sábado, 22 de enero de 2011

Seguidle..........está cerca el reino de Dios !!! (Evangelio dominical)


El Evangelio de hoy nos presenta el comienzo de la vida pública de Jesús. No pudo tener un principio más humilde ni sencillo. Nada que ver con las grandes ceremonias que nos gusta hacer en nuestros días para marcar el comienzo de los grandes eventos.

Pensemos en las ceremonias inaugurales, por ejemplo, de los juegos olímpicos, donde parece que el país anfitrión se juega el prestigio. O recordemos la ceremonia de inauguración de la presidencia en Estados Unidos, con miles de invitados aguantando el frío de enero al aire libre. También en la Iglesia nos gustan las grandes ceremonias y liturgias con miles y miles de asistentes.

A veces esas ceremonias tan grandilocuentes –las civiles y las eclesiales– resulta que son más apariencia que realidad. Se parecen a esos decorados de cine en los que las casas no tienen más que la fachada.

Lo de Jesús comenzó de otra manera diferente. Muy diferente. Nada de grandes ceremonias inaugurales. Fuera toda grandilocuencia. Nada de discursos programáticos. Mucho menos lo de tener miles de invitados, servicio de seguridad, fuegos artificiales y tantas otras cosas que nos encanta poner en esos eventos.

Jesús se retira a Galilea y allí comienza a ir de pueblo en pueblo, predicando el mensaje más sencillo que nos podamos imaginar: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.”


SEGUIDORES

Cuando Jesús se entera de que el Bautista ha sido encarcelado, abandona su aldea de Nazaret y marcha a la ribera del lago de Galilea para comenzar su misión. Su primera intervención no tiene nada de espectacular. No realiza un prodigio. Sencillamente, llama a unos pescadores que responden inmediatamente a su voz: "Seguidme".

Así comienza el movimiento de seguidores de Jesús. Aquí está el germen humilde de lo que un día será su Iglesia. Aquí se nos manifiesta por vez primera la relación que ha de mantenerse siempre viva entre Jesús y quienes creen en él. El cristianismo es, antes que nada, seguimiento a Jesucristo.

Esto significa que la fe cristiana no es sólo adhesión doctrinal, sino conducta y vida marcada por nuestra vinculación a Jesús. Creer en Jesucristo es vivir su estilo de vida, animados por su Espíritu, colaborando en su proyecto del reino de Dios y cargando con su cruz para compartir su resurrección.

Nuestra tentación es siempre querer ser cristianos sin seguir a Jesús, reduciendo nuestra fe a una afirmación dogmática o a un culto a Jesús como Señor e Hijo de Dios. Sin embargo, el criterio para verificar si creemos en Jesús como Hijo encarnado de Dios es comprobar si le seguimos sólo a él.

La adhesión a Jesús no consiste sólo en admirarlo como hombre ni en adorarlo como Dios. Quien lo admira o lo adora, quedándose personalmente fuera, sin descubrir en él la exigencia a seguirle de cerca, no vive la fe cristiana de manera integral. Sólo el que sigue a Jesús se coloca en la verdadera perspectiva para entender y vivir la experiencia cristiana de forma auténtica.

En el cristianismo actual vivimos una situación paradójica. A la Iglesia no sólo pertenecen los que siguen o intentan seguir a Jesús, sino, además, los que no se preocupan en absoluto de caminar tras sus pasos. Basta estar bautizado y no romper la comunión con la institución, para pertenecer oficialmente a la Iglesia de Jesús, aunque jamás se haya propuesto seguirle.

Lo primero que hemos de escuchar de Jesús en esta Iglesia es su llamada a seguirle sin reservas, liberándonos de ataduras, cobardías y desviaciones que nos impiden caminar tras él. Estos tiempos de crisis pueden ser la mejor oportunidad para corregir el cristianismo y mover a la Iglesia en dirección hacia Jesús.

Hemos de aprender a vivir en nuestras comunidades y grupos cristianos de manera dinámica, con los ojos fijos en él, siguiendo sus pasos y colaborando con él en humanizar la vida. Disfrutaremos de nuestra fe de manera nueva.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-23):

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftali. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Palabra del Señor


COMENTARIO.

Estamos en el tercer domingo del tiempo ordinario; y celebramos hoy el día de la Infancia Misionera y estamos en el Octavario por la Unidad de los Cristianos. El Evangelio y la segunda lectura, respectivamente, vienen muy bien para estas campañas.

A lo largo de este año vamos a ir leyendo el Evangelio de Mateo. Con el texto de este domingo comenzamos a recorrer la vida pública de Jesús. El Evangelio de hoy es como una gran presentación, un gran programa, de lo que va a ser la misión de Jesús.

Jesucristo comienza su misión en Galilea, no en la región de los judíos, sino en la Galilea de los gentiles, el lugar donde Jesús invita a ir después de su resurrección, el lugar desde donde envía a los discípulos a todos los pueblos.

Está claro, desde el principio, que Jesucristo ha venido para todos los pueblos, no sólo para el pueblo judío, que se siente propietario exclusivo de Dios.

El programa de la misión de Jesús, que nos presenta Mateo, es el siguiente:

Convertíos

Está cerca el reino de Dios

Seguidme

"Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y las dolencias del pueblo".

Jesucristo comienza su misión pidiendo la conversión. Convertirse es cambiar de modo de pensar y de manera de comportarse para que nuestros pensamientos y nuestras obras se parezcan cada vez más a las de Jesucristo.

La conversión debe ser profunda; debe llegar al lugar donde están las motivaciones últimas de nuestra personalidad, donde está la toma de decisiones, y si estas motivaciones y decisiones están hechas desde los valores del mundo; es decir, desde el buscar el poder, el tener, el gozar, debe extirpar esos valores y colocar en su lugar los valores del Evangelio de Jesucristo: el amor a Dios y al prójimo.

La conversión es para toda la vida; porque no estamos todavía convertidos del todo; siempre hay zonas de nuestra personalidad que necesitan de conversión; por ejemplo, todo lo que se refiere a la unión de la fe con la vida: nuestra vida debe manifestar, en sus opciones, pensamientos y obras, la fe que profesamos.

Jesús comienza su misión diciendo que está cerca el reino de Dios. El Reino de Dios es un tema central en el mensaje de Jesús. El reino de Dios es un mundo mejor que tenemos que construir los cristianos desde los valores del Evangelio, Reino que ya ha llegado a nosotros en la persona de Jesucristo, Reino que llegará a su plenitud en el cielo.

El Reino de Dios es el Reino de la Justicia, de la Paz, de la Vida, del Amor...

El Reino de la justicia. Dios es parcial, toma partido por los más débiles o los más desfavorecidos. Dios no puede permanecer imparcial ante tantas injusticias, como un buen padre, defiende más a quien más lo necesita.

El reino de la paz, que no es ausencia de conflictos o de guerras, sino que es algo positivo; la reconciliación de unos con otros y de todos con Dios.

El Reino de la vida, que es una vida plena aquí en la tierra y una vida eterna en el cielo. Dios quiere una vida plena para todos, una vida digna, y por eso quiere liberarnos del peso de la enfermedad y la muerte dándonos una vida eterna.

El Reino del amor, que pone en el centro de la persona al otro y sus necesidades. Un amor universal, abierto a todos; desinteresado, que no busca recompensa; y generoso con las necesidades de los demás.
Jesucristo comienza su misión invitando a seguirle. Desde el principio se muestra necesitado de la colaboración de los hombres para llevar adelante su misión. Hoy, igual que ayer, continúa invitándonos a cada uno de nosotros a dejar tantas cosas que nos estorba y a seguirle.

Jesucristo comienza su misión "... curando las enfermedades y las dolencias del pueblo". Su predicación siempre iba acompañada de obras que expresaban su solidaridad con las personas, su misericordia y su liberación.

Este es el programa de la misión de Jesús:

Convertíos.

Está cerca el Reino de Dios.

Seguidle.

"... curando enfermedades y dolencias del pueblo".



Seguidle..........está cerca el reino de Dios !!!














Fuentes:
Iluminación Divina
Fernando Torres Pérez cmf
José A. Pagola
Pedro Crespo Arias
Ángel Corbalán