia. Es necesario, además, promover los "signos" del reino que Jesús practicaba: la acogida a los más débiles; la compasión hacia los que sufren; la creación de una sociedad reconciliada; el ofrecimiento gratuito del perdón; la defensa de toda persona.

Por eso, animado por un deseo profundo de conversión, el Vaticano II dice así: "La liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la celebración, es necesario que antes sean llamados a la fe y la conversión". No lo tendríamos que olvidar.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31):

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»

Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»

Contestaron: «Sí, Señor.»

Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.»

Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»

Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Palabra del Señor


PRECES
Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano,
- haz que los hogares cristianos sean cantera de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre José Carlos, y los anteriores, Andrés el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Señor, te rogamos por todos nosotros.
- Para que no nos conformemos con agradarte en la eucaristía de cada domingo. Para que se note que te amamos, a través de nuestro compromiso cotidiano y coherencia con el Evangelio en toda opción concreta.

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tú que eres uno en tres personas.
- Permanece en nuestra comunidad, y reúnenos en Cristo por el vínculo del Espíritu.
.* Te encomendamos Señor a los que sufren, los parados, los que no tienen hogar, los que están presos o viven bajo la opresión de la droga u otras esclavitudes,
-para que descubran en Ti una fuente inagotable de Paz donde poder aplacar sus dolencias

*Señor Jesús, Tú que nos enseñas que hemos de trabajar para la construcción de un mundo más justo, te rogamos por nosotros,
-para que perdones nuestra frecuente insolidaridad.
Porque ha mirado la humillación de su esclava.

Señor, Tú te fijas en los pobre y humildes de este mundo. Ellos son tus predilectos. Que yo no busque crecer ni destacar, sino servir y compartir.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

Señor, Tú enalteces y encumbras a los que se hacen humildes y pequeños. Ellos serán grandes y reconocidos a lo largo de los años. Que mi grandeza sea agradarte en todo.

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi.
Señor, Tú escoges a los sencillos de este mundo para llevar a cabo tu obra salvadora. Que yo sepa cooperar con humildad para dar a conocer tu mensaje.
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Señor, Tú eres el único santo.

Nosotros somos pecadores. Purifícanos de nuestras faltas y cantaremos eternamente tu misericordia.

El hace proezas con su brazo.
Señor, a lo largo de los años Tú has hecho maravillas en favor de la humanidad. Continúa ayudándonos para poder encontrar en nuestra vida la verdadera paz y felicidad.
Dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Señor, Tú estás al lado de los pobres y los humildes, de los que sufren y son marginados; quieres su salvación y liberación.
Ayúdanos a comprometernos para superar toda opresión y luchar por la justicia y la igualdad.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y su descendencia por los siglos.
Señor, a lo largo de los años Tú acompañaste a Israel y, fiel a tus promesas, le ayudaste y protegiste.
Sigue hoy animando a la Iglesia y a toda la humanidad, para que entre todos construyamos un mundo más humano y solidario, que cada día se parezca un poco más al soñado por Dios.


ORACIÓN FINAL
Con este himno alabamos al Señor que ha bendecido a María con toda clase de bienes Y en ella a toda la humanidad. (Se proclama a dos coros. Puede seguir la alabanza haciendo resonancias).



Salve agraciada de Dios,
Paz a ti llena de gracia,
¡alegría a ti santa Inmaculada!
¡Oh sí, para siempre,
bendición, paz y gozo a ti!

Salve madre de nuestro amor Jesús,
Paz a ti madre de nuestro Dios,
¡alegría a ti, madre de la Iglesia!
¡Oh sí, para siempre,
bendición, paz y gozo a ti!

Salve reina de los ángeles,
paz a ti reina de los santos,
¡alegría a ti reina de los pobres!
¡Oh sí, para siempre,
bendición, paz y gozo a ti!

Salve esposa del Espíritu Santo,
paz a ti mediadora de la gracia,
¡alegría a ti, mujer coronada de estrellas!
¡Oh sí, para siempre,
bendición, paz y gozo a ti!


GLORIA Y BENDICIÓN








Fuentes:
Luis Ángel de las Heras, cmf.
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San García Abad.