sábado, 6 de octubre de 2012

Hoy es San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos!!


Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura metálica" (Brunne, en alemán es coraza).
El sabio y devoto cardenal Bona, hablando de los monjes Cartujos, cuya orden fue fundada por San Bruno, y cuyo instituto religioso está por encima de todos los demás, los llama "el gran milagro del mundo: viven en el mundo como si estuviesen fuera de él; son ángeles en la tierra, como Juan Bautista en el desierto".

Bruno nació en Colonia hacia el 1030, tres años después de la muerte de San Romualdo el Padre de los eremitas de Camaldoli, pasó a ser canónigo de, la colegiata de San Cuniberto, para convertirse más tarde en Reims, por más de veinticinco años, en el «Maestro Bruno», profesor muy apreciado de una de las escuelas de más reputación de su tiempo.

Fue hacia 1080 cuando escuchó la llamada a una vida de total entrega a la penitencia y la contemplación. Abandonando su cátedra se retiró junto con algunos discípulos cerca de Molesme, y mas tarde al macizo de Chartreuse, cerca de Grenoble, en los Alpes del Delfinado donde instaura un tipo de vida monástica sumamente parecida, en ciertos aspectos a la que había concebido San Romualdo: los hermanos vivirían como ermitaños, pero se reunirían para la celebración litúrgica.

En 1088, a instancias del Papa Urbano II - su antiguo alumno, Bruno hubo de abandonar Chartreuse para no volver a verla más. Tras pasar 3 o 4 años en Roma, obtuvo permiso para retirarse a Calabria, en donde fundó un nuevo retiro en el desierto de La Torre. Allí fue donde murió, cerca de Serra, en 1101.

El combate espiritual de Bruno por la Iglesia empieza por la renuncia y consiste en la oración, el trabajo y la penitencia. La gran batalla se libra por medios que parecen incongruentes, ¿no seria más efectivo recorrer Europa catequizando, predicando, convenciendo?. No, el camino de este hombre es la soledad y las asperezas de una vida durísima, el ideal más severo de toda la historia de la Iglesia que ha pervivido en todo su rigor hasta hoy. Ser cartujo es morir al mundo, abrazar el silencio, la mortificación extremada, reducir la existencia a un pequeño huerto, a una vida rigurosa, a la prioridad absoluta de Dios.

Para él la Iglesia se salva desde allí, no en medio del mundo, pero años después un antiguo discípulo hecho Papa le llamará como consejero a Roma, la mayor penitencia que podía imponérsela. Bruno va a obedecer muerto de añoranza por su Cartuja, y morirá en otra fundación italiana, muy lejos de su valle de Grenoble.

Bruno y sus monjes blancos, desasidos de cualquier interés terrenal, que llevan el desierto consigo como lugar de encuentro con Dios, son un rincón privilegiado de sombra y de silencio, de adoración, en la vida de la Iglesia, el jardín más austero del alma.

San Bruno no ha sido canonizado formalmente, pues los Cartujos rehuyen todas las manifestaciones públicas. Sin embargo, en 1514 obtuvieron del Papa León X el permiso de celebrar la fiesta de su fundador, y Clemente X la extendió a toda la Iglesia de occidente en 1674. El santo es particularmente popular en Calabria, y el culto que se le tributa refleja en cierto modo el doble aspecto activo y contemplativo de su vida.



Oremos

Señor, Dios nuestro, que llamaste a San Bruno a la soledad y quisiste que allí te sirviera en la oración y en el silencio, haz que nosotros, por su intercesión, en medio de la agitación de este mundo, sepamos encontrar siempre en ti nuestro descanso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.









Fuentes:
Iluminación Divina.
Vidas de Santos.
Santoral católico
Ángel Corbalán