domingo, 7 de julio de 2013

PONEOS EN CAMINO! (Evangelio dominical)


¡Cómo vamos a confiar en nosotros mismos si nos dice el Señor que vamos “como corderos en medio de lobos”!  


Hoy, nos fijamos en algunos que, entre la multitud, han procurado acercarse a Jesucristo, que está hablando mientras contempla los campos rebosantes de espigas: «La mies es mucha, pero los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10,2). De repente, fija su mirada en ellos y va señalando a unos cuantos, uno a uno: tú, y tú, y tú. Hasta setenta y dos...

Asombrados, le oyen decir que vayan, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde Él irá. Quizá alguno habrá respondido: —Pero, Señor, ¡si yo sólo he venido para oírte, porque es tan bello lo que dices!

El Señor les pone en guardia contra los peligros que les acecharán. «¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos». Y utilizando imágenes de costumbre en las parábolas, añade: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias» (Lc 10,3-4). Interpretando el lenguaje expresivo de Jesús: —Dejad de lado medios humanos. Yo os envío y esto basta. Aun sintiéndoos lejos, seguís cerca, yo os acompaño.

A diferencia de los Doce, llamados por el Señor para que permanezcan junto a Él, los setenta y dos regresarán luego a sus familias y a su trabajo. Y vivirán allí lo que habían descubierto junto a Jesús: dar testimonio, cada uno en su sitio, simplemente ayudando a quienes nos rodean a que se acerquen a Jesucristo.

La aventura acaba bien: «Los setenta y dos volvieron muy contentos» (Lc 10,17). Sentados en torno a Jesucristo, le debieron contar las experiencias de aquel par de días en que descubrieron la belleza de ser testigos.

Al considerar hoy aquel lejano episodio, vemos que no es puro recuerdo histórico. Nos damos por aludidos: podemos sentirnos junto al Cristo presente en la Iglesia y adorarle en la Eucaristía. Y el Papa Francisco nos anima a «llevar a Jesucristo al hombre, y conducirlo al encuentro con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, realmente presente en la Iglesia y contemporáneo en cada hombre».


Y como viene siendo habitual, hoy traemos las reflexiones de tres religiosos que nos hablan en nuestro idioma, del Evangelio de San Lucas, en este Domingo XIV del Tiempo Ordinario - Ciclo "C"- .



Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-12.17-20):




En aquel tiempo,designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

Palabra del Señor   


COMENTARIO.



Las lecturas del día de hoy nos hablan de la virtud de la confianza en Dios y de nuestro deber de evangelizar.

En la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is. 66, 10-14)  se nos habla de la confianza en Dios y se nos da una imagen muy dulce, pero a la vez muy concreta y expresiva de cómo debe ser esa confianza.  Así se nos describe esa imagen: “Como un hijo a quien su madre consuela, así os consolaré Yo.  Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas”.

Así debe ser nuestra confianza en Dios: como un niño en los brazos de su madre, que sabe que todo lo tiene, pues la madre sabe todo lo que necesita su niño.

Esta Lectura basa la confianza en Dios en su Poder, al concluir así: “Y los siervos del Señor conocerán su Poder”.

En el Salmo de hoy oramos alabando el poder de Dios y la confianza que hemos de tener en El, cuando hemos dicho: “Admiremos las obras del Señor, los prodigios que ha hecho por los hombres”.  Y también cuando hemos repetido: “Las obras del Señor son admirables”.  Este Salmo recuerda dos portentos que Dios hizo para el pueblo de Israel, mostrándoles su poder sobre la naturaleza: el paso del Mar Rojo (cf. Ex. 14) y el paso del Jordán (cf. Jos. 3).

En la Segunda Lectura (Gal. 6, 14-18), San Pablo nos hace saber que ya el mundo no tiene ningún valor para él, que el mundo y lo que éste significa están muertos para él.  “El mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.



Y nos trae esta Lectura la famosa frase del Apóstol: “No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.   Aceptación de la cruz, del sufrimiento, y morir a lo que el mundo nos vende (cosas que nos parecen tan importantes y tan necesarias).  El seguidor de Cristo tiene que vivir como lo indica San Pablo.  No puede vivir de otra manera.

En el Evangelio (Lc. 10, 1-20) hemos escuchado el relato del envío de los 72 discípulos.  Y pareciera que este texto evangélico no tuviera mucha relación con las Lecturas anteriores.  Sin embargo, la forma en que Jesús envía a los 72, requiere de sus discípulos una confianza absoluta en el poder de Dios.

Como “corderos en medio de lobos”, mandó Jesús a los primeros discípulos, 72 en total y en parejas de dos en dos, advirtiéndoles que la cosecha era grande y los trabajadores pocos.  Los mandó por delante de El “a los pueblos y lugares a donde pensaba ir”.  

La frase de los corderos y los lobos ciertamente asusta.  Sin embargo, todos fueron, todos respondieron.

Hoy el Señor nos repite este mandato a todos nosotros que hemos de realizar la “Nueva Evangelización” a la cual nos llamó Juan Pablo II, también Benedicto XVI y nos sigue llamando Francisco.

Al decirle a sus discípulos que los envía “como corderos en medio de lobos”, parece anunciarles peligros serios.  Podemos pensar qué puede suceder cuando algunos pobres corderitos se encuentran ante una manada de lobos feroces.  La imagen es fuerte.  Pero sucede que los corderos, sus 72 discípulos, deben confiar no en su propia fuerza, sino en el poder de Dios.




Esto es tan así, que además da a sus discípulos instrucciones muy precisas de que no lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias.  O sea, los envía también aparentemente desprovistos de todo lo necesario desde el punto de vista humano.

¿Qué nos diría el Señor a nosotros hoy, cuando los tres últimos Papas nos están enviando a re-evangelizar el mundo?

Hoy hay lobos feroces también.  Así y todo, hay que evangelizar.  Jesús hablaba de que había una oveja perdida que El fue a buscar, dejando 99 seguras en el redil.  Pero el Papa Francisco cambia la proporción:  "Queridos hermanos, tenemos una oveja ¡y nos faltan 99!  Salgamos a buscarlas ... En esta cultura –digamos la verdad- somos minoría.  Pidamos la gracia de salir a anunciar el Evangelio”. (Francisco, 18-6-13)

Y ¿qué es evangelizar hoy, en esta cultura de que nos habla el Papa Francisco?  Es rescatar a las 99 ovejas que están perdidas en tantos errores  convertidos en “verdades”, pero que siguen siendo errores y falsedades.


¿Ejemplos?  La extendida creencia en ese mito mentiroso y peligroso que es la re-encarnación.  La creencia de que Dios es una especie de spray que está por todos lados y que no se sabe qué es, y menos aún Quién es.  Y mucha gente cree en ese dios difuso que supuestamente es “energía”.  Pero creen que “energía” también es ese flujo que se puede modificar si colocamos los muebles de la casa de una u otra forma para poder “armonizar” y tener una mejor vida (???).  Y así podríamos seguir nombrando supersticiones, engaños, patrañas, que nos alejan de la verdad y del verdadero Dios.

Estos son errores contra la fe.  Y contra la moral ¿en qué situación estamos?  Nos basta ver los resultados: hogares rotos con su estela interminable de problemas, violencia y crímenes por todos lados, corrupción rampante, violación de los derechos más básicos, lo que antes era bueno ahora es malo y lo malo ahora es bueno…

En todo ese mundo de mentiras y anti-valores están las 99 ovejas enredadas en zarzas y en peligro de que las agarren los lobos, y ya no tengan remedio.

  ¿Cómo hacer?  Igual que los discípulos que Jesús envió como corderos en medio de lobos”, debemos confiar no en nuestra propia fuerza, sino en el poder de Dios (del verdadero Dios, ¡no del dios spray!).


¿Y qué le sucedió a los discípulos?  Estaban ¡impresionados! de lo que había sucedido.  Llegaron diciéndole a Jesús:  “Señor, ¡hasta los demonios se nos someten en tu nombre!”.  Es decir, el lobo y los lobos, se sometieron a los corderos.

¿Qué hacer entonces?  Convertirnos en instrumentos de Dios.  Confiar que Dios puede realizar prodigios a través de “corderos”, a pesar de los “lobos”.

 ¡Pero es que yo no sé Teología! Cierto que no podemos quedarnos con lo que aprendimos para la Primera Comunión.  Pero no hay que ser teólogos para evangelizar.  Debemos, sí, prepararnos un poquito cada día, leyendo la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica, libros, revistas y sitios web de formación católica, etc., pues hay que estar preparados para defender la Verdad que es Cristo.


Pero lo más importante es llevar al Señor en nosotros y que así el Señor llegue a los demás.  De allí que –primero que nada- debemos llenarnos de El.  ¿Y cómo nos llenamos de El?  En la oración, en la oración frecuente y constante.  En los Sacramentos, en la recepción de los Sacramentos también frecuente y constante.  La oración y los Sacramentos nos van haciendo instrumentos dóciles en las manos del Señor, para que El pueda actuar a través de nosotros.

Es que el apóstol siempre tiene la tentación de creer que el trabajo de evangelizar, el trabajo de convertir almas, el trabajo de llevar la Palabra de Dios a los demás, es obra de él mismo o es logro de él mismo, olvidándose de que es sólo instrumento de Dios, pues es Dios mismo quien actúa en él y a través de él, para hacer su labor en medio del mundo.


Ser instrumento de Dios es ser como una trompeta por la cual pasa el aire.  Quien sopla el aire y quien hace la melodía es Dios; no nosotros mismos.  ¡Nosotros somos solamente trompetas!  Nosotros somos instrumentos. 

Los que deseamos responder al llamado a evangelizar, debemos tener esto siempre en cuenta:  Evangelizar no es proyectarnos nosotros mismos.  No es soplar la trompeta nosotros.  Es dejar que sea Dios quien lo haga.  Evangelizar no es ni siquiera llevar nosotros al Señor:  es sobre todo llevar al Señor en nosotros.        

Los discípulos regresaron de su misión “llenos de alegría”.  Lo que más les entusiasmó era que los demonios se les sometían al nombre de Jesús.

El Señor les aclara:  Es cierto que les di poder “para vencer toda la fuerza del enemigo y nada les podrá hacer daño.  Pero no se alegren de que los demonios se les someten.  Alégrense, más bien, de que sus nombres están escritos en el Cielo”.

Es decir, lo importante no es el triunfo en la evangelización –aunque puedan haber éxitos visibles y comprobables, los cuales –recordemos siempre- no son nuestros, sino de Dios.  Lo verdaderamente importante es nuestra salvación, que también es obra de Dios y El la realiza si nosotros aprovechamos todas las gracias que nos da para ello a lo largo de nuestra vida.


 
Así como a los 72, Jesús nos envía hoy a nosotros, a todos los que queramos seguirle.  Ese envío está incluido en esas gracias de salvación que nos da constantemente.  Nos envía, y nos equipa.  Y nos instruye.  Y nos dice qué hacer y qué decir.  Y debemos alegrarnos, no porque los demonios puedan sometérsenos, sino porque nuestros nombres están escritos en el Cielo.

Y ¿qué significa que nuestros nombres están escritos en el Cielo?  Significa que Dios quiere que todos los seres humanos nos salvemos, llegando al conocimiento de la Verdad (cf. 1 Tim.2, 4).  Significa que nuestro camino de santidad está trazado.




Pero recordando siempre: No hay Evangelización, si no hay vida de Dios en nosotros.  La Evangelización –aunque nos preparemos para ésta con los conocimientos adecuados- se basa en tener confianza en Dios, y no en confiar en nosotros mismos.

¡Cómo vamos a confiar en nosotros mismos si nos dice el Señor que vamos “como corderos en medio de lobos”!