lunes, 24 de enero de 2011

“Te seguiremos a donde vayas”. (Oración por la unidad de los cristianos.)

Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero.
Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo.

Esta elección tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere adoptar igualmente otra fecha, por ejemplo en torno a Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en 1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad de la Iglesia.

Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos a considerar estos textos como una invitación para encontrar otras ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado de comunión que las Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar a la plena unidad querida por Cristo.


ALABANZAS AL SANTÍSIMO

Bendito sea Dios.

Bendito se a su santo nombra.

Bendito sea Jesucristo, Verdadero Dios, Verdadero Hombre.

Bendito sea el nombre de Jesús.

Bendito sea su sacratísimo corazón.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendita sea el nombre de María, Virgen y Madre.

Bendito sea san José, su castísimo Esposo.

Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

INTRODUCCIÓN:


La asiduidad de los primeros cristianos a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones sobre todo fue posible con el poder de vida de Jesús resucitado. Este poder continúa actuando, como dan prueba los cristianos de la Jerusalén actual. A pesar de las dificultades de la situación donde se encuentran, y cualquiera que sea la posible semejanza con Getsemaní y Gólgota, saben en la fe que todo se renueva en la verdad de la resurrección de Jesús de entre los muertos.
La luz y la esperanza de la resurrección transforman todo. Como anunció Isaías, la oscuridad se cambia en luz; todos los pueblos son iluminados. La fuerza de la resurrección irradia desde Jerusalén, lugar de la Pasión del Señor, y atrae a todas las naciones hacia su claridad. Es una nueva vida, donde la violencia se descarta y donde se encuentra seguridad en la salvación y la alabanza.


MEDITACIÓN:

Aprender el lenguaje del amor

“Espiritualidad de la comunión significa capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por tanto, como ‘uno que me pertenece’, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad” (Juan Pablo II).

Comienza tu oración envuelto(a) en la presencia de Dios. Hazlo con la señal de los cristianos. Santíguate despacio, recreando lo que haces y dices.

¡Ven Espíritu Santo! Alimenta en mí un amor universal. Enciende en mis adentros la llama del amor.

CANTO AL ESPÍRITU SANTO

Quédate un momento en silencio. Dale espacio a tu corazón. Coloca tu corazón paralítico junto a Jesús. En la intimidad con Jesús tu corazón empezará a caminar de nuevo, aprenderá el lenguaje del amor. Cuando oras te encuentras ante un Misterio de amor. Abre hoy tus manos y tu corazón para acoger a Dios.

Aquí estoy, mi Dios, ante ti, abierto(a) al regalo inmenso de tu amor. Sé que solo Tú puedes llenar mi corazón.
Escucha el lenguaje siempre nuevo que Dios te comunica a ti y a toda la humanidad: “Yo soy amor y te busco para amarte”.
Responde a este amor desde el silencio, “el lenguaje que Dios más oye solo es el callado amor” (San Juan de la Cruz).

Exhalaste tu perfume, y respiré y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz. Te amo, mi Señor, te amo. Gracias te doy por saber que te amo.
Acoge este consejo de una amiga de Dios, de una santa.
Sonreír es una hermosa manera de amar y de orar (Madre Teresa de Calcuta)


MONICIÓN AL EVANGELIO


Según el Evangelio, esta vida de resucitado no es un simple concepto o una idea alentadora; ella se arraiga en un acontecimiento vivo en el tiempo y en el espacio. Es el acontecimiento que nos relata la lectura del Evangelio de manera muy humana y expresiva. Desde Jerusalén, el Señor resucitado saluda a sus discípulos de todas las épocas, pidiéndonos a todos seguirlo sin temor. Va delante de nosotros.

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 28, 1-10


Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.
Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.
El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado;
no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.
Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.
Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.
En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Dios os guarde! Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.
Entonces les dice Jesús: No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

PALABRA DEL SEÑOR



REFLEXIÓN

La resurrección de Jesús crea la Iglesia. Los discípulos se dispersaron en el momento de la pasión y de la muerte. Jesús resucitado los vuelve a convocar y establece definitivamente su familia, la Iglesia, que es la comunidad de los que han conocido la Buena Noticia de la resurrección y en la que se comparte y aviva la experiencia del Resucitado.

Así fue el comienzo de todo. Hoy sigue siendo el fundamento de todo. La afirmación más concluyente y taxativa es la de Pablo de Tarso : “si Cristo no resucitó vana es nuestra predicación, vana también es nuestra fe”.
La Iglesia no es otra cosa que la heredera del pensamiento y de la palabra de Jesús, a quien Dios resucitó, para confirmar que era el enviado del Padre. Su misión en la sociedad de hoy, la única razón de su existencia, es hacer visible con el testimonio de sus actos la validez del proyecto de Jesús. Esta es nuestra fe. Otra cosa distinta es que los que formamos parte de ella estemos a la altura de nuestras creencias.

Padre celestial.


Te damos gracias y te alabamos por el don de Jesús, tu único Hijo; por su nacimiento en Belén; su ministerio en toda la Tierra Santa, su muerte en la cruz, su resurrección y su ascensión. El ha venido a rescatar esta tierra y el mundo. El ha venido como Príncipe de la Paz.
Te damos gracias por todas las Iglesias y parroquias del mundo que se unen a nuestra oración de hoy por la paz. Nuestra Ciudad Santa y nuestra tierra necesitan mucho la paz. En tu inefable misterio y tu amor para con todos, haz que la fuerza de tu redención y de tu paz supere todas las barreras de culturas y religiones, y llene el corazón de todos los que te sirven aquí, los de los dos pueblos, israelí y palestino, y de todas las religiones. Envíanos responsables políticos dispuestos a dedicar su vida a una paz justa para sus pueblos.
Dales el valor de firmar un tratado de paz que ponga fin a la ocupación impuesta por un pueblo sobre otro, concede la libertad a los palestinos, da la seguridad a los israelíes y libéranos a todos del temor. Danos responsables que comprendan la santidad de nuestra ciudad y que la abren a todos sus habitantes, palestinos e israelíes, y a todo el mundo.
Sobre esta tierra que tú has santificado, libéranos a todos de los pecados de odio y asesinato. Libera las almas y los corazones de los israelíes y palestinos de este pecado. Concede la liberación a los habitantes de Gaza que conocen interminables pruebas y amenazas.
Ponemos en ti nuestra confianza, Padre celestial. Creemos que eres bueno y que tu bondad triunfará sobre los males de la guerra y el odio en nuestra tierra.
Imploramos tu bendición, especialmente sobre los niños y los jóvenes, para que su temor y la angustia del conflicto cambien a la alegría y a la felicidad de la paz. Oramos también por las personas mayores y minusválidas, por su propio bienestar y porque aporten la contribución que les es posible para el futuro de esta tierra.
Oramos finalmente por los refugiados, dispersados por el mundo a causa de este conflicto.
Tú, Dios nuestro, concede a los políticos y a los gobernantes que tienen responsabilidad la sabiduría y el valor de encontrar soluciones justas y adaptadas.
Todo eso, te pedimos en nombre de Jesús. Amén.

LETANIA DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS



P.: En Cristo el mundo se reconcilia con Dios que nos confía el mensaje de la reconciliación. Somos embajadores de Cristo, encargados de su obra de reconciliación, y elevamos a Dios nuestras preces:
L.: Cuando oramos juntos en la diversidad de nuestras tradiciones,
A.: Tú el Santo, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.
L.: Cuando leemos la Biblia juntos en la diversidad de nuestras lenguas y nuestros contextos de vida,
A.: Tú que te revelas, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.
L.: Cuando establecemos relaciones amistosas entre judíos, cristianos y musulmanes, cuando destruimos las paredes de indiferencia y odio,
A.: Tú el misericordioso, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.
L.: Cuando trabajamos por la justicia y la solidaridad, cuando pasamos del temor a la confianza,
A.: Tú que fortificas, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.
L.: Por todas partes donde se sufre guerra y violencia, injusticia y desigualdades, enfermedad y prejuicios, pobreza y desesperación, atráenos hacia la cruz de Cristo y los unos hacia los otros,
A.: Tú que fuiste herido, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.
P.: Con los cristianos de Tierra Santa, damos testimonio también del nacimiento de Jesucristo en Belén, de su ministerio en Galilea, de su muerte y su resurrección, y de la llegada del Espíritu Santo en Jerusalén; imploramos la paz y la justicia para todos, en la segura y firme esperanza de la llegada de tu reino,
A.: Tú Dios trinitario, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación

ORACIÓN FINAL


Dios, que proteges a la viuda, al huérfano y al extranjero en un mundo donde muchos conocen la desesperación, tú has resucitado a tu Hijo Jesús para llevar esperanza a la humanidad y renovación a tierra. Sigue consolidando y unificando tu Iglesia en sus luchas contra las fuerzas de la muerte en un mundo donde la violencia hacia la creación y hacia la humanidad obscurecen la esperanza en la nueva vida que tú ofreces. Te lo pedimos en nombre de Cristo resucitado, en la fuerza de su Espíritu. Amén.

Santa María, Madre de Dios! Queremos consagrarnos a Ti.
Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
Porque tu Hijo Jesús nos confió a Ti.
Porque has querido ser Madre de la Iglesia.






Fuentes:
Iluminación Divina
Ana Navarro
Ángel Corbalán
Blog Parroquia san García Abad.