sábado, 1 de septiembre de 2012

Cada primer sábado de mes, Milagro!


No se trata de una secuela de la película de los años 50 de Berlanga, más bien es el resumen de lo que se escucha en las inmediaciones del Templo de San García Abad, no sólo el primer sábado de mes en su misa vespertina, día señalado para la bendición de Nuestra Señora de la Dulce Espera, sino en cualquier día de la semana.


En anteriores ocasiones hemos comentado con bastante emoción, las manifestaciones y testimonios tanto de señoras como de caballeros. En algunos casos han sido señoras que han quedado embarazadas durante la etapa que con mucha fe en la imagen de Nuestra Señora y sus oraciones , así como recibiendo la bendición del reverendo párroco, don José Carlos, en presencia de Nuestra Señora de la Dulce Espera, se han sentido llenas de esa gracia y cuando se ha confirmado clínicamente, han acudido en esas fechas de primer sábado de mes y lo han contado con emoción y mucha fe a los feligreses presentes.


En otras ocasiones, han sido caballero que han manifestado que tras largos años de espera de obtener un niño en adopción, tras pedirlo con tanta fe, han sido escuchados y se sienten bendecidos al conseguir tener ese hijo tan deseado en adopción.


Y como no, también se dirigen a los feligreses, matrimonios que con gran fe han solicitado una y otra vez, el deseo de tener un hijo y sienten que gracias a su constancia y ruegos a Nuestra Señora de La Dulce espera, han tenido ese niño tan esperado.


Como en otras ocasiones hemos comentado , apenas lleva dos años entronizada en nuestra parroquia, la imagen de Nuestra Señora de La Dulce Espera. Y ya son decenas de personas las que han manifestado la bendición de la Madre de Dios en forma de hijo y algunos mellizos.
Son ya muchísimas persona que ya tienen devoción a Nuestra Señora. De hecho, llegan de Jimena, La Línea, el resto de la Comarca y hasta de las provincias de Málaga y Sevilla.


La ceremonia es muy entrañable, para los seguidores  de nuestro Blog, lo pueden visualizar. Nada que ver con la presencia y la oración posterior.

Se reza y bendice a embarazadas, se ruega por familiares en ese trance y también a quienes esperan quedar embarazadas o esperan un hijo en adopción.

En estos tiempos, con fe se consigue cosas grandes, y un niño lo es.

Ya sabéis quedáis invitados todos los primeros sábados de cada mes, en la misa vespertina.


 
Oración a Nuestra Señora de la Dulce Espera


María, madre del amor hermoso, Señora de la Dulce Espera.
Tú que proclamaste la grandeza del Señor y, diciendo que "sí", te hiciste madre de nuestro Salvador y madre nuestra:
atiende hoy las suplicas que te hago:
En mi interior una nueva vida está creciendo:
un pequeño que traerá alegría y gozo, inquietudes y temores,
esperanzas felicidad a mi hogar.
Cuídalo y protégelo mientras yo lo llevo en mi seno.
Y que, en el feliz momento del nacimiento, cuando escuche sus primeros sonidos y vea sus manos chiquitas,  pueda dar gracias al Creador
por la maravilla de este don de la vida, que Él me regala.
Que, siguiendo tu ejemplo y modelo,
pueda acompañar y ver crecer a mi hijo.
Ayúdame e inspírame para que encuentre en mí
un refugio donde cobijarse y, a la vez,
un punto de partida para tomar sus propios caminos.
Además Madre mía, fíjate especialmente
en aquellas mujeres que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño. También. Madre de la sabia serenidad, te pedimos por aquellos matrimonios que no habiendo tenido hijos, necesitan de tu presencia de Madre, para poder un día maravillarlos con la maternidad escrita en el tiempo, y así alcanzar el más ansiado logro: ser familia.
Tampoco nos olvidamos de, aquellos matrimonios que esperan acoger en adopción a un niño o niña, que logren sus propósitos y formen familia con ese niño que con los brazos extendidos espera.
Que puedan sentir el amor del Padre y de la Madre que descubran que cada niño que viene al mundo es una bendición.
Que sepan que la decisión heroica de acoger y nutrir al hijo le es tenida en cuenta.
Nuestra Señora de la Dulce Espera, dales tu amor y valor.
AMÉN