viernes, 5 de noviembre de 2010

"En todo amar y servir" (Oración al Altísimo)


ALABANZAS AL ALTISIMO

Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo. Señor rey del cielo y de la tierra, te damos gracias por ti mismo, pues por tu santa voluntad, y, por medio de tu único Hijo con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas espirituales y corporales, y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, nos colocaste en el paraíso. Y nosotros caímos por nuestra culpa.

Y te damos gracias porque, así como nos creaste por tu Hijo, así también, por el santo amor con que nos amaste, hiciste que él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa María, y quisiste que nosotros, cautivos, fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte.

Y te damos gracias porque este mismo Hijo tuyo ha de venir en la gloria de su majestad a arrojar al fuego eterno a los malditos, que no hicieron penitencia y no te conocieron; y a decir a todos los que te conocieron y adoraron y te sirvieron en la penitencia: Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino que os está preparado desde el origen del mundo.

Y porque todos nosotros, míseros y pecadores, no somos dignos de nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo amado, en quien te has complacido, que te basta siempre para todo y por quien tantas cosas nos has hecho, te dé gracias por todo junto con el Espíritu Santo Defensor como a ti y a él mismo le agrada. ¡Aleluya!


Y a la gloriosa madre, la beatísima siempre Virgen María, a los bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael, y a todos los coros de los bienaventurados serafines, querubines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, ángeles, arcángeles; a los bienaventurados Juan Bautista, Juan Evangelista, Pedro, Pablo, y a los bienaventurados patriarcas, profetas, inocentes, apóstoles, evangelistas, discípulos, mártires, confesores, vírgenes; a los bienaventurados Elias y Enoc, y a todos los santos que fueron, serán y son, humildemente les suplicamos, por tu amor, que te den gracias por estas cosas, como te agrada a ti, sumo Dios verdadero, eterno y vivo, con tu queridísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo Defensor, por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!

Y a todos los que quieren servir al Señor Dios en el seno de la santa Iglesia católica y apostólica, y a todos los órdenes siguientes: sacerdotes, diáconos, subdiáconos, acólitos, exorcistas, lectores, ostiarios y a todos los clérigos; a todos los religiosos y religiosas; a todos los conversos y niños; a los pobres e indigentes; a los reyes y príncipes; a los trabajadores y agricultores; a los siervos y señores; a todas las vírgenes y continentes y casadas; a los laicos, varones y mujeres; a todos los niños, adolescentes, jóvenes y ancianos; a los sanos y enfermos; a todos los pequeños y grandes; a todos los pueblos, gentes, tribus y lenguas; y a todas las naciones y a todos los hombres de todos los lugares de la tierra, que son y serán, humildemente les rogamos y suplicamos todos nosotros, los hermanos menores, siervos inútiles, que perseveremos todos en la verdadera fe y en la penitencia, porque de otro modo nadie se puede salvar.

Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con toda la fuerza y fortaleza, con todo el entendimiento, con todas las energías, con todo el empeño, con todo el afecto, con todas las entrañas, con todos los deseos y quereres, al Señor Dios, que nos dio y nos da a todos nosotros todo el cuerpo, toda el alma y toda la vida, que nos creó, nos redimió y por sola su misericordia nos salvara; que nos ha hecho y hace todo bien a nosotros, miserables y míseros, pútridos y hediondos, ingratos y malos.

Ninguna otra cosa, pues, deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos agrade y deleite, sino nuestro Creador y Redentor y Salvador, el solo verdadero Dios, que es el bien pleno, el todo bien, el total bien, el verdadero y sumo bien; que es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce; que es el solo santo, justo, verdadero, santo y recto; que es el solo benigno, inocente, puro; de quien y por quien nos viene y en quien está todo el perdón, toda la gracia, toda la gloria de todos los penitentes y justos, de todos los bienaventurados que gozan juntos en los cielos.

Nada, pues, impida, nada separe, nada se interponga; nosotros todos, en todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, todos los días y continuamente, creamos verdadera y humildemente, y tengamos en el corazón y amemos, honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y sobreexaltemos, engrandezcamos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno. Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas y salvador de todos los que en él creen y esperan y lo aman; que, sin principio y sin fin, es inmutable, invisible, inenarrable, inefable, incomprensible, inescrutable, bendito, loable, glorioso, sobreexaltado, sublime, excelso, suave, amable, deleitable y sobre todas las cosas todo deseable por los siglos.
Amén.


INTRODUCCIÓN

Hoy, el Señor, nos invita a darle lo mejor de nosotros mismos. No nos podemos conformar con darle unos minutos de oración, o la eucaristía. ¡Tenemos que hacer algo más! Tenemos que ofrecerle algo que nos cueste. Algo que demuestre que somos de los suyos y que es importante para nosotros.

¿Seremos capaces de ofrecerle lo que más le agrada de nosotros: la bondad de nuestro corazón?


ORACIÓN-MEDITACIÓN:

Abre a Jesús la puerta de tu vida. Déjale entrar. Dile que te enseñe los caminos de la justicia, de la verdad, de la belleza, del amor.
Jesús, mira mi vida.
Tengo ambición y me gusta el dinero.
Quiero prestigio y estar en el centro.
Los pobres quedan al margen de mi vida cristiana.
Sáname, tú Jesús. Limpia mi vida. Dale verdad.
Mira la vida con los ojos de Jesús. Deja que Él oriente la mirada de tu corazón.
Que Jesús te quite los miedos a la entrega, a la radicalidad, al amor.
Recuerda a los que dan de lo que les sobra; recuerda a la pobre viuda que lo da todo.

“¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios!
Quiero pasar mi vida escuchándote,
quiero ser toda oídos a tu enseñanza
para aprenderlo todo de Ti”
(Beata Isabel de la Trinidad).

Cuenta a todos la belleza de Dios, que se entrega a quien se le entrega por entero.
Si decides vivir la vida como una entrega total a Dios, di a todos el gozo, la paz, la vida que Dios da a los que le aman.

MONICIÓN AL EVANGELIO
A cada cual lo mueve su interés; este nos hace aguzar el ingenio y, si el asunto apremia, nos espabilamos para despacharlo cuanto antes.
Para las cosas que no nos queremos perder por nada del mundo ponemos inteligencia y diligencia. Por la cuenta que nos trae.
Cuestión distinta es la calidad de nuestros intereses, o el valor de las cosas a que uno se aplica con lucidez y pasión. Es posible que volquemos tiempo y afanes en cuestiones nimias que no valen la pena, o la valen solo hasta cierto punto.
Hace cosa de tres años, un periodista y crítico literario elogiaba la opera prima teatral de un hombre ya maduro. Decía el periodista que este tardío dramaturgo había malgastado su vida ocupándose en ganar dinero, en lugar de dedicarse a una tarea muy superior: la creación literaria.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido."
El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo."
Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.»

Palabra del Señor



COMENTARIO-MEDITACION

Como creyentes, sabemos cuál ha de ser nuestro mayor afán, cuáles nuestros más grandes amores, qué merece nuestros desvelos: “ganar a Cristo” (Flp 3,8); “ganar a Dios” (Juan de la Cruz); vivir del evangelio y para el evangelio; acoger el reino de Dios y tender a él; amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y al prójimo como a nosotros mismos. Si ponemos alma, vida y corazón en cosas secundarias, si ponemos mucho celo en ellas, se nos dirá que es un celo digno de mejor causa y que habremos malgastado tiempo y energías.

¿Qué inteligencia, ardor y recursos ponemos en la mejor de las causas? Aprendamos de la astucia y presteza con que aquel administrador resolvió el asunto que más le interesaba y apremiaba. Y recordemos con Ignacio de Loyola: “en todo amar y servir”.


PRECES

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
- acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el amor humano,
- haz que los hogares cristianos sean cantera de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre José Carlos, y los anteriores, Andrés el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Señor, te rogamos por todos nosotros.
- Para que no nos conformemos con agradarte en la eucaristía de cada domingo. Para que se note que te amamos, a través de nuestro compromiso cotidiano y coherencia con el Evangelio en toda opción concreta.

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tú que eres uno en tres personas.
- Permanece en nuestra comunidad, y reúnenos en Cristo por el vínculo del Espíritu.
.* Te encomendamos Señor a los que sufren, los parados, los que no tienen hogar, los que están presos o viven bajo la opresión de la droga u otras esclavitudes,
-para que descubran en Ti una fuente inagotable de Paz donde poder aplacar sus dolencias
*Señor Jesús, Tú que nos enseñas que hemos de trabajar para la construcción de un mundo más justo, te rogamos por nosotros,
-para que perdones nuestra frecuente insolidaridad.
Porque ha mirado la humillación de su esclava.

Señor, Tú te fijas en los pobre y humildes de este mundo. Ellos son tus predilectos. Que yo no busque crecer ni destacar, sino servir y compartir.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.
Señor, Tú enalteces y encumbras a los que se hacen humildes y pequeños. Ellos serán grandes y reconocidos a lo largo de los años. Que mi grandeza sea agradarte en todo.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi.
Señor, Tú escoges a los sencillos de este mundo para llevar a cabo tu obra salvadora. Que yo sepa cooperar con humildad para dar a conocer tu mensaje.
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Señor, Tú eres el único santo.
Nosotros somos pecadores. Purifícanos de nuestras faltas y cantaremos eternamente tu misericordia.
El hace proezas con su brazo.
Señor, a lo largo de los años Tú has hecho maravillas en favor de la humanidad. Continúa ayudándonos para poder encontrar en nuestra vida la verdadera paz y felicidad.
Dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Señor, Tú estás al lado de los pobres y los humildes, de los que sufren y son marginados; quieres su salvación y liberación.
Ayúdanos a comprometernos para superar toda opresión y luchar por la justicia y la igualdad.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y su descendencia por los siglos.
Señor, a lo largo de los años Tú acompañaste a Israel y, fiel a tus promesas, le ayudaste y protegiste.
Sigue hoy animando a la Iglesia y a toda la humanidad, para que entre todos construyamos un mundo más humano y solidario, que cada día se parezca un poco más al soñado por Dios.

ORACIÓN FINAL:
TE DARE DE LO POCO, SEÑOR

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
De mi tiempo, para anunciar el evangelio
y así, muchos, de los que me rodean,
encuentren en Ti su tesoro y su horizonte.
De mi riqueza personal,
de mi dinero y mis talentos,
mi silencio, mi trabajo y mi esfuerzo.

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
Mi oración, a veces rápida y egoísta,
mercantilista y sustentada
en un “te doy para que me des”
Mi confianza, a veces bajo mínimos
y mirando volcado a lo que el mundo irreal y caprichoso
me ofrece a un precio excesivamente bajo

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
Sin juzgar, quien echa o hace más
Sin enjuiciar, a quien pone menos
volviéndome hacia mí y, preguntándome:
¿Te has dado a ti mismo?
¿Has dado algo de lo que te cueste o has elegido el camino fácil y barato?

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
Siendo espléndido, sin ser tacaño
Considerando basura
lo que me aleja de tu riqueza
Sabiendo que, un corazón en Ti,
es más feliz cuando no tiene
que cuando aparentemente
dice tenerlo y poseerlo todo

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
Sabiendo que tus ojos, Señor
miran mis acciones y mi empeño.
Sabiendo que, tu providencia,
bendice mis caminos
cuando, las mías, se abren y empujan adelante
a tantos de mis hermanos.

TE DARE DE LO POCO, SEÑOR
Porque, darte de lo que no tengo,
es ofrecerte el TODO en el que yo me sostengo
Amén


AVE MARÍA Y GLORIA









Fuentes:
Oraciones al Altísimo
Santa Biblia
Ángel Corbalán
Blog Parroquia San Garcia Abad