sábado, 15 de enero de 2011

Este es el Cordero de Dios !!!!!! (Evangelio dominical)


Todo el mundo sabe lo que es la publicidad. Vamos por la carretera o por las calles de nuestras ciudades y las vallas publicitarias nos dicen qué es lo que tenemos que comprar: los coches, las casas, los electrodomésticos o los servicios que necesitamos para ser felices. La radio, la televisión, los periódicos están llenos también de publicidad. Parece que todo el mundo se empeña en decirnos lo que nos hace falta, lo que necesitamos, aquello sin lo cual nuestra vida carecerá de sentido, será más triste o, sencillamente, no podremos tener la vida que nos gustaría.

Pero hay campañas publicitarias que lo único que pretenden es sembrar en nosotros la intriga. No dicen directamente qué es lo que nos ofrecen. Ahora recuerdo la publicidad que se hizo hace unos años en un periódico de una ciudad. Anunciaba que en unos pocos días se iba a desvelar el secreto que cambiaría la vida de la ciudad. La intriga e inquietud sembrada era tal que hasta los políticos se sintieron afectados. Pensaron que quizá iba a haber una revuelta popular o que se iba a presentar un nuevo partido político. Al final todo quedó en nada. Lo que se anunciaba era la publicación de un libro que contaba la historia de la ciudad. Pero la campaña consiguió su objetivo: sembrar la intriga entre los habitantes de la ciudad y provocar en todos el deseo de conocer qué era lo que se anunciaba.

Las lecturas anuncian a Jesús

Las lecturas de este domingo tienen algo de parecido con una campaña publicitaria como las que hemos comentado. Parece que habiendo terminado el tiempo de Navidad y teniendo todo el año por delante, las lecturas nos invitasen a preguntarnos –en lugar de darnos respuestas– por quién es ese Jesús del que tanto se habla.

De hecho Jesús no aparece en el Evangelio. Es Juan, el Bautista, el que habla de él. Dice que es el que quita el pecado del mundo, que ha visto como sobre él bajaba el Espíritu de Dios, que será el que nos bautice con el Espíritu Santo y que es el Hijo de Dios. Juan da testimonio de Jesús y, haciéndolo, provoca en nosotros el deseo de conocerlo, de acercarnos a él, de escuchar sus palabras. Aunque nada más sea por mera curiosidad, valdría la pena estar atentos a ese Jesús que nació pobre en un pesebre, que camina por nuestras calles. Se le encontrará lejos del Templo y de los centros de poder, y cerca de los pobres, los enfermos, los oprimidos, los pecadores... Pero, sorprendente, de él se dice que es el Hijo de Dios y que nos trae la salvación.

La primera lectura, siempre en consonancia con el Evangelio, anuncia también la figura del siervo. Su misión consistirá no sólo en reunir a las tribus de Israel. Será la luz de las naciones para que la salvación de Dios alcance hasta los confines del mundo. Hasta la segunda lectura dice poco y anuncia mucho. Son los primeros versículos de la primera carta de Pablo a los corintios. Pablo saluda a sus lectores y les desea la gracia y la paz de parte de Dios, el Padre de todos y del Señor Jesucristo. Es decir, Jesús es el que nos trae la gracia y la paz de Dios.

Un año para conocer a Jesús

En este domingo comienza en la práctica el tiempo ordinario. Vamos a ir escuchando domingo tras domingo el relato de las acciones y palabras de Jesús. Le vamos a ver curando a los enfermos, le vamos a escuchar las parábolas, le oiremos anunciar el reino de Dios, le veremos hablando con sus discípulos, enseñándoles a rezar, caminando hacia Jerusalén, discutiendo con los escribas y los fariseos... Poco a poco se nos dará la oportunidad de descubrir y conocer a fondo la figura de Jesús. Entraremos en contacto con él no por lo que nos diga Juan el Bautista o el profeta Isaías o el mismo Pablo sino porque nos encontraremos directamente con Jesús, escucharemos su palabra y le veremos actuar.

El año litúrgico no da la oportunidad de conocer directamente a Jesús, de dejar que su palabra llegue al fondo de nuestro corazón. Y de confrontar con el Evangelio nuestra vida. ¿Dónde se situó Jesús? ¿Qué hizo? ¿Cómo trato a los que se cruzaban en su camino? ¿Dónde nos situamos nosotros? ¿Qué hacemos? ¿Cómo tratamos a los que se cruzan en nuestro camino? Estas preguntas y muchas otras irán surgiendo al paso de las semanas. Ahora no es tiempo todavía de buscar las respuestas. Basta con abrir los ojos y estar muy atentos a Jesús. Ya no es el niño que contemplamos en Navidad. Ha crecido y vale la pena escucharle y seguirle.

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34):

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ése es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo

." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»


Palabra del Señor



COMENTARIO.


¿Quién es Jesús para ti? Intenta responder personalmente, sin una respuesta aprendida en el catecismo: ¿qué significado tiene Jesús para tu vida?, ¿es para ti Jesús el salvador, el que quita el pecado, el que libera de las esclavitudes?

Juan el Bautista presenta a Jesús como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Una frase conocida para nosotros, pues lo solemos repetir tres veces antes de la comunión en cada eucaristía; pero ¿qué significa?

Cordero de Dios:

En la Biblia la palabra "cordero" aparece muchas veces; normalmente podemos poner en su lugar la persona de Jesucristo.

Por ejemplo, en el libro del éxodo aparece el cordero de la pascua judía. Como sabéis los judíos celebran su pascua recordando la liberación de la esclavitud de los egipcios, y lo hacen comiéndose un cordero.

También aparece el cordero en el cántico del siervo de Yavé, en el profeta Isaías, donde es presentado como el cordero inocente que carga con nuestras culpas: "humillado y maltratado, como cordero llevado al matadero, no habría la boca... y son nuestras dolencias las que él llevaba". Texto que nos recuerda la celebración litúrgica del Viernes Santo, donde recordamos que Jesús murió en la cruz para redimir al mundo del pecado.

El cordero es el animal de los sacrificios expiatorios. El pueblo israelita ofrece corderos sacrificados a Dios para obtener el perdón de los pecados.

Pues bien, ahora el cordero de Dios es Jesús. Es el cordero de la Nueva Pascua, es el cordero sacrificado en la cruz para la salvación del mundo, el cordero que nos consigue el perdón de los pecados. Ya no se comerá más el cordero, sino el cuerpo de Cristo; ya no se celebrará la liberación de la esclavitud de Egipto, sino la liberación de la esclavitud del pecado.

Cordero de Dios que quita el pecado del mundo:


Cristo es el salvador anunciado en la primera lectura: "Te hago luz de las naciones para que la salvación alcance hasta el confín de la tierra". Cristo va a realizar la salvación quitando el pecado del mundo. Va a derrotar al Diablo con la entrega de su vida en la cruz. No viene a quitar los pecados, sino el pecado, la causa del mal en el mundo: Satanás, que en la renovación de las promesas bautismales es traducido del siguiente modo:

"¿Renuncias a Satanás, esto es:

Al pecado como negación de Dios;

Al mal como signo del pecado en el mundo;

Al error como ofuscación de la verdad;

A la violencia como contraria a la caridad;

Al egoísmo como falta de testimonio de amor?

¿Renuncias a sus obras, que son:

vuestras envidias y odios;

vuestras perezas e indiferencias;

vuestras cobardías y complejos;

vuestras tristezas y desconfianzas;

vuestros materialismos y sensualidades;

vuestras injusticias y favoritismos;

vuestras faltas de fe, esperanza y caridad?

¿Renuncias a todas sus seducciones, como pueden ser:

el creeros los mejores;

el veros superiores;

el estar muy seguros de vosotros mismos;

el creer que ya estáis convertidos del todo;

el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos y no ir a Dios?"

Este es el pecado que viene a quitar Cristo.

Los sacrificios de la Antigua Alianza no servían para perdonar los pecados porque eran sacrificios externos a la persona, de animales, pero en los que no había una transformación interior de la persona. El sacrificio de Jesucristo, entregando su vida en la cruz, si es agradable a Dios y nos obtiene el perdón de nuestras culpas.

Termina el texto del evangelio cuando dice Juan: "Yo lo he visto y he dado testimonio". ¿Tenemos experiencia personal de que Cristo nos libera del pecado y nos salva? De esto es de lo que tenemos que dar testimonio. También estamos llamados a dar testimonio personal de quién es Jesucristo para nosotros. También nosotros estamos llamados a ayudarle a quitar el pecado del mundo.

¿Quién es Jesús para ti? Intenta responder personalmente, sin una respuesta aprendida en el catecismo: ¿qué significado tiene Jesús para tu vida?, ¿es para ti Jesús el salvador, el que quita el pecado, el que libera de las esclavitudes?

Juan el Bautista presenta a Jesús como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Una frase conocida para nosotros, pues lo solemos repetir tres veces antes de la comunión en cada eucaristía; pero ¿qué significa?

Cordero de Dios:

En la Biblia la palabra "cordero" aparece muchas veces; normalmente podemos poner en su lugar la persona de Jesucristo.

Por ejemplo, en el libro del éxodo aparece el cordero de la pascua judía. Como sabéis los judíos celebran su pascua recordando la liberación de la esclavitud de los egipcios, y lo hacen comiéndose un cordero.

También aparece el cordero en el cántico del siervo de Yavé, en el profeta Isaías, donde es presentado como el cordero inocente que carga con nuestras culpas: "humillado y maltratado, como cordero llevado al matadero, no habría la boca... y son nuestras dolencias las que él llevaba". Texto que nos recuerda la celebración litúrgica del Viernes Santo, donde recordamos que Jesús murió en la cruz para redimir al mundo del pecado.

El cordero es el animal de los sacrificios expiatorios. El pueblo israelita ofrece corderos sacrificados a Dios para obtener el perdón de los pecados.

Pues bien, ahora el cordero de Dios es Jesús. Es el cordero de la Nueva Pascua, es el cordero sacrificado en la cruz para la salvación del mundo, el cordero que nos consigue el perdón de los pecados. Ya no se comerá más el cordero, sino el cuerpo de Cristo; ya no se celebrará la liberación de la esclavitud de Egipto, sino la liberación de la esclavitud del pecado.

Cordero de Dios que quita el pecado del mundo:

Cristo es el salvador anunciado en la primera lectura: "Te hago luz de las naciones para que la salvación alcance hasta el confín de la tierra". Cristo va a realizar la salvación quitando el pecado del mundo. Va a derrotar al Diablo con la entrega de su vida en la cruz. No viene a quitar los pecados, sino el pecado, la causa del mal en el mundo: Satanás, que en la renovación de las promesas bautismales es traducido del siguiente modo:

"¿Renuncias a Satanás, esto es:

Al pecado como negación de Dios;

Al mal como signo del pecado en el mundo;

Al error como ofuscación de la verdad;

A la violencia como contraria a la caridad;

Al egoísmo como falta de testimonio de amor?

¿Renuncias a sus obras, que son:

vuestras envidias y odios;

vuestras perezas e indiferencias;

vuestras cobardías y complejos;

vuestras tristezas y desconfianzas;

vuestros materialismos y sensualidades;

vuestras injusticias y favoritismos;

vuestras faltas de fe, esperanza y caridad?

¿Renuncias a todas sus seducciones, como pueden ser:

el creeros los mejores;

el veros superiores;

el estar muy seguros de vosotros mismos;

el creer que ya estáis convertidos del todo;

el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos y no ir a Dios?"

Este es el pecado que viene a quitar Cristo.

Los sacrificios de la Antigua Alianza no servían para perdonar los pecados porque eran sacrificios externos a la persona, de animales, pero en los que no había una transformación interior de la persona. El sacrificio de Jesucristo, entregando su vida en la cruz, si es agradable a Dios y nos obtiene el perdón de nuestras culpas.

Termina el texto del evangelio cuando dice Juan: "Yo lo he visto y he dado testimonio". ¿Tenemos experiencia personal de que Cristo nos libera del pecado y nos salva? De esto es de lo que tenemos que dar testimonio. También estamos llamados a dar testimonio personal de quién es Jesucristo para nosotros. También nosotros estamos llamados a ayudarle a quitar el pecado del mundo.

Que experimentemos en nuestra propia vida como Cristo nos cura y nos salva para que podamos transmitirlo a los demás.

Que experimentemos en nuestra propia vida como Cristo nos cura y nos salva para que podamos transmitirlo a los demás.








Fuente:
Iluminación Divina.
Fernando Torres Pérez cmf.