jueves, 25 de marzo de 2010

ORACIÓN COMUNITARIA SAN GARCÍA ABAD, VIERNES 26 MARZO!!!!


ALABANZAS AL SANTÍSIMO
INVOCACIÓN AL ESPIRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, tu amadísima esposa.

INTRODUCCIÓN
“El que quiera vivir con perfección no tiene que hacer ninguna otra cosa sino menospreciar o desear lo que Cristo mismo ha menospreciado o deseado sobre su cruz. "
Si tú buscas un ejemplo de caridad, “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 15,13), y Cristo lo hizo sobre la cruz. Si tú buscas un ejemplo de paciencia, no se encuentra otro más perfecto que el estar sobre la cruz. Si tú buscas un ejemplo de humildad, mira al Crucificado. Si tú buscas un ejemplo de obediencia, ponte en seguimiento de aquel que fue obediente hasta la muerte. Si tú buscas un ejemplo de menosprecio de las cosas terrenas, camina en pos de aquel que es el Rey de los reyes y el Señor de los señores.
Considera que es el Soberano de todas las cosas quien, por cada uno de nosotros, aceptó ser despojado de sus vestiduras, hecho objeto de burla y escarnio, cubierto de salivazos, molido a palos, coronado de espinas, abrevado con vinagre, y sometido a una muerte ignominiosa como el último de los criminales y de los idólatras”.
(Sto. Tomás de Aquino, Sermón de cuaresma en Nápoles, 1273)
ORACIÓN -MEDITACIÓN: LA HUMILDAD

• Comenzamos a prepararnos para un rato de meditación y oración. Me coloco en aquella postura que más me ayude. Me olvido de lo que me rodea... Empiezo por preparar mi cuerpo para que también rece conmigo.
• Me concentro en mi respiración... y sin forzarla para nada, observo su ritmo... y me voy dando cuenta de que poco a poco se va volviendo serena... suave... y relajada. Imagino en este momento, que al expulsar el aire, expulso también de mi vida mis miedos... mis angustias... mis preocupaciones... los problemas del día.
Lo expulso todo. Me abro a Dios y pienso al coger el aire que es Dios quien penetra hasta mi interior y me renueva... me limpia de muchas cosas que me gustaría quitar de mi manera de ser: mi orgullo... mi egoísmo... y yo le dejo hacer, es Dios quien lo hace.
Quien me limpia, quien expulsa de mí todo lo que me sobra. Todo se va...

• Me voy sintiendo en paz conmigo mismo... ahora, ya estoy dispuesto, ya estoy preparado para escuchar lo que me quiere decir el Señor a través de este rato de oración.
Hoy me voy a fijar en la humildad. ¿Qué es la humildad? Humilde es el que reconoce la verdad y la acepta como es. Humilde es aquél que acepta su propio valer como un bien que le ha sido dado para ponerlo al servicio de la comunidad.
Humilde es también aquél que sabe que no es perfecto y conoce sus limitaciones.
Humilde es aquél que está abierto a lo que dicen los demás... que no piensa que él siempre tiene razón... sino que se puede equivocar... Perdóname otra vez, Señor, porque me cuesta mucho reconocer cuando me equivoco.
Me cuesta mucho aceptar que es el otro el que tiene razón... ¡Renuévame por dentro, Señor!
Purifícame de este orgullo que lo único que consigue es endurecer mi corazón.

• Ahora le decimos con nuestra respiración que nos dé un corazón humilde, Señor. Danos un corazón humilde. Dejo que esta frase empape todo mi ser... me llene todo. Sea un todo conmigo mismo. Y me abandono en Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO
El Cristo que huyó cuando querían hacerle rey se dejó coronar de espinas, el que se escapaba de la multitud que le vitoreaba no dio la espalda cuando le buscaban para matarle. Ese es el ejemplo que nos ha dejado: aceptar la voluntad de Dios sea cual sea, tanto en lo bueno como en lo malo, en lo fácil como en lo difícil. Y, además, lo que es aún más difícil, aceptar que esa voluntad de Dios es amor para nosotros, aunque no nos lo parezca, aunque no entendamos por qué ocurren las cosas o por qué no son escuchadas nuestras súplicas para que pase de nosotros el cáliz que Dios nos está pidiendo que bebamos. Claro que para hacer eso es imprescindible la fuerza de Dios, sin la cual aceptar la cruz con alegría es imposible.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 14,32-42

“Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración». Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad». Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú».
Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle.
Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar.
Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca”.

Palabra del Señor

PRECES

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Señor Jesús, te pedimos por los sacerdotes que entregan su vida para propagar tu Evangelio. Confórtalos con tu espíritu. Anímalos en su duro trabajo: dales fuerza para seguir predicando tu verdad,
- que su doctrina y testimonio sean semilla de ideales nobles en los jóvenes, de inocencia en los niños, de bendición en las familias, de paz en las naciones, de amor y esperanza en todos.

Varón de dolores, te encomendamos a todos los enfermos y sus cuidadores, en especial a aquellos que nos lo han pedido,
- para que puedan descubrir el amor de Dios en el dolor y ser testimonio de esperanza y fortaleza.

Siervo obediente del Padre, te rogamos por nosotros
-para que sepamos acompañarnos unos a otros en la búsqueda de la Voluntad de Dios en nuestras vidas.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

ORACIÓN FINAL: SUFRIMIENTO Y REDENCIÓN

Señor, Señor, ¿qué significa ser hombre? Sufrir a manos llenas. Desde el llanto del recién nacido hasta el último gemido del agonizante, sufrir es el pan cotidiano y amargo que nunca falta en la mesa familiar.
Dios mío, ¿para qué sirve esa criatura desventurada del dolor? Es un despojo inútil. No tiene nombre, pero tiene mil fuentes y mil rostros y ¿quién puede soslayarlo? A nuestro lado camina en la ruta que va de la luz a las tinieblas. ¿Qué podemos hacer con él?
Es una criatura que brotó en el suelo humano como un hongo maldito sin que nadie lo sembrara ni lo deseara. ¿Qué hacemos con él?
Me acuerdo de tu cruz, Oh Pobre de Dios, Jesús de Nazaret; aquella cruz que Tú no la elegiste, sino que la asumiste, y no con alegría, sino con paz.
Oh Justo, siervo obediente y sumiso del Padre; llegada tu Hora, después de estremecerte por el susto y el espanto, te entregaste sosegado y aceptaste libremente el cáliz del dolor hasta agotar sus últimos y más amargos sedimentos. Los hechos de la conspiración humana no cayeron, ciegos y fatales, sobre Ti, sino que Tú los asumiste voluntariamente al ver que, si los hechos ocurrieron no fue por las maquinaciones humanas sino porque el Padre los permitió. Y cargaste con amor la cruz.
Gracias por la lección. Cristo amigo. Desde ahora tenemos respuesta al interrogante básico del hombre: ¿qué hacer con el dolor?
No se vence el sufrimiento lamentándolo, combatiéndolo o resistiéndolo, sino asumiéndolo. Y, al asumir con amor la cruz, estamos no sólo acompañándote, Jesús Nazareno, en la subida al Calvario, sino colaborando contigo en la redención del mundo, y más todavía. “estamos sufriendo lo que falta a la Pasión del Señor”.
La perfecta libertad está, pues, no sólo en asumir la cruz con amor sino agradecerla, sabiendo que así asumimos solidariamente el dolor humano y colaboramos a la tarea transcendental de la redención de la Humanidad.
Gracias, Señor Jesucristo, por la sabiduría de la cruz.

AVE MARÍA Y GLORIA